Nadie conoce el límite de lo aceptable si de alta competición se trata

Cuando un ciclista está en el momento de la salida de una persecución por equipos, quiere que le traigas a su abuela, ahí, en ese momento, si con ello se tranquiliza” me dijo un día Jaume Mas. El que fuera técnico de la selección española de pista en los Juegos de Atenas, de donde España se trajo cuatro medallas, siempre me explicó que los momentos cumbre de la competición no reconoces ni a tu padre, que lo que hay en juego es tal, y trabajo desarrollado tan grande, que un titubeo da al traste con todo. Es por ello que aquí bromas y banalidades las justas. Otra cosa es lo que hagamos el domingo por la mañana, con los amiguetes. Aquí no nos jugamos becas, ni contratos de imagen,…

Viene todo esto a coalición de la exigencia que la sociedad impone a sus deportistas y el precio que se les hace pagar para satisfacer sus cálculos. Miremos por ejemplo la rueda de prensa de la ex seleccionadora de natación sincronizada, Anna Tarrés. Cualquier avezado que la observe por televisión, cuando valoraba las medallas olímpicas o presentaba a sus chicas antes de cualquier evento, se percataría que la catalana no era una persona de bromas en el trabajo.

A Tarrés, como a muchos técnicos, se les mide por el éxito y ese es su baremo. Hoy Juan Gutiérrez se pregunta dónde está el límite en el diario As. Ello depende. Por ejemplo de quién se trate. Para el austriaco de Red Bull el círculo de lo aceptable estaba en la estratosfera. Para otros en la consecución de una medalla olímpica o un campeonato del mundo. La alta competición es esto, capacidades forzadas al límite e incluso sobrepasadas. Cuando Julien Absalon ganó el oro en la prueba de BTT  de Atenas me comentó: “He rebasado mi ser, hubo un momento que no sabía dónde estaba, ni quién era”. Tomen conciencia del esfuerzo.

En ciclismo lo sabemos bien. Los límites no son mucha veces físicos, ni fisiológicos. Cuando estos no rebasan la línea, o no dan más de sí, se hecha mano de otras cosas, y en el deporte de la bicicleta la máquina pita más de lo deseable. Entonces nos preguntamos, quién tiene la respuesta. Ana Tarrés buscó el consenso, el punto medio entre todas para saber a qué atenerse. El tema salió mal, pero como siempre ocurre en el deporte, con los deportistas, no cupo más queja que la que apareció una vez la competición pasó a nuestra retina, a la historia.

Señores que cada uno ponga un límite y lo lleve al extremo. Todo lo demás es juzgar por juzgar.

Alberto Contador en su mar de contradicciones

Alberto Contador es el mejor ciclista de su generación. Lo es por trabajo y talento. Ello lo hemos suscrito muchas veces. No se nos caen los anillos. Pero, habiéndonos justificado, hay cosas del ciclista de Pinto que crujen la moral. Cualquier avezado en su trayectoria verá que sus asesores no son precisamente los mejores. A ello se suma una lengua juguetona que malas pasadas le ha jugado varias.

El contexto en el que ha crecido profesionalmente el madrileño es tétrico. Marcado de por vida por el estigma de Manolo Saiz, sólo soslayar someramente su trayectoria en el Tour de Francia le infringe un duro correctivo. Desde que debutara en 2005 no ha tenido edición tranquila, si exceptuamos la de su segundo triunfo en 2009. Cuenten. En 2006 su equipo fue expulsado de la salida de Estrasburgo, en 2008 Astaná estuvo vetado, en 2010 fue desposeído del triunfo, en 2011 no tuvo que haber tomado parte, y como tal figura invisible en los libros de historia, y en 2012 cumplía sanción lejos de la carrera. Omitimos 2007 voluntariamente, pues esta edición cayó en sus manos tras el escandalazo de Rasmussen.

Con tal expediente, la prudencia sería un excelente aliado en momento de endeblez mental. Pero no. Para qué. Alberto Contador se ciñe al guion no sé por quién establecido y, situándose en el círculo de nuestros políticos, dice, se contradice y se rectifica tantas veces como le dé de sí el ratio de cobertura que los medios le dispensan.

Las últimas perlas del pinteño se alojan en el proceso contra Lance Armstrong. Olvidadizo, asegura que el sistema funciona y que según está no convendría tocarlo. Obviamente tales reflexiones retrotraen al momento en que recién sancionado se declaraba decepcionado por el mismo.

