¿Quién no ha usado nunca la mítica chichonera?

La chichonera es el símbolo de un tiempo que nunca volverá

Veo últimamente muchos tweets con una chichonera en ristre…

Incluso las chichoneras han levantado algún debate…

En fin, quienes tenemos una edad las recordamos con fascinación, sobre todo aquellos días que se competía en Bélgica, con aquella vez camino de Lieja, Tour de 1995.

Os refrescamos esta pieza de nuestro amigo Jordi Escrihuela sobre chichoneras.

En el mundo en el que vivimos todo pasa muy deprisa.

Las noticias, los hechos, las informaciones, se suceden una tras otra sin cesar, sin darnos demasiado tiempo a frenar, reflexionar y pensar, porque detrás de una info llega la siguiente y así, es un no parar.

Por eso es necesario visitar a veces lugares que nos permitan comprender nuestra evolución en el universo que nos rodea.

En nuestro caso, en el del ciclismo, y en concreto en el de la bici, este hecho no escapa a esta realidad y por eso los museos están desarrollando un papel fundamental a la hora de mostrarnos no sólo la historia de «la pequeña reina», sino también de todos los complementos y materiales que tuvieron relación con ella.

Son lugares donde el tiempo se para y donde podemos informarnos, aprender y sobre todo observar la evolución técnica de, además de estas máquinas, accesorios que se han vuelto imprescindibles -y obligatorios- para una práctica segura de nuestro deporte favorito.

En este último caso, en efecto, estamos hablando del casco ciclista, pero es que antes de que evolucionara de manera increíble hasta lo que se ha convertido hoy en día, en un elemento esencial que ofrece la máxima protección con toda la ligereza y ventilación que necesitamos, como cualquier historia, tuvo un antepasado: la chichonera.

Ese día que Miguel Indurain llevaba una chichonera…

El otro día, en la imagen destacada que ilustraba un post publicado en este mal anillado cuaderno, que recordaba la épica etapa de Lieja del Tour del 95, en la que Miguel Induráin llevaba puesta una chichonera, mientras Bruyneel se hacía un tras moto a su rueda, muchos se sorprendieron de ver al campeón navarro mostrando un retrato poco habitual en él, tan acostumbrados que estábamos a verlo con las equipaciones más innovadoras de todo el pelotón.

Bruyneel Indurain JoanSeguidor

Verlo con aquel feo casco que, por cierto, tuvo que llevar inevitablemente porque entonces en Bélgica ya era obligatorio competir con protección en la cabeza, nos trasladó, con aquella fotografía, a un ciclismo de otra época que hablaba de heroicidades, épica y aventura, como la que él mismo protagonizó aquella memorable jornada.

Quizás fuisteis los más jóvenes los más extrañados al ver aquella pieza tan arcaica en la cabeza de Miguel, pero para los que ya tenemos una edad, ay, no nos lo era para nada raro.

Lo que Induráin llevó aquel día, para superar aquella etapa, fue una reproducción fiel del casco clásico de tres bandas, que habían usado los ciclistas durante las competiciones de los años 60 y 70. En aquella época, el uso del casco aún no era obligatorio y todavía no era objeto de estudio científico sobre aerodinámica.

La seguridad del ciclista se había confiado a esas tres simples bandas de cuero que ofrecían escasa protección, por no decir mínima.

Ésto el que llevaba chichonera, porque la mayoría salían “a pelo”. Cuando se empezaron a promocionar las primeras chichoneras modernas, las marcas llamaban la atención de los ciclistas con frases del estilo:

Si usted siente aprecio por su cráneo, póngase chichonera, porque más de la mitad de las lesiones graves y de los impactos por accidente de bicicleta provienen de golpes en la cabeza. Una buena chichonera reduce espectacularmente el riesgo de lesiones en la cabeza al amortiguar los impactos por caída”.

¿Estamos de acuerdo?

La verdad es que luego, con la práctica, se demostró que en caso de caída no servían para nada… o casi.

Este llamativo anuncio venía acompañado con la imagen de uno de estos “trastos”: un modelo llamado Casco Banana (no hace falta dar muchas explicaciones del porqué de este nombre) de la marca Brancale, hecho de tiras de espuma que visiblemente daba la sensación de ofrecer muy poca protección.

Eso sí, ligero sí parecía.

