La cultura del viaje se instala entre los ciclistas

El viaje como tal es un fenómeno que nace con los primeros pasos de la humanidad. El gran cambio en la materia llegó el día que este desplazamiento se hizo por motivos de ocio e interés cultural, no sólo por cuestiones de supervivencia pura y dura. Ahí cambió el marco, hace ya doscientos años, y se abrió el camino a una industria, el turismo, una bola de nieve que hoy significa un alto porcentaje en el PIB de muchos países.

En ese camino, en esa evolución hay una obvia sofisticación de los motivos por los cuales cogemos un avión a la otra punta del mundo. Antes el aficionado ciclista gustaba de ver las grandes jornadas por la televisión, cuando no se las contaban los genios de la escritura que poblaban los diarios hacen medio siglo. Ese aficionado imaginaba esos anfiteatros, Galibier, Alpe d´ Huez, Mont Ventoux, los Dolomitas, los Lagos de Covadonga, sabía de cimas en la otra punta del mundo que los lugareños hollaban con sus flacas. Todo eso era eso, imaginación hasta que llegó el momento de darle la vuelta a las cosas.

Esa industria ha crecido tanto que muchos se han dado cuenta que hay vida más allá del chiringuito y los paradigmas del sol y playa, incluso dejando atrás ciudades, museos y catedrales de finas agujas. Y se empezó a viajar de forma diferente, a conocer la esencia de los sitios, a subir a camellos, mirar rascacielos desde helicópteros, a pasar semanas en un crucero,… a subir los grandes puertos del Tour, solo, en grupeta o en medio de grandes marchas, conocer los escenarios del Giro, visitar los santuarios de Flandes y Roubaix,… ciclismo activo y no pasivo, una nueva perspectiva, el conocimiento del esfuerzo que exigen estos lugares. El círculo se completó valorando y conociendo más sobre los seguros de viaje que te dejan tranquilo ante cualquier contratiempo, que en vacaciones, por mucho que nos cueste creerlo, también puede acontecer.

Y cuando lo europeo quedó asimilado, se fue más allá. Todo en busca de nuevas sensaciones, originales, que te hagan sentir único, tan singular como el viajar en bicicleta, ese elemento que ha sido utilizado siempre para hacer deporte o como medio de transporte y que ahora entra en el espacio de vacaciones.

Cuando “ciclamos” por nuevos lugares, disfrutamos del camino, nos adentramos en la cultura local sutilmente, sin agresividad, tenemos una perspectiva diferente y nos damos el gusto de valernos por nosotros mismos. Ello comporta riesgos, nunca olvidarlo, por eso es interesante saber más sobre ellos y nunca está de más sopesar un seguro deportivo que cubra cualquier incidencia.

Porque esa es otra, los ciclistas cuando “cabalgamos” no somos conscientes de la fragilidad que implica nuestro cuerpo acoplado a una fina estructura metálica a una velocidad que a cualquier descuido te significa irte a la cuneta y más allá. Cuando eso ocurre en casa es un problema, cuando pasa lejos, es un problemón que no queráis imaginar.

Imagen tomada de Enbici.eu

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