El momento de Juanjo Lobato

Tuvalum

País de agonísticos corredores de fondo, de tallo fino, huesudos, carentes de chicha, aguileña tez y lisos como un ciprés, España también ha tenido sus rarezas, esos competidores más avezados en el llano y la velocidad, ciclistas poco apreciados en lineas generales, dada la fijación por las carreras por etapas, pero sin embargo de gran valor, pues marcan el fondo de armario y las posibilidades de crecer en terrenos ignotos.

En “El primer campeón” hablábamos del más belga de los ciclistas españoles, de Mariano Cañardo. Fornido, dotado de unas piernas endurecidas por el rodar en inmundas carreteras, anchas como cajones, que le valieron ser el “rara avis” del momento.

Igual que Miquel Poblet, el “noi de Montcada” que todos conocieron por sus triunfos en San Remo, pero que dio excelentes vibraciones en grandes vueltas. Él es el primera amarillo del Tour el año que ganó la primera y última etapa de la mejor carrera del plantea. De esa tradición no bebieron muchos y pasarían años para ver otros en las mismas lides. Sin embargo el salto de siglo vino con el pie cambiado. Llegó Oscar Freire, tres San Remo y verde en el Tour, Juan Antonio Flecha, podios en Flandes y Roubaix, y Pedro Horrillo el hombre que encontraba a lucidez en el norte entre adoquines y campos agujereados por reyertas mundiales.

Todos estos corredores, salvo el pionero Cañardo, tuvieron una cosa en común, se fueron más allá de los Pirineos para explorar sus posiblidades en las carreras que les atraían. Y eso ha hecho Juanjo Lobato, un ciclista que busca reconocerse y para ello quiere probar a brillar en los Países Bajos, nada menos, en su equipo de bandera, el Lotto-Jumbo, una escuadra donde podrá beber de esos conocimientos que por aquellas tierras parecen llevar en el ADN.

Lobato ha sido puntal en la velocidad del Movistar estos años, la mejor de las suertes para Carlos Barbero. Se agarra a una cuarta plaza en San Remo para soñar en un triunfo que sencillamente es complicadísimo. sin embargo no desiste y cree que yéndose al equipo amarillo tendrá más opciones de hacerlo bien. Otra vez, la historia es cíclica, uno de nuestros mejores velocistas y potencia clasicómano se tiene que ir fuera a buscarse las oportunidades que aquí se cuentan con los dedos de la mano.

Lobato ya tiene perfilado su primer calendario en el Lotto-Jumbo y San Remo es el centro de todo. Jugarlo todo a esa carta parece arriesgado, pero el premio es tan grande que le merece la pena aspirar a ello. Para mí Lobato puede tener opción incluso en grupo grande, porque 300 kiloemtros en las piernas hace que todo sea más complicado de predecir. Conoce la carrera y encontrará un ambiente más centrado en un objetivo así -aún recuerdo cuando Movistar hizo debutar a Betancur en la carrera más larga del año-.

No estará en el pavé, donde Vanmarcke y Boom serán punta de lanza en su eterna necesidad de ganar algo grande de una vez pero sí en la Amstel, una carrera que, como se vio el año pasado en la llegada fuerte de Dubai, podría venirle bien si sale vivo del Cauberg. Freire casi lo logró.

Como veis, el año se presenta interesante para Lobato y creo que tiene mimbres para sorprendernos. Siempre llamando a la puerta, creo que está en el punto perfecto de dar el paso adelante que merece él y quienes creemos que el ciclismo es más que grandes vueltas.

Imagen tomada de www.juanjolobato.com

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