Los problemas contables de Alberto Contador

No nos escondamos. Ha ganado el favorito oficial, el deseado, quien dota de prestigio y relevancia la carrera. Lo otro sería engañarnos. Los organizadores, neutros en esencia, tienen su corazoncito y no es lo mismo que triunfe uno a otro. No es igual que figure Alberto Contador que Purito o Valverde cuando en veinte años repasemos con el dedo el palmarés de una carrera que este año ha cerrado una edición bonita, posiblemente la mejor de los últimos tiempos, que no la mejor de siempre, pero no por que ésta haya resultado increíble, sino por que las últimas han dejado bastante que desear.

Cuando el fallo del TAS hace unos meses fijó el regreso de Alberto Contador unas semanas antes de la Vuelta, nadie apostaba por otro resultado que el acontecido. Contador ha ganado por la esencia de los grandes de siempre en la que se alimenta y bebe. Éste es un grande, cinco vueltas de tres semanas en su palmarés lo atestiguan. Incluso si el mal gobierno que rige este deporte no lo hubiera evitado, el Giro que ganó arrasando podría estar en sus piernas en el futuro. Esa exhibición de tres semanas por Italia le alimentó el ego, pero no el palmarés por mucho que el gasto físico quede ahí.

El día después de su éxito llama la atención lo malévolo de algunas imágenes y aseveraciones. Una de ellas hace referencia al número de grandes que ha ganado. Salen siete sobre la carretera, cinco tras el filtro de los despachos. Y duela lo que duela, no es lo mismo. Igual que Floyd Landis no figura en el palmarés del Tour por un positivo, Alberto Contador sufrió el veredicto desfavorable del TAS respecto a la edición de 2010 y mientras éste se cocía corrió un Giro en la más absoluta provisionalidad. Es decir de una fue desposeído en instancias que el mismo activó y la otra en un mundo normal no tendría que haber tenido lugar.

Claro que Contador quizá hace bien en decir que tanto da lo que digan las instancias. Él, medios y los carteles de su pueblo dicen que llevan siete grandes con la misma lógica que el director del ciclista, Biarne Rijs, sigue clavado en el palmarés del Tour, ahí, cinco años después de admitir que lo ganó dopado. Son las servidumbres de hacer de esto el patio de tu casa. Un desastre que al final nos sitúa donde estamos.

 

Foto tomada de http://es.eurosport.yahoo.com

Y si Purito hubiera…

Dice en el libro de Jean Bobet, el hermano intelectual de Louison, en su libro “Mañana salimos” que el ciclismo le gusta porque no es el deporte del “y si…”. Sin confiscarle la verdad al que fuera fiel gregario y confidente del segundo grande de la historia, tras Fausto Coppi, la verdad es que el desenlace de esta Vuelta a España ofrece ganas de formularnos ese famoso “y si…”.

Pues la subida definitiva de la Bola del Mundo nos ha desmontado una de las teorías que ayer mismo aquí apuntábamos sobre el motor de Purito Rodríguez, dado que aducimos a él como el principal motivo para que mirara para el otro lado cuando Alberto Contador le lanzó un órdago en toda regla en uno de los puertos de segunda fila del recorrido. Pensamos, entonces, incluso ayer mismo, hablando además con gente que conoce al catalán, que sus capacidades habían quedado colmadas, que un ataque a tan largo plazo podría desbancarle.

Sin embargo la carrera, sabía y sorprendente ella, nos ha devuelto a la realidad, y ésta no es otra que Contador gana la carrera sin estar súper pero que en momento clave fue más inteligente que Purito Rodríguez. Inteligente por que le supo lanzar los dardos suficientes por delante como para prolongar los daños. A ello sumarle además su audacia, para encontrar la fórmula del éxito frente a su ineficaz racha de ataques en porcentajes de mareo.

