La pasión por Landa y Pinot no responde a la lógica

Tanto Pinot como Landa son lo más emocional del ciclismo

El epílogo del Dauphiné, la jornada final fue una locura que tuvo un punto de conexión con la realidad que conocíamos y siempre vuelve, la alineación de los elementos contra Mikel Landa y Thibaut Pinot.

Y es que el punto trágico que rodea dos corredores que despiertan pasión, directamente pasión, los puedes amar incondicionalmente, admitiendo que sus «lagunas» son parte de su encanto, o no querer ni ver, porque les acusas, en el caso de Landa de ser un lastre para Nairo, en el del francés de consolidarse como una eterna promesa.

Landa y Pinot son dos corredores con una vara de medir al margen de los mortales

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Los dos caminan por la cresta de los treinta años, ambos explotaron hace menos de diez, y de forma regular nunca han salido de la escena, aunque siempre algo les ha negado el premio máximo.

Una corsa es obvia, Landa y Pinot, incluso para los más críticos, no esconden una clase que destila cada pedalada.

Son dos corredores que centran miradas, que se llevan titulares y seguimiento propio, pero en carrera, como el día les pille inspirados, que tiemble el rival.

Los dos tienen jornadas de esas redondas que pasan a los anales.

El Mikel Landa del Giro del 2015 y el Tour de 2017: en ambas carreras, incluso trabajando para un tercero, tuvo su cuota de gloria, abriendo la puerta, sobre todo en el mentado Tour a poder disputarle la más grande  alos mejores, se quedó a un suspiro de un ciclista como Romain Bardet, que fió su suerte a esa carrera.

Thibaut Pinot tiene etapas en las tres grandes, ha pisado el podio del Tour, muy joven además, y firmó jornadas como ese Giro de Lombardía de vértigo que gana a Vincenzo Nibali, tras un trazado, ese de Como y alrededores, en el que los descensos tiene tanto que decir.

Los descensos, esos mismos que el francés tuvo que tratar con ayuda psicológica.

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Días así son oro, un clavo ardiendo para el landismo y el «pinotismo», que ya hay un perfil que habla por el colectivo.

Y así pasan los meses, los años, esperando que ese gran momento llegue mientras sendos iconos caen en la batalla, a veces fruto de un sobreesfuerzo brutal, otras por que un rival les empuja para no caerse, otras por un dolor de espalda o un golpe en la rodilla, da igual, el hecho en sí no es lo importante y sí el hilo que trence el argumento y acabe donde todos esperan que acabe: que su hombre siempre ha sido caballo pero que la vida es cruel y no les trata con justicia.

 

En este Tour, con un duelo de bloques anunciado, los versos libres pueden ser la clave, hete ahí Landa y Pinot, ahora mismo las mejores opciones de ciclismos tan importantes como el español y francés, abanderando la parte emocional que nunca debe ser subestimada en un deporte abordado por los números y la ciencia.

Pinot y Landa son esos «bárbaros» en un rincón de la Galia que hicieron fortuna en el corazón de una masa de aficionados que nunca les dejarán a su suerte…

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