El muchas veces ignorado arte del descenso en bicicleta

Grandes carreras se han bajado con un descenso memorable

A veces un buen descenso no necesita de grandes aspavientos, debe ser algo que surge solo, casi natural, es innato, una mezcla equidistante de valentía, habilidad y anticipación.

La elegancia sobre la bicicleta es redonda en un buen bajador, un descenso limpio, de trazada sencilla… aquí lo barroco no se estila

Hace unos días aprovechamos un tweet de @rodadortop para efectuar una pregunta que tuvo excelentes respuestas….

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Pero como todo en la vida hay que elegir y nosotros tenemos tres descensos grabados a fuego… 

Miguel Indurain en el Tourmalet, cuando se comió el minuto largo de Tony Rominger de la cima en la bajada hacia Luz Saint Sauveur, aquella tarde de julio del 93, tras un excelso trabajo de Julián Gorospe en la subida, quedó en la historia de los grandes descenso de la historia del Tour.

Miguel hizo de la bajada un aliado que una vez, aquella del Ventoux, casi le juega una mala pasada.

Que librara tantas bajadas, en circunstancias tan diversas explica el mérito, y la suerte, que tuvo el campeón.

David Arroyo en el Mortirolo, hace diez años casi exactos. 

Se jugaba el talaverano nada menos que el Giro ante Ivan Basso, que le había dejado en la subida al coloso dolomítico, tras la bajada quedaba ese famoso «falso llano» asesino hacia Aprica.

Arroyo hizo una bajada escandalosa, le faltó muy poquito y quizá una ayudita de Carlos Sastre en el momento clave, para cazar, no lo logró.

Ivan Basso me definía esa bajada con una palabra: «Paura», es decir miedo en italiano.

Queda el tercero y no es sencillo, pero en este mal anillado cuaderno somos mucho de Vincenzo Nibali, es decir de cualquier descenso y en especial ese del Agnello en el que dejó atrás a Kruijswijk o el del Monte Giovo, también en el Giro 2010, una exhibición que complementaría guiando al propio Basso, mucho más torpe, en el Mortirolo ante la amenaza de Arroyo por detrás.

Dicen que sobre todos ellos sobrevuela un halcón, Paolo Savoldelli quien era cuchillo incandescente en la mantequilla bajando

Savoldelli le debe dos Giros a ese arte en los descenso, dos Giros nada menos en los años de Di Luca, Garzelli, Simoni y Casagrande.

En el trabajo de las bajadas queremos acordarnos de Oscar Saiz, uno de los grandes nombres del descenso español.

Nacido en Sabadell compitió desde 1993 a 2008.

Su trayectoria en las ruedas gordas le avala.

Empezó joven, llegado desde el trial, se aficionó al cross country antes de entrar en el descenso.

Rápido fue campeón de Catalunya primero y con el tiempo campeón de España de dual slalom.

En 1999 ya bajaba entre los diez más rápidos del mundo, según la UCI. Incluso fue primero en un Campeonato del Mundo por equipos con el Maxxis.

Entró la órbita de Giant en 2004, dentro del equipo DH que copatrocinaba Grandvalira.

No descuidó los estudios, se sacó el carnet de director nacional de ciclismo que le valió ser seleccionador nacional antes de entrar en el Team Blanco -hoy Jumbo Visma-.

Su conocimiento le valió ser consultor de diferentes marcas.

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Oscar Saiz, puesto ya en contexto, lleva un tiempo largo trabajando con gente de la carretera.

Guardamos un Procycling, donde se recogen algunas de sus impresiones y claves para la formación redonda y global de un ciclista.

Desde su experiencia en Giant, Saiz se pone en situación: etapa de adoquines del Tour de Francia 2014.

Vincenzo Nibali pasa la mano por la cara de sus rivales. Con Froome fuera de carrera y Contador cediendo un tiempo importante, Saiz pone acento en la técnica, ese gran olvidado muchas veces para muchos equipos y ciclistas.

Es obvio que no sacaremos de todos los ciclistas un Samuel Sánchez o un Vincenzo Nibali, pero al menos no podrán decir que han perdido la carrera en una bajada” justifica.

