La fina línea de Alberto Contador en el Mortirolo

Las veces que a Contador le tocó subir el Mortirolo lo hizo para contener los daños

En el Mortirolo se han escrito grandes leyendas y arrastrado las peores miserias, un puerto sin medidas tintas que te pone en tu sitio en el Giro y la historia, un puerto que para Alberto Contador le trae buenos recuerdos en contextos hostiles.

Recuerdo la primera vez que supe del Mortirolo…

Hace casi treinta años, el momento especial  de cada mes llegaba cuando recibías tu Ciclismo a fondo en tu quiosco de confianza.

Recuerdo, como si fuera ayer, el número que sacaron en mayo del 91:  Era grueso, de esos que se dicen de lomo americano.

Recapitulaban la Vuelta a España que acaba de ganarle Melchor Mauri a Miguel Indurain y repasaban, a modo de previa, lo que podía dar el Giro de sí.

Hojeando, viendo los favoritos a la “cosa rosa” me llamó mucho el perfil de un puerto.

Aquellos desniveles no eran normales, rampas y rampas a dos dígitos de pendiente, sin descanso y por más de trece kilómetros. “Ni los Lagos tienen esto” pensé, días después de que Lucho Herrera ganara en el ligar.

Aquel gráfico plasmaba en papel el Mortirolo, un nombre que desde entonces forma parte de la antología de “puertos imposibles”, como los llamó acertadamente  Carabias en ABC.

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El Mortirolo pasó esa época en el imaginario de lo más duro y complicado que existe en el ciclismo, una pared que escribió la más bella lucha de Pantani e Indurain, donde se estrenó Roberto Heras, el sitio en el que Ivan Basso sacó a Arroyo del rosa…

4Estos días hemos vuelto a ver la etapa del Mortirolo en el Giro de 2015. 

Aquello fue raro, empezó con mal pie todo para el líder, Alberto Contador, averiado a pie del Mortirolo ve como el grupo, lanzado, ya no le espera.

Contador entró muy atrás, con un equipo que no fue lo mejor que tuvo en esa edición, supo escribir su historia de éxito cuando la adversidad arreciaba.

Le salvaron dos cosas, el mejor, posiblemente, golpe de pedal que ha tenido en los últimos años, equiparable al de 2014, y que Astana ese Giro corrió con un brazo atado.

Ese día, lo comentamos, hace poco, Mikel Landa iba sin cadena y Fabio Aru con el agua al cuello.

Si sabemos que el italiano era el líder, convendremos que aquella ascensión de Contador al Mortirolo sólo podía acabar bien.

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Y es que la línea de lo bueno y lo malo fue fina para Contador en el Mortiolo, la misma subida en la que esperábamos que Di Luca y Riccó le pusieran contra las cuerdas, a 24 horas de Milán y salió airoso.

Fue aquel Giro que se ganó por puro talento, venía de la playa, y que sentenció salvando los muebles en el Mortirolo, el puerto posiblemente más icónico de la dureza sobrevenida en el ciclismo que Contador nunca puso asaltar al 100%.

 

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