Andy Schleck o cómo entender el ciclismo de clases

Esta mañana el amigo @borjacuadrado divulgó by twitter un vídeo sobre Andy Schleck  con imágenes de su temporada, la primera al copo de su nuevo proyecto bautizado Leopard en cuya futura denominación supongo estarán trabajando. Vídeo currado, de calidad, con margen  y preciosismo. Documental conciso, ideal para youtube´s (duración y musiquita) y demás que detalla a trazos visuales la campaña 2011 del luxemburgués, en algunos círculos llamado “Borja Mari”.
Mientras su equipo está siendo, no sé  si voluntariamente, el gran protagonista del primer y levantino tramo de @lavuelta no sabemos muy bien del paradero y próximos objetivos del hijo pequeño de tan insigne y ciclística familia. Su año, más allá de las imágenes, se ciñe a ese paso en solitario por la Casse Désérte, dudo que Bobet hablase de campeones como él, en la excelente etapa del Galibier. Por el camino, amagos, sinsabores y regusto a decepción, un grande no se puede prodigar tan poco transmitiendo la sensación de que habrá que esperar otro tanto para volver a verle.
Si su antagonista por excelencia, Alberto Contador y otros grandes tipo Gilbert, Cancellara, Evans, … hacen de la temporada su teatro de operaciones no puede ser que uno de los pocos ciclistas que superan el millón de ficha y en cuyo entorno ha crecido el que dicen mejor equipo del año –conjunto que por cierto ha errado en todos sus grandes objetivos- se signifique sólo en el Tour rallando la ignominia al resto del calendario, que por cierto ocupa diez meses.
Para los duchos, el pequeño  de los Schleck, cumplimenta una nueva temporada, y a falta del Giro de Lombardía, con una victoria, un día de amarillo en el Tour, segundo en el mismo, tercero en la Lieja  y ofensivo periplo /entrenamiento por Tirreno, Criterium, País Vasco, Suiza y California, competiciones  que merecen todo el respeto que justifican la trayectoria de cualquiera, menos para este selectivo ciclista de aristocrático sentido del deporte que sin embargo aglutina en su persona más simpatías que los cuatro mentados anteriormente juntos.

Luces y algunas sombras en @lavuelta que arranca ya

Pocas horas  antes de que el circo rojo serpentee  por la Península, desde hace catorce años que no se salta a ninguno de los archipiélagos, el objetivo de análisis subyace en este blog. La Vuelta 2011 nace se entrada, y desde el día que se hizo la puesta de largo de su recorrido, bendecida, ahora que estamos en tal lenguaje papal, por su regreso al País Vasco, una noticia que trasciende lo deportivo y que ubica, sabiamente además, la carrera en esferas políticas y primeras planas de las secciones estrellas de esa prensa abducida por ese “problema vasco”. Es decir la práctica totalidad.
Celebro y mucho ese regreso, es una excepcional noticia. Creo que la madurez de todos se examinará con rigor esas 48 horas que la carrera atraviese Vizcaya y entre a Álava por ese mito llamado Urkiola. No podía de ser de otra manera, a pesar de las excepcionales acogidas que regiones como la andaluza, gallega y cántabra, entre otros, han dispensado siempre a la prueba, el País Vasco, su orografía, su gente, su verde, sus tachuelas, su muros, … invita al ciclismo, desprende ciclismo, huele a ciclismo.
En lo que hace referencia al circuito continua el ninguneo a cualquier ley relacionada  con el equilibrio y reparto de oportunidades. Seguimos en las mismas que años atrás, aunque con una vuelta de tuerca, cuán daño hizo aquella crono desoladora de Zaragoza hace cuatro años. Con todo el botín croner jugado a la carta de Salamanca, la carrera es una sucesión de cimas, algunas nuevas como el esperado Ancares, cuya distribución dudo que sirva para garantizar espectáculo más allá del umbral de los cinco para meta.
La disposición de llegadas en pendientes de dos dígitos de violento punch vuelve a ser otra de las tónicas en un ejercicio mayúsculo de espectáculo en su tramo final, pero desechando y condicionando el resto de etapa. Lo hemos visto, rara vez, y más en los tiempos modernos con la irrupción de killers tipo Gilbert, Evans y Purito, vemos una carrera íntegramente bella cuando la llegada se ubica en estas paredes. Quizá recorridos tipo Lieja, menos vistosos por no ver retorcerse a la concurrencia, ofrecen más varierdad de paisajes y situaciones. Jornadas de este tipo en la Vuelta tenemos, pero no muchas, quizá la de Ancares pueda ser una excelente ocasión para comprobar el fondo y forma de las escuadras. Una vez por eso la estrella será el Angliru, cae en domingo, a una semana del final y enmarca una última semana muy descafeinada.
En el capítulo de favoritos, los dos principales responden al perfil de de atletas completos, aquellos que la organización quiere ningunear con trazados tan duros. Nibali y Menchov lideran las apuestas, estas las completan Purito e Igor Anton, quien, salvada la crono de Salamanca, tiene terreno y motivación para poder hacer, al fin, algo grande. Queremos verle por fin en el Angliru…

