La vergüenza del futbol que no quiero para el ciclismo

Tuvalum

No podía dejar de reflexionar sobre lo que pasó en la previa de un partido de fútbol en Bilbao

El fútbol es una moneda común en el argumentario entre los aficionados ciclistas sobre lo que no debe ser el deporte.

Les asiste la razón a medias.

Aunque en este mal anillado cuaderno, el fútbol no es objeto de opinión, lo ha sido esporádicamente, y casi nunca para bien, tengo que decir que el fútbol me encanta.

Me gusta por su mística, leyenda, escenarios, camisetas, estrellas, pero sobre todo el juego en sí, la pizarra, el campo, la estrategia, los 4-4-2, ah, y su historia, especialmente la de los mundiales.

El fútbol es mucho más que escudos y banderas

Más allá de la ignorancia de escudos y banderas, aprecio el buen fútbol como el ejemplo de que once pueden ser uno, jugar como uno e intentar ganar como uno.

Por eso, por esa magia e irracional atractivo, no puedo estar más triste y darle vueltas a lo que pasó el jueves en Bilbao, como el ejemplo de lo que no quiero para el ciclismo.

El fútbol es también un engendro para envenenar masas y su conciencia. En su día hablamos de los tontos del fútbol opinando de ciclismo, y se lió.

Es el instrumento de unos desarrapados para decir que la van a liar, y acaban liándonla.

 

Si mucha gente se ha tomado la libertad de opinar de los males, a la vista están, del ciclismo, de la mierda que rodea muchas veces nuestro bello deporte, lo haremos nosotros del “deporte” rey.

Porque el fútbol hace tiempo, mucho, muchísimo que se dejó de ser deporte y se convirtió en una máquina de ignorancia que esquiva todo lo que sea cultura, deporte, y mejora para verter sus fobias y frustraciones como no logran hacerlo en otros foros.

Y vemos padres haciendo el ridículo en la grada, pensando que tiene en su hijo todo aquello que no fue en su día lograr.

Chillando a árbitros, espoleando a niños, discutiendo con otros, rozando el bochorno.

Y eso llevado al extremo nos da como resultado lo de Bilbao, donde, al margen de la tristísima muerte de un Ertzaina, los niños no pueden ir a la extraescolar del jueves porque coincide con la llegada de unos bárbaros que se llaman aficionados.

¿De verdad no se puede asegurar que esta gente se quede en su casa y queme su cuidad?

¿De verdad que se puede jugar un partido como si tal cosa cuando ha fallecido una persona?

¿Hemos perdido el norte y la noción de la realidad con tal de mantener vivo el negocio?

Somos conscientes de que el post no es muy ciclista, que digamos, pero su hilo entronca con lo que muchas veces hemos dicho de nuestro querido ciclismo y de esos padres que ven una estrella en ciernes en su casa, cuando la realidad es mucho más complicada que eso.

De esos padres, de su obsesión, salen futuros fanáticos.

El aficionado ciclista además se distingue porque anima a todos más o menos por igual, entiende en muchos casos las penurias que pasan los pros y no mira tanto las puñeteras banderas.

En eso, al menos, sí que somos un ejemplo para el fútbol y para el resto de mortales, porque hooligans y descerebrados los hay por doquier.

Por cierto que fútbol y ciclismo están íntimamente ligados. 

Imagen tomada de Groupon

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