La Volta 100 será la mejor de la historia

Volta 100 JoanSeguidor

No sé cuánto queda para la Volta 100, pero contamos los minutos

En unos días sería la Volta, la Volta 100, el centenario de ediciones, que no de edad, eso fue en 2011.

Dicen que la Volta es patrimonio inmaterial de Catalunya, lo es, como el «pan tomàquet», como la sardana, como los castellers,…

La Volta es un hilo histórico de este lugar.

Nació hace 109 años.

Tiempos convulsos aquellos, prolegómenos de la Gran Guerra, nada menos.

Durante esa primera guerra mundial creció y asemejó sus primeras formas, luego vivió sobre la dictadura de Primo de Rivera, transitó por la República y sólo padeció un paréntesis en la Guerra Civil.

Tras ésta se denominó Vuelta a Cataluña, tuvo el leal soporte de Pirelli, su gran premio muchas veces.

Tiempos de grisáceas instantáneas, desgastadas fotos de bordes rotos y grietas galopantes.

Hollada siete veces por Mariano Cañardo, su mejor ciclista de siempre, le sucedieron los más grandes de la historia.

Los tiempos modernos no han sido fáciles para el grupo coordinado por Rubén Peris.
La crisis llegó hace más de diez años, pero las vacas flacas habían aterrizado en ella desde antes.
La misma serpiente invisible que nos ha dejado sin Escalada a Montjuïc ni Setmana Catalana, amenazó con morder la decana.
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Mi prehistoria con la Volta arranca de finales de los ochenta.
Cada mes de septiembre la carrera de Sants venía a la puerta de mi casa de siempre a visitarnos con los grandes del momento exhibiendo ese compromiso que ahora ahuyentan los mejores, al menos algunos.
Por los  “chapados” puestos del mercado de Sants aquel repelente mozalbete reconocía sus ídolos.
Aquel Perico enfundado en PDM, a puertas de hacerse grande en el Tour.
Ese Sean Kelly, recuerdo líder, encofrado en  este maillot blanquiverde como recuerdo a la bandera andaluza que giñó su creador, Miguel Arteman, de origen en el sur de España.
Los dos Systeme U eran Charly Mottet y sí, el «megaodiado» Laurent Fignon.
Qué nombres, qué época, qué gente.
Son las estrellas de entonces, las primeras, como aquella pasión rara vez volvimos a sentir una igual.
A la sombra del monumento del ciclista erguido por esas fechas en el corazón de Sants, en la plaza que ahora se dedica al “Avi Torres”, uno de los legendarios de la carrera, le pedí uno de mis primeros autógrafos a un risueño Peio Ruiz Cabestany quien encajaba con filosofía chanzas de mi padre.
Con la Volta me hice grande.
Ese Lale Cubino que ganó como campeón de España la carrera en Port del Compte, un lugar frecuentado en los noventa.
Sí, Miguel Indurain, de quien guardo una magnífica instantánea cerca de la Alcaldía modernista de  Creu Coberta, lugar que también se situaba en el mapa usual de la carrera.
Momentos en los que conocí a José Manuel Oliván en Plaza Catalunya, mis primeros pinitos con el amigo Capdevila del Sport en la Ciudadela.
Incluso la seguí algún año encajado en la organización generado un increíble álbum de fotos que algún día prometo traer aquí con Boardman, Escartín, Perico, Casero, Chiapucci,…
Fue la Volta del 97.
En la Volta nací para este mundo, crecí y le debo parte e de lo que soy.
Siempre me quedará a fuego su biblioteca y su mentor, mi amigo de siempre Ferran Bellfort.
Con ella debuté en Ciclismo a Fondo cubriendo el triunfo del Chava,  con ella vimos las victorias de Heras, de Beloki, de Popovich y otras, para el Meta.
No sé cuánto queda para la Volta 100, pero seguro que el momento excepcional nos dará la edición más deseada de la historia…
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¿Tu bicicleta debe ser 100 x 100 de carbono?

Cunde la sensación que una bicicleta de carbono es una cuestión de estatus

Indudablemente el carbono es un material que físicamente tiene unas prestaciones que, en su mayoría, aportan una mejora a la bici, y por ende al rendimiento del ciclista.