Todos los portabicicletas de Cruz

Chichonera Gianni Bugno JoanSeguidor
Castelli

En resumidas cuentas, había nacido la chichonera como protector para la cabeza y es lo que se usaba antiguamente antes de inventarse el casco tal y como lo conocemos hoy en día, aunque algunos corredores, de manera residual o simbólica, la siguen usando.

Quizás lo que muchos no sepan es que esta protección mínima de cuero, con forma de redecilla, tuvo su origen siguiendo un modelo que se había comercializado en Catalunya nada menos que ya a a finales del siglo XIX.

Aquel “invento” consistía en una gorra de paja diseñada para niños que, al dar sus primeros pasos, no se golpearan en la cabeza si caían al suelo.

Alguien pensó entonces que si era bueno para los niños también lo habría de ser para el ciclista, y así empezó todo, ya que la finalidad era la misma y se trataba de protegernos contra impactos en la cabeza.

Yo también tuve mi particular experiencia con la chichonera, por supuesto, y a finales de los años 80 me hice con una que usé muy poco tiempo, porque cada vez que la miraba sentía un cierto escepticismo y dudaba de su seguridad:

¿qué podía hacer aquello en caso de caída, con aquellas ligeras tiras negras del grosor de un dedo índice unidas entre sí y que se ajustaban a mi cabeza con un complejo cierre?

Afortunadamente, en el año 1975, unos pioneros como la marca Bell diseñaron el primer casco exclusivo para bicicleta: el Bell Biker, con una cubierta dura de poliestireno.

Aunque a algunos no les gustaba porque con él puesto decían que era lo más parecido a la “hormiga atómica”, la verdad es que se estuvieron viendo muchos cascos de este tipo durante muchos años, compaginándose con las chichoneras, hasta que poco a poco fueron quedando arrinconadas y obsoletas en los fondos de armarios de los ciclistas.

Unió Ciclista Vilanova JoanSeguidor

Sin embargo, gracias en gran parte a la moda retro, al retorno de la estética vintage en el ciclismo y que tanto nos gusta a los nostálgicos, y a la organización de eventos de ciclismo clásico como La Eroica o La Pedals de Clip, las chichoneras se han vuelto a sacar del cajón, las hemos desempolvado y se han convertido, como otro tipo de elementos retro, en auténticos artículos de culto que nos transportan a la época romántica del ciclismo, de sensaciones, de competiciones heroicas y que completan la vestimenta perfecta del aficionado a estas marchas clásicas.

Y vosotros, ¿también tuvisteis chichonera?

Crow Bicycles da los primeros pasos para sacudir el mercado

Hablamos de la primera marca financiada por crowdfunding mundial

Con Crow Bicycles se pretende “crear la bicicleta de gravel más avanzada del mercado

Así, con esa premisa, se nos presenta la nueva marca Crow Bikes, una apuesta que descansa sobre la espalda de un profesional que conocemos hace tiempo, David Toledo, CEO de la nueva marca.

Pero Crow Bikes es una historia que viene de lejos, de tiempos de niñez, pues David nos confiesa que desde que tuvo su primera MTB, a finales de los 80, disfrutaba desarmándola pieza a pieza tras cada carrera y mejorándola poco a poco.

Eso fue entonces, ahora nos vamos a un garaje, al de la casa de sus padres: un verano, junto a su vecino y compañero de batallas sobre la bici, montó un taller donde reparaban las bicicletas de vecinos y conocidos; su objetivo era conseguir dinero y comprarse nuevos componentes para sus monturas.

La raíz emprendedora de Crow Bicycles

Pasaron los años, pero el espíritu de innovación permanecía intacto.

La digitalización de la economía y las empresas era la rúbrica que David ponía bajo su firma, una rúbrica que no siempre encontraba el resultado esperado al otro lado de la mesa.

Pero no desistió y hace quince años participó de la creación de la empresa que abrió y desarrolló el mercado para Canyon en España, y posteriormente para Portugal.

De algún modo se puede decir que la pasión que sentía por el desarrollo del MTB y ese espíritu emprendedor que siempre le ha acompañado, de algún modo podríamos decir que ambas cosas son el germen de lo que hoy es Crow Bicycles.

Todas las experiencias y aprendizajes adquiridos, junto a las múltiples ideas que ha ido desarrollando durante muchos años, cobran sentido y cincelan cada uno de los pilares sobre los que se sustenta Crow Bicycles.

Llegamos al inicio

Ahora viene lo bueno: el lanzamiento que se realizará, por primera vez en la industria con un producto de estas características, a través de una campaña de crowdfunding internacional en Indiegogo.com.

