Veinte largos y penosos años desde Indurain y Val Louron

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Hoy el ciclismo español celebra una efeméride que realmente empaña la mirada a quienes amamos este deporte. El 19 de julio de 1991, Miguel Indurain y Claudio Chiapucci firmaban una de las escapadas más recordadas en la historia del Tour de Francia. Superado el Tourmalet, Indurain desplegó sus encantos en los descensos y tomó metros. Luego, antes del Aspin, Chiapucci le daría caza. El resto se desplazaba a varios minutos en la general y al infinito en sus aspiraciones de ganar al Tour. Se abría el ciclo de Miguel Indurain.

Veinte años han pasado de ese día. Aquel no fue un Tour especialmente duro. Un par de jornadas en los Pirineos, de la que sólo valió la citada, y otro tanto en los Alpes, con Alpe d´ Huez, allí donde Jean François Bernard levantó un monumento a todos los gregarios del mundo, y Joux Plane. Poco más, dos cronos a lo sumo.
A pesar de lo pobre del recorrido, el espectáculo mereció la pena. Y aquí vamos a lo que muchas veces ponemos en la balanza. Los recorridos influyen obviamente, pero los ciclistas los pueden endurecer cuanto les den de sí las piernas. ¿Se podría presenciar hoy un ataque como el de Indurain & Chiapucci a sesenta kilómetros de meta?. Lo dudo. En la era de los superequipos las tácticas se han vuelto rácanas hasta la saciedad. Corredores como Alberto Contador, Thomas Voeckler, Jens Voigt y alguno son la esencia de aquellos verdaderos esforzados de la ruta, los Fignon, Chiapucci, Mottet, Chozas, Lemond, Bugno, Indurain,… aquellos que corrían cara al viento y jugaban los cuartos a todo o nada.
Realmente uno echa la vista atrás y hecha mucho, pero mucho, de menos aquellos tiempos. Años en los que merecía la pena presenciar la etapa en TVE de forma íntegra, claro que no trabajábamos todavía. Ahora hacerlo es un ejercicio de anestesia. Tiempos en los que se valoraba el esfuerzo, se hablaba de Chiapucci como del “gitano” por su entrega. Nadie ponía en cuarentena sus resultados. Quizá eran años donde la podredumbre se tapó con guante blanco, pero qué caray, disfrutábamos como enanos. Al día siguiente los diarios rendían cuenta de lo sucedido con varios enviados especiales, en unas circunstancias económicas que no era ni por asomo mejores que las actuales, por mucho que nos digan. Todo aquello quedó en el cajón, todo aquello murió.
Por una vez, y aunque fuera frente al televisor, me gustaría retroceder veinte años. 

Este Tour huele a estafa

Hay unanimidad como pocas veces hemos hallado en el circo ciclista. Este Tour está siendo una mierda. Con razón se dice, además. Complicidades mal entendidas, amagos, devaneos, arranques que no lo son, miedo generalizado, … son factores todos ellos que hemos apreciado en las dos llegadas en alto de los Pirineos. Sea como fuere uno al final no sabe qué hace más daño, un espectáculo estrechado por las miras de unos líderes pequeños o las embestidas del dopaje y otros espectáculos luctuosos que rodean este deporte.
En mi opinión, sin embargo, lo que en este Tour apreciamos no es más que la línea continua y fuertemente marcada de los últimos años. El Tour de Francia es, en aras del espectáculo, la peor carrera del año si en los grandes momentos nos fijamos si bien, en las pequeñas batallas, como la de ayer entre Roy y Hushovd, tenemos u plus que amortigua la apatía de las figuras.
Desde 2003 no veo un Tour en condiciones. Es más cada año ha resultado algo más lamentable que el anterior. Con honrosas excepciones, si echamos la vista atrás los momentos de intensidad han llegado a cuentagotas: la Madeleine en 2010, la Colombiere en 2009, Alpe d´ Huez hace tres años,… La responsabilidad, el miedo a la pérdida, las pizarras y otros elementos condicionan la táctica de los grandes nombres, algunos de ellos, como los hermanísimos del ducado centroeuropeo, con claras responsabilidades para con el aficionado habida cuenta de su exclusiva apuesta por esta carrera en defecto del resto del calendario.
¿Cuánto hace que el Tourmalet se ha instalado en el papel de secundario? Pues salvo el año pasado, que fue final de una etapa, desde hace varias ediciones si salvamos aquella, la mentada de 2003 en la que Ullrich orilló a Armstrong. ¿Qué podríamos decir de otras cimas mancilladas, tipo Ventoux, Aubisque, Izoard,…?. ¿Les quedan grandes a los campeones de hoy los maillots de nuestros antepasados?.
Por mucho que se diga y se quiera vender, “le Tour c´ est le Tour” y ello nunca cambiará, pero señores la intensidad de la última Vuelta o la incerteza del Giro de 2010 nos han deparado momentos que el Tour siquiera atesora desde hace mucho tiempo.

