En bicicleta al trabajo: seis consejos

bicicleta trabajo JoanSeguidor

Seguridad, equipamiento y planificación son las claves para ir en bicicleta al trabajo

Los beneficios de ir al trabajo en bicicleta son evidentes, tanto para la salud como para el medio ambiente.

Los atascos en la carretera, los vagones del metro repletos de gente, las bocinas y el estrés que implica conducir, causan cientos de dolores de cabeza a los trabajadores españoles cada día.

Te animamos a que incorpores esta práctica en tu vida cotidiana y te dejamos algunos consejos útiles para ir al trabajo en bici.

Un puñado de consejos para ir al trabajo en bicicleta…

1. Lo más importante es la SEGURIDAD: hazte visible y equípate siempre con luces diurnas delanteras y traseras, casco y ropa flúor. Lo ideal es usar un chaleco reflectante  y ropa clara. También es importante que revises tu bici antes de salir, no olvides de que se trata de un vehículo que ha de llevarte con seguridad a tu destino en tráfico abierto. Revisa la presión de las ruedas, las luces y asegúrate de que los frenos y cambios están bien ajustados. Si hay carril bici úsalo. Señaliza tus movimientos; giro a izquierda, derecha y frenado, con anticipación, usa el timbre y no escuches música.

2. EQUIPA TU BICI: Dependiendo de lo que necesites llevar contigo, piensa en poner portabultos para liberar tu espalda del peso extra y el calor que implican las mochilas. En él, podrás colocar una o dos alforjas para llevar tu ropa, portátil, toalla, calzado. Si llevas poco encima, prueba con una cesta sobre el manillar. También hay otros accesorios interesantes como los espejos retrovisores que te permiten vigilar el tráfico que hay a tu espalda sin tener que girar el cuello ni perder la atención sobre lo que ocurre por delante. Por último, equipa tu bici con un kit básico de herramientas (cámara, kit antipinchazos, multiherramienta, etc.)

3. Estudia cuál es EL MEJOR TRAYECTO: intenta coger alternativas seguras como carriles bici o zonas con menos tráfico.  Recuerda que hay veces que la ruta más corta no es la más recomendable. Como norma general, las calles paralelas a las grandes vías de circulación te ofrecen la forma más segura de llegar a tu destino.

4. Haz el viaje CON TRANQUILIDAD: si no tienes duchas en tu empresa, la mejor manera de hacerlo es tranquilamente, sin prisas y sin pedalear a tope. También tienes la opción de hacerte con una bicicleta eléctrica que te ayudará a llegar menos fatigado y en menos tiempo. Vas a trabajar, no a una carrera. Sal con suficiente tiempo y pedalea suavemente, no hagas sobresfuerzos que te harán sudar más de la cuenta. Déjate en la oficina ropa extra, artículos de aseo, toalla, etc. Así tendrás que cargar menos peso en la bici cada día, lo que te asegurará ir más ligero y mayor estabilidad al circular. Puedes optar por guardar en tu oficina un kit de aseo en el que lleves: un cambio de ropa, desodorante, perfume y cualquier otro producto.

5. Cómo PROTEGER TU BICI de los amigos de lo ajeno: La situación ideal sería que consiguieras que tu empresa habilitara un cuarto con llave para que tú y tus compañeros pudierais dejar vuestras bicicletas. Si esto no es posible, hay tres cosas que puedes hacer para evitar a los ladrones. Aparca tu bici en un lugar visible para ti y bien iluminado. Utiliza al menos uno, y preferiblemente dos candados. Aunque los mejores no son especialmente baratos, protegerán mejor tu preciada bicicleta. Extrae los elementos vulnerables de tu bici como las luces, las bolsas de accesorios, el timbre.
 6. Por último, cuál es la MEJOR ROPA para hacer el trayecto del trabajo en bici: Mientras que la ropa para montar en bici suele ser muy pegada al cuerpo pare evitar que el viento ralentice nuestro avance, en este caso es todo lo contrario. Tanto la postura erguida, como una ropa más holgada juegan a nuestro favor. Puedes utilizar una camiseta transpirable que se ajuste al cuerpo y evite que el sudor pase a tu ropa limpia. También es recomendable llevar elementos reflectantes o colores flúor.
Olvídate de los atascos del día a día, haz más ejercicio, y siéntete mejor contigo mismo sabiendo que contaminas menos el planeta. Y lo mejor de todo: pásatelo de lujo.