Siguiendo con Armstrong, el cambio de criterio en una semana ha sido brutal. En la presentación del Tour vino a decir algo así como que el linchamiento al americano no era de recibo, pues éste había dado mucho por el ciclismo. Curioso. En una entrevista datada del 31 de octubre en el diario Marca, a través de Josu Garay,  afirma que si te juzgan y te sancionan, a joderse toca.

Contundente. Recuerden la Semana Santa de dolor que se armó cuando el TAS sopló sobre su fallo desfavorable. Aquello estaba también juzgado y ejecutado, pero claro no valió. El doble rasero, te implique o no el problema es lacerante.

Veremos. Alberto Contador y sus colaboradores acaban de crear una estructura para ciclismo juvenil. Les conviene a los chavales saber cómo no se han de hacer las cosas. Un ciclista es un círculo, un cúmulo. Dar pedales es una parte, cavilar es otra tanto o más importante.

Foto tomada de http://www.20minutos.es

El trato que Marca sólo le dispensa al ciclismo

Son varias las cosas de estos últimos días que en este blog queremos dar cuenta sobre www.Marca.com y su curioso enfoque sobre el ciclismo. El que siempre tuve, años A, como diario de referencia del deporte español, se ha convertido en un “brochure” de mal gusto e imprecisión cada vez que opina de este deporte. Veremos en los próximos días otras dos piezas,  una descacharrante de cómo se trabaja el deporte de la bicicleta en este panfletillo.

Desde que aquella rueda pinchada por una jeringuilla azuzara el positivo de Riccardo Riccó en el Tour de 2008, la cosa no ha hecho que empeorar en este cotidiano que un día dirigió ese macho alfa llamado Eduardo Inda, quien alimenta cuestiones sobre el caso Contador, cuando surgió allá por 2010 su positivo, como opina de los banqueros, Esperanza Aguirre y los “perroflautas”.

La ultima mueca ahí la tienen, en este explícito enlace, cuyos comentarios demuestran que la gente se da cuenta de la realidad que mueve a los medios: amarillismo y falta de rigor, ambages los dos que percutan sobre su cuenta de resultados como la cruenta crisis de publicidad. Qué pena, en el libro de la historia de Marca que un servidor tiene en casa el ciclismo es protagonista principal.

Lo han visto, una noticia fechada al final de la semana de la resolución del “caso Armstrong” hablando sobre la mascota del Campeonato Mundial de ciclismo en Toscana 2013. La figura de Pinocho, y lo que ello implica, es objeto de decir, simple y llanamente, que el ciclismo es una mentira, y aunque creemos que en parte lo es, la crueldad del mensaje, así como la reproducción de una noticia ya conocida hace un mes justo ahora habla de un mal gusto supino.

Bradley McGee y los hijos de la omertá

Al estruendo le acompaña el eco. La trampa de Lance Armstrong y su penalización han dado lugar a varias cartas abiertas y declaraciones que suceden el desaguisado. Entre otras han destacado la de Greg Lemong y Gianni Bugno, pero la más valiosa por extensión y detalle es la que firma Bradley McGee, el fenomenal ciclista australiano que fue líder de Tour, campeón olímpico y ganador de etapas en la Vuelta.

Como siempre la verdad tiene aristas y la opción de creer o no al firmante es personal y muy cercana a las convicciones propias. El ciclista que dedicó sus años “fértiles” al siempre mediocre cuadro de la Française des Jeux, se despacha con aquéllos que considera ladrones de sus mejores pedaladas. Lo hace en plena vorágine, aupado por la ruptura de esa omertá que le tuvo a recaudo cuando debiera haberlo dicho. Lo siento pero no me vale.

Curiosamente a raíz de la cartita una especie de empatía se demuestra entre el exciclista y David Millar. Digo curiosamente por que el escocés se puede considerar a él mismo uno de esos ladrones que cifra Mc Gee. Recuerda éste, el episodio del Tour del centenario, en el prólogo parisino. Ganó Mc Gee por que Millar sufrió varias averías con la cadena de su bicicleta. La admisión explícita de Millar respecto al merecimiento de McGee en el momento de abordar la jornada dio pie al aussie para pensar que Millar admitía encubiertamente su dopaje. Poco después Dave fue detenido.