La trilogía del cicloturista: El Sufrimiento (parte II)

Cicloturista: si no hay sufrimiento, no existe placer

La vegetación de este precioso parque te hace más llevadero este inicio de puerto.

Ves que la gente se van mirando entre sí, calibrando sus posibilidades, examinando al «rival» y piensas «joder, menos mal que todos somos amigos…».

Y es que la «victoria» en este impresionante col sabes que da mucho prestigio, mucha reputación, entre los miembros de tu peña y en general entre todos los cicloturistas de tu país.

Pero tú ni lo sueñas, estás contento con haber llegado entre los «primeros».

Y así ves que en cabeza ya se empiezan a pegar «palos» y el ritmo de subida ya es asfixiante para ti: te descuelgas, subes unos cuantos piñones y a «disfrutar» lo que puedas.

Los de delante se empiezan a alejar cada vez más y más, y piensas que qué comerán estos tíos para estar tan fuertes.

La verdad es que tú ya no das más de sí, el entreno que llevas es el que es y por mucho que hagas, ni vas a rendir más, ni vas a tirar más, las horas son las que son y no puedes robar más tiempo ni a tu familia, ni a tu trabajo: no puedes «sacrificarte» más.

En este momento te encuentras solo, en tierra de nadie, ni te van a coger los de detrás ni tú vas a coger a nadie.

Lo ideal sería pararte y esperar un tren más asequible, pero ese puntito de orgullo que todos tenemos te hace tirar para adelante solos, la montaña y tú, durante los próximos 20 kilómetros, bajo un sol de justicia y empezando a estar tocado por la dureza de la salida.

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Y así vas haciendo, pedaleando, sufriendo pero disfrutando a la vez, sorteando rampas imposibles y levantando la vista de vez en cuando para disfrutar del paisaje, del entorno, de la alta montaña, que es realmente lo que a ti te gusta.

Después de 2 horas de penosa escalada llegas arriba, después de haber pasado el último tramo, realmente duro, donde tú ciclocomputador nunca ha sobrepasado los dos dígitos.

Los últimos 200 metros llanos y casi con tendencia a bajar, metes plato (¡qué chulo!) y ya ves a tus colegas, esperando.

Alguno te soltará: «veinte minutos, te hemos metido veinte minutos.» Y piensas que qué bestias.

Después de esperar un rato a que vengan las «unidades perdidas» del A, bajáis al pueblo a almorzar con el grupo B, que ya deben ir por los cafés.

A la salida del almuerzo alguno del A tiene la «brillante» idea de proponer una vuelta alternativa, por supuesto más dura y más larga, aunque mucho más bella.

Alguno te pregunta qué vas a hacer y claro, no te vas a negar y te vas a dejar en evidencia, así que te lías la manta a la cabeza y te vas con ellos con aquella sensación que deben tener las terneras cuando las envían al matadero.

En principio de bajada y llaneando bien, aunque sigues sin dar un relevo y te encuentras algo mejor, sin duda gracias al cafetito que te has tomado, y seguís tirando, tirando…

De repente, alguien gira a la derecha y te encuentras con un paredón en mitad de la carretera: ¿qué es eso? -te preguntas.

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Nunca habías venido por aquí, coto privado del A, y te pilla por sorpresa esta «nueva pista rural asfaltada», que hace que tengas que poner todo lo que hay para vencerla, bajo un calor ya infernal.

Los de delante hace rato que ya se han ido y te vuelves a quedar solo, muy solo, y piensas que qué habrás hecho para merecer esto.

Todos los portabicicletas de Cruz en un click

Lo estás pasando realmente mal y suerte que tus «compañeros» te están esperando arriba y podrás volver con ellos.

Bueno, eso crees tú.


Cuando llegas hay alguna mirada de complicidad y otras de compasión, hasta que la carretera nos vuelva a poner a cada uno en su sitio.

Iniciamos el camino ya definitivo de vuelta a casa y esta gente en vez de bajar el pistón aún aceleran más y más…

Pasados unos kilómetros no puedes más, tienes incluso algún amago de calambre, y levantas el pie y te descuelgas, y el tren se aleja rápido, muy rápido.

Ni se han dado cuenta que te has quedado: «es igual» -piensas- «voy a descansar», aunque sabes que los 40 kilómetros que quedan de vuelta se te van a hacer una eternidad.