Un Tour que se complica a diario

Me ha gustado cómo ha corrido hoy Alberto Contador. Sangre fría, temple, traspaso de presión a los rivales. Ajeno el retraso que lleva en la general. El lleva una temporada buena y cuenta con tres Tours en un palmarés que negro sobre blanco opaca cualquiera de sus rivales. Quizá se le aproxime el de Ivan Basso, pero de lejos.
Acucia por eso un interrogante. ¿Ha corrido con tal porte por convencimiento o por escasez en las fuerzas?. Pensaba según se desarrollaba la subida que era por lo primero, pero el tramo final ha descubierto carencias. No ha sido ni será un Tour sencillo para el campeón vigente. Desde el inicio se torció, en el mismo momento que sufrió ciertos desprecios del publico en la arena de Le Puy du Fou. Quizá también todo arranque del innegable despliegue del Giro, por mucho que algunos escriban que “esa factura ya la ha pagado”.
A todo ello se ha unido una primera semana conviviendo con el desamparo del equipo –los Leopard a excepción de Voigt no le han andado a zaga al Saxo Bank-, asistiendo y protagonizando caídas, compitiendo a contrapié desde el día uno cuando una caída le propinó una desventaja que en otras circunstancias se antojaba asumible.
Hoy en Luz Ardiden hemos asistido al peor final desde que esta cima debutada hace 26 años. Ha ganado Samuel Sánchez, y muy bien por cierto, dando en la clave con una estrategia que no siempre acierta a encontrar favorable. El risueño asturiano es muy buen ciclista, pero días como los de hoy ha tenido contados, tuvo uno en Pequín hace tres años y poco más. De ahí su, a mi juicio, exiguo palmarés, inversamente proporcional al valor que se le atribuye.
Queda la mitad del Tour, el máximo favorito sin estar noqueado parece ajeno a muchas de las batallas que se generan en torno al podio parisino. Con ello no digo que lo vea sin opciones, pero creo que las circunstancias han confluido en un panorama desfavorable, por otro lado no muy diferente al que se ha tenido que manejar años atrás. A todo ello se le añade la genealogía luxemburguesa y esa forma tan curiosa de correr. Pero que poco me gustan los Schleck, al menos en esa tesitura Cadel Evans es más honrado. Corre con lo que tiene, no chulea y chepazo a chepazo se ha hecho un nombre.
Veremos, el Tour de verdad no ha hecho más que comenzar, pero el desenlace quizá sea el que muchos franceses anhelan. 