Asimilamos la historia y pensamos ¿por qué no le denunciaste entonces? Yo tengo una teoría, absurda o simple, digamos. McGee no denunció por que en el fondo compartía algo con Millar: la omertá. Sin entrar si el australiano ganó aquel prólogo o no chutado, él dice que fue limpio, pero otros muchos también lo dicen, supo en ese momento que si tiraba de la manta se jodía la carrera de Millar y sembraba mierda en la suya propia. Y es en ese punto de egoísmo en el que no comparto ni el momento ni las formas para firmar esta carta.

Yerra McGee hablando del Tour 2005. Ahora con el tiempo habla de cómo andaban los Discovery y la forma de ganar de Vinokourov en París. Ahora, cuando todo está en el aire, cuando el viento sopla a favor. La omertá, una vez más.

Alude a sus cuatro años en Saxo Bank, equipo que apoyó y alineó el año pasado a un ciclista como Alberto Contador que corrió en la más absoluta provisionalidad como el TAS bien se encargó de demostrar. McGee, al volante del coche de equipo, fue coautor de aquella tropelía, en convivencia con un danés llamado Bjiarne Rijs, de pasado muy recurrente últimamente. Es más se evidencia en su discurso un “tono Sky”, “sólo los exdopados son invitados a la mesa”, y él compartió galones con uno de ellos.

“Nunca he tomado o usado drogas para mejorar el rendimiento, pero sé que los ciclistas son y seguirán siendo puestos en duda, por desgracia, con buena razón” afirma. Tiene razón, con actitudes como la suya esa duda persistirá. Y un colofón “El problema no está «allá afuera», está justo aquí, delante de todos nosotros”. Eso lo llamo yo perogrullo.

¿Quién sentencia a Armstrong la UCI o el Tour?

Leí un día que la cuna de la democracia, Grecia, ya vio los primeros síntomas de corruptela desde su nacimiento. Nos remontamos tan lejos por que, señores, no nos engañemos, el juego de malabares de la UCI ha salido rana. La mega sanción colmada sobre Lance Armstrong ha sido sin duda el error histórico más grande que el organismo transnacional ha perpetrado desde su creación, incluso cuando éste se llamaba FICP.

Porque veamos, ¿realmente la UCI utilizó su reglamento en el ostión propinado al americano? En mi opinión se han pasado los principios que la rigen por el arco del triunfo, muy adecuado para lo que estamos hablando, hablando por boca de otros quizá más interesados en que Lance fuera hundido y borrado de la historia.

Si vemos el acontecer de eventos en Francia asistimos a que la sentencia sobre Armstrong estaba dictada hace mucho tiempo. Desde que L´ Equipe, vocero oficial del Tour, dijera que si habían trazas de EPO en las muestras congeladas del americano, esta bola no ha parado de crecer hasta hacerse incontrolable. El colmo vino con la USADA y su informe exhaustivo  para que el Tour no quisiera ver al americano en su palmarés. En este tema han realizado una revolución a la francesa, y la cabeza del americano es la que ha rodado. No estoy seguro de que sea la última.

Borrado Armstrong, queda por saber si la UCI realizará introspecciones sobre otros triunfos también tambaleantes. Por ejemplo el de Bjiarne Rijs, pero también los dos de Bernard Thévénet, el verdugo de Merckx , o incluso en alguno de los de Jacques Anquetil. El primero dijo con claridad que se dopó, el otro que ya era mayorcito para hacer lo que le viniera en gana con su cuerpo. ¿Seguimos más atrás o es que entonces la ley no daba abasto? Con Tom Simpson llegó el escándalo.

Sin embargo hoy sí que hay medios y cuantiosos. Dinerariamente hablando enormes. Cada licencia, cada organizador –ayer la Vuelta a Andalucía se quejaba en twitter sobre el uso de los 8000 euros que paga en este concepto-, cada equipo suelta una pasta para que la lucha antidopaje evolucione y cerque a los tramposos. ¿Resultado? Que la UCI en un calentón se ha cargado todos los progresos de estos años. Todo ese dinero invertido, entre otras cosas en el inútil pasaporte biológico, no ha servido para nada bueno salvo engrosar emolumentos de los beneficiados por esta huida hacia delante. Señores de la UCI esta vez la han cagado bien.

Foto tomada de http://www.insidethegames.biz

El ciclismo no tiene futuro, no con estos mandamases

Johny Schleck le ha dicho a sus hijos que cuelguen la bicicleta. Sufre el padre viendo a Frank nadar en los lodos de un proceso que se encalla. “Gasta dinero y no es feliz” comenta el apenado progenitor. “Esto no es vida” sentencia. Da en la clave.