Dicho esto, existen otros materiales, como el aluminio (de alta gama se entiende), que no le van a la zaga y que nos brindan unas prestaciones muy parecidas y con una diferencia de precio importante.

El carbono aporta ligereza, transmisión de potencia, absorción de vibraciones... éstas son algunas de las características básicas del carbono, por que, dependiendo de ciertas variables a la hora de producirlo, se pueden acentuar o disminuir las mismas.

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Si miramos la bicicleta creo que en la horquilla, como una de esas piezas clave en una bici, es donde más se puede potenciar en carbono.

Se me hace difícil pensar en una bici de una gama media-alta que no lleve una horquilla en carbono.

Y, no siendo fácil hacer la comparativa, estaría bien poder probar un cuadro TOP de cualquier marca y ver el comportamiento que tiene con la horquilla que lleva normalmente carbono ante la posibilidad de montarle una en otro material.

Tener o no una bicicleta 100% de carbono es una pregunta que cada ciclista se debe hacer.

Yo puedo dar mi opinión personal, la de un cicloturista normal y es lo que voy a hacer.

Necesario no es, eso está claro.

Yo he estado montando últimamente en carretera con una bici de gravel en aluminio, con rueda de 38 y no he ido más rápido ni más despacio en mis rutas habituales, teniendo que cuenta que yo no salgo a hacer carreras.

Busco hacer una media entre 24 y 27 km/h, que es donde me siento a gusto.

Dicho esto, no tengo ningún problema en montar en una bici de carbono, y en este caso creo que entran otras variables, además de las ya comentadas mejoras por el material, que es el hecho propio de comprar un producto que en el ideario ciclista de mucha gente es más «high tech».

Porque en el fondo una hay percepción de estatus si usas o no carbono entre los ciclistas.

El ciclismo ha tenido, tradicionalmente la figura del globero, donde me incluyo sin rubor alguno, el saco donde se ha metido a todo ese grupo de ciclistas que, o no van depilados, o no tienen como objetivo atacar cada vez que el GPS marca más de 0,5% de pendiente, o, incluso, aquel que lleva un material de bici no al nivel de lo que «se debe» tener.

Pero tampoco creo que sea nuestro deporte diferente a lo que el material supone en cualquier otro deporte.

Yo creo que va mucho más ligado al pensamiento de la sociedad occidental en la que vivimos todos, y en el gran trabajo que muchas veces los departamentos de marketing.

Pues si les preguntas a mis compañeros de Rose Bikes de otros países sobre el carbono en nuestro catálogo, te responderían de forma sorprendente.

Si hablamos de precio unitario por bicicleta, creo que España es el país líder en todos los que trabajamos, sin ser, evidentemente, el país donde más vendemos.

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Y creo que este paradigma, se puede extrapolar a cualquiera de las marcas que conocemos. Cuando pensamos en España como la decimotercera economía en renta per cápita de Europa, es difícil entender o explicar que gastemos más que un Noruego a la hora comprar una bici.

Siendo la bici, además, un producto, que, por mil razones, se deprecia a una velocidad sencillamente delirante, debido a todas las novedades que el mercado saca cada año y a los cambios de tendencia, etc…provocando que con cada compra de bici nueva, la pérdida de valor de la anterior nos haga «gastar» un dineral cada vez que queremos cambiar de máquina.

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El carbono en la bici es una vara de medir de lo que digo: desconozco el dato estadístico, pero desde luego el uso de carbono es muy inferior en Alemania que en España.

Creo que el carácter de cada país confirma este tipo de datos.

Pienso que nuestro carácter latino provoca que cada salida en bici sea una carrera.

Esto nos lleva a pensar que el material es más importante de lo que quizás, para ese tipo de salidas, es.

Y entramos en una espiral de gastarnos lo más caro pues es lo que nos va a llevar más rápido, y así ser el mejor del portal o ganar esa caña que nos jugamos cada vez que salimos.

El carácter alemán creo que es más reflexivo, quizás no tan «picado» como el nuestro y esto le lleva a que el gasto en la bici, quizás no sea tan importante, como si lo es el de un culotte de alta gama, o un cualquier otro componente que podemos llevar.