 

Ciclismo de desnivel: En el Angliru empezó todo

El Angliru lleva poco más de veinte años en el ciclismo y ya es una leyenda

Las subidas imposibles tomaron el ciclismo hace un tiempo y en el Angliru empezó todo…

Después de todo lo que se ha escrito sobre el coloso asturiano ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Un artículo del maestro Mario Ruiz, de 1996, con fotos de sus terribles rampas y bajo el título: Atrévete con el puerto más duro de España: La Gamonal, un coloso de espanto, causó una fuerte impresión entre nosotros, los cicloturistas.

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Un par de años después, en 1998, se creaba una nueva y durísima marcha cicloturista al muro asturiano, en la que antes se subían la Cobertoria y el Cordal.

El espaldarazo definitivo vendría dado por el anuncio, por parte de la organización de la Vuelta, de que la cima sería final de etapa en la edición de 1999.

Esta decisión, encabezada por Enrique Franco y Alberto Gadea, fue gracias a una carta, la que les escribió Miguel Prieto, director nacional de informática de la ONCE, casi ciego (sólo con un 10% de visión), que fue el que descubrió el puerto para el ciclismo. También ayudó el interés mostrado por el Ayuntamiento de Riosa, invitando a todo aquél que se atreviera a desafiar sus rampas, como fue el caso de la primera incursión en la montaña riosana que realizara, el 3 de octubre de aquel año 98, nuestro recordado José María Jiménez, al que tuvieron que dejar una rueda de 28 dientes para poder subir.

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A partir de aquel momento toda una peregrinación de ciclistas del momento, ex-ciclistas y cicloturistas anónimos (el minero, y malogrado, Eladio Llanos -el que le dejó la rueda al Chaba- lo había escalado más de cien veces), fueron a conocer sus duros desniveles con los comentarios de todo tipo que ya conocemos.

El puerto había sido asfaltado recientemente ya que en realidad había sido una pista forestal por donde subía el ganado, para abrevar en el pequeño lago que hay en la cima, conocido popularmente con el nombre de Angliru, al pie del majestuoso Pico Gamonal, en la bellísima Sierra del Aramo.

El Angliru es un puerto increíble para el ciclismo, o lo odias o te enamoras de él para siempre.

No hay término medio porque no deja indiferente a nadie. Se puede decir que la subida (12,5 kilómetros a una media del 10,2%) tiene dos partes bien diferenciadas: la primera no pasaría de ser un segunda, hasta el llano del Área Recreativa de Víapará, que es lo que dicen los ciclistas cuando ven las líneas rectas que se disparan hacia el cielo: voy a parar. Es broma.

Los últimos 7 kilómetros (con una media terrorífica del 13%), dan inicio a la auténtica escalada a la pared asturiana.

Una pintada en el suelo nos lo recuerda: Empieza el infierno. Todo este tramo hasta la cima es terriblemente impresionante, irreal, se ha de ver para creer. Hay varios muros con nombre propio: primera curva al 20% llamada Les Cabanes, después vendrán Los Picones (al 18%), pero el más increíble, cuando vas pedaleando por la Curva Cobayos (al 17%), giras y la ves, la sorprendente rampa de lanzamiento de La Cueña Les Cabres, con sus 800 m al 18% de media y un desnivel máximo del 23,5%. Después dos rampas más, Piedrusines (19%) y l’Aviru (20%), hasta llegar a la campa del Angliru.

Entre estos muros encontraremos desniveles más “normales”, entre el 10 y el 14% -como Llagos-, que sirven para recuperarse, aunque parezca mentira.

Aún recuerdo mi primera ascensión en la que tuve la enorme satisfacción de poder escalar esta fantástica montaña. Fue bajo el orbayu que llora a esta tierra, retorciéndome en la Cueña de les Cabres pero sin llegar a poner pie a tierra.

