José María Moya: 24 horas de bici e insomnio contra la esclerosis múltiple

Así fue el día entero que José María Moya se pasó dando vueltas al Circuit de Catalunya

En la salida de las 24 Horas de Montmeló nos presentan José María Moya.

Nos cuentan que este curioso ciclista de Reus, con su edad, pero simpático, extrovertido a más no poder, correr por una buena causa: contra la esclerosis múltiple.

«No hacía deporte, qué va, pero pruebas, vas cogiendo forma y acabas metido en esto» comenta ataviado por una sonrisa de oreja a oreja.

Alguien cercano padece esclerosis múltiple y él ha querido renovar su compromiso aunando la cauda a su gran pasión por la bicicleta: «Hacemos visible la enfermedad, eso es lo importante porque es una dolencia que tiene aspectos muy desconocidos«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo INICIO JoanSeguidor

Está en Montmeló un año después de realizar un reto mayúsculo: más de 700 kilómetros en 29 horas en Puertollano, que ni tiene puerto, ni es llano.

Y lo pudo saber, porque de aquella experiencia sacó muchas de las conclusiones que llevó a competir en la categoría de solo en las 24 horas de Montmeló.

«Lo de Puertollano tuvo su qué, fue muy duro, pero era un itinerario lineal, con la gente por la calle, pueblos, paisajes, coches y esas cosas» rememora.

«Esto -por lo de Montmeló- es otra cosa, es darle vueltas a un circuito. Hay que tirar mucho de cabeza» precisa antes de la salida.

Suelta piernas, mira el material, comparte con su equipo interioridades, es un niño con juguete nuevo.

Monta una Berria Belador BR color British Racing en su totalidad, salvo una franja amarilla en el tubo vertical y una más pequeña en horquilla delantera. .

Es un color elegante, que viste.

Está encantado con su máquina, tendrá una igual en breve, en su tienda de Ciclos Masvi en Reus, donde vive.

 

El año pasado hizo el reto de Puertollano con la Fundación Idibell, esta vez está con la Fundación Gaem: «Participar aquí es un gran reto. Tengo un grupo de gente, todo organizado alrededor mío.  Aquí veo periodistas, más gente, seguro que saldrá bien y que tendremos más visibilidad«.

«No te creas, esto no es nada sencillo -nos coge del brazo, mientras habla- llevo cinco años saliendo en bicicleta y ya estamos con estos retos. Mi día a día es de currante -es electricista en una fábrica- salgo con el tiempo justo para rodar un poco de lunes a viernes, a eso de las cinco de la tarde, pero lo gordo lo hago el fin de semana«.

Ahí sacrifica familia, vida social y otras cosas para meterle kilómetros al cuerpo: «Últimamente le meto mucho desnivel, unos 3000 metros para 200 o 300 kilómetros, es la forma de que cunda más todo esto«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo JoanSeguidor

Le miramos con asombro «tío que te te vas a cascar veinticuatro horas en la bicicleta»

«Todo es mental -nos corta-. Quiero acabar bien y buenas sensaciones,  hacerlo bien. Nada más«.

«Nada más» dice, como si fuera sencillo.

Igual que prever a qué ir, a cuánto apuntar: «No he hecho cálculos, ni redondeos, 100 vueltas son 470 kilómetros, a partir de ahí tira«.

Tiene una referencia, los 680 kilómetros de Puertollano en 29 horas, aquello fue a carretera abierta, con gente pasando, coches, pueblos.

Veinticuatro horas después…

A las diez de la mañana del día siguiente, José María Moya se apeaba de la bicicleta tras algo más de 514 kilómetros, un desnivel acumulado superior a los 5700 metros y veintitrés horas más doce minutos en el sillín.

La broma le salió a una media de 22 por hora.

«Qué experiencia, qué bonita, llena a uno mismo y la gente que está alrededor y te ayuda. Superar los 400 kilómetros en 24 horas ya está muy bien, imagínate los 500» comienza contando un tipo feliz.

Y no fue sencillo: «Este circuito hay que trabajarlo, no es fácil, pesa por su monotonía y lo lo que afecta a la cabeza. Es que me salieron 5000 metros de desnivel, ojo que tiene rampas del ocho por ciento que en la tele no se aprecia«.

«Ya en la primera vuelta de reconocimiento ya vi que era muy duro -admite-. Así que con veinte horas en las piernas, aquello era un puerto de categoría especial«.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo final JoanSeguidor

El plan de viaje… 

De inició «quise salir a diez horas sin parar, más que una sola vez y porque me estaba meando. El paso de las vueltas no me pesaban: la espalda perfecta y a nivel muscular, bien«.

Diez horas, la pausa para evacuar más agua y un sandwich, «paré un minuto quizá un par, no más y tiré otras cuatro horas«.

Cabe decir que de salida partió con dos botes y comida.

Siempre hidratado, obsesionado con los líquidos: «A medianoche vuelvo a parar, no sé si fue por el fresco, la gente iba más abrigada, pero fui al baño varias veces. También iba bebiendo mucho. Cuando iba al baño, salía blanco, es decir perfecto«.

«La noche era cabeza pura y dura, concentración. quedábamos pocos rodando, te encontrabas gente cada rato, ya no era lo de la primera hora. En esos momentos por la cabeza pasan muchas cosas. Piensas qué haces ahí, y si no lo hiciera por otros, aquí iba a estar«.

Y hablas con uno y con otro, en la oscuridad del lugar, de repente compañeros de ruta que desparecen, se han ido a dormir.

José María no quiso echar una cabezada… «yo no dormí, paré para cambiarme de ropa y ponerme manguitos» explica.

Jose Maria Moya Berria Bikes Montmelo abrazo JoanSeguidor

Cuando sale el sol… 

Aguantar toda la noche tiene un premio: «Ver amanecer es muy bonito, porque en tres o cuatro horas ya acabas. Con el sol parecía volver a la vida. Te quitas el chaleco, vas más ligero, hasta subí el ritmo»

En la llegada «entré con un grito y el speaker me mencionó. Ahí ves a tu hijo y la emoción te puede. Lo primero que hice fue abrazarle. Le tuve ahí toda la noche, lo recuerdo con su sudadera naranja chillándome a las tres y cuatro de la mañana«.

La bicicleta, la Berria Belador BR, de elegante verde British Racing, ha cumplido, preparada para los esfuerzos extremos, es cómoda, pero permite acoplarse cuando es menester.

Su ligereza se conjuga con la rigidez necesaria y sus vainas delanteras hicieron más sencilla la «navegación» ahorrando vibraciones al ciclista.

«Hice estudios de biomecánica antes de meterme en algo así, fue perfecta, acoplado a mi máquina. Las manos no se durmieron en ningún momento» cuenta.

Al final: «objetivo cumplido, arrastrando tanto entrenamiento y gente tras de mí. A los pocos días pasamos muchas fotos a la fundación. Queríamos que se hablara de la enfermedad, que la gente supiera de ella y lo hicimos«.

Objetivo cumplido y mensaje redondo, porque la bicicleta es buena aliada para la gente con esclerosis…

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