Sestriere empequeñece ante Chiapucci e Indurain

Aquel día en Sestriere, Indurain y Chiapucci nos tuvieron cinco horas frente al televisor

Val Louron, Luxemburgo, Sestriere… seguimos con el maratón Indurain y Chiapucci no falla a casi ninguna.
Pongámonos en situación: Tour del 92, año olímpico en Barcelona, año II después del Miguel Indurain.
La jornada reina es un maratón alpino cuya bandera se baja en Saint Gervais Montblanc y rompe en Sestriere, la cima privilegiada por el ciclismo desde que Fausto la coronara hacía cuarenta años.
Un camino sembrado de dureza abre el fin de semana en los Alpes, al día siguiente esperaba Alpe d´ Huez.
Aquel Tour no era especialmente duro, a excepción de etapas como la que narramos, que excedía cualquier racionalidad.
Las naves se queman en bloque. Fuera especulación, no hay espacio para ella.

A una eternidad de meta, a más de 200 kilómetros de la estación italiana, Claudio Chiapucci desafía las leyes de la física vertidas al raciocinio de las pizarras y estrategias.
El control salta por los aires y en el Iseran, ese alto que toca el cielo, el gitano ya circula solo.
Atenazados por la exhibición de Luxemburgo, en la crono más increíblemente vista nunca, los rivales de Indurain actúan a la desesperada.
Chiapucci pertrechado en el maillot a lunares pone la carrera al límite, el no va más.
Chiapucci ve Sestiere lejos, pero sabe que la ventaja de Indurain -quedaba otra crono- no ofrece otra alternativa que el riesgo.
Tras varias horas de retransmisión narradas por un jovencísimo Carlos de Andrés, llega el Mont Cenis, el alto que hace de punto de inflexión entre Francia e Italia.
Con la parroquia temblando en las cunetas, Gianni Bugno, el elegante campeón del mundo, no puede permitir que la gloria transalpina quede en manos de Claudio, al menos en exclusiva.
Arranca don clase a la rueda de Abelardo Rondón, entonces compañero suyo pagado a talonario, y se lleva a Indurain. La caza cuenta también con Franco Vona, el despoblado de testa italiano que venía de firmar un Giro excepcional.
Relevo uno, cabeza el otro, el ritmo de Indurain esconde una trampa mortal, sin aceleración evidente, pero con sostenida cadencia, Miguel suelta a Bugno.
Éste no volvería a circular tan cerca del navarro en la vida.
Bugno mejor tratado por las apuestas, más precoz, más ambicioso sobre el papel presenciaba el giro acaecido en el escenario, ahora él no era el favorito, esta condición la poseía por años Miguel Indurain, quien cegado marcha en pos de Chiapucchi.
La ventaja superior a los cuatro minutos cae por debajo del minuto, cualquier bien nacido sabe que el italiano merece la victoria por encima de cualquiera, pero ver a Miguel cuajando el amarillo y sumando una etapa en montaña hace tilín.
No pudo ser, el tronado de Uboldo mantiene la compostura al tiempo alzando la mano para abrir el paso como Moisés los mares entre la telaraña de aficionados.
Miguel padece los rigores del sobreesfuerzo.
En Sestriere, entre ciclistas postrados a la caza de aire, colgados de vallas, acuciados por auxiliares, todos contentos, se hizo justicia entre Indurain y Chiapucci.
Etapa para uno, liderato para el otro.

¿Y si la Vuelta a España la hubieran parido los catalanes?

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La historia dice que la Volta fue la antesala de la Vuelta

Puestos sacar de las catacumbas de la historia episodios y personajes de nuestra maltratada historia ciclista, estas fechas resultan especialmente indicadas para hablar de una aparente y poco conocida paradoja sobre la Vuelta.

La Vuelta Ciclista a España estuvo a punto de ver la luz en 1913, y no en 1935, como finalmente sucedió. Y aquella Vuelta non nata tenía que ser cosa de catalanes. Sí, de catalanes de Barcelona, aunque algunos habían nacido en otros sitios, como el propio Artemán, o el cerebro gris detrás de todo: Narciso Masferrer, catalán como el que más… nacido en pleno Foro.

La Vuelta nacional de España, cosa de catalanes. ¿Se imaginan?

