Lieja: Alaphilippe y la delgada línea entre éxito y fracaso

Tuvalum

La derrota de Alaphilippe en Lieja demuestra que nadie está exento de un error de juvenil

Que fue la maldición del arcoíris, que se confió, que no tendría ni que subir al podio por casi tirar a Hirschi y descartar a Pogacar, el sprint de Lieja deja a Julian Alaphilippe, al pie de los caballos.

Resulta por eso clara una cosa, que, esperando cómo se desarrolle lo que queda de temporada, hemos visto el mejor ciclismo de 2020.

La escapada de cuatro como Roglic, Hirschi, Pogacar y Alaphilippe era el escenario ideal, surgieron desde Roche-aux-Faucons y el show de los últimos quince kilómetros nos puso sobre la mesa lo mejor que puede ofrecer este deporte.

La clave no sólo eran los cuatro nombres, es que eran cuatro tipos que no saben especular, que cuando rompen tiran y tiran hasta que salga el sol… esta vez no hubo remontada de Van der Poel en la Amstel.

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Y no era sencillo el pronóstico, por que en los cuatro había la punta de velocidad necesaria para dar la vuelta a los pronósticos, más cuando en las piernas iba una maratón de kilómetros que no hace más que poner zozobra al desenlace.

Mohoric se les añadió al final, para poner acento en el momento más dulce del ciclismo en Eslovenia, pero aquello estaba entre los que ya iban en fuga.

Alaphilippe, que hace muchas cosas bien, lo hizo todo mal en Lieja.   

Al no poder irse solo en Roche-aux-Faucons, Hirschi le tenía tomada la matrícula como aquel día en Niza, para el campeón de mundo los planes empezaron a derrumbarse.

Aunque los dos eslovenos habían mostrado problemas para seguir a los otros dos, Alaphilippe hizo una ecuación sencilla: «si gano a Hirschi, está hecho».

Pero era un manojo de nervios, ya en la aproximación casi hace el afilador con Roglic, un tropiezo que luego repetiría con el mismo Hirschi, en la recta de meta, un cambio de trazada que le habría costado el triunfo, de haber ganado…

Hirschi sacó el pie de la cala y en el bandazo sacó a Pogacar del podio.

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«Lo tengo» pensaría el campeón del mundo, espoleado por el ruido del suizo, y celebró un triunfo que no se había producido, por que el cuarto hombre, el ciclista que perdió el Tour a veinticuatro horas de París, ganó Lieja bajo la misma línea de meta.

Alaphilippe recreó en Lieja la historia de Zaberl y Freire en San Remo.

Menuda historia, vaya final, Lieja recupera emociones justo cuando quita la cota final y vuelve al corazón de la ciudad, abajo, cerca del río, donde Alaphilippe quiso emular a Moreno Argentin hace 33 años, pero a diferencia del zorro italiano, el francés vendió la piel del oso antes de darle caza.

Son esos errores que dicen de juvenil, de los que no estás exento ni cuando eres una figura consagrada, Alaphilippe ya lleva dos platas en los monumentos del año presente, el Mundial es un premio enorme, pero la pena que le va a quedar le va a acompañar por el paso de los siglos.

Y sí, nos alegramos mucho por Roglic, por rehacerse cuando más hundido parecía, un tipo que no va a bajar los brazos.

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