La Vuelta: Las cosas no fueron nada sencillas Andorra

La Vuelta España en Andorra estuvo pasada por una cantidad de agua que complicó muchísimo las cosas

Presumíamos que la etapa de la Vuelta en Andorra iba a ser épica y lo fue, la lluvia hizo la presencia y eso que toda la organización que había cuidado los detalles el ascenso tanto de corredores, organización y espectadores.

Pero aquello se  convirtió en un descontrol en el momento que empezó el diluvió.

 

La desconexión en la cima de Encamp.

Cuando empezó a llover, las cámaras (debido al retirarse los helicópteros) y los servicios de información dejaron de funcionar, germen de la desorientación que cundió entre los espectadores que esperaban pacientes bajo la tormenta de granizo y agua.

A las 17:38 la lluvia empezó a descargar con fuerza y los que asistíamos a la prueba desde lugares privilegiados, pudimos resguardarnos en la zona más alta, dentro del refugio de Encamp, a unos 100 metros de los remolcadores de la estación y a 200 de meta.

Desde allí podíamos ver al público refugiarse bajo paraguas rotos por el viento.

En EuroSport la imagen de una pareja acurrucados sentados en la hierba bajo el granizo fue la estampa que definía el momento.

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La tormenta no pesó en la mayoría del público que esperaba ver aparecer los corredores del barrizal de la zona de “sterrato”.

Andoora y la subida vuelta 2019

Esa zona parecía más cubierta y pensamos que podía proteger mejor a los corredores, pero más tarde veríamos con nuestros propios ojos como llegaban embarrados y con las manos heladas por el frío.

La salida de los ciclistas de la tierra de la etapa de la Vuelta en Andorra fue como esperábamos: un reguero de ciclistas agotados, no entendíamos nada, ni las distancias entre ellos, ni corredores descolgados, sólo nos llegaban algunas noticias del enfado del corredor del Movistar con su director.

Así funciona el Suunto 9

A las 17:48, habían pasado diez minutos eternos para empezar a ver a la cabeza de carrera y comprobar como el público abandonaba el escenario de la tormenta.

vuelta andorra 2019

Ya tenia suficiente: el frío y el agua habían minado las ganas de animar, excepto algunos ciclistas aguerridos que habían subido en bici para protagonizar lo que hace al ciclismo grande: un amor incondicional por este deporte.

Héroes anónimos como Eduard, el chico que nos dejó su móvil para poder ver los últimos cuatro kilómetros por la televisión.

Ante la comunidad colombiana me quito el sombrero, viéndolos desde la estación como animaban a unos y otros a llegar arriba, a pesar del agua.

 

 

En la meta y el speaker pedía una y otra vez al público que aguantará a ver a los corredores en el podio, mientras veíamos el reguero de público, acreditados, personal y ciclistas aficionados que se agolpaba en la entrada del teleférico, el encargado de devolvernos al parking que la organización había habilitado.

Todo el mundo sabía por los responsables de remonte, que si había tormenta con aparato eléctrico, éste dejaría de funcionar y eso precipitó la huída de la gente en bloque.

Bajar más de diez kilómetros con la amenaza de tormenta no era la mejor idea.

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La principal pega: el desalojo de corredores y público

Llegó el momento, llegamos a la zona para coger el “huevo” y bajar al parking.

Era un desastre, ahí se juntaba todo el mundo sin y con acreditación, aficionados y lo peor corredores, embarrados y helados.

El remolcador no funcionaba.

Corredores de la Vuelta sin ayuda para bajar a los autobuses

Todos nos quedamos sorprendidos, vimos como pitaban para que dejáramos pasar con prioridad a unos corredores destrozados, entre una muchedumbre que se peleaba para coger los lentos y escasos teleféricos.

Yo mismo ayudé a Chaves para colocar su bici vertical dentro del remolcador, mezclándose con la gente que empujaba para subir rápidamente antes de que se anulara el servicio.

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El dato del teleférico de Encamp

De subida tardamos cinco minutos en llegar para bajar y debido a la tormenta que empezó a caer mientras descendíamos, tardamos una hora interminable, apelotonados y balanceándonos en el cubículo.

No daba crédito, los corredores no tenían ninguna asistencia, durante el trayecto, yo ofrecía mi chaqueta a Darwin Atapuma del Cofidis y Dani Navarro del Katusha.

Tengo las manos heladas” me decía Darwin, con una mini chaqueta y una toalla para el cuello.

¿Cómo puede un corredor sufrir así después de una etapa de este calibre?
Darwin se sacudía el barro que se agarraba en las piernas una vez seco.

La imagen de ver bajar a los corredores por las escaleras mecánicas para subirse en la bici e ir a buscar sus autobuses, era la propina, decía Dani.

“Tengo que subir 300m hasta el autobús lo veo desde aquí arriba, no si llegaré” decía medio riéndose mientras se iba.

La etapa de la Vuelta en Andorra prometía ser guerrera y se cumplió en todos los aspectos.

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