Messi sobre dos ruedas

Para ser justos, en el pelotón hay mucha gente que me odia” admitió Mark Cavendish después de su victoria en la jornada inaugural del Tour, una victoria que le vistió de amarillo por primera vez en su carrera. Podía haber extendido tranquilamente esa opinión fuera de pelotón, donde las opiniones sobre é también están muy polarizadas. Dotado de un brillo único cuando llega el momento de gestionar un sprint y emergiendo de ese enorme caos con el resto pisándole los tacones, Cavendish puede ser grosero y rudo, sacando punto a cualquier pregunta anodina.

Este faceta del carácter del velocista británico ha marcado en los medios y algunos lo han dado por amortizado de cara a este Tour. Ganador de sólo tres etapas en los tres últimos Tour, cuando en los cinco anteriores había logrado 23, muchos pensaron que la mejor época de Cavendish había pasado. Marcel Kittel, a quien Cavendish nunca había logarado ganar en un mano a mano, parecía el nuevo rey de las llegadas.

Ahora, en menos de una semana, Cavendish ha destrozado esos análisis y para los seguidores británicos su resurgimiento ha sido glorioso. En una nación donde el fracaso deportivo se ve como algo natural, especialmente en el alto nivel, Cavendish es un caso anormal. No hablamos de un atleta especialmente dotado, pero su fuerza mental le hace consistente y siempre logra sacar sus mejores virtudes, como si fuera un Maradona o meso sobre dos ruedas.

Desde 2008, cuando logró cuatro triunfos en el Tour, el ciclista nacido en la Isla de Man ha ido superando las expectativas y sin embargo nunca se le ha dejado de cuestionar. En el HTC-Columbia se le acusó de necesitar un perfecto tren para organizarle el sprint. Recientemente se dijo que ya no era lo rápido que fue. Sin embargo, Cav ha demostrado que puede segur ganando cualquier tipo de sprint con o sin tren que se lo prepare.

Su tercera victoria este año en Montauban reúne todas las habilidades que este ciclista tiene en un sprint y cómo sabe escoger los tiempos adecuados para ganarlo. En medio de una llegada caótica, donde ningún equipo puede asegurar un sprint bien organizado, el británico va pasando de rueda en rueda hasta que coge la de Kittel. Cuando el alemán decide iniciar su sprint, Cavendish ya ha acelerado y le ha tomado la delantera. Los gráficos posteriores al sprint demostraron que Kittel y el tercer clasificado, Dan McLay, sprintaron más rápido, pero Cavendish alcanzó su pico de velocidad en el momento que debía hacerlo.

Fue emocionante verlo en una de esas capturas televisivas. Se le veía confiado y seguro, Cavendish en su mejor momento, como el mejor sprinter que jamás hayamos visto.

Por Peter Cossins

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