Una vez termine la campaña, comenzará la producción y las primeras unidades esperamos entregarlas para finales de verano pero, como toda la industria en estos momentos, estamos muy condicionados por la cadena de suministro.

La siguiente fase es la puesta en marcha de nuestra tienda online, eso se prevé para primavera, antes de otras importantes sorpresas que están en el horno.

 

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La originalidad de Crow Bicycles

La marca ha sido concebida para ser diferente desde sus inicios y dar mucho que hablar, no sólo por su forma de dar sus primeras pedaladas como empresa, también, tanto a nivel de negocio como tecnológico.

Se trabaja en patentes con algunas ideas muy interesantes que van a poder ser implementadas en futuros modelos.

Un aterrizaje de dimensión internacional, con miembros del equipo en varios continentes y centrados mantener la esencia de la bicicleta, incluso cuando se habla de una eléctrica y gravel.

En breve sabremos sobre la gama completa de bicicletas ultraligeras de gravel eléctricas, según modelo por debajo de los 14 kg.

Serán cuatro modelos de gravel eBike donde el cliente va a poder elegir entre dos opciones de carbono con montajes distintos y otros dos modelos de aluminio con horquilla de carbono, también con montajes diferentes.

#PodcastJS Martín Bouzas, dejar el ciclismo cuando se convierte en tu profesión

La historia de Martín Bouzas demuestra que no todo es glamour en ciclismo profesional

Cuando hace unas semanas Martín Bouzas firmaba una carta en la que explicaba los motivos para dejar el ciclismo justo en el momento que podía decir que es profesional, pensamos en él y sus motivos para uno de nuestros primeros podcast.

Hablando con el ya exciclista gallego, te percatas de la profundidad que implica la apuesta de ser ciclista profesional y que aquello que se decía de «lo importante no es llegar, es mantenerse» cobra todo el sentido.

Así, hoy, Martín Bouzas es una persona liberada, un ciudadano normal en un pequeño pueblo coruñés que ha dado la vuelta, cual calcetín a su vida.

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En nuestra charla, Martín Bouzas dibuja el camino hacia la renuncia de ser ciclista profesional. 

¿Cuántos juveniles sueñan con algo así?

Seguro que no son pocos, en un contexto que podéis imaginar cómo está, con una importante lista de corredores esperando encontrar acomodo en un equipo cara 2021 con la certeza que les tocará negociar a la baja.

Pero a veces el sueño de ser profesional no es tan bonito como se idealiza, a veces todo confluye para perder la ilusión y aquello que era pasión pasa a ser tortura.

No es ni será el primero, chavales en sub 23 ya han salido aquí contando su experiencia, Guillem Cassú y José María Rodríguez Alcalá y todos acaban argumentando de forma similar.

En definitiva que la vida sigue más allá del ciclismo…

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Ciclismo de desnivel: En el Angliru empezó todo

El Angliru lleva poco más de veinte años en el ciclismo y ya es una leyenda

Las subidas imposibles tomaron el ciclismo hace un tiempo y en el Angliru empezó todo…

Después de todo lo que se ha escrito sobre el coloso asturiano ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Un artículo del maestro Mario Ruiz, de 1996, con fotos de sus terribles rampas y bajo el título: Atrévete con el puerto más duro de España: La Gamonal, un coloso de espanto, causó una fuerte impresión entre nosotros, los cicloturistas.

 

Un par de años después, en 1998, se creaba una nueva y durísima marcha cicloturista al muro asturiano, en la que antes se subían la Cobertoria y el Cordal.

El espaldarazo definitivo vendría dado por el anuncio, por parte de la organización de la Vuelta, de que la cima sería final de etapa en la edición de 1999.

Esta decisión, encabezada por Enrique Franco y Alberto Gadea, fue gracias a una carta, la que les escribió Miguel Prieto, director nacional de informática de la ONCE, casi ciego (sólo con un 10% de visión), que fue el que descubrió el puerto para el ciclismo. También ayudó el interés mostrado por el Ayuntamiento de Riosa, invitando a todo aquél que se atreviera a desafiar sus rampas, como fue el caso de la primera incursión en la montaña riosana que realizara, el 3 de octubre de aquel año 98, nuestro recordado José María Jiménez, al que tuvieron que dejar una rueda de 28 dientes para poder subir.