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La Vuelta del siglo XXI está sólidamente anclada en el imaginario colectivo como un asunto que, pase por donde pase y vaya adonde vaya, siempre acaba en Madrid.

El Paseo de la Castellana es a la ronda española lo que  los Campos Elíseos a la Grande Boucle. Más español que un botijo.

Obvio, ¿no? Francia-París.

El Tour acaba siempre en París. Italia-Roma.

El Giro acaba siempre en… ¡un momento! ¡El Giro acaba siempre y desde siempre en Milán! A ver si resultará que no todas las vueltas nacionales tienen el mismo ADN jacobino…

Y a ver si resultará que la propia Vuelta nacional de España no siempre ha tenido tanto apego por el oso y el madroño.

Repasando las ciudades que acogieron los finales de las Vueltas de 1955 a 1979 las cuentas son las siguientes: Bilbao, 13 veces; San Sebastián, 6 veces; Madrid, 5 veces. Hay trampa claro, porque tanto en el caso italiano como en el español durante el periodo mencionado el periódico organizador era (es) de la ciudad donde más veces suele acabar la ronda en cuestión. Pero lo significativo es precisamente que sea un periódico de Milán, y no de Roma, el promotor y organizador de la vuelta nacional italiana. Y todavía más interesante es que durante gran parte del franquismo la Vuelta fuera un asunto… de vascos.

Recuerdo que en la presentación del libro del malogrado Xavi Tondo que tuvo lugar en Valls, el autor, Rafael Vallbona, afirmó que hoy en día la Volta es la vuelta nacional de Catalunya.

No entraremos a valorar si esta afirmación es esencialmente cierta o si se trata de un desideratum más o menos candoroso.

Lo que sí que es impepinable es que quienes la parieron, allá por 1911, no pensaron ni por un segundo en clave nacional catalana, sino todo lo contrario, en clave española y españolista.

Solo hay que repasar los encendidos artículos patrióticos (españolistas, se entiende) que publicó en abundancia Narciso Masferrer, otra figura casi olvidada que está pidiendo a gritos desde el más allá que alguien le escriba una biografía, en una de sus criaturas favoritas, El Mundo Deportivo. Y digo una, porque el hombre tuvo familia numerosa: la Volta a Catalunya (con permiso de mi amigo Iván: Artemán fue el ejecutor, pero Masferrer fue el cerebro), el Salón del Automóvil, la Federación Española de Ciclismo, de la que fue presidente hasta en cinco ocasiones, el estadio olímpico de Montjuïc… Masferrer fue el gran inseminador de la cultura deportiva de este país, y todavía espera desde el más allá que algún alcalde le dedique una triste calle.

No, la Volta no nació como vuelta nacional catalana, sino como embrión de la que tenía que ser la primera Vuelta a España de la historia, en 1913.

La promovían un grupo de burgueses de Barcelona, encabezados por el catalán-madrileño Masferrer desde su doble cuadro de mandos de la presidencia de la Unión Velocipédica Española (la actual RFEC, que tuvo sede en Barcelona hasta 1939) y de la dirección de El Mundo Deportivo.

Durante el verano de 1912 la campaña pro-creación de la Vuelta España emprendida por Masferrer llega a su punto álgido.

E inmediatamente decae. El proyecto nunca verá la luz, para amargura de su padre ideológico. ¿Dónde se encalló el barco? Pues por lo que parece, en plena meseta castellana.

La culpa fue, al menos según el padre frustrado de la criatura, de la frialdad e indiferencia con que el proyecto fue acogido en la capital española. El 24 de octubre de 1912 El Mundo Deportivo informa de que los enviados del comité organizador a Madrid (entre los cuales figura… Miguel Artemán)  regresan con impresiones “nada positivas” respecto a la viabilidad del proyecto. La Vanguardia, diario en el cual Masferrer ejerce por entonces de redactor jefe de deportes, anuncia finalmente el entierro del proyecto de una Vuelta a España catalana:

“Esta noche celebrará sesión el Comité Central de la U. V. E. para acordar la línea de conducta que ha de seguir, ante el fracasado propósito de verificar la Carrera Vuelta à (sic) España (…) Las dimisiones de todo el Comité se confirmarán esta noche y que para enero próximo se reunirá un nuevo Congreso para la elección de cargos y quien sabe si para tratar de un cambio de capitalidad, puede que necesario para la buena marcha de la U. V. E. (La Vanguardia, 12 de noviembre de 1912).