Por eso creo que es interesante quitarse esos clichés y valorar otros materiales, pues podemos tener una bici que nos va a dar las prestaciones suficientes para nuestro nivel de ciclismo.

No va a ser tan «delicada» pero sí efectiva.

Y porque con lo que nos ahorramos podremos invertir en unas ruedas u otros componentes que nos van a poder dar un plus de rendimiento más patente que el del cuadro.

Por Oskar Aguiriano

 

¿Cómo se transforma un ciclista en un maratoniano?

ciclista maratoniano JoanSeguidor

La historia reciente se llena de ciclistas que han sido maratonianos

Esta historia va de un ciclista que se hizo maratoniano…

Una vez retirado del ciclismo de élite, sobre los 30 años empiezo a practicar running con el objetivo de seguir teniendo una rutina deportiva, que posteriormente acabó siendo una segunda fuente de ingresos, por lo que considero que fui un atleta semi profesional.

Mi rutina era realizar unos 60-70 kms de media semanales para poder compaginar el trabajo y la familia, y encontrar el equilibrio para no lesionarme.

Considero que tengo una facilidad grande para correr, que me permitió dar una gran rentabilidad a unos entrenos nada específicos, adaptados del ciclismo, y que consistían en rodajes y muchas competiciones.

Y así nació un maratoniano que antes fue ciclista.

Los cambios fisiológicos que me pudieron permitir pasar de realizar medias maratones en 1h13’ a realizarlas en 1h06’-1h07’, o maratones en 2h21’-24’,fueron las que el entreno me fue marcando:

  • Pérdida de la masa muscular que había adquirido con la bicicleta a nivel de piernas y esqueleto superior, moviéndome en un peso parecido, pero con muy poca corpulencia.
  • Adaptación cardiovascular a un esfuerzo más violento y de menor duración.
  • El impacto del suelo con las piernas requirió un par de años para poder alcanzar una zancada ágil. No hablo de marcas, sino de la agilidad y dominio de la carrera.
  • La necesidad de usar un combustible más rápido y con menos depósitos en atletismo que en ciclismo, hizo que me costara mucho dosificar el esfuerzo, con bajadas notables de rendimiento en la parte final de las maratones.
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Mi opinión sobre las diferencias de los esfuerzos entre una maratón y una carrera por etapas de ciclismo, serían:

  • El atletismo para mí era un esfuerzo individual en el que no te podías salir de una horquilla media de ritmos. Una persona de 2h30’ no puede seguir a otro de 2h10’ desde el inicio y debe anclarse en su propio esfuerzo personal. En ciclismo, cambia la versión radicalmente. Siempre debes acoplarte a un ritmo de pelotón, que muchas veces es superior al tuyo propio, haciéndote llegar a cotas de agotamiento físicas y mentales que no he llegado a alcanzar en las maratones. Los 42 kms te llevan a estrujarte y poder alcanzar pájaras monumentales, pero siempre eres tú el que decides hasta donde llegar. En ciclismo profesional, siempre tenías que dar ese plus de sufrimiento extra para poder seguir a la manada, que te iba minando día tras día.
  • El esfuerzo tan brusco en atletismo, se me hacia muy duro y sabía que no habría esa bajada de pulsaciones para recuperar hasta el final. Era más agónico. Por contra, esa “recuperación” de algunos kilómetros en una etapa ciclista, era un arma de doble filo, pues te daba el aliento justo para el siguiente esfuerzo, con la sensación de acabar las etapas, habiendo traspasado tus propios límites.
  • Sobre otras diferencias que he visto en los dos deportes, es que en ciclismo somos más profesionales pues nos debemos a un equipo, aunque hemos aprendido a sacrificarnos por los demás, sin necesidad que nadie nos diga nada. En atletismo, no existe esta mentalidad, tanto por no tener una base profesional de equipo, como porque la mentalidad es más ególatra. Rara vez he visto un trabajo altruista en pos de un compañero, en una selección de maratón, excepto en los africanos.