La podredumbre llama a las puertas del fútbol

Anda el patio revuelto en el mundo del balompié. Para este país llamado España la noticia de este fin de semana veraniego es la suspensión del inicio de liga por una huelga. La Vuelta se la pela al gran público. Al parecer un buen puñado de deportistas se ha convertido en acreedor primero de sus respetivos clubes. La situación ha pillado a la gran masa desprovista del conocimiento exacto de cómo está realmente el deporte alejado de la elite en España.
La precariedad en el andamiaje de muchas estructuras del fútbol español era más o menos sabida por algunos, pero el tsunami ha sido de tal magnitud que, ante mi incredulidad, el fútbol se ha plantado y ha convocado una huelga que será efectiva. Realmente sorprendido, y mucho, porque en el fútbol se ha maniobrado con humo tantas veces que uno interpretaba ésta una de tantas. Se llegó a hablar, “imposible” dicen muchos, de hasta dopaje en el Barça, “eso sólo lo hacen los ciclistas” apostillaron el resto. Ahí quedó todo.
La situación de deterioro que viven las clases modestas del deporte español es tan alarmante como para que más de uno se replanteara esas rimbombantes misivas de “Edad de oro del deporte español” o la manida expresión de la “Liga de las estrellas” refiriéndose a una competición convertida en un monólogo bilateral entre las dos capitales.
Quizá reclamos tales como “el talento y la perseverancia individuales de unos pocos mantienen con vida nuestro deporte” describirían con mejor tino el panorama actual. Muchas veces hablo de lo milagroso de las gestas de nuestros competidores en un entorno tan desolador como el que les rodea. La pista española fue ejemplo de ello. Aun me describen muchos las caras de alucine, como suena, de australianos, franceses e ingleses cuando el combinado nacional capitaneado por Jaume Mas sumaba una medalla diaria en el velódromo de Calatrava sito en Atenas, de eso hace siete años. De esas lecciones, poco se aprendió, en todo caso sí algo se hizo fue empeorar las cosas.
Ahora que la mierda llega al deporte rey, muchos tomarán conciencia de la situación. Se nos antoja tarde.