Así es, después de dos horas a ritmo cansino, de haber secado todas las fuentes que te has encontrado por el camino, llegas a tu casa pasadas las 4 de la tarde, destrozado y con principio de pájara.

Te vas directo a la cama, hasta que recuperas un poco, te duchas y comes algo.

Todos tus proyectos de salir esa tarde tendrán que esperar porque tienes un gran cansancio acumulado, no te sientes las piernas y decides pasártela en la horizontal, en un estado lamentable, bajo la atenta mirada de tu sacrificada y cabreada familia.

Hasta la próxima…

Foto: www.rosdemora.com

Veintipico años desde el Tour del 98

Tour del 98 - Marco Pantani JoanSeguidor

Dos décadas de una carrera que marcó el ciclismo: el Tour del 98

Hace más de veinte años por estas fechas, saboreábamos la sublime victoria de Marco Pantani en el Giro de Italia.

Estábamos en capilla, de un nuevo mundial de fútbol, el de Francia, el país del Tour, del Tour del 98.

Fue aquella una carrera que empezó días antes de arrancar, recuerdo, desde Dublín.

Un control rutinario de frontera hizo saltar la liebre: un masajista de Festina, Willy Voet, fue cazado con un arsenal de sustancias dopantes.

El tamaño del «alijo» era tal que el argumento tan manido de «consumo propio» no se sostenía por ningún lado.

Aquello fue el detonante: el ciclismo nunca volvería a ser igual.

Fue romper la inocencia rota para muchos que quisimos creer que aquello no era cierto, que resultaba un espejismo, una pesadilla, mejor dicho.

Tour del 98: el antes y el después

Un espejismo de puertas hacia fuera, un secreto a gritos de puertas hacia dentro.

Marco Pantani acabó ganando ese Tour con una memorable etapa bajo la lluvia del Galibier, una jornada que hemos visto esta tarde en Teledeporte con los mismos ojos de inocencia del 98.

Fue el único momento que desconectamos de la triste realidad que envolvía y tomaba el ciclismo.

A partir de ahí, el ciclismo arrastra el estigma como el fantasma preso a sus cadenas.

A partir de ahí vendría la expulsión de Pantani en el siguiente Giro, el raid de San Remo en la ronda italiana, tres años después…

Vendrían historias para no dormir.

También el periodo de Lance Armstrong, el ciclista que no existió, que nunca corrió el Tour, ni lo ganó siete veces.

Lance Armstrong como consecuencia del Tour del 98

Acabamos de leer la «Rueda de la mentira«, el libro de Juliet Macur, que describe el antes, durante y después del ciclo de Lance Armstrong.

Siete años de plomo y sopor en la mejor carrera. Siete años que vemos borrados en todas las fuentes que consultamos.

La obra de Macur destaca por ser políedrica, más de 130 entrevistas, con testimonios que hablan con tal contundencia que la sola esperanza de salir vivo de Lance Armstrong, resultaba sonrojante.

El libro describe cómo se cierra el cerco y desmadeja la nebulosa de mentiras que construye Armstrong.

En teoría, se dijo hasta la saciedad, el Tour del 99, el que siguió al escándalo, era el más limpio de la historia, el más creíble, el más transparente…

Y lo ganó Amstrong.

Así las cosas, el ciclismo de 2018 es heredero del Tour del 98.

Veinte años después las cosas no han cambiado, al menos no en la percepción de deporte horadado por la lacra del dopaje.

Un dopaje que además es transversal, y se da allí donde nunca lo podríamos entender. Un saludo a esos masters que juegan a ganar el Tour en su día a día.

Y fruto de aquello tenemos una presión inaguantable para el 99.9% de los humanos, salvo Chris Froome, quien abanderó una limpieza y tolerancia cero, que él mismo ha puesto en el borde del abismo.

Dicen que está más limpio que nunca, pero la percepción es la de siempre.

Algo se hace mal y lo peor son esas decisiones que miran por la imagen y no por la salud del ciclista, como el picotazo de avispa de Sander Armée en el Giro de hace un par de años.

O los ciclistas que hacen gala de su limpieza como si hicieran un extra, denostando a otros.