Fue el 12 de septiembre de 1999 -ya ha llovido-, coincidiendo con la etapa de la Vuelta que ganara nuestro querido Chaba después de superar a Tonkov que iba escapado entre la niebla, -sin negarnos y sin miedo a decir que fue perjudicado claramente por las motos-, en el último kilómetro casi de descenso a meta, en la que en una de sus carpas el también recordado Pedro González narrara con emoción la por otra parte merecidísima victoria de José María Jiménez, un escalador de leyenda que inscribiera para siempre con letras de oro su nombre en este nuevo Olimpo del Ciclismo.

La bicicleta salva vidas

La bicicleta, en un contexto de distanciamiento social sacará gente de metros, buses y coches

Ahora que parece que todo lo tenemos en contra, que estamos confinados y no nos dejan salir, que incluso nos ponen impedimentos para ir en bici al trabajo y que hay algunos que intentan demonizar a nuestra pequeña reina, quisiera recordar a todos estos que la bicicleta salva vidas.

Como en el caso que paso a narraros a continuación.

Hace unos años pude hablar con mi amigo “Petxu”.

Entonces tenía 49 años y vivía en Sesma, cerca de Estella, y tuve el privilegio de que me contara su bonita historia de superación, de las que gustan explicar.

Me confesó que en 1997, con 36 años, un gravísimo aneurisma cerebral le cambió la vida radicalmente.

Fue un sábado, de infame recuerdo, cuando sufrió esta terrible enfermedad.

Trasladado de urgencias a Pamplona, no le operaron hasta el día siguiente, domingo.

Le salvaron la vida, pero el coágulo había permanecido demasiadas horas en su cerebro, dejándole secuelas como pérdida de equilibrio y mareos.

Se tuvo que prejubilar a la fuerza.

Fueron meses muy duros.

No salía de casa y engordó mucho.

Cuando pasó de los 80 kg, pensó que no podía seguir así, que tenía que hacer algo.

No podía correr.

Hasta el mero hecho de caminar le suponía sufrir mareos.

Pero quería seguir probando.

Se compró una bici de montaña y empezó a salir, con la satisfacción de ver que pedaleando los mareos eran casi inexistentes.

Esto le animó y se atrevió a subir una colina de apenas 1 kilómetro cerca de su casa.

Lo pasó fatal el primer día.

Se bajó de la bici hasta tres veces antes de coronar aquel pequeño alto.

Con el paso de los días ya sólo se tenía que bajar dos veces.

Luego sólo una.

Llegó el día que hizo toda la ascensión de un tirón.

Poco a poco mejoraba su forma física.

La bici le estaba devolviendo a la vida

En pocos meses adelgazó 20 kg, quedándose en los 60 que pesaba entonces.

Aquel primer año llegó a pedalear más de 25 mil kilómetros con su bici de montaña.

Después se compró su primera de carretera, lanzándose a subir puertos como el de Urbasa, que coronaba desde su casa en 1 hora y 45 minutos.

Desde entonces ya no se bajó de la bici.

Su rutina diaria, de lunes a viernes, era desayunar, mirar la veleta de la iglesia para ver en qué dirección sopla el cierzo y salir a rodar, sin ataduras.

Ni estaba casado ni tenía hijos.

La experiencia de Ivan Basso en el Giro de Italia virtual 

Salía y pedaleaba unos 100 kilómetros, siempre los mismos, por los alrededores de Sesma.

A la tarde caían 60 más con la de mountain bike y los fines de semana disfrutaba de su grupeta del Lodosa, club ciclista al que pertenecía.

Podemos destacar, además, las vueltas que se daba por Soria en recorridos de hasta 240 km.

Ascendió puertos como Marie Blanque, Tourmalet o Angliru.

Recorrió dos veces el Camino de Santiago, o el viaje a Roma que hizo hace 15 años, en compañía de su primo Julián: 2288 kilómetros en 18 días, para ser recibidos en audiencia por el entonces Papa Juan Pablo II.

“Petxu” no le daba ningún tipo de importancia a todas estas proezas.

Las consideraba “normales”, al estar todo el día encima de la bici, su estado “natural”,  como mejor se encontraba.

Otro ejemplo más del milagro de la bicicleta, un milagro que hoy, igual, mira por donde, se prolonga por las ciudades, llevando a la gente a sus trabajos, a quedar con sus amigos,… por que la bicicleta, en un contexto de distanciamiento social como el que nos viene puede ser la clave para sacar gente de metros, buses y coches.

Entonces seguirá salvándonos la vida.

