Milán- San Remo, la primavera de agosto

Desde Coppi que la Milán-San Remo no sufría una interrupción

Recordes de la Milán-San Remo de 1946…

Un ciclsta salía del negro túnel del Turchino, Italia entera resoplaba tras años de humillación: estaba floreciendo la primavera.

El francés Tesseire, segundo, circulaba a un cuarto de hora, los otros más lejos.

Cuando la Milán-San Remo ni siquiera había dejado la Lombardía, el vencedor ya iba solo.

Era Fausto Coppi.

Era la primera gran carrera de Italia tras la Segunda Guerra Mundial.

Era la Milán-San Remo de 1946, la primavera de Fausto Coppi e Italia.

Cuando la carrera cruzaba las pedanías milanesas, Fausto ya estaba al comando.

Turchino ese punto celebre de la Milán-San Remo es un paso de no más de 50 metros, oscuro y perentorio.

Ese día vio la luz, la primavera que vino con Fausto Coppi, cargada a sus espaldas. Una multitud lo aclamaba. “Habemus Campeonnissimo”.

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La Milán- San Remo de 2020 no pasará por el Turchino, ni será en primavera, ni serpenteará por las costas ligurienses…

Pero será, como aquella que cinceló Coppi en su museo de las maravillas, la del regreso del ciclismo con mayúsculas, el añejo, que sobrevive a los tiempos y las circunstancias.

Es la 111 Milán-San Remo.

Una carrera con el sobrenombre de primavera que se corre en agosto, con 299 kilómetros de recorrido, que si se suman a la neutralizada rozan los 310.

Cambios en el recorrido, en previsión de una costa atestada de lombardos y piamonteses escapando de la pesadilla del confinamiento, los pueblos por donde pasaba la carrera han pedido otra ruta.

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No habrá paso por los Capos, ni por la calle porticada de Imperia, en cambio el sur del Piamonte se presentará al mundo, con su mar de viñas y dos dificultades que añaden algo más de desnivel antes de entrar en el recorrido que ya conocemos, los cuarenta kilómetros finales con la Cipressa y el Poggio, esa tachuela, con casi 300 kilómetros en las piernas en cuyas curvas debes frenar para evitar salir disparado.

Una tachuela sí, pero en cuya suerte en la subida y posterior descenso residirá la clave que se corte o no el pelotón.

Ojo porque los «rosters» se van a los seis corredores, mala noticia para el control y por ende para los velocistas.

Si hubo un tiempo en el que los velocistas tomaron el control, desde Freire a Kristoff, pasando por Démare, Goos o Cavendish, los tiempos recientes apuntan a corte con avispas que tienen vatios en la subida y clase a borbotones en el descenso, puncheurs tipo Nibali, Kwiatkowski y Alaphilippe.

Entre estos tres mentados puede estar el ganador, el abanico se abre e incluye a Bennet, Ewan, Viviani, Gaviria y un inspirado Démare si hay volata, mientras que el corte puede estar en las piernas de Van Aert, en plan que intimida, Van der Poel, Trentin, Van Avermaet, y Sagan en su piedra en el zapato.

Luego estará lo que haga Philippe Gllbert y su pacto con la historia. 

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