Así es el ciclismo, el deporte por el que no ha pasado el tiempo desde aquel fatídico Tour del 98.

Imagen tomada de Cycling History

 

Si mi niño quisiera ser ciclista

Niño ciclista JoanSeguidor

Que tu niño quiera ser ciclista viene sin manual de instrucciones

Cuando un niño decide ser ciclista, un calambre recorre su hogar.

No es un deporte sencillo, ni siquiera fácil de encajar en la rutina laboral.

Pero la mente, inquieta ella, ya se pone en lo peor, piensa en la carretera, en los peligros, en lo que viene… 

Y no es sencillo pasar como si tal cosa, no tener miedo.

Salir a la carretera te asegura una jornada de disfrute máximo, pedaleando por donde te plazca, pero casi seguro un susto, un aprieto, alguna de esas situaciones que cada día leemos en la prensa, con ese goteo de accidentes.

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Estos días que deberían ser de pasión de Giro de Italia, quien no ha tenido al crío sentado al lado, mirando y soñando por la televisión, imaginándose ahí, en medio de paredes de nieve, de rosa, recibiendo el beso de las guapas, descorchando el cava…

Todo eso está muy bien, pero el camino no es sencillo.

Hace unos cuantos años escribimos una reflexión sobre el padre ciclista que ve a su hijo partir en un entrenamiento pensando en los peligros que la ruta le pondrá y en la inquietud de saber si volverá bien.

Fue a raíz de la muerte de Víctor Cabedo, atropellado mientras entrenaba.

Permitidnos rescatar un tramo…

Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera por que ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante.

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Esto es así, como la ciudad que vio la salida de una jornada del Giro de Italia: un casino.

Pero aquí la ficha es tu vida, tu felicidad

Muchas veces hemos escrito por los padres ciclistas, que les dejen crecer, que no tienen que ser un Contador o un Valverde, que disfruten, que se prenden de la bicicleta, de la vida sana…

Pero estos mismos padres que a veces se obsesiona con el futuro del niño, son los que ven a sus hijos partir cruzando los dedos que todo salga bien.

Hemos visto esta carta en Facebook y queríamos compartirla

 

Niño ciclista JoanSeguidor

Que el niño quiera ser ciclista no es algo que venga con manual de instrucciones…

Imagen: Bicics 

Randonneur: el ciclismo donde no se pone el sol

Hace unos días nos interesamos por un ciclismo poco conocido, que se corre en soledad, de noche muchas veces y entre pequeños ratos de sueño. Hablamos de esas pruebas que responden al nombre de Randonneur y se distinguen por la larguísima y extenuante distancia. Un concepto que lleva el ciclismo hasta sus últimas consecuencias, un concepto que nos explica Francesc Porta, Presidente  de Randonneur Catalunya (Club de Referencia) y representante del Audax Club Parisien en España, excepto el País Vasco.

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¿Dónde situarías el origen del concepto Randonneur y en qué momento y evento?

“Hemos de retroceder al mes de mayo del año 1921, se celebra la Polymultipliée  de Chanteloup en su 9ª edición, hasta entonces esta prueba había estado patrocinada por el periódico deportivo l’Auto que dirigía Henry Desgrange, pero en 1921 fue el periódico L’Echo des Sports (contrincante de L’Auto) quien patrocinaba esta prueba. Diversos clubes de Paris aportaban su ayuda en la realización, uno de ellos era el Audax Club Parisien, colaborando desde la primera edición.

Se dio la circunstancia de que el Audax Club Parisien tenía desde 1905 los derechos de organización de los Brevets Audax, una creación italiana introducida en Francia por parte del mismo Henry Desgrange.  Estas dos circunstancias eran incompatibles y Henry Desgrange retiró la autorización al Audax Club Parisien para la Organización de los Brevets Audax.

