Julian Alaphilippe: El truco es que siempre te vean

Tuvalum

El final de Lieja es una parte de Julian Alaphilippe, pero no el todo

El desenlace de Lieja parecía el momento esperado por los haters de Julian Alaphilippe para salir en tromba, en España, sin ir más lejos, mientras el Madrid jugaba contra el Levante, mientras la gente elucubra sobre la salud de Donald Trump, Alaphilippe ha sido TT.

Medios generalistas tachando de «ridículo» lo que ha hecho Julian Alaphilippe, gente sacando punta a su soberbia, a sus cambios de trazada… un show.

No creo, como también he leído que esto sea cosa de la maldición de arcoíris, sencillamente, hablaría del peso del arcoíris, y de la dificultad de conciliar el sueño y las miradas cuando te sabes objetivo de todas las opiniones.

Por que hasta entrar en Lieja, Alaphilippe corrió como se le presumía, tuvo antes de La Redoute algún problema, creo que un percance, pero poco más, fue en la entrada en Lieja donde le entraron todos los males.

Una de las explicaciones a lo sucedido la vemos en este serial de tweets…

Sinceramente Alaphilippe estaba obsesionado con Marc Hirschi y si en Niza, hace cinco semanas justas, el francés impuso su velocidad, aquí el suizo ya no es una sorpresa, es un corredor moldeado en tiempo récord en la élite de esto del ciclismo, que ha crecido como el biscocho en el horno, a tal velocidad que no ha pasado desapercibido para nadie, tampoco para Loulou.

Y así el desenlace en Lieja es un despropósito, cambios de trazada, bandazos, uno casi acaba con Roglic en el suelo, un esloveno, Mohoric que llega para alterarlo todo, y un sprint lanzado por las vallas que quiere acabar por el centro en un cambio de trazada que provoca dos cosas: la eliminación de Hirschi por la derecha y la puerta para Roglic por la derecha.

Una tragedia doble aliñada con una celebración prematura, antes de perder la carrera y ser descalificado.

Esto es ciclismo y un monumento, va todo tan al límite que los mejores fallan cuando nada invita a pensar que van a fallar.

Pero de ahí a la red ardiendo contra el francés, no lo entendemos, cometió errores de bulto, casi tira a Roglic primero y el suizo después, pero ha pagado un precio alto, un precio en tres incómodos plazos: celebración precipitada ante la vista de todos, derrota en la línea y descalificación a la quinta plaza.

¿Ridículo de Alaphilippe?

Un poco sí, pero esto es ciclismo, lo que Alaphilippe celebraba hace una semana en Imola, Roglic lo lamentaba en la Planche hace dos, es lo que hay, nadie está exento.

A dos cosas se puede agarrar Alaphilippe, a que si todo va bien disputará otra Lieja en arcoíris y que los saborean el buen ciclismo no podemos menos que apreciarlo.

Todo lo de más ruido…

DT-Swiss Junio-Agosto

 

-escrito el 28 de septiembre-

La virtud de Alaphilippe es que siempre está cuando se le espera y cuando no

Hace unos días incluimos a Julian Alaphilippe en el ocho del Tour 2020 y lo hicimos diciendo esto:

Julian Alaphilippe ha sabido reinterpretarse en condición de animador de lujoolvidándose de ese sueño que veíamos imposible para él, la general del Tour, y basándose en una presencia casi constante en carrera, presencia que además no es estéril, pues se llevó una etapa y varios días de un amarillo que perdió por desconocer el reglamento.

Hay con Julian Alaphilippe una cierta coña, una trampa, en la que se cae muy a menudo, como en tantas cosas en la vida.

Verle siempre en la escapada con en los Alpes del Tour, realizar el ataque que le arrastra al fondo del grupo, digamos en el Peyresourde, y disputar una plaza de honor lleva a confusión a la gente, por que piensa que el francés sólo quiere estar o figurar, pero nada más lejos de la realidad, quiere eso y  además complementándolo con un sentido táctico y visión de carrera privilegiados en jornadas que las piernas acompañan.

Julian Alaphilippe       Alaphilippe Mundial Imola JoanSeguidor

El Tour 2020 ha sido muy diferente para Julian Alaphilippe, desposeído del amarillo, sin la presión de tener que exprimir el limón para morir, seguramente, en la orilla, se dedicó a hacer lo que mejor sabe hacer: estar.

Corrió siempre por delante, para chanza del narrador y comentarista de Teledeporte, luego nos preguntan por qué no nos gustan, entrando en casi todas las escapadas, cayendo casi siempre, pero con honor, levantando gritos de la gente que se acercaba ¿cuántas veces hemos oído «allez Julian»?, creando imagen, haciendo marca, dándole a su patrocinador imponderables minutos de televisión y yendo a por la victoria cuando realmente estaba convencido que era su etapa, aquella de Niza.

Por que la exposición constante de Julian Alaphilippe no le distrae del objetivo deportivo, al contrario, cuando éste llega, que siempre esté en el tiro de cámara lo hace más grande.

Eso pensamos al verle pasar primero en la meta de Imola.

Selle Italia
Castelli GIRO
Cruz 400×400

 

Alaphilippe es un corredor que necesita saber que le están viendo para sacar lo mejor, y eso es bueno, acepta, gestiona y convive de forma admirable con la presión, y no es que su repertorio guarde recetas inesperadas.

Puede ganar tipo San Remo o Mundial, atacando cerca de la cima y a sacar quilates a su habilidad para bajar, o atacar de más lejos, como el año pasado en el Tour y meter presión a los de atrás.

Ha ganado contrarrelojes e incluso alguna llegada al sprint.

En Imola se sacó los fantasmas de encima con una pasmosa efectividad, sabía que si Wout Van Aert o Marc Hirschi le tomaban la rueda el cuento cambiaba mucho, pero lo hizo, les miró y se fue… en sus narices.

En un ciclismo homogéneo, casi sin identidad, encontrar algo así es un tesoro, más Alaphilippes y menos «top ten» podríamos decir si no queremos que cada vez que el ciclismo se cuele en nuestra sobremesa nos invada la tentación de la siesta.

Y sí, veremos caras, cucamonas y recuerdos de Voeckler, pero éste es un ciclista que cuando se pone el mono, se olvida de lo superfluo…

Imagen: Cor Vos – Jumbo Visma

Gore 400×100 MArzo2020

 

 

 

 

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1 Comentario

  1. Me ha encantado como lo habéis expuesto.


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