Luz Ardiden, allí donde siempre pasa algo

Verano de 2003. Calor matador en el sur de Francia. Lance Armstrong, boca pastosa, airoso de la terrible caída que quebró la carrera de Joseba Beloki, padece los rigores de la calima. Flecha gana en Toulouse una etapa recordada por el bullir del asfalto bajo los finos tubulares. En la crono larga, Jan Ullrich propina un golpe al tejano que sufre como nunca se le había visto antaño. El Tour se juega en los Pirineos, en Luz Ardinen. Antes el Tourmalet presencia momento de riego para el líder americano, lo sutura con inteligencia, Lance no entra al trapo de Jan, reduce paulatinamente y coronan juntos, con ellos Iban Mayo y Haimar Zubeldia. En Euskaltel tocan el cielo.
Inicio de Luz Ardiden. El gentío a pie de carretera la lía. Armstrong se engancha con uno de ellos y se va al suelo, Mayo con él. Conmoción, pero menos. El indomable retoma la bicicleta y no sin susto, un calapié le falla, vuelve al grupo, frenado a su vez por Ullrich en un acto de “fair play” que daría que hablar. En la siguiente curva Armstrong cual poseso salta del pelotón para irse solo. Luz Ardiden había dictado sentencia, el “boss” más famélico y estresado de la historia, el de marcadas órbitas y aislados pómulos, pudo resolver el que fue su quinto Tour. Ocho años Miguel Indurain aquí había hecho lo mismo, en una jornada marcada por la negra muerte de Fabio Casartelli cuando el pelotón circulaba por el Portet d´ Aspet camino de la estación orillada a Luz Saint Sauveur. Una desgracia que no opaca la increíble cabalgata de Richard Virenque, para desespero de Fernando Escartín.
Luz Ardiden, capítulo uno, año 1985, un joven e insolente segoviano ahora en lides de comentarista y animador televisivo llamado Pedro Delgado despliega sus encantos en sociedad. Dos años después pasaría de nuevo por aquí en plena pugna con Roche por el Tour y Dag Otto Lauritzen en ganador. Al siguiente paso, emergió Laudelino Cubino, “Monsieur Luz Ardiden” pues aquí ya ganó y en el Tour del Porvenir y repetiría en la Vuelta de 1992 en una jornada apocalíptica de niebla y agua. En el pelotón Pedro Delgado, atosigado por el positivo aún no resuelto, sentenciaba un poquito más la carrera.
Luz Ardiden, capítulo estrella. Año 1990, genialmente acoplado a su bicicleta Miguel Indurain descabalga a Greg Lemond en el último tramo cuando éste venía de hacer lo mismo con el poseedor del maillot amarillo, Claudio Chiapucci. Miguel lo hizo sin levantarse. Jornada que desvela quien será en ganador del Tour los próximos cinco años. Nos queda una, volviendo sobre Euskaltel, Roberto Laiseka saca punta de su mítico rush final para darle a los “orange” vascos su primer éxito en Francia. El fino escalador es ajeno a lo que ocurre en retaguardia, otro capítulo de esa mítica rivalidad, Armstrong & Ullrich que como siempre se saldó a favor del mismo, del primero. 
También publicado en http://cobblesandhills.com/

Voeckler, toujours

“No está siendo mi Tour” admite Alberto Contador en el titular de hoy en la nota de prensa generada tras cada etapa. Está claro. No está siendo el Tour del dorsal número uno, pero es que tampoco lo está siendo de muchas de las figuras que en el pasaje de Gois tomaron la salida hace ocho días. La criba ha sido, con la jornada de descanso a nuestros pies, bestial. Hoy los últimos en salir despedidos de su bicicleta con dirección al hospital fueron Vinokourov y Vandebroeck. Antes tomaron el mismo camino Wiggins, Horner, Brajckovic,… salvar el físico, más que el déficit temporal ha sido más importante que cualquier otra eventualidad. La guinda ha sido la lamentable, repito, lamentable, caída de Hoogerland, ver sus gemelos sangrar atravesaron el corazón de cualquier persona de bien, y Flecha.
Paradójico resulta el paisaje de Radio Shack. Comenzaron con cuatro líderes sobre el papel, dijeron que la carretera pondría a cada uno en su sitio, pero ésta no ha sido quien repartió fortuna, ésta vino del rodar de la ruleta rusa de una primera semana increíblemente dañina. Siete años atrás salían con un líder, Armstrong, y lo conducían de amarillo a París, jugando a dioses, como ese suicida descenso a Gap de donde el tejano salió indemne de la tragedia de Beloki. ¿Qué cosas Johan?.
Sin embargo, el personaje de la jornada para mi es hoy el nuevo portador del maillot amarillo Tour. Su nombre el de Thomas Voeckler no pone tilde sobre uno de los ciclistas mejor dotados físicamente del pelotón. Su pedaleo no desprende la etiqueta de otros, su clase no parece la más infinita, pero su carácter compensa sus carencias. Siempre está, pero lo mejor es que siempre se le espera. Es uno de esos deportistas que sabes lo que te va a hacer, lo ves venir y el tío te sorprende, te la lía. Lleva  una temporada de escándalo y la viste de amarillo. Su tenacidad ha tenido fruto, como siempre.
Llevó el amarillo hace siete años, entonces durante una primera semana lluviosa y cuajada de peligros. Perdimos en esos primeros días nuestra baza más sólida, la de Iban Mayo, descalabrado en el pavé. Ahora Voeckler vuelve a ser líder y la carrera  resbala por doquier. Lo peor, en materia de azar, parere atrás, sólo Evans y Andy han salido intactos, nos alegramos por ellos.