Por Víctor Gonzalo, 2h21’55 en Berlin 2007 y exciclista profesional en los años noventa

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Triunfos anónimos: Herminio Díaz Zabala fue almirante de los dos mares

Herminio Díaz Zabala Tirreno JoanSeguidor

Cuando Herminio Díaz Zabala ganó toda una Tirreno-Adriático

Si en los años recientes nos hemos acostumbrado a ver a ciclistas españoles hollar nuevas dimensiones, hubo un tiempo que ciertos cotos parecían vedados a los nuestros.
Una de las mejores carreras del calendario, la Tirreno- Adriático, que estos días anda cruzando de costa a costa el ancho de la bota transalpina, no tuvo acento ganador hasta que aquel ciclista de generosa entrega llamado Herminio Díaz Zabala logó el éxito en el año 1991.
Y es que en el libro de oro de la ONCE, Herminio ocupa plaza afortunada.
Compañero de Perico en su Tour triunfal, le dio al cuadro dirigido por Manolo Sainz su primera gran victoria, esa que dicen nunca se olvida, con una etapa en la Vuelta a España de 1989 con final en Benicassim.
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Sin embargo si hubo una victoria que este cántabro pudo saborear con excelente tino fue esa Tirreno que acabó embolsando en un palmarés asimétrico en cantidad respecto a la calidad humana y derroche que generó a favor de otros.
En esa edición de la Tirreno Herminio debió correr con el pálpito desde el inicio pues entre Pompeya y Octaviano ya estuvo ojo avizor insertándose en fuga buena con muy buenos elementos rodeándole, tales como Taffi, Ghirotto, Wegmuller o Raúl Alcalá. Tercero en esa jornada el equipo decidió trabajar la inesperada baza del ciclista cántabro.
De esta manera la carrera estuvo atada hasta la crono final de San Benedetto del Tronto, ese lugar ya fijo en la carrera, donde Herminio sólo era superado por Erik Breukink, entonces en condición de eterna promesa en el PDM, obteniendo un rédito de cuatro segundos pero definitivo sobre Ghirotto en el gran éxito de este ciclista entonces bien dotado de cabello, pero luego reconocido por su estampa inclinada sobre el manillar y despoblada testa.
Un ciclista como pocos quedan, como pocos se ven. Un hombre cuyo mejor triunfo siempre era el ajeno.
Foto tomada de www.ciclo21.com
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Mende siempre será la cima Jalabert

Jalabert Mende JoanSeguidor

Aquel día en Mende, Jalabert puso en jaque el quinto Tour de Indurain

Mende es un lugar insertado en el Macizo Central francés que para los siglos quedará como la cima Laurent Jalabert. La inequívoca figura del mejor ciclista galo de los últimos 20 años fue aquel día de julio del 95 el cuchillo que resquebrajó la resistencia de Miguel Indurain y los suyos en una de las jornadas que quedaron grabadas a fuego en nuestra conciencia.
La pizarra del entonces rosáceo equipo de la ONCE echó humo en aquella travesía por los montes de Lorèze ataviando el mejor ataque que jamás sufriría Miguel. Con la sapiencia de que cerca de meta era tarea imposible importunar al titular del maillot jaune, la cosa quedó en mover la carrera desde lejos, tanto que 200 kilómetros se hicieron cortos.
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La fuga que hizo temblar los cimientos del Tour la integraron tres ONCE más otros tantos italianos.

A Jalabert, aquel día hacia Mende, le secundaba el mejor Melchor Mauri jamás visto junto al australiano Neil Stephens.

Con ellos Massimo Podenzana, Dario Bottaro y Andre Peron. Los seis habrían de abrir un hueco más allá de los nueve minutos.

En Banesto no daban crédito.

Las piernas de los gregarios de Indurain al unísono no enjuagaban el desperfecto. Surgieron entonces varias tesis. A cola del pelotón se fraguaba la ayuda de otros equipos. El manejo de José Miguel Echávarri dio frutos apetecidos para mantener a raya la afrenta de Jalabert.