En el seno del Audax Club Parisien hubo una escisión que condujo una parte a continuar con la organización de los Brevets Audax  formando el Club Union Cyclistes de Paris, patrocinado por L’Auto, y que más tarde vinieron en llamarse Unión de los Audax Franceses, y otro grupo  que se las ideó para crear los Brevets  de Randonneur Franceses, que son la cara y la cruz si los comparamos con los Audax. En el mes de septiembre de 1921 se organizó el primer Brevet Randonneur de la historia con el recorrido Paris, Dreux, Chartres, Paris”

Nota 1- Los Brevets Audax también se llaman de velocidad fija establecida en 22,4 km/h, por lo tanto los participantes van en pelotón, no pueden desfallecer físicamente, no tienen que estudiarse el itinerario pues hay el jefe de grupo, mientras que los Brevets de Randonneur que también se llaman de velocidad libre, cada participante va a su aire, solo tiene que mantener una capacidad mental en todo el recorrido y si desfallece físicamente puede parar a descansar.  

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¿Que mueve a un ciclista a pasarse a la fórmula Randonneur?

Yo diría que la participación en pruebas Randonneur es una culminación de toda una trayectoria en la vida de un cicloturista. Empiezas con excursiones locales, regionales a través de un club con salidas dominicales, después te atreves en las marchas cicloturistas, cuando te vas haciendo mayor empiezas a sentirte mal porque no llegas dentro la hora establecida y es entonces que descubres la formula Randonneur, la edad media de los participantes está situada en 55 años, esto quiere decir que un 10% tendrá entre 60 y 70 años y otro 10% tendrá entre 18 y 30 años, hay participantes que con 85 años realizan un Brevet de Randonneur

¿Qué le aporta la fórmula Randonneur a un ciclista?

La aportación del deporte al practicante no difiere demasiado entre distintas especialidades, pero la participación Randonneur permite alargar muchos años la práctica del deporte. Es en esta edad que se ve las marchas cicloturistas como una auténtica locura, y  en el Movimiento Randonneur, como la posibilidad de permanecer activo en grandes pruebas

¿Que complicidades surgen en la práctica de pruebas Randonneur?

Las principales complicidades son con uno mismo. Se habla de hacer un 200 y se ve como una utopía, lo realizas y te das cuenta que el próximo reto son los 300, después 400 , te das cuenta que el cuerpo es el mismo, la forma física siempre es la misma, no se requiere una forma física súper extraordinaria, sí que percibes  que al aumentar la distancia se requiere más mente clara y te decides para afrontar los 600, los  1000, los 1200 km como si nada y te conviertes en un experto psicólogo de tu propio cuerpo

¿Qué desarrollo hay en España del mundo Randonneur respecto a otros Países?

El Audax Club Parisien como creador de la Fórmula Randonneur, tiene la misma estructura en cada país donde se establece la práctica de las pruebas Randonneur, es decir se nombra un representante del Audax Club Parisien en este país, este representante actúa a través de un Club, que se llama Club de Referencia. El representante a través de este Club determina  los Clubes Organizadores locales  que son los que organizan las pruebas Randonneur en cada Región. Los representantes de todo el mundo están asociados a través de Les Randonneurs Mondiaux que en la actualidad agrupa a 51 países de los 5 continentes”

Nota 2- Se da la circunstancia de que en 1983 cuando se creó Les Randonneurs Mondiaux en España había dos personas que organizaban Brevets de Randonneur, y como excepción España continua teniendo dos representantes del Audax Club Parisien, pero esta anomalía es temporal tendiendo a la normalización en cuanto ocurran cambios.

Nota 3- La palabra francesa randonneur significa excursionista, después de los años y en el argot cicloturista, esta palabra significa todo lo referente a esta modalidad de cicloturismo, otra acepción seria que si decimos que uno tiene aptitud Randonneur, significa que recurre a todas las soluciones posibles sin desistir, para solventar los contratiempos que se van sucediendo a lo largo de uno de los periplos emprendidos, también se aplica entre nosotros en temas de la vida misma.

 

Así ha ayudado Tuvalum a las tiendas de bicicletas

tiendas de bicicletas JoanSeguidor

Más de 500 tiendas de bicicletas encuentran en Tuvalum una vía para vender online sin comisiones

El de las tiendas de bicicletas es un sector especialmente castigado por la situación derivada de la alarma nacional por coronavirus. En España hay más de 3.000 pequeñas tiendas de ciclismo con 3 empleados o menos. Según datos de la Asociación Española del Comercio Minorista Especializado en Bicicleta, el 90% de ellas ha aplicado un ERTE.