Pues, sinceramente, me alegro del éxito francés en este Tour

Acabó la gran cita del curso ciclista y las notas yacen en la casetilla de cada uno de los opositores. Nota, lo que se dice buena nota, sacan unos cuantos, aunque siempre muchos menos de los que optan a ella. Como no Cadel Evans, el terco canguro que hizo del 24 de julio una jornada festiva en su país, perjudicando, como bien dijo el primer ministro de la isla continente, a los horarios laborales del lejano país. En un renglón seguido se ubican Mark Canvedish, Samu Sánchez, los dos noruegos, Hushovd y Boasson Hagen,… Alberto Contador por su parte tuvo coartada, su cuerpo llegó al límite. No cabe darle más vueltas.
No parece que la valoración en estos términos deba incluir a los Schleck brothers quienes deberían ser partícipes de una profunda reflexión y en este caso en el propio seno familiar. Se han declarado incapaces de romper el cerco psicológico de Contador cuando debieron hacerlo y en el momento que despertaron también emergió el mejor Evans. A pesar del notable endurecimiento que las grandes vueltas están asumiendo en las últimas ediciones, con más y más montaña, siempre hay una crono para arruinarles las ilusiones. Todo ello, centrando la campaña en esta carrera y presentando el mejor equipo en el concurso, hace que la derrota sepa peor.
Sin embargo, una nota de color ha venido desde los anfitriones. Hacía una década, desde Chrisptophe Moreau, que uno de ellos no estuvo tan cerca del podio. Este Tour Voeckler anduvo cerca hasta que perdió los papeles en el Galibier. No obstante el premio gordo fue Pierre Rolland, mejor joven y ganador e Alpe d´ Huez, un precedente que desde Hinault no se daba, de ello hace 25 años, el mismo periodo que llevan sin ganar el Tour.
Sinceramente me alegro del buen momento del ciclismo galo. Alejada del típico discurso íbero, de ese odio ancestral que tanto nos gusta cultivar, cualquier valoración no debe ser más que positiva. Este país ha estado 25 años sin ganar en uno de sus emblemas, y sin embargo no le han dado la espalda. El ciclismo, aunque a veces vilipendiado, es portada en Francia, gozan de una cultura deportiva envidiable y no todo lo juegan al deporte del balón. Cuán envidia me despierta esta reflexión, ojalá lo veamos algún día aquí, aunque por el momento lo pongo en cuarentena. Aquí tenéis un enlace por quien escribe esto firmado que comulga mucho con lo dicho.
Por cierto, felices vacaciones, este blog se toma un respiro…

Mis cinco nombres del Galibier

Culminó con estruendo la jornada reina del Tour de Francia 2011. Chapeau para todos, agónica etapa, día grande de ciclismo. Un día que recordaremos y apreciaremos cuando echemos la vista atrás pensando en los días más grandes que hemos presenciado. Un día que entronca con Val Louron 91, Sestriere 92, Serre Chevalier 93 y así sucesivamente desde que me alcanza la memoria.
El balance, a vuela pluma, es equidistante entre varios nombres, ahí van:
·         Andy Schleck, el hombre del Izoard, por fin el apático chaval luxemburgués hace gala de la raza de excelentes ciclistas que ha dado el pequeño ducado en el corazón europeo. Su ataque, con pizarra clara y meridiana ha sido el mejor momento de la carrera y posiblemente del año. Los Leopard, ese superequipo al que muchas veces apelábamos como tal, no habían siquiera armado el tinglado que de ellos se esperaba hasta casi tres días del final. El esquema táctico fue perfecto, tanto que sonroja que nadie saliera a su rueda en el Izoard. Ahora mismo no lo tiene nada claro, con un minuto sobre Evans, ufff, se antoja difícil que le sirva, además de que a Voeckler no se le conocen fisuras en la crono tales como para ceder ante un corredor que además no es especialista. Debe seguir insistiendo.
·         Cadel Evans, el corredor más maldecido y denostado del pelotón, pero a la vez el más honrado en el esfuerzo, a mi entender vamos. Hoy ha vuelto a hacer gala de ese espíritu “wiki” que siempre saca a relucir cuando tiene problemas y no le ha servido. Viéndose en la misma tesitura que en Alpe d´ Huez 2008 decidió armarse al frente del grupo y fue el único en hacer frente al vendaval desatado por el pequeño de los Scheck. Ha entrado al toque de campana, en el límite, una pérdida mayor podría haber sido fatal, sin embargo ha mantenido sus opciones de triunfo final. A mi entender, se lo merece, qué caray.
·         Alberto Contador, su cuerpo dijo basta, y que quieren que les diga, no hay nada de que arrepentirse. No caeré en el manido discurso de que lleva tres Tours, dos Giros y una Vuelta, que es joven, que tiene margen,… no podemos hacer eso, no es más que autocomplacencia. Alberto, quien en muchas ocasiones he criticado, ha sido valiente en este Tour desde el momento que aceptó venir sorteando todo tipo de obstáculos y con la factura del Giro “aún sin abonar”. Ha jugado a ganador en jornada tenidas por intrascendentes y quizá ha sido él quien ha despertado la carrera de su letargo. Chapeau por el madrileño quien en el futuro debiera reflexionar sobre los esfuerzos que conducen al Tour y ver de quién se rodea, ni siquiera en el cambio de bicicleta al pie del Galibier tuvo compañía. El doblete Giro-Tour sigue siendo una quimera trece años después de Pantani.
·         Thomas Voeckler, despierta tantas antipatías, pone cara de gilipollas cada dos por tres pero es un corredorazo, con sus limitaciones a la vista, con un pedalear horrible, lo que quieran,… desde 1989 ningñun francés llevó el maillot jaune tan cerca de París. Laurent Fignon fue quien lo hizo. Desde 1997 no vemos a un gabacho en el podio. El tiempo lo dirá, pero me temo estar presenciando la metamofósis de un ciclista como aquella que gozó Claudio Chiaupucci hace 21 años. Hubo un antes y un después tras vestir el amarillo. A su vera además hemos descubierto a un Pierre Rolland que madre de Dios, qué Tour se está cascando.
·         Frank Schleck, el ciclista más sobrevalorado del pelotón. Como hemos presenciado una vez más, cuando Andy vuela solo, sin el comecocos de su hermano al lado, se ilumina la carrera. Sinceramente, no creo siquiera que pueda pisar el podio habida cuenta de su nefasto comportamiento en las cronos. Una cuarta plaza sería un premio para un ciclista de su talento.
Mañana más, y esperemos que mejor aún. 