¿Cuál será vuestra primera salida en bicicleta después del confinamiento?

bicicleta confinamiento joanSeguidor

La bicicleta después del confinamiento por el coronavirus

Contando los días para salir en bicicleta una vez pase esta pesadilla y el confinamiento

¿Qué es lo primero que haréis? ¿Una escapada en solitario? ¿Una salida cercana a vuestra casa? ¿Quizás una larga cabalgada con vuestros amigos a la búsqueda de las montañas, que tanto os están esperando?

No os voy a cansar con una lista de todo lo que podemos hacer cuando enfilemos de nuevo los manillares dirección hasta donde nuestras pedaladas nos lleven, pero sí quería resumiros con unas cuantas frases esas pequeñas y grandes cosas que hacen que el cicloturismo valga la pena, compartiendo con vuestros compañeros de grupeta una estada en algún lugar idílico, un destino a elegir entre Pirineos, Alpes o Dolomitas, o las montañas más cercanas a vuestra casa.

Esperamos que con el siguiente proyecto, vuestro confinamiento se haga más liviano recordando que ahí afuera os esperan paisajes de verdes praderas, duras montañas y también de puertos amables, donde compartir risas, amigos y familia.

También parajes con la presencia de vacas, ovejas y caballos… Sitios de rampas, cuestas y tremendos descensos, donde se aúnan belleza y dureza, cicloturismo, ocio y cultura.

En ese lugar de ensueño, abriréis la ventana y respiraréis, sintiendo el aire fresco en la cara mientras a lo lejos veréis las montañas que os esperan.

Desayunaréis con vuestros compañeros y amigos, compartiendo ese café recién hecho mientras planificáis la jornada, entre risas y buen humor.

Pedalearéis los primeros kilómetros con tranquilidad, charlando, compartiendo las primeras sensaciones del día, mientras avancéis por boscosos valles rodeados de montañas.

Almorzaréis juntos. Más risas, más chistes.

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Después de la salida, un paseo para estirar piernas. Unas cervezas en el bar del pueblo junto a los amigos, antes de retiraros a velar armas. Silencio. Descanso. Unos minutos de relax recopilando lo que ha dado de sí el día, rescatando sensaciones, hasta caer rendidos por el sueño.

Al día siguiente, una nueva jornada os esperará. Disfrutaréis de preciosas pista rurales asfaltadas, para coronar bellos paisajes.

Os extasiaréis con la presencia de caballos sueltos, galopando en libertad, o de hermosas vacas pastando, mientras paréis en una curva, en la cuneta, a contemplar el valle que se abrirá ante vosotros, adonde descenderéis y volveréis a subir por una dura carretera. Un exigente puerto os pondrá a prueba.

Una montaña increíble, tan dura como bella, jalonada de rampas imposibles. Echaréis la vista atrás y disfrutaréis del entorno, de lo que habréis dejado atrás, de una belleza infinita. Lo daréis todo en sus rampas más duras. Tiraréis fuerte de riñones. Llegaréis a la cima y os reuniréis con los demás, comentando lo duro que ha sido.

Descenderéis, llanearéis, pedalearéis pasando de nuevo por preciosos pueblos, afrontando a bloque, subiendo a buen ritmo quizás un puerto largo y tendido, muy agradecido. Bosques frondosos donde sentiréis el abrazo de sus árboles. Disfrutaréis de la grupeta, coronaréis la larga recta final, pararéis y reagruparéis en el alto.

Estudiaréis la salida del día siguiente. Puertos, rampas y porcentajes. Preocupación. Ilusión. Pensamientos positivos. “Los superaremos”. Una relajante lectura antes del merecido descanso.

Despertaréis con nuevos bríos. Optimismo y energía ilimitada. Vestiréis con vuestro maillot y culotte preferidos para afrontar la etapa reina de la estada. Unos buenos días para acompañar unas tostadas con mermelada. Un chiste fácil. Alguna cara de preocupación. Una sonrisa cómplice.

Ascenderéis el primer puerto del día: suave y muy bonito. De nuevo entre caballos, ovejas y vacas. Prados verdes. Pistas estrechas. Montones de leña apiladas esperando ser quemadas este próximo invierno. Algunos ciclistas que se pierden en la lejanía entre la niebla.