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Seguramente en el fracaso del proyecto intervinieron otras causas de peso, aparte del pasotismo madrileño. Dejémoslo correr. Pero no deja de ser sugerente pensar en lo que hubiera podido ser una Vuelta Ciclista a España creada tan solo diez años después que el Tour de Francia (y no 32, como acabó pasando), con salida y llegada en Barcelona, y parida y gestionada por catalanes.

Una Vuelta más española que un botijo, seguramente, porque no parece que Masferrer ni ninguno de sus hombres tuvieran nunca la más mínima veleidad catalanista. Pero eso sí, un botijo con aires de càntir.

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Para saber más: López, Bernat (2010): “The Failed Vuelta Ciclista a España of 1913 and the Launching of the Volta a Catalunya (1911–1913): Centre Versus Periphery in the Struggle for the Governance of Cycling in Early Twentieth-Century Spain”. Sport in history vol. 30, n. 4.

Por Bernat López, profesor de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Rovira i Virgili y promotor de la editorial Cultura Ciclista

Thomas De Gendt sí que hizo la Milán-San Remo

Volta a Catalunya Thomas De Gendt JoanSeguidor

Diez horas le ha llevado la «Milán-San Remo flamenca» a De Gendt

En la Volta virtual que ha empezado este lunes, Thomas De Gendt fue el ganador preferido de la afición.

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Ya ves, el belga es como el Cid, gana batallas en las que no concurre.

Su «triunfo» llega de forma simultánea a la noticia de su homenaje a la Milán-San Remo por las rutas de Flandes.

Le acompañó Jasper De Buys, también del Lotto, un pistard que pudimos disfrutar en nuestra visita a los Seis Días de Gante.

Hizo una salida que comprendió las provincias de Bruselas, Gante y Amberes, pasando por rutas tranquilas y plazas vacías.

En Bélgica no existe la prohibición de salir en bicicleta, como también sucede en otros países.

La ruta les llevó diez horas, nada menos, una salida que fue una paliza, la más grande que nunca ha realizado Thomas De Gendt, un corredor con legión de admiradores, uno de esos que no miras la bandera cuando caes rendido a sus pies.

Diez horas de salida, por que le sopló el viento en medio del recorrido, una locura para cualquier mortal que al menos nos sirven de excusa para hablar de la Milán-San Remo estos días en los que la primavera ha aterrizado sin pena ni gloria.

Ojalá le veamos disputar la primavera, aunque fuera en otoño o en cualquier otro momento.

Y si no que siempre le quedará Teruel. 

Por soñar…

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Tuvalum pone su ecommerce a disposición de todas las tiendas ciclistas de España de manera gratuita

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En un momento crítico para muchas tiendas ciclistas, Tuvalum abre su catálogo

Con motivo de la ampliación del estado de alerta nacional por el COVID-19 hasta el próximo 11 de abril, la startup de compraventa online de bicicletas Tuvalum.com ha decidido ofrecer de manera gratuita su plataforma de venta online a todas las tiendas ciclistas locales hasta el próximo 11 de abril.

Los productos vendidos por profesionales durante este período no tendrán ninguna comisión en ninguno de los mercados donde opera la compañía: España, Francia, Italia, Alemania y Portugal.

Todo el sector está sufriendo y muchas tiendas locales corren el riesgo de desaparecer por la imposibilidad de vender a pie de calle y las limitaciones de sus páginas web. Desde Tuvalum tenemos claro que sin tiendas locales no hay ciclismo y hemos decidido retirar nuestra comisión en todas las ventas de productos procedentes de tiendas hasta el 11 de abril” nos cuenta  Alejandro Pons, CEO de la plataforma.

El mercado de distribución ciclista en España está muy fragmentado, con casi 3.000 tiendas minoristas que estos días se encuentran cerradas

Muchas de ellas pueden verse forzadas a cerrar definitivamente. El comercio online es una salida y queremos asegurarnos de que puedan seguir vendiendo. ¿Sin tiendas locales, dónde van a llevar los ciclistas sus bicicletas para realizar las revisiones mantenimiento?