El ciclismo profesional “no es vida”. Es un suceso de raros acontecimientos, una suerte de carambolas y un tejemaneje donde quien más quien menos no puede respirar aliviado. Ya lo han visto y escuchado –cuando el ciclismo es portada en Canal 24 Horas y en Hora 14, malo-. A Lance Armstrong se lo han llevado por delante. “No tiene sitio” dijo Pat Mc Quaid. Descojonante. A todas luces cínico, falso e interesado.

Quien no debe tener sitio en el ciclismo es esa camarilla de serviles muñidores que llevan tiempo haciendo de todo esto un circo de jugosos ingresos y acomodados trenes de vida. Lance Armstrong, creo que a la vista del informe de la USADA está, la ha cagado, y además con todo el equipo, nunca mejor dicho. Jugó a ser Dios y en esas esferas el hombre siempre salió empequeñecido. No puedes ser el más grande de la historia, sembrando enemistades y forjando amenazas sin esperar que esto se vuelta en tu contra. Además si éste es tu modo de hacer en ciclismo, donde nada nunca prescribe, peor aún.

Pero admitida la terrible fechoría deportiva ejecutada por el no ganador de siete Tours de Francia, la convivencia del organismo internacional en todo este embrollo invita a pensar que el futuro no está exento de sobresaltos. Aunque vivimos en una sociedad desmemoriada, llevo años oyendo eso de “el ciclismo está muerto”  y año tras año las cosas siguen su curso e incluso Vuelta y Tour baten récords de audiencia, al final, con tanto empeño lograrán que el ciclismo no se muera sino que se volatilice.

De inicio y fin, la UCI queda desacreditada en este tema en un material tan sensible como los controles, eso a lo que todos aluden cuando se ven en problemas. Que el tío que más veces ha pasado por el escáner tenga que ser sentenciado por declaraciones de compañeros demuestra cuán ineficaz, y posiblemente interesado, es el sistema. Ahora bien, como nuestros buenos políticos, aquí nadie dimite.

La UCI ha incentivado un ciclismo deshumanizado creado en base a caza de brujas y ausencia nítida de normas que ahora, los que ahora nos vemos  aquí estamos nos vemos obligados a pagar. Baste el ejemplo de que Euskaltel ha tenido que fichar al número uno africano para sumar unos putos puntos que le mantengan el WT para explicar el desconcierto.

Fotografía tomada de http://bicycling.com

Excusas de mal pagador en Rabobank

El día viene sacudido por la estampida de un sponsor de “tomo y lomo”.  El otoño ciclista es esto desde hace unos años. Bajas y altas con más importancia para las primeras que las segundas. Dicen que éste es el ciclismo más limpio en años, esa teoría yo quiero creerla, pero el ser vivo que el ciclismo padece amputaciones periódicas que se empeñan, tozuda realidad, en contradecir esa teoría.

Lo de Rabobank era algo que se podía barruntar. Yo veo varios motivos, más allá de su auto justificada nota de prensa. Resulta que un alopécico ciclista estadounidense pillado en la trama Armstrong que corrió con ellos de 2002 a 2004 es la piedra en el zapato de este proyecto. Irrisorio sería el adjetivo, sonrojo el estadio, incredulidad el ánimo.

Rabobank ha patrocinado el primer equipo holandés en la época más conflictiva de la historia del ciclismo en sus más de 130 años de historia. El periodo 1996 a 2012, como decíamos ayer -que me perdone Unamuno-, es un calamitoso campo de batalla con decenas de cadáveres, de cuya cantidad perdimos la pista hace tiempo. En ese fragor, Rabobank no ha estado ajeno. Sabía de primera manos los tejemanejes, de las podredumbres del sistema.

Así reza un extracto del comunicado: ““El informe de la USADA demuestra que el ciclismo internacional, incluido sus instituciones, está bastante corrompido”. Aluden al caso Michael Rasmussen, pero tuvieron varios más, sin ir más lejos la investigación camino de eternizarse de Carlos Barredo ahora mismo y los coqueteos no aclarados de Denis Menchov con una trama tras ganar el Giro de 2009. Son tres piezas, si ahondamos alguna más aparece.