Descenso. Bajada. Gravilla, baches. Brazos fuertes, manos firmes en los frenos. Intenso pero bello descenso.

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Pedalearéis entre valles. Todos agrupados. Charlando. Ambiente distendido ante lo que se avecina. Buenos relevos.

Rampa dura, pista estrecha para encarar otra ascensión. Duros desniveles. Esto se empina. Rampas con descansos. Escalones de mucho peldaño. Disfrutar sufriendo. Los piñones echarán chispas. Cada uno subirá como pueda. Sufrir disfrutando. Muros increíbles. Fascinante belleza. Un pequeño descenso y de nuevo para arriba. Contemplaréis las vistas desde la cima. Aquí está despejado.

Ascenderéis entre la niebla. Coronaréis entre las nubes. Satisfacción contenida. Mística y épica. Un paseo en la ladera de la montaña.

De vuelta a casa. Últimas rampas, todos juntos. Llegada. Se acabó. Alegría y tristeza. Pena y gloria.

Cena especial de despedida. Brindis. Risas contagiosas, más buen humor. Anécdotas, chistes. También proyectos de futuro. Despedidas. Abrazos. Algunos correos electrónicos apuntados en servilletas.

Cosas que hacen que la vida valga la pena… ¡y más en bicicleta!

Foto: Pau Catllà

¿Un everesting en casa? es posible

Everesting JoanSeguidor

Paolo nos cuenta cómo idear, ejecutar y salir vivo de un «everesting» en casa

Hace ya unos años que supimos qué era un everesting, una de esas «locuras», dicho con cariño, que llevan al ciclista a acumular en una sesión el desnivel equivalente a la altura del Everest, eso es más allá de los 8800 metros.

Incluso hemos conocido personas que lo han hecho, y nos admitido que un «everesting» les había dejado secos, sin fuerza ni chispa, carentes de apetito de bici no por días, sino que también semanas.

En todo caso, lo que nos dejó tocados, a raíz de sacar este artículo Dani Buyo sobre largas sesiones de rodillo, fue conocer el caso de Paolo Álvarez y de varios miembros del ZESP Team que se plantearon un everesting en casa, en pleno confinamiento.

Toma ya.

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Así que le pegamos una llamada al amigo Paolo para saber cómo se plantea un reto de estas características…

Paolo ¿desde cuándo conoces el concepto «everesting»?

«Pues no hace mucho la verdad, unos pocos meses»

¿Qué te pareció el asunto?

«No le presté atención, la verdad, incluso te diría que me pareció absurdo. Subir más de 8000 metros en una tirada ¿para qué?. Vi incluso que estaban regulados, que tenían una normativa»

Entonces ¿cómo toma forma el reto?

«Debido a la cuarentena, me gusta llamarla así antes que confinamiento, me surgieron varios retos. Desde ZESP, un compañero lo sugirió«

¿Y?

«Pues que no sabría decirte cómo pasé de la indiferencia más absoluta al interés, pero la propuesta me motivaba»

Pero es que son 8000 metros largos en un rodillo…

«Cierto. Mira, hace cinco meses yo no tenía ni rodillo de transmisión directa, ni me lo planteaba. Pero lo probé y vaya si me gustó, es todo, la inercia, el realismo... la gente a veces opina sin haberlo probado y es muy recomendable. La cosa cambia por completo»

Ahora defiendes el rodillo…

«Totalmente, pero es como todo, necesitas un buen material para que no acabes quemado encima de él»

¿Qué ventajas le ves?

«Varias. Por un lado, a diferencia de la ruta, no necesitas gente que te asista, por otro lado ganas tiempo en tu día a día. Por ejemplo en los descensos del reto, podía bajarme de la bicicleta, estirar, ir al baño, comer, hasta darme una ducha, si quería el rato que el muñeco iba bajando. Por otro lado te ahorras el frío y la lluvia»

Así aceptaste el reto

«Me apetecía un reto estos días de esta en casa, sin salir a la carretera«

Subiste Alpe d´ Huez ocho veces ¿por qué este puerto?

«Por que era lo suficientemente largo para llegar al desnivel necesario en ocho ascensiones, había otras más cortas, pero no me apetecía, también con más desnivel, pero este puerto tenía la pendiente perfecta, todo el rato al 7-8%. Además con un realismo del 100% echabas manos de los desarrollos como si estuvieras allí y cumplías con las normas del «everesting»

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¿Cómo acabaste?

