Jonh Degenkolb o la raza superior

El ciclismo es de ida y vuelta, a veces el triunfo te pilla lejos, otras al al lado, pero cuando te merodea y nunca fallas es por algo. En Roubaix hubo muchos favoritos, existió la posibilidad de ver ganar a varios, Alexander Kristoff tuvo opciones, toda vez se vio que el cotarro no se decidía, pero al final se dio a circunstancia de que por ahí había un alemán de fino bigote y generosa expresividad que al final se lo llevó todo.

Jonh Degenkolb ganó la París-Roubaix porque para ello corrió. Corrió con convicción en unas circunstancias que para cualquier velocista son un lastre. O encuentras un primo, como Krisoff con Terpstra, o ganar apellidándose Degenkolb es muy complicado cuando la victoria pulula entre tres o cuatro nombres.

La París-Roubaix de 2015 premió al mejor a diferencia de otras veces. El año pasado Tersptra ganó porque su equipo era mayoría. No fueron pocos los que llegaron con opciones al final, y hoy sí, hoy los Etixx corrieron con cierto sentido. Su problema es que cuando compites contra velocistas totales como Kristoff hace una semana o Degenkolb, ésta, estás jodido. Fue lo que ocurrió cuando estaban Boonen, Van Petegem o Museeuw, competían con el lastre de su fama y sin embargo nunca se amilanaron, nunca pusieron pie al freno. Como Sean Kelly hace 29 años: San Remo & Roubaix de una tacada.

Cuando el Carrefour de l´ Arbre, ultimamente el tramo verdaderamente decisivo, marcó sentencia, dejó delante a Van Avermaet -nuestro infortunado hombre de la primavera- y Lampaert, el Etixx de turno, parecía que la suerte pudo estar echada, pero sabedor de que no tenía compañeros y que aquello estaba en un pañuelo, Degenkolb no esperó a que nadie le solventara la papeleta y acabó por ser, él en persona, el intento de los dos de adelante.

Lo comentamos, y así quedó el twitter, en el momento que Degenkolb neutralizara a los de cabeza, la carrera se acababa. Cuando quiso capturar Stybar, y poco después Lars Boom, no había margen, el tramo artificial de adoquín en Roubaix y el velódromo, poco más. Y así fue, a Degenkolb le daba igual ganar con Van Avermaet, con Stybar, con Boom o con quién fuera. Era superior, muy superior -les sacó de rueda en el sprint- y así lo demostró.

Tercer monumento de 2015 y otras tantas victorias del mismo perfil, es decir ciclistas que son capaces de ganar un sprint en el Tour o Giro y hacer lo mismo en una clásica. Corredores de estos no hubo muchos, y Degenkolb y Kristoff son de esa madera: veloces, aguerridos y rápidos, tanto como para secar escapadas con su sola presencia y no temer que nadie llegue por detrás porque se saben más rápidos que el resto.

Foto tomada de www.skysports.com

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.