En la subida final Jaja se deshacía de todos sus rivales.
En la recta del aeródromo, un 14 de julio, al cielo, el de Mazamet sumaba una victoria antológica, algo no visto desde que Chiapucci se armara de valor hacia Sestriere.
A aquellos que nos empañaron la mirada aquel día.
Muchas gracias.
Imagen: Graham Watson

Strade Bianche: ¿De dónde viene la fiebre por el ciclismo vintage?

Ciclismo Vintage JoanSeguidor

La Strade Bianche es la cuna del nuevo gusto del ciclismo vintage

En 2020 la Strade Bianche es noticia por su anulación, pero la historia, la misma que no ha visto una suspensión de la Milán-San Remo desde la II Guerra Mundial, viene de antes.

En 1997 nació en Italia, en la preciosa Toscana, la tierra de viñedos e increíbles ciudades medievales, L´ Eroica, era la nueva edad de oro del ciclismo vintage.

Por los caminos que en Castilla se podrían llamar “de concentración”, se lanzaron miles de cicloturistas equipados por bicicletas de sabor añejo.

Dotados de glamour de antaño, viejos hierros rehechos a sí mismos. Piezas de museo, menospreciadas durante muchos años, por su peso e incomodidad, abordaron las rutas de la Strade Bianche.

Todos debían llegar a la salida de Gaiole in Chianti con una bicicleta anterior a 1987, es decir, y para ubicarnos, todas las anteriores al triplete inédito de Stephen Roche. Combinando gravilla, tierra y asfalto se pusieron varios recorridos y distancias según los niveles y exigencias.

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Todo se vistió de rosa, muy italiano, vino y pasta rodearon el evento, el círculo estaba cerrado, fantástico producto que desde entonces no ha parado de crecer.

Y lo ha hecho tanto que cada mes de marzo, un sábado en las líneas que dibujan el mapa de Siena se reúne parte del mejor pelotón mundial dando salida a grandes ganadores y mejores momentos de ciclismo: Cancellara, Kwiatkowski, Stybar, Gilbert, Alaphilippe…

Arrate JoanSeguidor

Es la Strade Bianche, la repercusión más obvia y directa de este evento que al mismo tiempo ha inspirado no pocas citas en el calendario español e internacional en las que ciclistas pertrechados con maillots de hace cuarenta años, chichonera en ristre y vieja, pero remozada, bicicleta entre las piernas se dan cita para recorrer pintorescos lugares.

Hace un tiempo Jordi Escrihuela nos deleitaba con una pieza sobre la vieja bicicleta que le acabó cautivando y llevando por los páramos de medio mundo a presumir el mero placer de rodar como antaño.

Con Jordi quisimos saber de las raíces de esta nueva pasión que además de generar eventos por doquier da de comer a no pocos restauradores, auténticos artistas platerescos que en otra circunstancia no habrían tenido esta cantidad de trabajo.

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El amante del ciclismo vintage admiraba a Perico, a Ocaña, a Bahamontes, y echa de menos aquel ciclismo de costura y tapiz, sin pulsómetros, ni CRM no ostias, era ciclismo a pelo, corrido con el corazón y las sensaciones, de rompe y rasga. La tecnología le ha robado alma al ciclismo, como a otros deportes, al mismo tiempo.

Hay auténticos nostálgicos de aquello.

Y la única manera de revivir esa época es montando estas fiestas del ciclismo sin pulsómetros, ni medias, ni chips, ni dorsales sino sacando las viejas bicis de rastrales, manetas en el cambio, y nuestros maillots de laneta de los sesenta o setenta

Gobik nos presentó los maillots de la Volta 100

Hoy en día se ve a Froome, Bernal, Roglic y compañía, se disfruta, se sabe más que nunca de ellos, quizá demasiado, y la química no es la de entonces cuando un campeón era la cara de tu chapa en los juegos de corral y llenaba de posters las paredes de tus paredes con relieve de gotelé.

Hoy las carreras muchas veces se resuelven por un puñado de segundos, ya no existen las pájaras, ni los ataques suicidas, ni las heroicidades en montaña ni la épica, todo está bajo control, el ciclista no es dueño de sus actos, no hay tiempo para la improvisación, todo está bajo el mando de la voz del director en el pinganillo.