En lo que respecta al funcionamiento de Tuvalum, la empresa ha implementado todas las medidas de seguridad establecidas por la Organización Mundial de la Salud y los gobiernos para extremar la seguridad de sus empleados, clientes y proveedores con motivo de la alerta sanitaria.

El 100% de los empleados de Tuvalum trabaja desde casa

Las ventas de particular a particular permanecen abiertas y se ha establecido un protocolo de no contacto con el personal de mensajería.

Entre clásicas y vueltas, lo primero por favor

En las clásicas entra el ciclismo sin margen de error, la decisión final, el momento clave, en las vueltas hay margen, equipos y otros elementos

Miró el calendario que no puede ser y recuerdo porqué la primavera nos tenía robado el corazón, un camino entre clásicas y vueltas.

San Remo, hoy sábado, la Volta debería empezar el lunes, en unos días Harelbeke y Wevelgem, al final de la ruta Flandes y Roubaix, por medio la Itzulia.

Miro eso, y estoy abrumado, siento nostalgia.

Pero las clásicas fueron antes de todo, antes que nada.

La más vieja dicen que es la Milán-Turín, cuando el Giro siquiera era un sueño.

Eran carreras de pesado desarrollo y heroico desenlace.

Luego vinieron los monumentos, la más decana, la que va de Lieja a Bastogne y vuelve al cogollo valón, San Remo, Roubaix, Flandes, las hojas muertas de Lombardía que muda de verde a ocre…

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Todas las grandes clásicas son centenarias, no sólo eso, son mas que centenarias, diseñaron el ciclismo que conocimos, sugieren leyenda, despiertan recuerdos, inspiran hoy como inspiraban hace cien años, crean riqueza, cincelan iconos, catapultan lugares y establecen tradiciones.

No son carreras al uso, en lo estrictamente futbolístico, son partidos del KO, a eliminatoria única, sólo puede quedar uno.

NEWSLa plantilla de Gobik da un paso al frente.De forma espontánea y voluntaria nos sumamos al esfuerzo de nuestra…

Publicada por Gobik en Viernes, 20 de marzo de 2020

No hay segundas oportunidades más allá de volver al año que viene, algo que cuando cruzas la meta segundo te parece una eternidad que no sabrás esperar.

Son adoquines y colinas, se visten de naturaleza: caminos vecinales de Flandes, los pendones de Valonia, las rutas imperiales y mineras hacia Roubaix, las tierras que vieron crecer a Coppi para tomar el camino de San Remo,…

Tienen iconografía propia, una personalidad transversal.

Integran a gente que las ama en paisajes del siglo XIX, cuando el mal tiempo las viste de barro y despojo, son terribles, una pesadilla.

Entonces el batiburrillo de dureza y tensión deriva en espectáculos inmateriales, que van más allá de los tiempos y nos adentran en los despojos del ciclismo que nos enamoró, de ese que se corre con el riesgo de perderlo todo en cualquier momento y sin poder, en muchos casos, ni echar mano del equipo ni del coche de recambios.

Porque en ciertos escenarios, la incidencia de los equipos super profesionalizados del siglo XXI se diluye, queda en testimonio. Equipos enteros llevados a la cuneta. Mirad el Team Sky el año 2016 en Roubaix, copaban la cabeza y en dos malas curvas, adiós, se acabó.

La victoria aquel día fue para un australiano de tercer rango, que corría solo y escapado desde que el pelotón afrontó el primer pavés.

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Hubo un día que los grandes patrones de los medios quisieron darle una vuelta de tuerca a la mecha de pasión que prendieron las clásicas y pensaron en las vueltas por etapas, y nació el Tour, y nació el Giro, e incluso nació por aquí la Volta y entendedme, esto es otra cosa, es el ciclismo de la suma de esfuerzos, del fondo físico que cae en saco roto cuando el cuerpo te dice basta.

Es el ciclismo de equipos que bien llevados y atiborrados de talento pueden blolquear la carrera hasta convertirla en un sopor.

A mi me gustan las grandes, la París-Niza esta última, alguna Tirreno, algún Dauphiné, pero entendedme lo que te da una clásica, eso, no está pagado.

 

En el Pordoi de Fausto Coppi

En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo, sueños ciclistas 

La Volta 100 será la mejor de la historia

Coronavirus ciclismo

No sé cuánto queda para la Volta 100, pero contamos los minutos

En unos días sería la Volta, la Volta 100, el centenario de ediciones, que no de edad, eso fue en 2011.

