Luz Ardiden, allí donde siempre pasa algo

Verano de 2003. Calor matador en el sur de Francia. Lance Armstrong, boca pastosa, airoso de la terrible caída que quebró la carrera de Joseba Beloki, padece los rigores de la calima. Flecha gana en Toulouse una etapa recordada por el bullir del asfalto bajo los finos tubulares. En la crono larga, Jan Ullrich propina un golpe al tejano que sufre como nunca se le había visto antaño. El Tour se juega en los Pirineos, en Luz Ardinen. Antes el Tourmalet presencia momento de riego para el líder americano, lo sutura con inteligencia, Lance no entra al trapo de Jan, reduce paulatinamente y coronan juntos, con ellos Iban Mayo y Haimar Zubeldia. En Euskaltel tocan el cielo.
Inicio de Luz Ardiden. El gentío a pie de carretera la lía. Armstrong se engancha con uno de ellos y se va al suelo, Mayo con él. Conmoción, pero menos. El indomable retoma la bicicleta y no sin susto, un calapié le falla, vuelve al grupo, frenado a su vez por Ullrich en un acto de “fair play” que daría que hablar. En la siguiente curva Armstrong cual poseso salta del pelotón para irse solo. Luz Ardiden había dictado sentencia, el “boss” más famélico y estresado de la historia, el de marcadas órbitas y aislados pómulos, pudo resolver el que fue su quinto Tour. Ocho años Miguel Indurain aquí había hecho lo mismo, en una jornada marcada por la negra muerte de Fabio Casartelli cuando el pelotón circulaba por el Portet d´ Aspet camino de la estación orillada a Luz Saint Sauveur. Una desgracia que no opaca la increíble cabalgata de Richard Virenque, para desespero de Fernando Escartín.
Luz Ardiden, capítulo uno, año 1985, un joven e insolente segoviano ahora en lides de comentarista y animador televisivo llamado Pedro Delgado despliega sus encantos en sociedad. Dos años después pasaría de nuevo por aquí en plena pugna con Roche por el Tour y Dag Otto Lauritzen en ganador. Al siguiente paso, emergió Laudelino Cubino, “Monsieur Luz Ardiden” pues aquí ya ganó y en el Tour del Porvenir y repetiría en la Vuelta de 1992 en una jornada apocalíptica de niebla y agua. En el pelotón Pedro Delgado, atosigado por el positivo aún no resuelto, sentenciaba un poquito más la carrera.
Luz Ardiden, capítulo estrella. Año 1990, genialmente acoplado a su bicicleta Miguel Indurain descabalga a Greg Lemond en el último tramo cuando éste venía de hacer lo mismo con el poseedor del maillot amarillo, Claudio Chiapucci. Miguel lo hizo sin levantarse. Jornada que desvela quien será en ganador del Tour los próximos cinco años. Nos queda una, volviendo sobre Euskaltel, Roberto Laiseka saca punta de su mítico rush final para darle a los “orange” vascos su primer éxito en Francia. El fino escalador es ajeno a lo que ocurre en retaguardia, otro capítulo de esa mítica rivalidad, Armstrong & Ullrich que como siempre se saldó a favor del mismo, del primero. 
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Voeckler, toujours

