Le Samyn y esas pequeñas perlas

Le Samyn abre el ciclo del ciclismo más pequeño y cercando

Mirad las caras de Philippe Gilbert y Niki Terpstra esta tarde de martes de gélido frío sobre nuestras cabezas. Están en el podio de Le Samyn.

Parece que les han caído varios años de vida encima. Un cansancio que ahonda las órbitas de los ojos, enrojece las mejillas, estira la piel, marca el hueso. Un cansancio que propinado por el frío extremo.

Carrera pequeña, francófona, de sabor flamenco, paisaje valón, una rara mezcla que funciona, que sabe bien, marida con la vista, los elementos y la estética.

Le Samyn no es ni de lejos la carrera más prestigiosa.

Es una carrera disputada en el sur valón, no lejos de Francia. Al otro lado de la frontera Valenciennes.

Viendo Le Samyn nos acordamos de esas películas francesas del norte, de lo gris que es, del tedio, del plomo que tienen por cielo.

Y esta vez no ha sido una excepción.

Martes por la tarde, ciclismo en la intimidad, algun equipo World Tour jugándose la suerte en medio de un magma de equipos pros y continentales.

Los Quick Step probaron y ganaron.

Pero lo que sobre el papel parecería un paseo militar ha sido una fenomenal carrera.

Le Samyn se decidió en ataques, grupos rotos, carreteras estrechas, pavés que ni los exquisitos de Roubaix aceptarían, curvas a traición, pueblos semidesiertos.

Le Samyn ha sido una carrera competida en una nevera

En ese caldo, un grupo de tres, varios persiguiendo por detrás, una milagrosa recuperación de Philippe Gilbert con su bici preparada para Roubaix dando problemas y Terpstra y el propio Gilbert con un clásico en este tipo de carreras, el desgarbado Damien Gaudin.

Los Quick Step no quisieron un Stannard, segunda parte, y ganaron por la mano, de la mano de Terpstra.

Están como motos los chicos de Lefevere.

Le Sanym por eso se sitúa en el pequeño ciclismo, de orfebre, proximidad y amateurismo.

De orfebre porque son carreras que exigen oficio y ciencia, aunque parezca que son sencillas, tienen su qué. Te llueven las hostias.

De proximidad, porque el aficionado toca el ciclista, padece con el ciclista. Un privilegio vetado en el gran circuito.

De amateurismo porque se corre como si no hubiera un mañana y como esos partidos de futbol que, por inesperados, dan la medida de la belleza del juego, Le Samyn entra en ese rango, pero en ciclismo.

No son las carreras más prestigiosas, pero te sientan frente el televisor y te atrapan a ochenta kilómetros de meta.

Le Samyn, no os perdáis el origen de su nombre, es la primera carrera de los Napoleon Games, una suerte de Copa de Bélgica que incluye algunas carreras realmente adorables, como una que devuelve el sabor de la primavera, los paisajes de la primavera en pleno mes de agosto.

Carreras que no están en el Napoleon, ni tampoco en el máximo circuito, pero que son monumentos del ciclismo como Dunkerque, Giro de Emilia, Tro Bro Léon,… carreras que en definitiva que devuelve esencia al ciclismo, los desposee del manierismo de las grandes estrellas y nos recuerda que este deporte, a pesar de todo, siempre fue humilde.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © Luc Claessen / Getty Images

INFO

En estos días de frío gélido, apetece hacer unos velódromos con el Bkool

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.