Purito en la Bola del Mundo ha andado sobre unas diferencias con sus rivales que visto lo de Fuente Dé no hubiera imaginado. Es cierto que las rampas animalescas le favorecen, por peso y constitución, pero cuando éstas la abordas tres semanas después de haber tomado la salida es muy meritorio mostrar la forma que hoy ha sacado a relucir.

Total que la carrera muere ya en Madrid, en la que hemos visto buen ciclismo, arroja como ganador Alberto Contador quien lo ha hecho con pleno merecimiento  a pesar de los interrogantes que siempre nos deja la competición. Ésta Vuelta ha encontrado el punto, a mí personalmente me ha parecido exagerado, pero les ha funcionado por eso es de locos pensar en un cambio de tendencia. Si con ello se recupera la honorabilidad y crédito, al menos en parte, del ciclismo adelante con el plan.

 

Fotografía tomada de www.biciciclismo.com & Ziklimatore

Compararse con el Tour es salir perdiendo siempre

Emergen a diario en el transcurso de esta Vuelta a España comparaciones frente al Tour de Francia. Se hacen en términos de espectáculo. Entiendo que la carrera engancha por estos finales explosivos. Es humano. Normal. Las audiencias de la Vuelta invitan a pensar que se ha encontrado la medida del espectador. Desde que arrancara la prueba en Pamplona afirmamos que la Vuelta 2012 estaba hecha para el advenedizo. Mis felicitaciones al equipo de Unipublic y su director Javi Guillén, tan advenedizo como quienes disfrutan en masa la carrera.

Sin embargo, yo en el fondo, no veo tantas diferencias con el Tour en cuanto a términos de espectáculo, por que otras comparaciones resultarían abrumadoras. Ha habido más ataques, sí. Sobretodo en manos de ese ciclista entregado al espectáculo llamado Alberto Contador. Si no estuviera el madrileño en carrera qué nos quedaría. Purito sabía perfectamente que su físico no le permitía alegrías de y Valverde ha mostrado una actitud mucho más sólida que en anteriores ediciones peor lejana al madrileño. La suma de ambos no iguala la cantidad de ataques de Contador. Por otro lado la primera semana tuvo a Chris Froome en papel activo, pero luego la inercia del desgaste le ubicó en su sitio.

Si los comparamos con los finales en alto del Tour de este año, veremos que los de la Vuelta se decidieron al final y eso es un hecho. La ubicación de finales salvajes invita a jugársela en el tramo postrero, pero también a reunir a la familia en torno a la televisión para ver estos chicos retorcerse y vomitar.

A mi entender este Tour fue una carrera de perfil bajo por el bloqueo que un equipo dotado de gregarios que andaban como líderes ejercicio sobre la competición. No fue muy diferente en ese sentido a las ediciones de Armstrong, quien por cierto mantiene a día de hoy sus siete entorchados. La pimienta de la carrera estuvo en el careo de los dos mejores de la general en los momentos clave de la misma.

Esos momentos, que fueron medidos y contenidos en el tiempo, fueron en duración muy similares a los ofrecidos por los salvajes finales de etapa de la Vuelta a España. Sí, aquí la carrera también ha tenido dosis de emoción en los últimos tres kilómetros, pues más allá de estos ¿qué paso en Gallina, Ézaro, Cuitu Negru y Lagos?. Nada.

La diferencia de esta Vuelta frente al Tour ha sido la jornada de Fuente Dé. Sólo y exclusivamente ésta. Todo por la mano que Alberto Contador le jugó, y no de farol, a Purito a cincuenta kilómetros de meta. Buscar giros lingüísticos diferentes es hacer trampa. Por eso si me permiten, dejemos mejor el Tour a parte, y centrémonos en una Vuelta que ha tenido momentos vibrantes, pero no tantos.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com

El día que Contador no corrió como un juvenil encontró el triunfo

Sencillamente magistral el golpe sobre la mesa que hoy ha dado Alberto Contador en la Vuelta a España. Sí, magistral. Sí, Alberto Contador. Señores, que un servidor no tiene nada contra el madrileño. El día que cruzó la meta sin pistolas ni tiritos, que chilló de rabia en el umbral, que contuvo gestos y explotó pasiones, Alberto Contador fue un grande.