En las últimas semanas la mayoría de los profesionales de tiendas de bicicletas han seguido trabajando con la persiana bajada, tratando de preparar su negocio para la venta por Internet. Muchos de ellos carecen de una tienda online y, de los que sí cuentan con página web, la mayoría no dispone de recursos para competir en publicidad con los grandes operadores.

En este sentido Tuvalum se ha convertido en el canal de venta digital de más de 500 tiendas de ciclismo de España, que cada mes ponen a la venta sus bicicletas y material en este portal. Muchas de ellas se han incorporado al sistema de venta de Tuvalum durante el confinamiento para compensar vía online las pérdidas derivadas de tener las puertas del comercio cerradas.

A diferencia de otras aplicaciones y páginas de segunda mano, Tuvalum ofrece a los profesionales la gestión integral de todos los procesos que intervienen en la venta online. Esto incluye un sistema de pago cien por ciento seguro y la recogida y envío de los pedidos.

Además, entre el 16 de marzo y el 26 de abril eliminó su comisión y tarifa de venta en todos los productos de tiendas profesionales, con el compromiso de ayudar a los minoristas a compensar con las ventas online la caída sufrida por tener el local cerrado. “Sin tiendas locales no hay ciclismo, porque si desaparecen, ¿quién va a realizar el mantenimiento de las bicicletas a los casi 2 millones de ciclistas que hay en nuestro país?”, explica Alejandro Pons, CEO de Tuvalum. “A pesar de que nos ha supuesto dejar de facturar, nuestro compromiso es aportar nuestro granito de arena poniendo nuestra página web a disposición de todas las tiendas de ciclismo de manera totalmente gratuita”.

Gracias a esta iniciativa más de 50 tiendas han conseguido vender sus bicicletas en España y Europa durante este período a través de Tuvalum sin incurrir en costes.

Vender gratis sin tener una tienda online

El modelo de venta para profesionales de Tuvalum es diferente al de otros grandes marketplaces. A diferencia de éstos, Tuvalum no cobra comisiones a las tiendas de bicicletas. Sobre el precio de venta que éstas fijen establece una tarifa de servicio que paga el comprador y que durante 6 semanas ha estado cancelada para ayudar a impulsar las ventas de profesionales dentro de su portal.

José Gabriel, de Bicicletas Manrubia, ha sido uno de los minoristas que no tienen página web para su negocio y han utilizado el canal online de Tuvalum para vender durante el confinamiento. “Tuve una página pero no era competitiva porque no podía competir con las demás webs, así que subo las bicicletas a Tuvalum”.

José Sanjuan, gerente de Guijarro Tot Esport, también ha vendido bicicletas en España y Europa a través de Tuvalum a pesar de tener su comercio cerrado. “No tenía nada por Internet y Tuvalum nos ha echado un cable que nos ha venido como anillo al dedo. Somos conscientes de que no podemos luchar con las grandes superficies.

La misma opinión comparte Miguel Guillén, de 3HCycles Requena: “Nosotros antes ya vendíamos algo por Internet, pero básicamente recambios. Ahora queremos potenciar más las ventas online, con Tuvalum llevo un año y estoy bastante contento”.

Más servicios para tiendas de bicicletas

Tuvalum nació en abril de 2015 como plataforma para la venta de bicicletas de alta gama entre particulares. En 2017 incorporó su servicio para tiendas, ante la demanda de tiendas que comenzaban a usar su web y actualmente está presente en cinco mercados: España, Francia, Italia, Alemania y Portugal. Uno de sus objetivos marcados para este año es crear un plan renove para que las tiendas locales puedan ofrecer a sus clientes la posibilidad de entregar una bici usada como parte del pago, siendo Tuvalum quien se encargue de la adquisición y venta de esa bicicleta usada.

Actualmente más de 500 y profesionales minoristas de España venden en Tuvalum.

En bicicleta al trabajo: seis consejos

bicicleta trabajo JoanSeguidor

Seguridad, equipamiento y planificación son las claves para ir en bicicleta al trabajo

Los beneficios de ir al trabajo en bicicleta son evidentes, tanto para la salud como para el medio ambiente.

Los atascos en la carretera, los vagones del metro repletos de gente, las bocinas y el estrés que implica conducir, causan cientos de dolores de cabeza a los trabajadores españoles cada día.