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A partir de aquel momento toda una peregrinación de ciclistas del momento, ex-ciclistas y cicloturistas anónimos (el minero, y malogrado, Eladio Llanos -el que le dejó la rueda al Chaba- lo había escalado más de cien veces), fueron a conocer sus duros desniveles con los comentarios de todo tipo que ya conocemos.

El puerto había sido asfaltado recientemente ya que en realidad había sido una pista forestal por donde subía el ganado, para abrevar en el pequeño lago que hay en la cima, conocido popularmente con el nombre de Angliru, al pie del majestuoso Pico Gamonal, en la bellísima Sierra del Aramo.

El Angliru es un puerto increíble para el ciclismo, o lo odias o te enamoras de él para siempre.

No hay término medio porque no deja indiferente a nadie. Se puede decir que la subida (12,5 kilómetros a una media del 10,2%) tiene dos partes bien diferenciadas: la primera no pasaría de ser un segunda, hasta el llano del Área Recreativa de Víapará, que es lo que dicen los ciclistas cuando ven las líneas rectas que se disparan hacia el cielo: voy a parar. Es broma.

Los últimos 7 kilómetros (con una media terrorífica del 13%), dan inicio a la auténtica escalada a la pared asturiana.

Una pintada en el suelo nos lo recuerda: Empieza el infierno. Todo este tramo hasta la cima es terriblemente impresionante, irreal, se ha de ver para creer. Hay varios muros con nombre propio: primera curva al 20% llamada Les Cabanes, después vendrán Los Picones (al 18%), pero el más increíble, cuando vas pedaleando por la Curva Cobayos (al 17%), giras y la ves, la sorprendente rampa de lanzamiento de La Cueña Les Cabres, con sus 800 m al 18% de media y un desnivel máximo del 23,5%. Después dos rampas más, Piedrusines (19%) y l’Aviru (20%), hasta llegar a la campa del Angliru.

Entre estos muros encontraremos desniveles más “normales”, entre el 10 y el 14% -como Llagos-, que sirven para recuperarse, aunque parezca mentira.

Aún recuerdo mi primera ascensión en la que tuve la enorme satisfacción de poder escalar esta fantástica montaña. Fue bajo el orbayu que llora a esta tierra, retorciéndome en la Cueña de les Cabres pero sin llegar a poner pie a tierra.

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Fue el 12 de septiembre de 1999 -ya ha llovido-, coincidiendo con la etapa de la Vuelta que ganara nuestro querido Chaba después de superar a Tonkov que iba escapado entre la niebla, -sin negarnos y sin miedo a decir que fue perjudicado claramente por las motos-, en el último kilómetro casi de descenso a meta, en la que en una de sus carpas el también recordado Pedro González narrara con emoción la por otra parte merecidísima victoria de José María Jiménez, un escalador de leyenda que inscribiera para siempre con letras de oro su nombre en este nuevo Olimpo del Ciclismo.

El Stelvio, un puerto de época imperial

Las herraduras del Stelvio vienen del imperio austrohúngaro

El Giro 2020 se va a jugar en gran parte en lo que pase entre el Stelvio y Laghi di Cancano con la sensación que nadie está por encima del resto de forma clara…

En todo caso el Giro va a tocar el cielo, el Stelvio, y el espectáculo va a ser tal, que merece la pena irnos a los inicios de los inicios de la montaña en el ciclismo.

Cuando el ciclismo quiso hollar las cumbres para gloria suya, pensó en las que hoy entendemos como grandes de todos los tiempos.

Aún resuenan aquellas palabras de Lapize: “Sois unos asesinos”.

Los destinatarios de tales soflamas fueron los organizadores del Tour que quiso pisar por primera vez los caminos pirenaicos.

Los improperios de Lapize eran lógicos.

Años de miseria exacerbada, en una Europa en puertas de su primera gran guerra.

Las carreteras no eran tales, eran pistas minadas de pedruscos como bidones y heces de ganado.

Se cubrían distancias inhumanas, además salpicadas de estos colosos.

Aquello no era ciclismo, era una tortura de diez horas un día sí y al siguiente también hasta que el cuerpo o la máquina dijeran basta.

Sin embargo aquello causaba estupor entre el público, era la moda, el perenne encanto de lo nuevo.

 

Hace unos años pude asistir a una interesantísima charla que presentaba un libro sobre la bicicleta desde el punto de vista de los ingenieros de puertos y caminos.

La edición del mismo, más de 300 páginas en encuadernado de tapa blanda, ancho lomo americano y paginado de perfecta calidad del mismo corrió a cargo de varios miembros del Colegio barcelonés de tal insigne profesión bajo el yugo de la pasión de la bicicleta.