“No está siendo mi Tour” admite Alberto Contador en el titular de hoy en la nota de prensa generada tras cada etapa. Está claro. No está siendo el Tour del dorsal número uno, pero es que tampoco lo está siendo de muchas de las figuras que en el pasaje de Gois tomaron la salida hace ocho días. La criba ha sido, con la jornada de descanso a nuestros pies, bestial. Hoy los últimos en salir despedidos de su bicicleta con dirección al hospital fueron Vinokourov y Vandebroeck. Antes tomaron el mismo camino Wiggins, Horner, Brajckovic,… salvar el físico, más que el déficit temporal ha sido más importante que cualquier otra eventualidad. La guinda ha sido la lamentable, repito, lamentable, caída de Hoogerland, ver sus gemelos sangrar atravesaron el corazón de cualquier persona de bien, y Flecha.
Paradójico resulta el paisaje de Radio Shack. Comenzaron con cuatro líderes sobre el papel, dijeron que la carretera pondría a cada uno en su sitio, pero ésta no ha sido quien repartió fortuna, ésta vino del rodar de la ruleta rusa de una primera semana increíblemente dañina. Siete años atrás salían con un líder, Armstrong, y lo conducían de amarillo a París, jugando a dioses, como ese suicida descenso a Gap de donde el tejano salió indemne de la tragedia de Beloki. ¿Qué cosas Johan?.
Sin embargo, el personaje de la jornada para mi es hoy el nuevo portador del maillot amarillo Tour. Su nombre el de Thomas Voeckler no pone tilde sobre uno de los ciclistas mejor dotados físicamente del pelotón. Su pedaleo no desprende la etiqueta de otros, su clase no parece la más infinita, pero su carácter compensa sus carencias. Siempre está, pero lo mejor es que siempre se le espera. Es uno de esos deportistas que sabes lo que te va a hacer, lo ves venir y el tío te sorprende, te la lía. Lleva  una temporada de escándalo y la viste de amarillo. Su tenacidad ha tenido fruto, como siempre.
Llevó el amarillo hace siete años, entonces durante una primera semana lluviosa y cuajada de peligros. Perdimos en esos primeros días nuestra baza más sólida, la de Iban Mayo, descalabrado en el pavé. Ahora Voeckler vuelve a ser líder y la carrera  resbala por doquier. Lo peor, en materia de azar, parere atrás, sólo Evans y Andy han salido intactos, nos alegramos por ellos.

El Team Sky demuestra haber aprendido la lección

El desigual año de puesta de largo que firmó en 2010 el nuevo y flamante Team Sky tuvo su lunar en lo ocurrido en el Tour de Francia. La escuadra británica inspirada en los éxitos cuajó un estreno no muy afortunado en la carrera que dio sentido a parte del proyecto, como así se interpretó a raíz del esfuerzo cuantioso por fichar a Bradley Wiggins, cuarto un año antes en la carrera de carreras.
Hace unos meses, teníamos ocasión de hablar con Geraint Thomas, ahora mismo maillot blanco de la carrera y uno de los corredores con mejor presencia en la misma tras seis jornadas disputadas. El galés opinaba con claridad de los males que afearon el debut de su equipo en la grande francesa: “Quizá el año pasado centramos todas nuestras esperanzas en Wiggins y nunca es bueno poner todos los huevos en la misma cesta”. El espectacular ciclista de Cardiff arrimaba el dedo a la llaga, tras ese examen de conciencia al que seguramente habrán sometido a los ciclistas los mentores de la escuadra. No más errores, o al menos no los mismos, habrán concluido.
Pues bien, pasadas seis jornadas, la teoría se hizo práctica y los ejercicios de redención de los ingleses tienen frutos, verdes y lozanos. Son protagonistas inequívocos de la carrera, como las otras tres escuadras de sesgo anglosajón (Garmin, BMC y HTC). Lejos de arrimarse a las opciones de Wiggins, que intactas siguen, juegan con acierto las cartas, y una de ellas, ganadora como hemos visto, es la del noruego Boasson Hagen, quien se ha hecho con una victoria que por fin inicia la justificación de su fichaje por los británicos. Antes en la crono por equipos estuvieron en la puja, se les ve activos en cabeza y cuentan con un ciclista que crece a marchas forzadas como Thomas. Sólo les falta un purasangre en las llegadas, y éste parece que será “the man from Man”, Mark Cavendish, ahora bien, ¿qué pasaría si Wiggins desiste en su intento de asaltar el podio del Tour?. Parte del gran objetivo que movía al gurú Dave Brailsford se iría abajo o al menos se prorrogaría, y es que ganar un Tour son palabras mayores y querer hacerlo con un isleño de la Gran Bretaña es algo que nadie ha logrado. 