Veinte largos y penosos años desde Indurain y Val Louron

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Hoy el ciclismo español celebra una efeméride que realmente empaña la mirada a quienes amamos este deporte. El 19 de julio de 1991, Miguel Indurain y Claudio Chiapucci firmaban una de las escapadas más recordadas en la historia del Tour de Francia. Superado el Tourmalet, Indurain desplegó sus encantos en los descensos y tomó metros. Luego, antes del Aspin, Chiapucci le daría caza. El resto se desplazaba a varios minutos en la general y al infinito en sus aspiraciones de ganar al Tour. Se abría el ciclo de Miguel Indurain.

Veinte años han pasado de ese día. Aquel no fue un Tour especialmente duro. Un par de jornadas en los Pirineos, de la que sólo valió la citada, y otro tanto en los Alpes, con Alpe d´ Huez, allí donde Jean François Bernard levantó un monumento a todos los gregarios del mundo, y Joux Plane. Poco más, dos cronos a lo sumo.
A pesar de lo pobre del recorrido, el espectáculo mereció la pena. Y aquí vamos a lo que muchas veces ponemos en la balanza. Los recorridos influyen obviamente, pero los ciclistas los pueden endurecer cuanto les den de sí las piernas. ¿Se podría presenciar hoy un ataque como el de Indurain & Chiapucci a sesenta kilómetros de meta?. Lo dudo. En la era de los superequipos las tácticas se han vuelto rácanas hasta la saciedad. Corredores como Alberto Contador, Thomas Voeckler, Jens Voigt y alguno son la esencia de aquellos verdaderos esforzados de la ruta, los Fignon, Chiapucci, Mottet, Chozas, Lemond, Bugno, Indurain,… aquellos que corrían cara al viento y jugaban los cuartos a todo o nada.
Realmente uno echa la vista atrás y hecha mucho, pero mucho, de menos aquellos tiempos. Años en los que merecía la pena presenciar la etapa en TVE de forma íntegra, claro que no trabajábamos todavía. Ahora hacerlo es un ejercicio de anestesia. Tiempos en los que se valoraba el esfuerzo, se hablaba de Chiapucci como del “gitano” por su entrega. Nadie ponía en cuarentena sus resultados. Quizá eran años donde la podredumbre se tapó con guante blanco, pero qué caray, disfrutábamos como enanos. Al día siguiente los diarios rendían cuenta de lo sucedido con varios enviados especiales, en unas circunstancias económicas que no era ni por asomo mejores que las actuales, por mucho que nos digan. Todo aquello quedó en el cajón, todo aquello murió.
Por una vez, y aunque fuera frente al televisor, me gustaría retroceder veinte años. 