El Team Sky demuestra haber aprendido la lección

El desigual año de puesta de largo que firmó en 2010 el nuevo y flamante Team Sky tuvo su lunar en lo ocurrido en el Tour de Francia. La escuadra británica inspirada en los éxitos cuajó un estreno no muy afortunado en la carrera que dio sentido a parte del proyecto, como así se interpretó a raíz del esfuerzo cuantioso por fichar a Bradley Wiggins, cuarto un año antes en la carrera de carreras.
Hace unos meses, teníamos ocasión de hablar con Geraint Thomas, ahora mismo maillot blanco de la carrera y uno de los corredores con mejor presencia en la misma tras seis jornadas disputadas. El galés opinaba con claridad de los males que afearon el debut de su equipo en la grande francesa: “Quizá el año pasado centramos todas nuestras esperanzas en Wiggins y nunca es bueno poner todos los huevos en la misma cesta”. El espectacular ciclista de Cardiff arrimaba el dedo a la llaga, tras ese examen de conciencia al que seguramente habrán sometido a los ciclistas los mentores de la escuadra. No más errores, o al menos no los mismos, habrán concluido.
Pues bien, pasadas seis jornadas, la teoría se hizo práctica y los ejercicios de redención de los ingleses tienen frutos, verdes y lozanos. Son protagonistas inequívocos de la carrera, como las otras tres escuadras de sesgo anglosajón (Garmin, BMC y HTC). Lejos de arrimarse a las opciones de Wiggins, que intactas siguen, juegan con acierto las cartas, y una de ellas, ganadora como hemos visto, es la del noruego Boasson Hagen, quien se ha hecho con una victoria que por fin inicia la justificación de su fichaje por los británicos. Antes en la crono por equipos estuvieron en la puja, se les ve activos en cabeza y cuentan con un ciclista que crece a marchas forzadas como Thomas. Sólo les falta un purasangre en las llegadas, y éste parece que será “the man from Man”, Mark Cavendish, ahora bien, ¿qué pasaría si Wiggins desiste en su intento de asaltar el podio del Tour?. Parte del gran objetivo que movía al gurú Dave Brailsford se iría abajo o al menos se prorrogaría, y es que ganar un Tour son palabras mayores y querer hacerlo con un isleño de la Gran Bretaña es algo que nadie ha logrado. 

Tour 2011, este inicio me suena

Primera jornada, caída masiva en el primer tercio del cuerpo del pelotón y el portador del dorsal número uno queda atrás. Alberto Contador, tras ese percance más la crono colectiva, parte con una desventaja que en otrora podría ser decisiva, un lastre insalvable, que al madrileño le va a tocar corregir. ¿Será capaz?
Sin embargo, y pesar de lo bien acostumbrados que estábamos, estos inicios no nos son desconocidos. Pedro Delgado con el nº1  a la espalda  arrancó con casi tres minutos de retraso en la rampa de salida de Luxemburgo en la edición de 1989. Lo suyo se convirtió en una carrera contra el tiempo regalado sin desenlace positivo. Acabó tercero relegado por Lemond y Fignon con la sensación de haber sido el más fuerte pero el menos afortunado.
Al año siguiente las cosas no fueron muy diferentes. Entonces en Banesto, crecía la figura de Miguel Indurain a la vera del “maitre” Delgado. Ambos se veían sorprendidos por la fuga bidón más famosa de la historia, en la jornada matinal del primer domingo de carrera. En el parque temático de Futuroscope la carrera daba un vuelco cuando siquiera acababa de arrancar. Maasen, Pensec, Bauer y un tal Claudio Chiapucchi sentaron una minutada entre ellos y el resto. Sólo Lemond adelantaría a Chiapucci, el resto por detrás. Perico, cuarto, y Miguel, décimo. Una vez más la remontada fue imposible.
Tercer acto. Se cumplen veinte años del mismo. Los roles en Banesto se intercambiaban a la vista del desigual rendimiento de su pareja de líderes. Sin embargo no pueden evitar caer nuevamente en la trampa. Otra vez el sector matinal deparó sorpresas. Greg Lemond más los dos PDM, que finalmente acabaría abandonando en bloque, Raúl Alcalá y Erik Breukink le tomó casi dos minutos al pelotón. Por la tarde en la crono por equipos se remató la tragedia. Los españoles a más de dos minutos de quien venía de ganar las dos últimas ediciones.
Aún recuerdo las palabras del añorado Pedro González, el entonces comentarista de TVE, criticando agriamente a los españoles en las líneas del Marca cuando éste no hacía del fútbol el alfa y omega de su índice. Con el paso de las etapas, Miguel Indurain emergió en la crono de Alençon. Breukink y Alcalá abandonaron con su PDM y Lemond se hundiría camino de Val Louron. Al final, la sangre no llegó al río. Miguel ganó su primer Tour y abrió una época, la suya. 
 