Entre otros temas de extraordinaria profundidad, fui al de los puertos de montaña.

Entendía que como ingenieros de puertos tenían algo que decir.

Y lo hicieron:  Dedicaron un capítulo que llevaba por nombre «¿Por qué los puertos suelen tener un 7% de desnivel medio?»..

Hay una explicación: su fecha de construcción.

Los puertos modernos contemplan ese desnivel, los anteriores no suelen respetarlo.

Actualmente tenemos puertos que siguen el mismo trazado original: Aubisque, Tourmalet, Izoard, La Madeleine, Pailères,… todos sobrepasan el siete por ciento, pues en su caso fueron trazados en el siglo XIX.

A finales del mentado siglo, ya se empezaba a hablar de racionalizar los porcentajes.

En el artículo titulado “Determinación de la pendiente máxima que conviene para salvar grandes alturas en las carreteras” la Revista de Obras Públicas iluminaba sobre la cuestión.

Se atisbaban puertos con tramos del ocho por cierto separados por breves “descansillos”.

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Las carretas tiradas por mulas y los incipientes coches necesitaban estas facilidades si no querían despeñarse cuesta abajo y marcha atrás.

En estos parámetros se ubican Hautacam, Luz Ardiden, Plateau de Beille,…

Y sí.

El Passo dello Stelvio se instala entre los primeros

Su construcción es una obra de ingeniería formulada hace poco menos de doscientos años.

Urgía conectar el Imperio Austrohúngaro con la Lombardía.

La fábrica, ideada por Carlos Donegani,  despierta tantos halagos como su dureza e innegable atractivo paisajístico y legendario, estas rampas las doblegó Fausto Coppi.

Sus 48 curvas de herradura por el eterno valle aupadas sobre sillerías empedradas de mampostería causan furor entre los fotógrafos.

Su trazado unía las ciudades de Bormio y Pratto Stevio, o lo que es lo mismo la Lombardía y el Trentino por cuestas cuyo desnivel supera los 1800 metros.

Hoy esa conexión se hace por modernos túneles y el puerto ha quedado como un gran parte temático natural y al aire libre de la épica ciclista y humana, pues por aquí se vieron enormes combates de la primera Guerra Mundial, esa que dicen enterró los grandes imperios, pero a la que sobrevivió el Stelvio.

Para este artículo he necesitado la ayuda del libro “La ingeniería en la bicicleta” de Fundación Esteyco y especialmente el capítulo firmado por un loco de la bicicleta, Oriol.

Mantenimiento: ¿Cómo darle años de vida a la bicicleta?

mantenimiento bicicleta

El mantenimiento de la bicicleta tampoco exige grandes esfuerzos

Vamos con unos consejos de para que el mantenimiento de la bicicleta sea el idóneo.

La bicicleta como compañera de desplazamientos y momentos de entrenamiento y vida saludable, en ocasiones es complicado marcar una línea entre las dos opciones y al final este maravilloso invento acaba siendo parte común en casi todos los momentos de nuestro día a día.

Pero la bicicleta necesita y merece cariño, un mantenimiento casi diario que implica atención, experiencia y cierta pericia, lo contrario es ver como nuestra querida bicicleta se degrada con el uso y el paso de los días, perdiendo propiedades, restando placer a la marcha y, muy importante, compromete.

Al otro lado de la mesa, una leyenda como Ot Pi, un pionero de acrobacias sobre la bicicleta, muchas veces campeón del mundo de biketrial y con récords Guiness en su haber, una leyenda que hoy se llama Ot Pi play, vestido de blanco para poner de relieve la tragedia de os accidentes de ciclistas.

Él, mejor que nadie, sabe de la importancia de un buen mantenimiento de la bicicleta,  de tenerla siempre perfecta y a punto.

«Una bicicleta siempre a punto, perfecta, dice mucho de la persona que la lleva. Dice que es una persona ordenada, con la cabeza bien amueblada y que cuida de sus cosas» 

Así empezamos hablando… ¿un poco como un reloj suizo?

«En efecto, en una imagen donde la bicicleta y ciclista son uno, la misma cosa»

En este sentido WD40 nos ofrece varias soluciones ¿cuánto hace que sabes de ellos?

