Miguel Indurain y la suerte del campeón

En el triunfo la suerte juega un papel clave, Indurain lo demostró

Aunque nos quede lejos lo que pasó el lunes, ha sido interesante lo que se ha liado alrededor de la caída de Mikel Landa camino de Albi.

Vistas las imágenes, son el calor del momento de verle descolgado entrando en meta, la mala suerte se ceba con el alavés, cierto, pero ¿es normal que le toque siempre a él?

Hasta Miguel Indurain se lo pregunta y cuestiona las posiciones que Landa escoge para ir en el pelotón.

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Si miramos atrás, a Mikel Landa ya le vino una fractura esta temporada, se descolgó el día que ganó Carapaz su primera etapa, las tuvo con Simon Yates al respecto, y su paso por Movistar está marcada por la caída: el año pasado en el pavé de Roubaix y en San Sebastián, cuando la Vuelta emergía como objetivo.

Y no nos vayamos más atrás.

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Lo cierto es que el ciclista puede estar en su madurez, en su mejor momento, tocar el cielo con su forma que, si no le sonríe ni la suerte ni la colocación en el grupo, a poco puede aspirar.

En la historia hemos hablado de los grandes campeones mil veces, de su forma de hacer y «campeonar», pero muchas veces un detalle que no es menor, la suerte.

Suerte que a veces se aparece cuando menos lo esperas como aquel descenso del Ventoux, año 94, de Miguel Indurain: una curva mal trazada, un tubular que no responde… cualquier cosa puede arruinar la preparación perfecta.

Miguel Indurain salvó aquel envite, casi milagrosamente, pero lo salvó.

Indurain y la suerte de los campeones.

 

Como otras amenazas, primeras semanas que eran la locura, en las que se veían caer rivales como un serpentín, mientras Miguel Indurain salía ileso.

Pero la suerte no viene sola, hay que trabajarla y cuidarla como las plantas, y estar donde se debe estar en cada momento de la carrera es la madre del cordero.

Leo que Miguel Indurain tuvo sólo dos caídas con fractura en trece campañas de profesional.

 

Se cuenta una de muñeca en la Vuelta de 1989, edición aquella que acabó en el bolsillo de Perico Delgado, y otra de clavícula en aquella caída de Salou, que personalmente es la única que recuerdo, en la Volta a Catalunya de 1990.

En los Campeonatos de España de 1981, siendo amateur, se había roto la muñeca.

Indurain fue un maestro en la colocación dentro del pelotón.

SQR – GORE

 

Y viendo lo que sucede estos días, con tantas caídas chafando la guitarra a tantos grandes nombres, da relevancia a su gesta.

Mikel Landa ha entrado en los Pirineos en la situación que precisamente quería evitar, muy similar a la del Giro, en situación de remontar y remontar pero ¿hasta dónde?

Uno puede tener un talento innato en la montaña, tener esa postura casi pornográfica sobre la bicicleta, esos ataques agarrado de abajo, que si en la primera semana la carrera te pone atrás, demasiado atrás, poco hay que hacer.

No sabemos si es que Landa va nervioso, tenso, temeroso, mal situado o qué, aunque en su favor hay que decir una cosa, no es el único capo que acaba a veces besando el suelo.

Campeones como Froome o Thomas besan el suelo con asiduidad, Dumoulin está en el dique seco por el golpe del Giro, Valverde casi se deja una rodilla en Dusseldorf, Porte es un asiduo al tipo de tragedia que escribe Landa, demostrando que, por lo que sea, por más velocidad, por más riesgos que se asumen, circular ileso en este pelotón no debe ser nada sencillo.

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