#LeCahier Kittel lo quiere todo

La vía recta de Kittel: Si Marcel Kittel se va a Katusha, no sé quién se necesitará más. Alpecin a Kittel o viceversa. El alemán luce y se luce. Luce al final de etapa, en la entrevista, en el podio, ese pelazo rubio, dorado, color oro, el púrpura del triunfo. Se luce en los sprints en los que toma parte. Lleva cuatro y lo que es peor, para sus rivales, con mayor solvencia que nunca, sin un apoyo explícito del equipo pero encontrando siempre la puerta.

Y es frustrante para rivales que trabajan más y mejor, al menos en los prolegómenos del sprint. Hay azules más allá del doce o el trece, no los necesitan más. Por delante los rivales ponen vatios, hombres y ganas, pero no les acompaña el áurea del rubio alemán. El único que ganó con él en liza, Arnaud Démare, no pudo con el trago del Jura.

Son velocistas entumecidos, como niños correteando por los pasillos del abuelo. André Greipel no tiene el punch, y eso que se rodea bien. Nacer Bohaunni corre empequeñecido, como disimulado entre tanto saco de músculos. Bouhanni no es capaz de asomar por la cabeza, es increíble el salto que hay entre el Tour y el resto de carreras, en las que el francés es el gallito. Y Kristoff, un ciclista muy alejado de ese que pisaba con brío no hace mucho tantos y tantos podios. Son los ciclos de la vida. Crece poco a poco Degenkolg, ojalá encuentre la recompensa que merece.

El guión habitual: la jornada fue por lo demás lo normal a este lado del Atlántico, una fuga lejana de dos corredores, obviamente del Wanty y Fortuneo, los equipos continentales que buscan la gloria que Cofidis confía sobre las espaldas de Bouhanni. Uno de los placeres ocultos del Tour es el rodar de Yoann Offredo, que quedará, desgraciadamente como anécdota.

Francia, ese gran país. Aunque cueste entender en ciertos lugares, el Tour es un publirrpeotaje admitido y consentido por el consumidor, de Francia. Cada etapa es un espectáculo de producción, de color, de tiro de cámara, de monumentos,… no entran ganas de visitar Francia, por lo demás el primer país turístico del mundo, es que dan ganas de irse a vivir allí. Eso sí, tendremos a los de siempre haciendo coñas los “chateaux” y esas cosas.

#LaProchaine Decir Tour es decir Pau, una de las plazas fijas de la carrera, cuando ésta está en la antesala de los Pirineos. 200 kilómetros antes del doble menú montañoso totalmente llanos. Kittel se está relamiendo.

Imagen tomada del FB del Quick Step

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