Te animamos a que incorpores esta práctica en tu vida cotidiana y te dejamos algunos consejos útiles para ir al trabajo en bici.

Un puñado de consejos para ir al trabajo en bicicleta…

1. Lo más importante es la SEGURIDAD: hazte visible y equípate siempre con luces diurnas delanteras y traseras, casco y ropa flúor. Lo ideal es usar un chaleco reflectante  y ropa clara. También es importante que revises tu bici antes de salir, no olvides de que se trata de un vehículo que ha de llevarte con seguridad a tu destino en tráfico abierto. Revisa la presión de las ruedas, las luces y asegúrate de que los frenos y cambios están bien ajustados. Si hay carril bici úsalo. Señaliza tus movimientos; giro a izquierda, derecha y frenado, con anticipación, usa el timbre y no escuches música.

2. EQUIPA TU BICI: Dependiendo de lo que necesites llevar contigo, piensa en poner portabultos para liberar tu espalda del peso extra y el calor que implican las mochilas. En él, podrás colocar una o dos alforjas para llevar tu ropa, portátil, toalla, calzado. Si llevas poco encima, prueba con una cesta sobre el manillar. También hay otros accesorios interesantes como los espejos retrovisores que te permiten vigilar el tráfico que hay a tu espalda sin tener que girar el cuello ni perder la atención sobre lo que ocurre por delante. Por último, equipa tu bici con un kit básico de herramientas (cámara, kit antipinchazos, multiherramienta, etc.)

3. Estudia cuál es EL MEJOR TRAYECTO: intenta coger alternativas seguras como carriles bici o zonas con menos tráfico.  Recuerda que hay veces que la ruta más corta no es la más recomendable. Como norma general, las calles paralelas a las grandes vías de circulación te ofrecen la forma más segura de llegar a tu destino.

4. Haz el viaje CON TRANQUILIDAD: si no tienes duchas en tu empresa, la mejor manera de hacerlo es tranquilamente, sin prisas y sin pedalear a tope. También tienes la opción de hacerte con una bicicleta eléctrica que te ayudará a llegar menos fatigado y en menos tiempo. Vas a trabajar, no a una carrera. Sal con suficiente tiempo y pedalea suavemente, no hagas sobresfuerzos que te harán sudar más de la cuenta. Déjate en la oficina ropa extra, artículos de aseo, toalla, etc. Así tendrás que cargar menos peso en la bici cada día, lo que te asegurará ir más ligero y mayor estabilidad al circular. Puedes optar por guardar en tu oficina un kit de aseo en el que lleves: un cambio de ropa, desodorante, perfume y cualquier otro producto.

5. Cómo PROTEGER TU BICI de los amigos de lo ajeno: La situación ideal sería que consiguieras que tu empresa habilitara un cuarto con llave para que tú y tus compañeros pudierais dejar vuestras bicicletas. Si esto no es posible, hay tres cosas que puedes hacer para evitar a los ladrones. Aparca tu bici en un lugar visible para ti y bien iluminado. Utiliza al menos uno, y preferiblemente dos candados. Aunque los mejores no son especialmente baratos, protegerán mejor tu preciada bicicleta. Extrae los elementos vulnerables de tu bici como las luces, las bolsas de accesorios, el timbre.
 6. Por último, cuál es la MEJOR ROPA para hacer el trayecto del trabajo en bici: Mientras que la ropa para montar en bici suele ser muy pegada al cuerpo pare evitar que el viento ralentice nuestro avance, en este caso es todo lo contrario. Tanto la postura erguida, como una ropa más holgada juegan a nuestro favor. Puedes utilizar una camiseta transpirable que se ajuste al cuerpo y evite que el sudor pase a tu ropa limpia. También es recomendable llevar elementos reflectantes o colores flúor.
Olvídate de los atascos del día a día, haz más ejercicio, y siéntete mejor contigo mismo sabiendo que contaminas menos el planeta. Y lo mejor de todo: pásatelo de lujo.