Dicen que la Volta es patrimonio inmaterial de Catalunya, lo es, como el «pan tomàquet», como la sardana, como los castellers,…

La Volta es un hilo histórico de este lugar.

Nació hace 109 años.

Tiempos convulsos aquellos, prolegómenos de la Gran Guerra, nada menos.

Durante esa primera guerra mundial creció y asemejó sus primeras formas, luego vivió sobre la dictadura de Primo de Rivera, transitó por la República y sólo padeció un paréntesis en la Guerra Civil.

Tras ésta se denominó Vuelta a Cataluña, tuvo el leal soporte de Pirelli, su gran premio muchas veces.

Tiempos de grisáceas instantáneas, desgastadas fotos de bordes rotos y grietas galopantes.

Hollada siete veces por Mariano Cañardo, su mejor ciclista de siempre, le sucedieron los más grandes de la historia.

Los tiempos modernos no han sido fáciles para el grupo coordinado por Rubén Peris.
La crisis llegó hace más de diez años, pero las vacas flacas habían aterrizado en ella desde antes.
La misma serpiente invisible que nos ha dejado sin Escalada a Montjuïc ni Setmana Catalana, amenazó con morder la decana.
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Mi prehistoria con la Volta arranca de finales de los ochenta.
Cada mes de septiembre la carrera de Sants venía a la puerta de mi casa de siempre a visitarnos con los grandes del momento exhibiendo ese compromiso que ahora ahuyentan los mejores, al menos algunos.
Por los  “chapados” puestos del mercado de Sants aquel repelente mozalbete reconocía sus ídolos.
Aquel Perico enfundado en PDM, a puertas de hacerse grande en el Tour.
Ese Sean Kelly, recuerdo líder, encofrado en  este maillot blanquiverde como recuerdo a la bandera andaluza que giñó su creador, Miguel Arteman, de origen en el sur de España.
Los dos Systeme U eran Charly Mottet y sí, el «megaodiado» Laurent Fignon.
Qué nombres, qué época, qué gente.
Son las estrellas de entonces, las primeras, como aquella pasión rara vez volvimos a sentir una igual.
A la sombra del monumento del ciclista erguido por esas fechas en el corazón de Sants, en la plaza que ahora se dedica al “Avi Torres”, uno de los legendarios de la carrera, le pedí uno de mis primeros autógrafos a un risueño Peio Ruiz Cabestany quien encajaba con filosofía chanzas de mi padre.
Con la Volta me hice grande.
Ese Lale Cubino que ganó como campeón de España la carrera en Port del Compte, un lugar frecuentado en los noventa.
Sí, Miguel Indurain, de quien guardo una magnífica instantánea cerca de la Alcaldía modernista de  Creu Coberta, lugar que también se situaba en el mapa usual de la carrera.
Momentos en los que conocí a José Manuel Oliván en Plaza Catalunya, mis primeros pinitos con el amigo Capdevila del Sport en la Ciudadela.
Incluso la seguí algún año encajado en la organización generado un increíble álbum de fotos que algún día prometo traer aquí con Boardman, Escartín, Perico, Casero, Chiapucci,…
Fue la Volta del 97.
En la Volta nací para este mundo, crecí y le debo parte e de lo que soy.
Siempre me quedará a fuego su biblioteca y su mentor, mi amigo de siempre Ferran Bellfort.
Con ella debuté en Ciclismo a Fondo cubriendo el triunfo del Chava,  con ella vimos las victorias de Heras, de Beloki, de Popovich y otras, para el Meta.
No sé cuánto queda para la Volta 100, pero seguro que el momento excepcional nos dará la edición más deseada de la historia…
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¿Tu bicicleta debe ser 100 x 100 de carbono?

Cunde la sensación que una bicicleta de carbono es una cuestión de estatus

Indudablemente el carbono es un material que físicamente tiene unas prestaciones que, en su mayoría, aportan una mejora a la bici, y por ende al rendimiento del ciclista.

Dicho esto, existen otros materiales, como el aluminio (de alta gama se entiende), que no le van a la zaga y que nos brindan unas prestaciones muy parecidas y con una diferencia de precio importante.