Tour 2011, este inicio me suena

Primera jornada, caída masiva en el primer tercio del cuerpo del pelotón y el portador del dorsal número uno queda atrás. Alberto Contador, tras ese percance más la crono colectiva, parte con una desventaja que en otrora podría ser decisiva, un lastre insalvable, que al madrileño le va a tocar corregir. ¿Será capaz?
Sin embargo, y pesar de lo bien acostumbrados que estábamos, estos inicios no nos son desconocidos. Pedro Delgado con el nº1  a la espalda  arrancó con casi tres minutos de retraso en la rampa de salida de Luxemburgo en la edición de 1989. Lo suyo se convirtió en una carrera contra el tiempo regalado sin desenlace positivo. Acabó tercero relegado por Lemond y Fignon con la sensación de haber sido el más fuerte pero el menos afortunado.
Al año siguiente las cosas no fueron muy diferentes. Entonces en Banesto, crecía la figura de Miguel Indurain a la vera del “maitre” Delgado. Ambos se veían sorprendidos por la fuga bidón más famosa de la historia, en la jornada matinal del primer domingo de carrera. En el parque temático de Futuroscope la carrera daba un vuelco cuando siquiera acababa de arrancar. Maasen, Pensec, Bauer y un tal Claudio Chiapucchi sentaron una minutada entre ellos y el resto. Sólo Lemond adelantaría a Chiapucci, el resto por detrás. Perico, cuarto, y Miguel, décimo. Una vez más la remontada fue imposible.
Tercer acto. Se cumplen veinte años del mismo. Los roles en Banesto se intercambiaban a la vista del desigual rendimiento de su pareja de líderes. Sin embargo no pueden evitar caer nuevamente en la trampa. Otra vez el sector matinal deparó sorpresas. Greg Lemond más los dos PDM, que finalmente acabaría abandonando en bloque, Raúl Alcalá y Erik Breukink le tomó casi dos minutos al pelotón. Por la tarde en la crono por equipos se remató la tragedia. Los españoles a más de dos minutos de quien venía de ganar las dos últimas ediciones.
Aún recuerdo las palabras del añorado Pedro González, el entonces comentarista de TVE, criticando agriamente a los españoles en las líneas del Marca cuando éste no hacía del fútbol el alfa y omega de su índice. Con el paso de las etapas, Miguel Indurain emergió en la crono de Alençon. Breukink y Alcalá abandonaron con su PDM y Lemond se hundiría camino de Val Louron. Al final, la sangre no llegó al río. Miguel ganó su primer Tour y abrió una época, la suya. 
 

Los previsibles, aunque indeseables, silbidos a Alberto Contador

La puesta en escena del Tour 48 horas de su partida desde el pasaje de Gois tuvo mucho de imperial. Tintada de épica romana, los gladiadores que darán forma al multicolorido pelotón se dieron a conocer. Entre rapados flamantes y tintes curiosos, véase Gilbert, emergió el momento de la salida de Alberto Contador al frente de sus compañeros del Saxo Bank en una balsa de silbidos, si bien estos no era lo único que se escuchó al paso del madrileño.
La reacción aunque prevista no dejó de chocar ante el objetivo final de la misma. Silbaban a la persona, al corredor o a sus circunstancias??? Yo creo que un poco a los tres sujetos aunque quizá más a lo último. Y es que casi doce meses después lo imprevisible del futuro del mejor corredor del mundo, habida cuenta de la incapacidad de los organismos para articular una solución rápida y justa, es realmente sangrante. Una vez finalice este Tour, la horquilla de triunfos de Contador en la más grande carrera oscila entre los dos y cuatro. ¿Cómo digerir tal circunstancia?
Hace pocas semanas surgió una encuesta donde dos tercios de los franceses consultados veía prescindible la presencia del dorsal número uno en su competición de bandera. Luego surgieron voces de ese clan de equipos que se llama limpio y a la postre actuó Wiggo tras ejecutar con éxito su presencia  en el Dauphiné. Convendría ser más prudente, el fuego con el que juega el ciclismo amenaza con quemar a todos. Obviamente nadie dijo que fuera a ser fácil, y lo de ayer fue una constatación. Lo que no ha sido normal es el tibio ambiente que rodeó al corredor en el Giro, donde salvo Lövkist, poco más oímos.
Sea como fuere a nuestro mejor ciclista los marrones le surgen o los hace surgir. Sin valorar su tamaño competitivo, fuera de toda duda para mí, hay muchas lecturas entorno a este ciclista tocado por la fortuna del éxito. Su perfil de figura es trazo tan fino que su estatus varía a ritmo de vértigo en cuestión de segundos. Lidiar con situaciones complejas es lo suyo, y quién sabría medir cuán dosis de energía ahorraría si esas lidias no tuvieran lugar. Momentos impagables, como el percance de su rival en Bales hace un año, el vídeo posterior, el regalito del Tourmalet. Otros de calado táctico como en 2009 cuando sopló las opciones de Andreas Kloden. Situaciones complejas vividas en la Vuelta 2008 donde le tuvo que disputar la victoria a Ezequiel Mosquera en San Isidro pues su teórico gregario Levi Leipheimer anduvo tanto o más que él, con susto incluido en Navacerrada. La cara de circunstancias con que se aupó al podio a recoger un amarillo del que había sido desposeído Rasmussen, hablamos del Tour 07. Su salida por la puerta de atrás, y posterior carta, de la edición 2006 del Tour.
Uff, muchos momentos complicados, uno por año, como mínimo si echamos cuentas. No lo tiene fácil, no, este Alberto Contador. 

