Los verdaderos deportistas

Tuvalum

A ver, quien me conozca un poco sabrá de mi casi total incultura musical. Ello sin embargo, no me desprovee de cierto gusto y si algo en la vida me ha marcado han sido las canciones de Queen con Freddie Mercury al micro.

Una vez, recién acabada mi segunda maratón, hace ocho años en Valencia, me preguntaron qué pensaba, qué rondaba mi cabeza cuando en los momentos de peor agonía el cansancio caía a plomo en mente y piernas. Le dije “en mi mente no paraba de sonar el Bohemian Rhapsody”, una pieza que para mí no es una melodía, es un himno, un canto a la grandeza de lo que puede surgir de la cabeza de un genio, o unos genios, porque no sé la génesis de tal pedazo de Historia de la música con mayúsculas.

Hoy todos hablan de Mercury, por el aniversario de su muerte, que en mi modesta opinión debería equipararse a los grandes de siempre en esto de crear ilusiones juntando cuatro instrumentos. Curiosamente, quienes salimos a correr día sí día también, sabemos que el domingo pasado se celebró la maratón de Valencia, donde un puñado de amigos se dejó horas de salud para hacerlo lo mejor posible.

Yo pude acompañar a dos de ellos más de media carrera. Sinceramente, la descompresión de saber que tú no te juegas una maratón hacer ver las cosas de forma muy diferente, ves la realidad con perspectiva, lejanía y ello ayuda a comprender el tamaño de la hazaña.

Ves personas que hacen de una rendija de su tiempo un océano de segundos para entrenar, mejorar, soñar, escapar y completarse. Ves a personas que ponen un pie por delante de otro para sumar y sumar los kilómetros que sean su red en el día D. Ves a familias conviviendo con ausencias, con descansos obligados, con comidas orientadas. Ves a héroes, que no salen en la tele, ni generan telediarios, pero dejan el aliento en poner su granito de arena en ser mejores, no se conforman. Algunos, muchos, dicen que no lo entienden, pero si estuvieran el su lugar lo haría, porque a veces en lo inexplicable tenemos la explicación de casi todo. Yo ya os digo, si fuera empresario ficharía un runner o un ciclista.

Y ¿qué sonó en mi mente el otro día?. Pues al margen del tremendo ruido que Valencia volcó en sus maratonianos, no me vino a la mente la melodía de Queen porque el sonido que me marcó fueron las pisadas, sí la legión de zapatillas que a modo de latido de corazón siempre acompañaban nuestros pasos, de fondo o primer plano. Nunca fallaban. Una forma de escapar al unísono, de encontrar explicaciones a todo. Estremecedor.

Este es un homenaje a mis compañeros y amigos, pero lo es también a todos aquellos que buscan y hurgan entre lo que no hay para sacar tiempo y salir a correr o en bici, como Guillem rodando hasta la extenuación por un polígono porque no hay horas de sol cuando sale de trabajar, pero no quiere descuidar su cita con la otra, con la flaca metálica. O Joan, un medallista paralímpico, que monta en bici en medio de días cargados de acción. Como dijo una vez Contador, mi mérito reside en que todo lo se enfoca a que rinda sobre mi bicicleta. Estos es igual, pero al revés.

Es el día a día, me consta, de muchos que leéis este mal anillado cuaderno que hoy os dedica esta pieza que sólo puede ser fruto de una mente genial…

Imagen tomada de Love Valencia

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