 

Ciclismo de desnivel: En el Angliru empezó todo

El Angliru lleva poco más de veinte años en el ciclismo y ya es una leyenda

Las subidas imposibles tomaron el ciclismo hace un tiempo y en el Angliru empezó todo…

Después de todo lo que se ha escrito sobre el coloso asturiano ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Un artículo del maestro Mario Ruiz, de 1996, con fotos de sus terribles rampas y bajo el título: Atrévete con el puerto más duro de España: La Gamonal, un coloso de espanto, causó una fuerte impresión entre nosotros, los cicloturistas.

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Un par de años después, en 1998, se creaba una nueva y durísima marcha cicloturista al muro asturiano, en la que antes se subían la Cobertoria y el Cordal.

El espaldarazo definitivo vendría dado por el anuncio, por parte de la organización de la Vuelta, de que la cima sería final de etapa en la edición de 1999.

Esta decisión, encabezada por Enrique Franco y Alberto Gadea, fue gracias a una carta, la que les escribió Miguel Prieto, director nacional de informática de la ONCE, casi ciego (sólo con un 10% de visión), que fue el que descubrió el puerto para el ciclismo. También ayudó el interés mostrado por el Ayuntamiento de Riosa, invitando a todo aquél que se atreviera a desafiar sus rampas, como fue el caso de la primera incursión en la montaña riosana que realizara, el 3 de octubre de aquel año 98, nuestro recordado José María Jiménez, al que tuvieron que dejar una rueda de 28 dientes para poder subir.

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A partir de aquel momento toda una peregrinación de ciclistas del momento, ex-ciclistas y cicloturistas anónimos (el minero, y malogrado, Eladio Llanos -el que le dejó la rueda al Chaba- lo había escalado más de cien veces), fueron a conocer sus duros desniveles con los comentarios de todo tipo que ya conocemos.

El puerto había sido asfaltado recientemente ya que en realidad había sido una pista forestal por donde subía el ganado, para abrevar en el pequeño lago que hay en la cima, conocido popularmente con el nombre de Angliru, al pie del majestuoso Pico Gamonal, en la bellísima Sierra del Aramo.

El Angliru es un puerto increíble para el ciclismo, o lo odias o te enamoras de él para siempre.

No hay término medio porque no deja indiferente a nadie. Se puede decir que la subida (12,5 kilómetros a una media del 10,2%) tiene dos partes bien diferenciadas: la primera no pasaría de ser un segunda, hasta el llano del Área Recreativa de Víapará, que es lo que dicen los ciclistas cuando ven las líneas rectas que se disparan hacia el cielo: voy a parar. Es broma.

Los últimos 7 kilómetros (con una media terrorífica del 13%), dan inicio a la auténtica escalada a la pared asturiana.

Una pintada en el suelo nos lo recuerda: Empieza el infierno. Todo este tramo hasta la cima es terriblemente impresionante, irreal, se ha de ver para creer. Hay varios muros con nombre propio: primera curva al 20% llamada Les Cabanes, después vendrán Los Picones (al 18%), pero el más increíble, cuando vas pedaleando por la Curva Cobayos (al 17%), giras y la ves, la sorprendente rampa de lanzamiento de La Cueña Les Cabres, con sus 800 m al 18% de media y un desnivel máximo del 23,5%. Después dos rampas más, Piedrusines (19%) y l’Aviru (20%), hasta llegar a la campa del Angliru.

Entre estos muros encontraremos desniveles más “normales”, entre el 10 y el 14% -como Llagos-, que sirven para recuperarse, aunque parezca mentira.

Aún recuerdo mi primera ascensión en la que tuve la enorme satisfacción de poder escalar esta fantástica montaña. Fue bajo el orbayu que llora a esta tierra, retorciéndome en la Cueña de les Cabres pero sin llegar a poner pie a tierra.

Fue el 12 de septiembre de 1999 -ya ha llovido-, coincidiendo con la etapa de la Vuelta que ganara nuestro querido Chaba después de superar a Tonkov que iba escapado entre la niebla, -sin negarnos y sin miedo a decir que fue perjudicado claramente por las motos-, en el último kilómetro casi de descenso a meta, en la que en una de sus carpas el también recordado Pedro González narrara con emoción la por otra parte merecidísima victoria de José María Jiménez, un escalador de leyenda que inscribiera para siempre con letras de oro su nombre en este nuevo Olimpo del Ciclismo.