«Pues no puedo decir que acabara reventado, cumplí con una consigna: llevar los ritmos que me permitieran acabar bien. Recuperé rápido y entreno como si saliera a la carretera, entre 450 y 500 kilómetros semanales»

¿Algún momento complicado?

«en la séptima subida empecé con dolores de estómago. Al haber hecho ultradistancia alguna vez, imaginaba podían venirme»

Te escuchamos impresionados, de verdad. ¿Cuánto hay de ego en estas cosas?

«Claro que hay ego, es imposible que no lo haya y no creo que sea tan malo, si el ego es un buen motor, pues adelante. Todos tenemos cierta ambición, siempre bien entendida, claro. En mi caso quería un reto, algo que entrara dentro de mis posibilidades»

¿Dónde vives Paolo?

«En un pueblo en el norte de Madrid»

¿Se han roto mucho los planes con esta situación?

«Tenía unas cuantas marchas pensadas, la Cantabrona, la sierra Norte, la Gran Fondo Almería y la Quebrantahuesos… ¿qué le vamos a hacer?»

¿Qué harás el día que nos den vía libre?

«Es una buena pregunta que me hecho muchas veces. Seguramente tiraré de clásicos, haré una Morcuera, subir y bajar«

Lo que daríamos por salir en bicicleta, incluso con lluvia

Recuerdos de bicicleta bajo la lluvia del fin del mundo

He oído caer la lluvia toda la noche y me vi bajo ella, sobre mi bicicleta.

Y no he parado de dar vueltas en la cama.

Entre esto y los nervios, no he pegado ojo, pensando en lo que me esperaba en unas pocas horas.

Estas no son las mejores condiciones para afrontar un gran reto como el de hoy, una fecha que he tenido marcada en rojo en el calendario durante todos estos meses y que me ha supuesto mucho esfuerzo, mucho entreno casi a diario todo el año.

Esto y los casi 400 kilómetros conduciendo que me metí ayer entre pecho y espalda para llegar hasta aquí.

Pero el reloj, inflexible, marca la hora.

No voy a abandonar en este momento.

Mejor es no pensárselo mucho.

Si lo hiciera me quedaría en la habitación del hotel.

O quizás, a lo mejor, seguiría el recorrido en coche.

Pero no me vale.

He venido hasta aquí para cumplir un sueño.

Qué dirían si después de todo no saliera ahí afuera con mi bici, por lo menos a intentarlo, a darlo todo.

Sabía que las previsiones no eran buenas, que las perspectivas meteorológicas daban una jornada pasada por agua, pero siempre pienso que puede que se equivoquen, o que exageren, o que finalmente sean cuatro gotas y no sea para tanto.

No me voy a echar atrás ahora, aunque compruebe, subiendo la persiana, que en efecto está lloviendo, no mucho, pero lo suficiente para dejarme con desasosiego.

Las finas gotas que caen dejan la calzada completamente mojada.

Es de locos tomar la salida, aunque yo ya tengo experiencia suficiente en pasar horas bajo la lluvia, en sufrir mi peor invierno en un día de verano en las montañas, en notar el impacto del granizo en mis brazos y en sentir el fuerte viento que no te deja avanzar, ese que para mí es el enemigo público número 1 del ciclista.

Pero como siempre pienso, si sales y te pilla una borrasca pues mala suerte, apechugas y tiras para adelante, porque el objetivo es llegar, pero si desde la primera pedalada ya lo haces en estas circunstancias cunde el desánimo y son pocas las ganas de montarte en bicicleta para pasar todo el día en remojo.

No es lo mismo.

Ya se oye gente arriba y abajo.

Eso me anima.

No soy el único loco y son muchos los que ya se están preparando.

Oigo como caminan con sus zapatillas puestas, como hablan entre ellos, inquietos.

Muchas dudas.

Muchos interrogantes.

Escucho que quizás alguno haga lo más sensato e inteligente: no salir.

Algunos se preguntan si llegarán con tiempo al primer puerto.

Incluso si lo harán.

Pero la mayoría se visten, que es lo más difícil: ponerse el culote.

Espabilo y voy por faena.