El carbono aporta ligereza, transmisión de potencia, absorción de vibraciones... éstas son algunas de las características básicas del carbono, por que, dependiendo de ciertas variables a la hora de producirlo, se pueden acentuar o disminuir las mismas.

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Si miramos la bicicleta creo que en la horquilla, como una de esas piezas clave en una bici, es donde más se puede potenciar en carbono.

Se me hace difícil pensar en una bici de una gama media-alta que no lleve una horquilla en carbono.

Y, no siendo fácil hacer la comparativa, estaría bien poder probar un cuadro TOP de cualquier marca y ver el comportamiento que tiene con la horquilla que lleva normalmente carbono ante la posibilidad de montarle una en otro material.

Tener o no una bicicleta 100% de carbono es una pregunta que cada ciclista se debe hacer.

Yo puedo dar mi opinión personal, la de un cicloturista normal y es lo que voy a hacer.

Necesario no es, eso está claro.

Yo he estado montando últimamente en carretera con una bici de gravel en aluminio, con rueda de 38 y no he ido más rápido ni más despacio en mis rutas habituales, teniendo que cuenta que yo no salgo a hacer carreras.

Busco hacer una media entre 24 y 27 km/h, que es donde me siento a gusto.

Dicho esto, no tengo ningún problema en montar en una bici de carbono, y en este caso creo que entran otras variables, además de las ya comentadas mejoras por el material, que es el hecho propio de comprar un producto que en el ideario ciclista de mucha gente es más «high tech».

Porque en el fondo una hay percepción de estatus si usas o no carbono entre los ciclistas.

El ciclismo ha tenido, tradicionalmente la figura del globero, donde me incluyo sin rubor alguno, el saco donde se ha metido a todo ese grupo de ciclistas que, o no van depilados, o no tienen como objetivo atacar cada vez que el GPS marca más de 0,5% de pendiente, o, incluso, aquel que lleva un material de bici no al nivel de lo que «se debe» tener.

Pero tampoco creo que sea nuestro deporte diferente a lo que el material supone en cualquier otro deporte.

Yo creo que va mucho más ligado al pensamiento de la sociedad occidental en la que vivimos todos, y en el gran trabajo que muchas veces los departamentos de marketing.

Pues si les preguntas a mis compañeros de Rose Bikes de otros países sobre el carbono en nuestro catálogo, te responderían de forma sorprendente.

Si hablamos de precio unitario por bicicleta, creo que España es el país líder en todos los que trabajamos, sin ser, evidentemente, el país donde más vendemos.

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Y creo que este paradigma, se puede extrapolar a cualquiera de las marcas que conocemos. Cuando pensamos en España como la decimotercera economía en renta per cápita de Europa, es difícil entender o explicar que gastemos más que un Noruego a la hora comprar una bici.

Siendo la bici, además, un producto, que, por mil razones, se deprecia a una velocidad sencillamente delirante, debido a todas las novedades que el mercado saca cada año y a los cambios de tendencia, etc…provocando que con cada compra de bici nueva, la pérdida de valor de la anterior nos haga «gastar» un dineral cada vez que queremos cambiar de máquina.

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El carbono en la bici es una vara de medir de lo que digo: desconozco el dato estadístico, pero desde luego el uso de carbono es muy inferior en Alemania que en España.

Creo que el carácter de cada país confirma este tipo de datos.

Pienso que nuestro carácter latino provoca que cada salida en bici sea una carrera.

Esto nos lleva a pensar que el material es más importante de lo que quizás, para ese tipo de salidas, es.

Y entramos en una espiral de gastarnos lo más caro pues es lo que nos va a llevar más rápido, y así ser el mejor del portal o ganar esa caña que nos jugamos cada vez que salimos.

El carácter alemán creo que es más reflexivo, quizás no tan «picado» como el nuestro y esto le lleva a que el gasto en la bici, quizás no sea tan importante, como si lo es el de un culotte de alta gama, o un cualquier otro componente que podemos llevar.

Por eso creo que es interesante quitarse esos clichés y valorar otros materiales, pues podemos tener una bici que nos va a dar las prestaciones suficientes para nuestro nivel de ciclismo.

No va a ser tan «delicada» pero sí efectiva.

Y porque con lo que nos ahorramos podremos invertir en unas ruedas u otros componentes que nos van a poder dar un plus de rendimiento más patente que el del cuadro.

Por Oskar Aguiriano