Mas de la Costa no es «cuestacabrismo»

El cuestacabrismo surgió en muros de mil metros, explosivos y cortos, no como Mas de la Costa

Al calor de la llegada a Mas de la Costa, surge, como casi siempre en La Vuelta, la palabra «cuestacabrismo».

Nuestro compañero Jordi Escrihuela, ya le dedicó unas palabras el mes de abril, cuando la primera etapa de la Vuelta al País Vasco situaba un muro en medio de la contrarreloj que exigía lo mejor de cada uno y en especial del ganador, el motoraco alemán Max Schachmann.

Así las cosas empezó su relato hablando así…

En España se han ascendido en competición 41 altos o puertos de montañas, cuestas o rampas por encima del 20%, muy por encima de Italia con 21 y sobre todo Francia con tan sólo 6.

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El cuestacabrismo lo entendemos como la fórmula de buscar la combustión de desniveles imposibles, sucedidos sin solución de continuidad dejando en el ciclista y aficionado una sensación de que atacar, jugarla de lejos, es arriesgarse a perderlo todo para cuando la pendiente se ponga por encima de los dos dígitos.

Mas de la Costa vuelve a poner de relieve el concepto de cuestacabrismo.

Sin embargo, no creemos que Mas de la Costa sea cuestacabrismo, y nos explicamos.

 

 

Si miramos unos años atrás, quizá pensemos en Valdepeñas de Jaén como el primer sitio en el que la Vuelta se sintió cómoda con ese concepto explotado de las subidas imposibles.

Hablamos de hace menos de diez años y en esa subida, ese final picando al cielo, lo cierto es que la cosa no se iba más allá del kilómetro.

Es lo que en su día nos dijo Purito «una llegada en muro de manual, de cánones, de esas que se impusieron en Huy, con ese kilómetro más largo del ciclismo«.

 

Así las cosas, La Vuelta siguió explorando, y rebuscando, encontrando nuevas cimas y lugares que hoyar tras un buen baile sobre la máquina.

Llegaron Ezaro, La Camperona y Mas de la Costa.

También Machucos.

La diferencia de llevar unas buenas ruedas

El canon de un kilómetro de subida explosiva se alargaba como el chicle.

El final en Mas de la Costa expone a los corredores a cuatro kilometrazos, algunos sobre hormigón con más del diez por ciento de desnivel medio y picos que son paredes.

Hemos visto a Javier Guillén perder el aliento en la subida con Perico haciendo la entrega de «Pericopuertos» dedicada a la subida castellonense.

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Perico le atribuyó el rol de recolector de subidas imposibles, la persona que nada más que huele una pendiente de retorcerse va para allá a estudiar su viabilidad.

Sin embargo, lo de Mas de la Costa excede ese kilómetro que definió el primer cuestacabrismo, aquellos mil metros que definían violentamente una etapa, una clásica o lo que fuere.

El Mas de la Costa cae del otro lado, es casi la mitad del tramo duro del Angliru, veinte años de su descubrimiento, y un tercio de los Lagos de Covadonga, es algo más.

La Vuelta se sintió muy cómoda en el cuestacabrismo un tiempo, abusando de la fórmula, en los tiempos recientes creo que se han cortado algo, pero siempre les quedará ese muro al que volver y darle eso que el público dice Guillén que tanto aprecia.

Y es que los puertos mediáticos fue algo que surgió con los Lagos, se disparó con el Angliru y hoy venden casi más que un cartel de lujo.

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