Por eso triunfan estas marchas, por eso  vuelve lo antiguo, que aunque un incauto lo pensara, nunca pasó de moda.

Imagen tomada de totalwomenscycling.com

trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

Perico & Indurain, el dúo que nos enamoró del ciclismo

ciclista español JoanSeguidor

Entre Perico e Indurain surgió la chispa para mucha afición ciclista

Para este fin de semana, un tema desengrasante, con tanta emoción deportiva mediante el “startup” belga y nostalgia extradeportiva en Euskadi.
Tiempo habrá para reposar los últimos actos de este teatrillo. Queremos viajar a la raíz de las cosas, a nuestros inicios, retomar aquello que nos hizo querer el ciclismo como lo queremos, verlo como vemos, y sobretodo sentirlo a flor de piel, como creo que el lector de este rinconcito lo siente.
Ciclismo siempre habrá. Estamos rodeados de él. No necesariamente implica colgarse un dorsal, ahora, en tiempos de conflicto energético, quizás nuestras piernas sean el mejor aliado para llegar a los sitios. Sin embargo necesitamos referentes, modelos que nos canalicen esa pasión, y estos siempre deberán existir. Y ahí quedaron los resultados de nuestra última encuesta. Uno de los veredictos más apretados sobre las cuestiones planteadas.
Y es que Miguel Indurain y Pedro Delgado, por orden inverso según nuestros lectores, nos inocularon el cariño por este deporte, de forma mayoritaria.
Perico puso fin a un largo periodo de sequía española en el Tour y ciertamente se granjeó el cariño de la afición con “performances” imposibles e impredecibles, un corredor con áurea popular, irresistible cuando la carrera miraba al cielo y el día le acompañaba y autor del retraso de Luxemburgo, el capítulo más inverosímil de la historia contemporánea del ciclismo. Por todo, por su indudable carisma y perfil de antihéroe en otros momentos, Perico fue un extraordinario catalizador de este deporte que sólo una década antes en España caminaba moribundo.
La aportación de Perico, más o menos discutible para muchos, trajo como consecuencia el nacimiento e implosión de Miguel Indurain, otorgando al ciclismo español el nivel de consideración mediática que nunca más ha vuelto a disponer. Cara y cruz, el mocetón navarro fue un ciclista mayúsculo e infalible durante mucho tiempo.
Su perfil sufridor fue tan inédito que España se encogió cuando lo vieron tumbado en el Valico de San Cristina o Les Arcs.
Siempre Alberto
Miguel fue nuestro “primo de Zumosol”, la consecuencia  de una generación dorada de ciclistas que engancharon, ni por asomo como en el presente, porque además de la encuesta otros entornos se han citado competidores que entroncan con el dúo segoviano-navarro.
Es el caso del llorado Alberto Fernández, uno de los hombres más cariñosamente recordados por los buenos aficionados que no omiten esa Vuelta que perdió en manos de Caritoux.
Contemporáneo fue Angel Arroyo, protagonista en los últimos tiempos en el “revival” de aquella Vuelta que perdió en los despachos. Muchos sitúan en el abulense el inicio de esa primera edad de oro. Ahí quedan otras opciones como Álvaro Pino, Angel Camarillo y José Luis Laguía, el “rey de la montaña” de nuestros corazones.
Un lugar, los Lagos, y un ciclista, Marino Lejarreta, también marcaron a fuego.
Echando la vista atrás se valora el arrojo, que sigue además intacto, de José Pérez Francés y los motivos de vecindad de Carlos Echevarria.
Incluso Luis Otaño se cifra entre los mentados en medio de nostálgicos recuerdos a pie de cuneta. Otro Luis, Ocaña, y un asturiano, José Manuel Fuente completan el retrato más atrás de los ochenta. Volviendo a tiempos recientes no podía faltar el Chava Jiménez, ni siquiera Fernando Escartín, ni Oscar Freire, ni el trío Valverde-Purito-Contador. 
Del panorama foráneo la encuesta incluyó varios nombre y algunos fueron repetidos, como el de Sean Kelly, un ciclista humilde, humano y extraordinariamente versátil, un lujo hoy día rara vez visto. También Greg Lemond, el mejor especulador de los tiempos cuyo triunfo en 1989 abrió la pasión de muchos buenos aficionados. En aquel batiburrillo de colombianos de los ochenta fue especialmente querido Fabio Parra.
En tiempos más recientes la arrolladora forma de entender el ciclismo de Marco Pantani creó escuela si bien no eclipsó la elegancia innata y fortaleza extrema transmitidas por Jan Ullrich ni el tremendo carisma de VDB. Al otro lado del chaco nos dan la clave de nuevos nombres como, obviamente, Lance Armstrong, Mario Cipollini y sí, Francesco Moser, quien autor del récord de la hora en México goza de buen número de adeptos.
Recordad que sigue abierta nuestra encuentra sobre el mejor clasicómano de los tiempos.