«Estuve viviendo un tiempo en Estados Unidos hace unos treinta años, y conozco WD40 desde entonces. Lo veía en todos los lados, en todo tipo de talleres. Me llamó la atención lo instalada que estaba la marca»

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¿Qué productos acostumbras a utilizar?

«El limpiador total es muy útill. Tiene forma de limpiador de cristales de toda la vida, en forma de spray. Lo uso para todas las partes de la bicicleta, llega bien a cualquier hueco, incluso también para las llantas»

¿Eres muy detallista limpiando la bicicleta?

«Me encanta desmontar la bicicleta, poner pieza a pieza sobre la mesa, dedicarle un rato y cariño. Llámame maniático, pero me gusta mucho y dejo la bicicleta a punto. Es importante que todo esté muy limpio antes de lubricar»

Y llega el momento de lubricar…

«En trial la bicicleta sufre mucho, la exigimos mucho y lubricarla es importante. Utilizo un producto que tiene una especie de manguerita que llega a todos los rincones de todos los rodamientos. No deja de ser lo mismo que utilizan los cerrajeros»

¿Cuán importante es la cadena?

«Su cuidado es vital, no deja de ser quien hace el trabajo más fuerte, en mi caso, como digo, la ponemos al límite. Pero no sólo la cadena, cualquier rodamiento de la bicicleta debe ir como la seda, suave y fino. Por ejemplo el eje pedalier»

Control total sobre la bicicleta, vamos…

«Así es, tenerlo todo a punto, cualquier pieza que falle puede propiciar un disgusto y salimos en bicicleta para disfrutar»

Una bicicleta cuidada es años de vida, mejor experiencia y sobretodo seguridad en la ruta…

Adiós a un julio sin aroma a Tour

Julio es verano. Es sol. Siempre será calor y Tour

Temperaturas que no bajan, en muchos lugares del país, de los 35 grados.

En el sur quizás más. Puede que ronden, o sobrepasen, los 40.

Seguramente en el norte, qué suerte, estén más fresquitos.

De todas maneras es tiempo de playa. Y de  montaña.

Mes de vacaciones para algunos. 

Muchos más que hace tiempo, cuando la gente se volvía loca por hacerlas en agosto.

 

Ahora la cosa está más repartida.

Julio es también salidas en bicicleta bajo el sonido inconfundible del canto de la chicharra.

Campos segados de trigo. 

Tiempo de ciclismo pero como dice mi amigo Ibán sin aroma a Tour de Francia.

Mes donde la bici es más reina que nunca, al menos hasta hace unos pocos años.

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Sin embargo, de un tiempo a esta parte, ya sea porque muchos, creo que equivocadamente, dan por finalizada su “temporada” redondeando una “buena actuación” en una gran marcha o bien porque con estas temperaturas es difícil encontrar un agujero durante el día para dar una vueltecita con la bici, la verdad es que se ven pocos ciclistas por la carretera. 

Y es que es para poner en duda el título de la famosa película del director Jaime ChávarriLas bicicletas son para el verano. 

Y es que con estas temperaturas, volver a casa, después de un “paseo” en bici, te puede suponer llegar en un estado lamentable, teniendo que soportar, además, las broncas de la familia o de los amigos. 

 -¡Estás loco, salir con estos calores! 

 ¿Y qué le explicas a gente que no entiende nada de este deporte? En fin.

Y del agua en los bidones… ¿qué me decís? A los cinco minutos de la salida ya la tienes bien caliente, acabada de salir directamente del microondas.

Habrá que salir con los dos bidones completamente congelados, aunque no duren mucho. 

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 A mí particularmente me gusta el calor, no soporto el frío, pero creo que estas temperaturas son demasiado. 

 -¿Estarás contento con este calor, eh? 

-Sí, sí, pero lo encuentro un poquito pasado para mi gusto –les contesto de coña, claro. 

 Esperemos que el mes de julio no se convierta en una larga travesía por el desierto y la actividad ciclista se haga notar, aunque ahora, mientras escribo estas líneas, estoy escuchando la previsión del tiempo y se aproxima la primera ola de calor estival: 

 Las altas temperaturas se registrarán a partir del fin de semana y también a lo largo de la próxima semana en gran parte de la Península. En muchos puntos de España las temperaturas superarán ya los 40 grados. 

  En fin… bicis y verano. 

