En ocasiones el Tour es lo de menos

Tuvalum

Hace cinco años, el 7 de julio, el Tour de Francia llegaba por primera vez a La Planche des Belles Filles, la subida en la que el miércoles Fabio Aru nos demostró que es posible atacar al Team Sky, ahora cabe ver si es posible hacer más de dos veces.

Hace cinco años, como digo, el Tour descubrió La Planche des Belles Filles y vivió, sin saberlo entonces, una jornada histórica, un punto de inflexión de esos que marcan los años venideros y posteriores ediciones.

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Lo que habíamos intuido en la anterior Dauphiné, cuando Nairo fue el único que burló al pelotón en la subida al Joux Plane, se confirmaba en la carrera grande. Hombres de negro al frente del pelotón enfriaban cualquier ataque, cualquier tentativa, cualquier brillo. Eran hombres que actuaba ordenados, organizados: Boasson Hagen, Michael Rogers, Richie Porte y Chris Froome.

Siempre por este orden, siempre rodeando a Bradley Wiggins, para que llegara lo más protegido y cómodo a la cima, allí donde Froome batía a Cadel Evans, ganador saliente, con el entrante, Wiggins, a su rueda.

 

Se abría el ciclo Sky en el Tour, la promesa de Dave Brailsford de ganar el Tour con un británico emepzaba a imponerse a cualquier otra realidad, el alopécico técnico disponía las piezas en un orden tal que era imposible burlar la guardia de los chicos de negro. Pero si hasta Mark Cavendish, vestido en arcoiris, trabajaba a satisfacción para Wiggo.

Cinco años después, las cosas han cambiado poco. El Team Sky ha ganado cuatro Tours de cinco posibles, y en éste los peores vaticinios empiezan a aflorar. Lo visto el otro día con Mikel Nieve, Kwiatko y un poquito Geraint, sin entrar en acción ni Henao ni Landa, hace suponer que el paseo militar de Froome ha comenzado.

Queremos pensar que no va a ser así. Que lo de Fabio Aru no es flor de un día, que Richie Porte alargará ese dulce estado del Dauphiné lo que pueda, que Contador y Nairo irán a mejor, que Simon Yates hará dupla con Chaves, que Romain Bardet saque rédito a la relajadísima campaña que lleva.

Queremos pensar todo eso, y no que esto está sentenciado, porque otro Tour que nos comemos sin más.

El otro día me comentó un aficionado ocasional de ciclismo que le llamaba la atención cómo la gente que seguimos este circo todo el año le quitamos valor e interés al Tour casi de forma compulsiva. Pues tenía razón, toda la razón, pues al final si vemos lo que ocurre cada año en julio rara vez es lo mejor, en términos ciclísticos, que vemos.

Yo no digo que la calidad del ciclismo que vemos en el Tour sea mala, pero como ocurre en otros deportes, los grandes acontecimientos están prendados de gran expectación por parte del respetable, pero mucho miedo entre los portagonistas, y eso es un hecho, medible y tangible.

Al Tour van los mejores, con lo mejor y en su estado óptimo, pero por contra hay mucho en juego, a veces tanto que la responsabilidad pesa en cada decisión, en cada movimiento y en cada ataque. Eso es así y pesa en el espectáculo.

Este fin de semana el Tour entra los Alpes por el Jura, el macizo que separa el hexágono de la parte que ve el Tour de Romandía, por Suiza. El Team Sky espera bloquear la carrera como acostumbra y seguramente Froome lance su primer ataque, ahora bien, que puedan tener éxito el inglés y su equipo depende en parte de los rivales y lo que bajen los brazos frente al Sky. Es muy pronto para rendirse, es muy pronto para amortizar este Tour.

Imagen tomada de FB de Quick Step

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