La resaca de «morir» sobre la bicicleta

Qué levanten la mano los que nunca se hayan sentido así el día después de una «exigente» salida en bicicleta junto a su grupeta

 

¡Buf, qué mal me he despertado hoy!

Me tomo el pulso y aún lo tengo algo acelerado.

Menos mal que es domingo, porque la “marcha” de ayer me ha sentado fatal.

Tengo un terrible dolor de cabeza, producido sin duda por el tremendo esfuerzo que me supuso ayer estar a un nivel muy alto para acabar con un buen tiempo la prueba, pero sobre todo para salir a todos los palos que me dieron mis colegas.

Ya les vale.

 

Claro que la culpa es mía, a mí quién me manda meterme en esos fregaos. 

Y es que siempre me digo lo mismo, que la próxima vez pasaré de ellos y que me lo tomaré con más calma, rodando con otros amigos digamos más tranquilos.

Pero es que, cuando luego me veo en faena, no lo puedo remediar y al final me veo respondiendo a todos los hachazos.

Qué le voy a hacer.

No me tendría que picar tanto. 

La Girona Gravel Ride ofrece «slow cycling»

Por eso estoy hoy así, por mi mala cabeza.

Aún tengo un cierto regusto, con sabor a sangre, en la boca.

Y no paro de beber agua.

¡Vaya tralla que dimos ayer!

Y me duele todo.

 

Estoy cansadísimo, sobre todo las piernas. Cómo duelen cuando bajo las escaleras… 

 Me parece que me voy a pasar el día en la horizontal.

Además tampoco he pasado buena noche.

De lo cansado que estaba me costó mucho coger el sueño y no he dormido bien.

No sabía qué postura coger. 

Creo que sólo me levantaré a comer, aunque tampoco tengo mucha hambre.

Si ingiero algo será para poder tomarme algún antiinflamatorio, a ver si recupero algo, que mañana hay que ir a trabajar. 

 

 Y es que… ¡vaya desastre!

No es el primer domingo que me arrastro por casa.

Esto no puede ser.

Ni debe ser sano, para nada.

Aún me siguen dando pinchazos en la cabeza.

Encima ayer pasamos un calor de la leche y me parece que estoy algo deshidratado.

He orinado y es un poco oscura.

SQR – GORE

 

Hay que beber más. 

 Me miro en el espejo y me veo negro, con ojeras y negro.

Me dio fuerte el sol ayer.

Tengo marcas por todos lados, en los brazos, en las piernas, hasta la cinta del casco se me ha quedado marcada en el cuello.

Parezco un cromo. 

 Me vuelvo a la cama.

Me gustaría seguir la carrera que dan hoy por la tele, aunque me parece que como vea más bicis me voy a encontrar peor.

Es como esa sensación que te produce, después de un empacho, ver una pastelería.

Enciendo la televisión de todas formas.

La etapa es llana.

Creo que me voy a dormir.

 

Si al menos hoy hubiera montaña… 

Miro el reloj… ¡he dormido 2 horas de siesta!

¿Sabéis que os digo?

Pues que como aún hay bastante luz me voy a dar una vueltecita con la bici.

¡Hala! Para combatir la resaca, lo mejor un paseíto para estirar piernas y eliminar toxinas… ¡qué bien me sienta la bici! 

Foto: www.merkabici.es