La chicas ciclistas que se cruzaron en mi camino

En mi vida entre ciclistas he coincidido con no pocas chicas

Sobre chicas y ciclistas, Esta es la pregunta que me hizo nuestra compañera y amiga Ada Xinxó, después de leer hace unos días en este mal anillado cuaderno mi entrada sobre lo que había viajado en bicicleta durante el confinamiento… sin moverme del salón de mi casa:

«Jordi, ¿tantos viajes en bicicleta durante el confinamiento y no has encontrado ninguna cicloaventurera  que te acompañara en tus largas sesiones de rodillo?»

Mi respuesta fue, sin lugar a dudas, que tenía toda la razón, que tendría que haber encontrado una aventurera ciclista… ¡para escaparme con ella!

Bromas aparte, sí que le dije que yo había conocido algunas de ellas en persona.

Y le puse algunos ejemplos y le prometí que hablaría de ellas en próximas entradas.

Y aquí estoy, para cumplir mi palabra y hablaros de aquellas chicas ciclistas que yo conocí en mi sociedad de toda la vida. 

Era un club modélico a todos los niveles.

Podría explicar por qué me tuvo enamorado durante casi 20 años ininterrumpidos, saliendo siempre con ellos todos los sábados de excursión.

Con ellos… y ellas, por supuesto, porque lo importante a destacar de aquel club es que siempre había contado con un grupo muy amplio de chicas de todas las edades y niveles de forma, claro está.

En este sentido, lógicamente, para mí nunca había sido nada raro ver a chicas montando en bici, por supuesto.

Estoy hablando de principios de los años 90, cuando me di de alta en aquel club, pero es que en aquella asociación ya había mujeres que habían comenzado a salir en bici nada menos que en la década de los 80.

Era el caso por ejemplo de Ana, la chica más veterana de todas ellas, que a sus 50 años se enganchó a practicar este deporte.

 

En aquella época, como podéis imaginar, hacerse socia de un club ciclista era algo todavía raro, a no ser que tuvieran algún padre o marido que las hubiera animado a apuntarse y a disfrutar junto a ellos de las deliciosas salidas en bici de fin de semana.

Con Ana mantuve largas conversaciones encima de nuestras bicicletas.

Me gustaba escucharla.

Ella, a su edad, siempre explicaba que parecía la madre de todas las chicas del club.

Sería por veteranía, porque su aspecto físico era el de una persona mucho más joven.

Además ella nunca se desenganchaba del grupo fácilmente y daba bastante guerra a sus queridas compañeras más jóvenes.

Me comentaba que pedalear le había dado muchísimas satisfacciones y me remarcaba la importancia de hacer deporte.

Gracias a su marido se hizo socia de aquella entidad, para seguirlo en su bendita locura, algo que ha hecho hasta estos últimos años.

Ana, por su ímpetu, su manera de ser y su buen hacer, no tardó en ocupar un puesto en la junta directiva, impulsando desde su secretaría no sólo la organización de eventos como marchas cicloturistas y salidas especiales, sino también, claro está, la promoción del cicloturismo femenino, algo en lo que triunfó indiscutiblemente y cuyos frutos se ven hoy en día, siendo uno de los clubes con más chicas en sus diferentes grupos de participación.

Ella, como muchos otros y otras, comenzó a pedalear con el grupo «C», el más tranquilo y el que hacía las salidas más cortas, si es que se pueden llamar cortas a excursiones entre 60 y 70 kilómetros.

 

Pero enseguida saltó al grupo «B», más numeroso, más batallador y con recorridos mucho más largos de hasta 100 km o más.

Siempre recordaba con ilusión todos los kilómetros que había hecho con su bici y explicaba con orgullo su mayor logro consistió en recorrer el Camino de Santiago en 11 días.

Pero como os decía, había muchas más chicas ciclistas.

Entre ellas también recuerdo a Merche, una auténtica apasionada de la bici, que ya desde muy joven aprovechaba cualquier oportunidad para salir con ella.

Empezó haciendo cicloturismo de alforjas en unos tiempos en el que era rarísimo ver en nuestro país a este tipo de cicloturistas, ya fueran hombres o mujeres.

A ella esta modalidad la cautivó desde el principio, disfrutando del esfuerzo, del paisaje, de la compañía y viendo cómo su forma física mejoraba.

Siempre recordaba con cariño su primera participación en una marcha como la Tres Naciones:

«¡qué emoción a la salida! ¡Qué lucha por poder seguir la rueda de algún ciclista! ¡Y qué placer llegar a meta, con la faena hecha y esa reconfortante sensación de cansancio y disfrute a la vez!».

Durante muchos años participó en todas las marchas posibles.