¿Cuántas veces se han enfrentado Alberto Contador y Andy Schleck?

Tour de France, two days to go. A poco más de 48 horas del arranque del Tour en el pintoresco pasaje de Gois que le costó una carrera a Alex Zulle, las escenas y rituales de cada año nos aguardan. Corredores en aeropuertos, reuniones de equipos con amiguetes y mecenas y otros actos calientan la carrera al fuego de las declaraciones, como esa en la que Schleck afea el equipo de Contador. Entre mañana y pasado tendremos las primeras escenas de los inminentes protagonistas en los reconocimientos médicos controlándose las constantes los unos a los otros en un ambiente de “buenrollismo” que quedará postrado  cuando el mandamás  Christian baje el banderín.
Las apuestas, eso tan británico que ya no lo es tanto, han dibujado el podio. Contador por encima del pequeño de la saga luxemburguesa.Tercero en discordia Cadel Evans, al que muchos no vemos para tales trotes. Sea como fuere los dos mejores se han distanciado en los pronósticos y a los expertos no les falta razón. No se adivina nadie, a priori, que se les aproxime y quizá los dos que mejor competencia les pudieran hacer no son la partida, hablo por condiciones de Nibali y Menchov, si bien ambos ya se han declarado desarmados ante los dos mejores corredores del mundo… para grandes vueltas.
De cualquiera de las maneras una pregunta subyace de todo esto. ¿Cómo es posible mantener el rédito de un deporte cuando sus dos máximos exponentes se cruzan de uvas a peras?. Horadando en el ranking del CQ y sus excelentes buscadores y medidores, hallamos una realidad cruenta, que además entronca con lo aquí dicho días atrás, en lo relativo al desprecio que muestra Andy Schleck por todas aquellas competiciones que no se celebren en julio.
Alberto Contador y Andy Schleck se han visto las caras solo una vez esta temporada, en la primaveral Flecha Valona, la pequeña de las Ardenas, con discreto balance para ambos. El año pasado coincidieron nuevamente en la Flecha más la Lieja y obviamente en el Tour. Hace dos ejercicios las coincidencias se redujeron a Vuelta a País Vasco y Tour, hace tres a País Vasco y San Sebastián.  
Con tal bagaje conjunto, cómo es posible mantener viva la excelencia de este deporte más allá  de lo que presenciemos en las próximas tres semanas. En tales circunstancias, dados los tangibles problemas de patrocinios y el maltrecho crédito de este deporte quizá a las estrellas se les debería imponer, y desde su propio sino más desde nadie, una obligación más explícita y solidaria que conlleve ser consecuente con una actividad que, en definitiva, les da de comer. Las siempre odiosas comparaciones en este caso transmutan en dramáticas en el momento que apreciamos, por ejemplo, las implicaciones y molestias personales que se toman los Federer, Nadal & cia cuando aún y quejándose de lo cargado del calendario tenístico, se exprimen por mantener contentos a los abnegados organizadores, en quienes, no olvidemos, tenemos el sustento del ciclismo.