Concentrado, sí, ilusionado, también, pero con el corazón encogido viendo lo que pasa al otro lado de la ventana.

Ansiedad.

Echo un vistazo a la méteo: desencanto.

El pronóstico es terrorífico.

En el puerto más alto, en el techo del recorrido de hoy, anuncian lluvia y una temperatura de 0ºC, con lo que es fácil imaginar que puede que hasta nos nieve.

No sería la primera vez.

Salgo, por fin. 8ºC de temperatura.

Sigue lloviendo.

Día gris, triste.

En el horizonte los claroscuros de las nubes amenazan las montañas.

Son tan desafiantes como bellas.

Están agazapadas, agarradas a los picos más altos.

Hacia ellos me dirijo.

Llueve y deja de hacerlo con diferente intensidad, pero cuando ya me lanzo, en compañía de otros miles como yo, hacia el primer desafío del día, empieza a llover bastante.

Comienzo a subir.

La lluvia no cesa y yo en mi bicicleta.

Por momentos es torrencial, acompañado de rayos y truenos.

Me acuerdo de Santa Bárbara, como dice el refrán, y a ella me encomiendo.

A medida que gano altura la temperatura también va bajando.

Frío intenso.

A todo este recital climatológico se nos añade ahora la niebla mientras asciendo por una carretera estrecha con el pavimento en bastante mal estado y encima no veo a la distancia de dos metros.

La montaña me mira a los ojos retándome a la cara empapada en sudor frío.

Llego al puerto y la temperatura es de 2ºC.

Bajar en estas condiciones será peligroso.

Vamos pasando poco a poco.

Los ciclistas casi ni nos miramos.

Tampoco nos vemos con nuestras caras tapadas por los impermeables.

Hay algunos que desaparecen entre las pendientes.

Otros, mal equipados, con ropa y guantes de verano, ponen pie a tierra.

No para de llover.

El espectáculo es dantesco.

Carretera impracticable por el barro.

Ríos de agua surcan la calzada.

El aire frío del descenso es intenso.

Sufro.

Hay gente que se ha refugiado ya en el primer bar camino de la segunda emboscada del día.

Estoy muerto de frío.

Empapado de agua hasta arriba.

Pero ya puestos, decido continuar, prefiero seguir pedaleando hasta donde mis pies me lleven.

No quiero retirarme, aunque la tentación de ver cargados un par de autocares con ciclistas dentro hace que me lo piense seriamente.

Mis piernas, curtidas en mil batallas, empiezan a temblar.

Pero no.

Aquí sigo.

Pensando en qué habré hecho yo para merecer esto.

Con lo bien que estaría en casa, qué hago aquí en medio de una tormenta que no para, entre montañas perdidas, debatiéndome entre continuar y abandonar.

Pero hay algo que me invita a seguir.

Llegar al menos hasta pie de puerto, la última y definitiva escalada, donde tengo aparcado el coche y tomar una decisión.

Porque a pesar de todo, del frío, la lluvia, la niebla… el paisaje es inmortal y el juego de luces y sombras, a partes iguales, el olor a tierra mojada, los colores grises diseminados entre los verdes de estos montes, hacen que prosiga en mi empeño por finalizar, aunque los dioses me hayan abandonado a la buenaventura y hoy tenga que machacar mi bicicleta en el infierno camino del cielo.

Foto: Volta als Ports d’Andorra

El rampante león de la bandera de Flandes

Flandes bandera JoanSeguidor

El león llena la bandera amarilla de Flandes

Flandes, amarillo, por otro lado: Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo.

Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león. No siempre fue así. Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia.

En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada. Ni mejor, ni peor, diferentes.

Sin embargo son cuatro las grandes regiones belgas.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja y la Flecha.

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

La bandera de Flandes es otro cantar, harina de otro costal. La verán mucho estos días. Prácticamente sondeará el camino de los pelotones desgajados por estas carreras dibujadas por el demonio. Curva, viraje, giro, contra giro, pasarán mil veces por el mismo lugar, por el mismo cercado, primero bajando, luego en transversal, después subiendo.

Un laberinto en medio de la nada, de pequeñas colinas que fueron atravesadas por la metralla de dos guerras mundiales.

Ciclismo en Flandes Koppenberg JoanSeguidor

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk. Hay dos versiones de esta bandera, adoptada como la oficial flamenca hace poco más de cuarenta años.