Como caídos de un guindo, los responsables financieros de este banco admiten que “incluso modernizando el equipo para asegurarnos que estaba limpio –a raíz de Rasmussen 2007- aún existe la posibilidad de que se use el dopaje. El ciclismo está enfermo y no es capaz de limpiarse en un futuro próximo”. Sinceramente me impresiona la capacidad de los mecenas para sentirse ofendidos cuando surgen estos temas, no puedo entender que la millonada que Rabobank ponía cada año en su equipo pro careciera del más mínimo control.

En esa línea me cuesta mucho creer que los patrocinadores realmente no tienen ni puta idea de lo que se mueve en las estructuras que apadrinan. No me cabe en la cabeza. La tibieza e ingenuidad de sus palabras me hace pensar en cuestiones que exceden al ciclismo, si bien es cierto que este deporte tiene un problema gordo, y ya no hablo de dopaje, pues quien más quien menos es consciente de que aquí todos tienen cosas que esconder, me refiero a la gestión de escándalos, procesos y cuestiones relacionadas con la buena praxis. Una mínima política de comunicación.  Es terrible lo mal que se hace, y el daño que ello ocasiona.

Pero hay una última vuelta de tuerca. ¿Cree Rabobank que el problema de dopaje existe sólo en el máximo nivel? Sabiendo de la importancia de la entidad en el entramado patrio, con mucha presencia entre clubes y en ciclismo de base, es de cajón que prolongar la estampida a esas esferas sería muy perjudicial para su imagen sobre el holandés medio. Sin embargo, me cuesta creer que en esas esferas todo sea la pureza que dicen perseguir. Con todo, otra vez el capricho de un mecenas, que por lo que fuere se ha cansado de esto, deja al ciclismo tocado, aunque en mi opinión nunca hundido.

El atronador silencio de Jan Ullrich

Es lastimoso repasar el palmarés del Tour de Francia entre 1996 y 2010. Se trata de una pradera de cobriza y abrasada hierba trufada de socavones. Un emborronamiento generalizado donde, asómbrense, sólo cuatro ganadores son los originalmente proclamados: Marco Pantani, Jan Ullrich, Carlos Sastre y Alberto Contador. Si finalmente cae sobre Lance Armstrong todo el peso de la ley que el público ávido de sangre solicita el terreno más que horadado estará minado y reventado.

Pero miremos. 1996: el burro hecho caballo de carreras Bjiarne Rijs jugaba a campeón siendo “míster 60”. Pasado el periodo de Armstrong, llegaron terribles nuevas. La caballeresca gesta de Floyd Landis en Joux Plane y posterior positivo que dio a Pereiro su Tour en 2006 y el clembuterol y el chuletón de Contador en Pau en 2010. Por medio quedó la dantesca expulsión de Michael Rasmussen en 2007 cuando tocaba el éxito.

Hace un tiempo, reflexionamos sobre la circunstancia de que muchos ciclistas no se dan por aludidos cuando saltan resoluciones por dopaje de otros que les favorecen. Miremos lo que comentábamos entonces con Carlos Sastre. También Oscar Pereiro quiso quitarle hierro cuando se juzgaba a Landis por pasarle el Tour que en lógica le pertenecía. “Si otros ya han crucificado a Landis, ¿quién soy yo para añadir más leña?” comentó.

En este entorno nos movemos. El ciclismo puede asistir al mayor corrimiento de un palmarés de su historia, le ejecuten uno, dos, tres o todos los Tours a Armstrong, pero todos calladitos y sentados. Sin duda quien más tendría que respirar sobre el tema es Jan Ullrich, rival históricamente maltratado por el tejano. Tres veces quedó segundo el alemán venido del Este en el septenio ganador del yankee.

Sólo conocemos las declaraciones de su mentor Rudy Pevenage. “Todos fuimos víctimas de Lance” concluyó. Nada más. Si Ullrich sacara algo en claro de todo esto, si el Tour ejerciera sin la intención de aplacar sospechas sembrando de nuevas, le corresponderían cuatro ediciones, nada menos que cuatro, y los importes que de ellas se generen. Pues a las tres que perdió en la carretera versus Armtrong se añade la del tramposo Rijs.

Pero claro el Tour en una decisión que en política se diría salomónica dice que puede declarar desierto el concurso de esos años, algo así como decir que si el ganador está podrido no ponen la mano en el fuego por los que fueron segundos. Vamos que poco menos les falta decir que esa pantomima que llaman antidopaje es pura falacia. Una conclusión a la que muchos llegamos hace tiempo incluso cuando se arguye eso de “pasé 200 controles y nunca nada de nada”.

Foto tomada de http://forodeciclismo.mforos.com