El maillot de campeón de España, ventaja o inconveniente en “chez Unzué”

Los Campeonatos de España de Castellón cerraron hace 24 horas el telón y lo que tendría que ser un arranque de semana que desemboca en el arranque del Tour, se ha convertido en un lunes de dulce resaca de la cita levantina. Qué quieren que les diga, que me encantó el ambiente vía twitter que se generó en torno al hagstag #CEC11 capitaneado por el jefe de ruta Luis Román, y los chavales que llevan tiempo demostrando que la madera en el periodismo ciclista existe.
Que en los tiempos que corren, donde el desamparo de los mortales parece más generalizado que nunca, que una competición de ámbito doméstico alcance tales cuotas hablen bien a las claras de las ganas que tiene el colectivo de tirar hacia delante, de hacer borrón y ver que nuevas tenemos por delante. Ojalá cunda el ejemplo.
La realidad sin embargo es tozuda y un tema no me acaba de convencer, y no es otro que el trato que la estructura dirigida por Eusebio Unzué le dispense a la enseña de campeón que José Joaquin Rojas lucirá los próximos doce meses. No es este team Movistar, antaño Banesto, Illes Balears y Caisse d´ Epargne, una escuadra que irradie como merezca tal logro a pesar de ser de largo el mejor equipo español, por lo que vemos años tras año en los nacionales.
Aquella moda acuñada por Miquel Indurain con aquellos brazaletes rojigualdas hace nada menos que 19 años fue transmitida generación tras generación en lo que ha sido en mi opinión una injusta negación de los valores que le significan al corredor correr con los colores de su país, sabiamente combinados con la señalística propia de los maillots. Joaquim Rodríguez me confesó sentirse enormemente alagado por haber lucido tales colores durante un año haciéndose omnipresente en grandes citas, perfectamente señalado y muy querido por el ideario de los aficionados. Luisle hizo propio lucimiento en las cronos de tal prenda.
El catalán y murciano fueron rarezas en medio de una ristra de maillots disimulados como el de Alejandro Valverde e Iván Gutiérrez en tiempos recientes, y los del Chava, Montoya y Mancebo, años antes. Aún recuerdo la satisfacción de Mancebo aquella maratoniana etapa del Tour por la Auvernia que ganó Virenque cuando le dejaron correr con el maillot íntegramente rojigualda.
En cinco días, apreciaremos si hay cambios, aunque nada hace pensar que Rojas vista una prenda diferente a la de Guti. Lo veremos. 

La viciada relación de los medios de comunicación para con el ciclismo

Hace unos pocos años el equipo de pista UCI, uno de los primeros, el Catalunya Team acudía, creo recordar, a una Copa de Europa de pista. En la misma tuvo la ocasión de enfrentarse a la selección española, y no como Catalunya, sino en calidad de club privado que en este tipo de citas tienen abierta la puerta. Aquello fue noticia de apertura en diarios, webs y demás soportes. ¿El enfoque? Obviamente alejado de lo deportivo, era una cuestión política que amenazaba con romper España. Pocas veces el ciclismo en pista catalán ofreció tal rendimiento en primeras planas. Pocas veces me refiero en los últimos cincuenta años, por que antes, la pista, sus veladas, el clima, el ambiente y los velódromos catalanes eran portada en loe grandes medios, y no simples reseñas, auténticos roba páginas.
Y es que con los años que lleva uno en el servicio de prensa de la Federació Catalana de Ciclisme aprecia ese doble rasero, de forma puntual sí, pero sangrante. Estos últimos días, las cosas no han sido precisamente cándidas entorno al ente federativo. Acusaciones, negaciones y mucho mar de fondo han marcado la relación de la presidenta y su junta directiva con algunos elementos de la oposición.
Dos hechos han merecido sendas páginas en medios impresos. Sendos espacios limpios y expresos para el ciclismo catalán. Qué lujo pensaría alguno, y lo sería si no fuera por que el mero morbo mueve la intencionalidad de dichas líneas. Tinta para alimentar la polémica al tiempo que una de las mejores selecciones catalanas –tanto en féminas como en su 23- ante los Campeonatos de España que empiezan ya merecen una cicatera reseña y en cabeceras contadas. Hete aquí los citados ejemplos en El Mundo Deportivo (página escaneada en Ciclismodesdelleida) y Diari de Girona.
Otra muesca, la ingente labor policial entorno a una operación antidopaje con origen en Andorra y que ha destacado varios nombres vinculados al ciclismo. El trato que se dispensa sólo con clicar la noticia, la relación de ciclistas perfectamente desglosada frente al párrafo dedicado a “otros deportes” vuelve a levantar ampollas. ¿Tan mal lo hemos hecho?.
Con todo, ¿es el ciclismo un deporte estigmatizado?, muchos diríamos que sí.