Tenía auténtica predilección por la Quebrantahuesos, la Marmote o la Hubert Arbes.

Luego cambió de registro y comenzó con la larga distancia: cuantos más kilómetros, mejor.

No paró hasta conseguir finalizar la París-Brest-París: 1200 kilómetros completados en 83 horas.

Una auténtica pasada, aunque su mayor disfrute era salir con el club, en el que siempre encontraba un grupo de gente que se adaptaba perfectamente a su ritmo, compartiendo su afición con todos ellos.

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De entre todas aquellas chicas ciclistas también tuve la satisfacción de conocer a Ariadna, la más joven, que ya desde bien pequeñita le apasionaba ir en bici haciendo excursiones con su destartalada BH en inolvidables veranos hasta lugares, que en aquel momento a ella le parecían muy lejanos.

Cuando se enganchó definitivamente a la práctica del cicloturismo nos explicó que fue por varios motivos:

«la sensación de deslizarte sobre el asfalto, la dureza de los puertos, la nueva dimensión que adquiere el paisaje a la velocidad del ciclista y, sobre todo, la buena compañía y el buen ambiente que siempre hay en este mundillo».

El club para ella se convirtió en un lugar de encuentro que le permitió hacer muchas amigas formando un buen grupo de chicas ciclistas, con las que salía regularmente, participando juntas en muchas marchas y compartiendo muy buenos momentos sobre la bici.

También fue una gran luchadora para conseguir que las marchas no dieran la imagen habitual de un inmenso pelotón de chicos ciclistas en los que alguna vez se veía una chica solitaria.

Aunque siempre, con una gran sonrisa, explicaba cómo el hecho de ser poquitas participantes en las marchas contribuía a que el público las animase con mucha más fuerza que a los chicos, quienes veían cómo al paso de ellos los gritos menguaban.

Decía que las chicas solían crear una especie de fraternidad femenina entre ellas, saludándose, charlando, y sin preocuparse si una la adelantaba o era ella quien lo hacía.

Era tanta su inquietud por el bajo número de mujeres que practicaban el ciclismo de carretera, que incluso elaboró un trabajo de investigación para el boletín de aquel club, porque sentía curiosidad por conocer con exactitud la participación real de féminas en estas citas ciclistas.

Sabía que eran bajas, pero… ¿cuánto?

No os voy a marear ahora con cifras y números, pero llegó a la conclusión que un 5% de participación femenina en una marcha -en aquella época- se podía considerar todo un éxito.

Este tanto por ciento podía aumentar si la marcha era menos dura, más corta y menos competitiva, o cuando a un recorrido largo se le daba la opción de uno corto.

También dejó evidente que en Francia había mucha más participación femenina ya que existe más cultura ciclista y es por este motivo que las mujeres se lanzan a la carretera para participar mucho más en las marchas.

Este estudio ya tiene unos años y parece que hoy en día todo esto está cambiando.

Muchas mujeres ya empiezan a sentirse mucho más cómodas en el cicloturismo actual, al poder disponer de bicicletas en las que las grandes marcas ya tienen su versión femenina y, sobre todo, porque éstas ya no son tan caras como aquellas bicis pioneras de hace unos años.

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También ayuda la existencia en el mercado de material y ropa exclusiva para ellas.

Esto es básico, claro está.

Para finalizar, recuerdo también como la propia Ariadna nos explicó una jugosa anécdota de cuando en aquellos años se formó de manera casi espontánea un grupo de chicas ciclistas bajo el nombre de «me tendréis que esperar».

No creáis que era un grupo exclusivo de mujeres, pero sí que eran muchas las que se juntaban todos los fines de semana para salir en bici.

Lo anecdótico de este nombre se debe a la manera en cómo surgió, de una forma natural.

Cada nueva integrante que se incorporaba a las salidas era habitual oír de “motu proprio”: ¡me tendréis que esperar!

Como Ariadna nos explicaba, a muchas de las incorporaciones sí era necesario esperarlas, pero en otros casos no sucedía así.

A fin de cuentas, cada una rodaba a su ritmo, pero al final todas se esperaban las unas a las otras.

Un gran gesto del cual tendríamos que aprender todos.

Ana, Merche y Ariadna: tres ejemplos de motivación, de superación, de maneras de entender el cicloturismo, pero sobre todo tres espejos donde las chicas ciclistas puedan mirarse y verse reflejadas para continuar saliendo a la carretera a pedalear.

Foto: Ariadna