La primera grande de Van der Poel debería ser el Tour

Tuvalum

Hemos recopilado varias razones para que Van der Poel no retrase más su debut en el Tour

La corta, intensa pero fructífera campaña 2020 de Mathieu Van der Poel se ha saldado con la estadística muy a su favor, tanto que el neerlandés tiene ahora mismo, a su disposición, la gran vuelta que quiera para debutar en las tres semanas, esta vez incluido el Tour.

Una situación que contrasta con la que se daba hace un año por estas fechas, cuando nos preguntábamos por los invitados de la Vuelta o del Giro, pensando quién le podría hacer un hueco a un corredor que tiene sus haters, pero que es magnético: su sola presencia asegura algo diferente, para su bien o para su mal, pero diferente, jugando con fuego desde distancias en las que poco se atreven,  arrastrando rivales sin importar quién y haciendo de cada jornada algo especial.

Eso es así, una evidencia trufada de sonoras victorias y estruendosas explosiones, entre las que se cuentan unas cuantas.

En dos temporadas más centrado en carretera, Van der Poel no ha dejado indiferencia a su paso.

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Sea como fuere, las tres grandes están ahí y el Fenix-Alpecin se ha ganado el derecho de estar donde le plazca, por encima incluso del Arkea de Nairo.

¿Qué primera gran vuelta para Mathieu Van der Poel?

La Vuelta 2020 tenía buenos mimbres para haberlo tenido en su salida, un inicio que recordemos era en los Países Bajos, hasta que la pandemia la dejó por imposible.

Pero a la Vuelta le tocaba elegir y dejó fuera el equipo del «orange», quien además, con la reconfiguración del calendario hubiera elegido Flandes, y ya visteis el resultado.

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Para 2021 se abre una campaña en blanco y esperemos que con los menos cambios posible.

Dada la dimensión de Mathieu Van der Poel el Tour de Francia sería la primera e inequívoca elección

Verle en el Tour sería cerrar el círculo, uno de los corredores más carismáticos en la carrera más grande del mundo, una elección de cajón, que le completaría como ciclista, suma atractivo a una competición que no pasa por sus mejores momentos de imagen y haría felices a los fans.

El Tour de Francia encaja perfectamente en las hechuras de este corredor, entraría en un calendario que primara las clásicas de primavera, como primer objetivo de la campaña, y ofrece jornadas y llegadas que le van como anillo al dedo, con esa profusión de media montaña y trampas que toman el recorrido por el hexágono cada año.

Pero no sólo eso, hay dos temas que tienen que ver con la emoción.

Sería prolongar su duelo con Wout Van Aert a la mejor carrera, ya sabemos que el belga estaría por labores de equipo, pero tiene tanta calidad que podría pensar en sí mismo en algún momento.

En Jumbo si son inteligentes, que lo son, le abrirían esa puerta, una promoción monumental.

La otra cuestión es la familiar, Francia acogería con los brazos abiertos al nieto de Raymond Poulidor, casi dos años después de su fallecimiento y en tiempos de «reconstrucción» como aquellos cincuenta y sesenta.

Mucho me temo que Vuelta y Giro deberán esperar la luz de un ciclista que trasciende su oficio, que puso el desenlace de una Amstel o un Mundial en noticias generalistas, que emociona por cada paso que da y que tiene legión tras él.

Por que Mathieu Van der Poel y el Tour se necesitan, más allá incluso de criterios puramente deportivos.

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