Este Tour huele a estafa

Hay unanimidad como pocas veces hemos hallado en el circo ciclista. Este Tour está siendo una mierda. Con razón se dice, además. Complicidades mal entendidas, amagos, devaneos, arranques que no lo son, miedo generalizado, … son factores todos ellos que hemos apreciado en las dos llegadas en alto de los Pirineos. Sea como fuere uno al final no sabe qué hace más daño, un espectáculo estrechado por las miras de unos líderes pequeños o las embestidas del dopaje y otros espectáculos luctuosos que rodean este deporte.
En mi opinión, sin embargo, lo que en este Tour apreciamos no es más que la línea continua y fuertemente marcada de los últimos años. El Tour de Francia es, en aras del espectáculo, la peor carrera del año si en los grandes momentos nos fijamos si bien, en las pequeñas batallas, como la de ayer entre Roy y Hushovd, tenemos u plus que amortigua la apatía de las figuras.
Desde 2003 no veo un Tour en condiciones. Es más cada año ha resultado algo más lamentable que el anterior. Con honrosas excepciones, si echamos la vista atrás los momentos de intensidad han llegado a cuentagotas: la Madeleine en 2010, la Colombiere en 2009, Alpe d´ Huez hace tres años,… La responsabilidad, el miedo a la pérdida, las pizarras y otros elementos condicionan la táctica de los grandes nombres, algunos de ellos, como los hermanísimos del ducado centroeuropeo, con claras responsabilidades para con el aficionado habida cuenta de su exclusiva apuesta por esta carrera en defecto del resto del calendario.
¿Cuánto hace que el Tourmalet se ha instalado en el papel de secundario? Pues salvo el año pasado, que fue final de una etapa, desde hace varias ediciones si salvamos aquella, la mentada de 2003 en la que Ullrich orilló a Armstrong. ¿Qué podríamos decir de otras cimas mancilladas, tipo Ventoux, Aubisque, Izoard,…?. ¿Les quedan grandes a los campeones de hoy los maillots de nuestros antepasados?.
Por mucho que se diga y se quiera vender, “le Tour c´ est le Tour” y ello nunca cambiará, pero señores la intensidad de la última Vuelta o la incerteza del Giro de 2010 nos han deparado momentos que el Tour siquiera atesora desde hace mucho tiempo.

Un Tour que se complica a diario

Me ha gustado cómo ha corrido hoy Alberto Contador. Sangre fría, temple, traspaso de presión a los rivales. Ajeno el retraso que lleva en la general. El lleva una temporada buena y cuenta con tres Tours en un palmarés que negro sobre blanco opaca cualquiera de sus rivales. Quizá se le aproxime el de Ivan Basso, pero de lejos.
Acucia por eso un interrogante. ¿Ha corrido con tal porte por convencimiento o por escasez en las fuerzas?. Pensaba según se desarrollaba la subida que era por lo primero, pero el tramo final ha descubierto carencias. No ha sido ni será un Tour sencillo para el campeón vigente. Desde el inicio se torció, en el mismo momento que sufrió ciertos desprecios del publico en la arena de Le Puy du Fou. Quizá también todo arranque del innegable despliegue del Giro, por mucho que algunos escriban que “esa factura ya la ha pagado”.
A todo ello se ha unido una primera semana conviviendo con el desamparo del equipo –los Leopard a excepción de Voigt no le han andado a zaga al Saxo Bank-, asistiendo y protagonizando caídas, compitiendo a contrapié desde el día uno cuando una caída le propinó una desventaja que en otras circunstancias se antojaba asumible.
Hoy en Luz Ardiden hemos asistido al peor final desde que esta cima debutada hace 26 años. Ha ganado Samuel Sánchez, y muy bien por cierto, dando en la clave con una estrategia que no siempre acierta a encontrar favorable. El risueño asturiano es muy buen ciclista, pero días como los de hoy ha tenido contados, tuvo uno en Pequín hace tres años y poco más. De ahí su, a mi juicio, exiguo palmarés, inversamente proporcional al valor que se le atribuye.
Queda la mitad del Tour, el máximo favorito sin estar noqueado parece ajeno a muchas de las batallas que se generan en torno al podio parisino. Con ello no digo que lo vea sin opciones, pero creo que las circunstancias han confluido en un panorama desfavorable, por otro lado no muy diferente al que se ha tenido que manejar años atrás. A todo ello se le añade la genealogía luxemburguesa y esa forma tan curiosa de correr. Pero que poco me gustan los Schleck, al menos en esa tesitura Cadel Evans es más honrado. Corre con lo que tiene, no chulea y chepazo a chepazo se ha hecho un nombre.
Veremos, el Tour de verdad no ha hecho más que comenzar, pero el desenlace quizá sea el que muchos franceses anhelan.