Los previsibles, aunque indeseables, silbidos a Alberto Contador

La puesta en escena del Tour 48 horas de su partida desde el pasaje de Gois tuvo mucho de imperial. Tintada de épica romana, los gladiadores que darán forma al multicolorido pelotón se dieron a conocer. Entre rapados flamantes y tintes curiosos, véase Gilbert, emergió el momento de la salida de Alberto Contador al frente de sus compañeros del Saxo Bank en una balsa de silbidos, si bien estos no era lo único que se escuchó al paso del madrileño.
La reacción aunque prevista no dejó de chocar ante el objetivo final de la misma. Silbaban a la persona, al corredor o a sus circunstancias??? Yo creo que un poco a los tres sujetos aunque quizá más a lo último. Y es que casi doce meses después lo imprevisible del futuro del mejor corredor del mundo, habida cuenta de la incapacidad de los organismos para articular una solución rápida y justa, es realmente sangrante. Una vez finalice este Tour, la horquilla de triunfos de Contador en la más grande carrera oscila entre los dos y cuatro. ¿Cómo digerir tal circunstancia?
Hace pocas semanas surgió una encuesta donde dos tercios de los franceses consultados veía prescindible la presencia del dorsal número uno en su competición de bandera. Luego surgieron voces de ese clan de equipos que se llama limpio y a la postre actuó Wiggo tras ejecutar con éxito su presencia  en el Dauphiné. Convendría ser más prudente, el fuego con el que juega el ciclismo amenaza con quemar a todos. Obviamente nadie dijo que fuera a ser fácil, y lo de ayer fue una constatación. Lo que no ha sido normal es el tibio ambiente que rodeó al corredor en el Giro, donde salvo Lövkist, poco más oímos.
Sea como fuere a nuestro mejor ciclista los marrones le surgen o los hace surgir. Sin valorar su tamaño competitivo, fuera de toda duda para mí, hay muchas lecturas entorno a este ciclista tocado por la fortuna del éxito. Su perfil de figura es trazo tan fino que su estatus varía a ritmo de vértigo en cuestión de segundos. Lidiar con situaciones complejas es lo suyo, y quién sabría medir cuán dosis de energía ahorraría si esas lidias no tuvieran lugar. Momentos impagables, como el percance de su rival en Bales hace un año, el vídeo posterior, el regalito del Tourmalet. Otros de calado táctico como en 2009 cuando sopló las opciones de Andreas Kloden. Situaciones complejas vividas en la Vuelta 2008 donde le tuvo que disputar la victoria a Ezequiel Mosquera en San Isidro pues su teórico gregario Levi Leipheimer anduvo tanto o más que él, con susto incluido en Navacerrada. La cara de circunstancias con que se aupó al podio a recoger un amarillo del que había sido desposeído Rasmussen, hablamos del Tour 07. Su salida por la puerta de atrás, y posterior carta, de la edición 2006 del Tour.
Uff, muchos momentos complicados, uno por año, como mínimo si echamos cuentas. No lo tiene fácil, no, este Alberto Contador.