Una, la formalmente establecida en los libros, que es amarilla con un león negro y la lengua roja. La otra no diferencia la lengua del rampante animal, que también es negra, porque de esta manera se omite el vínculo con Bélgica.

Esta es la más usual en la Ronde, en Harelbeke, en la Kuurne, en la Het Nieuwsblad,… es la bandera independentista.

La categoría del león flamenco es tan grande que dos ciclistas fueron apodados con tan viril etiqueta. En los años cincuenta, mientras Italia se relamía las heridas de la guerra entre Coppi y Bartali, el tercer hombre, Fiorenzo Magni, hacía historia en Flandes. En la década pasada Johan Museeuw se ganó también el apodo. Ambos fueron leones, y no unos leones cualquiera, leones de Flandes.

Imagen tomada de deronde1.wordpress.com

Sestriere empequeñece ante Chiapucci e Indurain

Aquel día en Sestriere, Indurain y Chiapucci nos tuvieron cinco horas frente al televisor

Val Louron, Luxemburgo, Sestriere… seguimos con el maratón Indurain y Chiapucci no falla a casi ninguna.
Pongámonos en situación: Tour del 92, año olímpico en Barcelona, año II después del Miguel Indurain.
La jornada reina es un maratón alpino cuya bandera se baja en Saint Gervais Montblanc y rompe en Sestriere, la cima privilegiada por el ciclismo desde que Fausto la coronara hacía cuarenta años.
Un camino sembrado de dureza abre el fin de semana en los Alpes, al día siguiente esperaba Alpe d´ Huez.
Aquel Tour no era especialmente duro, a excepción de etapas como la que narramos, que excedía cualquier racionalidad.
Las naves se queman en bloque. Fuera especulación, no hay espacio para ella.

A una eternidad de meta, a más de 200 kilómetros de la estación italiana, Claudio Chiapucci desafía las leyes de la física vertidas al raciocinio de las pizarras y estrategias.
El control salta por los aires y en el Iseran, ese alto que toca el cielo, el gitano ya circula solo.
Atenazados por la exhibición de Luxemburgo, en la crono más increíblemente vista nunca, los rivales de Indurain actúan a la desesperada.
Chiapucci pertrechado en el maillot a lunares pone la carrera al límite, el no va más.
Chiapucci ve Sestiere lejos, pero sabe que la ventaja de Indurain -quedaba otra crono- no ofrece otra alternativa que el riesgo.
Tras varias horas de retransmisión narradas por un jovencísimo Carlos de Andrés, llega el Mont Cenis, el alto que hace de punto de inflexión entre Francia e Italia.
Con la parroquia temblando en las cunetas, Gianni Bugno, el elegante campeón del mundo, no puede permitir que la gloria transalpina quede en manos de Claudio, al menos en exclusiva.
Arranca don clase a la rueda de Abelardo Rondón, entonces compañero suyo pagado a talonario, y se lleva a Indurain. La caza cuenta también con Franco Vona, el despoblado de testa italiano que venía de firmar un Giro excepcional.
Relevo uno, cabeza el otro, el ritmo de Indurain esconde una trampa mortal, sin aceleración evidente, pero con sostenida cadencia, Miguel suelta a Bugno.
Éste no volvería a circular tan cerca del navarro en la vida.
Bugno mejor tratado por las apuestas, más precoz, más ambicioso sobre el papel presenciaba el giro acaecido en el escenario, ahora él no era el favorito, esta condición la poseía por años Miguel Indurain, quien cegado marcha en pos de Chiapucchi.
La ventaja superior a los cuatro minutos cae por debajo del minuto, cualquier bien nacido sabe que el italiano merece la victoria por encima de cualquiera, pero ver a Miguel cuajando el amarillo y sumando una etapa en montaña hace tilín.
No pudo ser, el tronado de Uboldo mantiene la compostura al tiempo alzando la mano para abrir el paso como Moisés los mares entre la telaraña de aficionados.
Miguel padece los rigores del sobreesfuerzo.
En Sestriere, entre ciclistas postrados a la caza de aire, colgados de vallas, acuciados por auxiliares, todos contentos, se hizo justicia entre Indurain y Chiapucci.
Etapa para uno, liderato para el otro.