No creo equivocarme que si alguien hurga un momento en este blog encuentre frases textuales como “Alberto Contador es el mejor ciclista de su generación”. Esto se escribió hace menos de 48 horas. El problema de Contador es que como grande que es se le juzga como tal y sus abultados errores, palabras, gestos, a veces han empequeñecido sus victorias, que no son pocas.

Os voy a recordar un episodio que siempre hecho mano cuando analizo las actuaciones de Alberto Contador. Era la Setmana Catalana de 2005. La carrera circulaba hacia su etapa reina, no me acuerdo si en Rasos de Peguera o Andorra, eso ahora no es trascendente. Camino de la cima se armó la de Dios. Allí atacó todo el mundo, por activa por pasiva. Recuerdo algún nombre que lo hizo muy bien en aquel arranque de sesión. Peio Arreitunendia, o similar, disculpad si está mal escrito, Aitor Pérez y otros se dejaron la piel… y las fuerzas hasta que un jovenzuelo del que hablábamos maravillas TODOS saltó una vez para sentenciar la etapa y la general. Aquel jovenzuelo, recién recuperado de una delicadísima situación de salud, era Alberto Contador.

Ese día, un periodista que hoy le agasaja y enjabona, le dijo en sala de prensa cómo había superado su problema de salud, que si se había inspirado en Lance Armstrong para lograrlo y que si era consciente que lo suyo al lado de lo de Lance era una mariconada. Así las cosas, espero mañana, o quizá esta tarde, esa crónica, de ese plumilla explicando las grandezas de la jornada de hoy.

Rememorando esa etapa hacemos justicia al ciclismo preciso, contundente y hermoso que siempre ha sido el del ataque lejano pero calculado, no de improvisto. Hecho a lo grande, con tiralíneas, apoyándose en el equipo de forma justa. Como se debe hacer. No descolgándose en la Cobertoria mientras los tuyos ponen en el pelotón en fila de a uno, ni saltando a destiempo en Montjuïc, ni en un falso llano de Los Lagos de Covadonga o Pajares,…

Cuando Joaquim Rodríguez daba explicaciones a Juan Carlos García en el set de entrevistas dimensionaba la gesta de su gran rival. “Ha ganado por cojones”. Aunque sea la pública y en horario sensible, aunque peores cosas se vean, no se puede definir e inclinar el torso de forma mejor la hazaña de tu enemigo.

Y sí, vean lo que ha pasado hoy para tomar nota que no son necesarias una colección de cuestas infernales para hallar el espectáculo, que todo depende de los ciclistas, como le decía Javi Guillén a Carlos de Andrés. Desde Fuente De, ese paraje de brujas y duendes al pie del coloso de Bulnes, sólo decir que ha merecido la pena.

Las retransmisiones de Perico & Carlos de Andrés caminan por el alambre del forofismo

Cuando Alberto Contador se descuelga de Purito y Gilbert en Montjuïc “se protege en el grupo”. Cuando no logra despegar en los Lagos es que “se le acaba la rampa”. En Collada de la Gallina se cantaba su primer triunfo de etapa: “Vamos a ganar,… va a ganar”. Se omitió que Valverde venía por detrás. Al pinteño se refieren como “nuestro campeón”. Muestras elegidas al azar, pero no las únicas.

Entiendo, es humano y oneroso, que los conductores de las tardes de Vuelta en Television Española tengan primero sus preferencias personales y luego las profesionales, que pasan por el dogma de que si gana Contador habrá más repercusión para la carrera. Todo eso me parece muy bien, pero disfrazarlo hasta un límite es el mejor sello que distingue a un profesional.

Así las cosas cada jornada de montaña o nervios de esta Vuelta a España se ha convertido en una tortura auditiva a la luz de unos comentarios que a mi entender no se corresponden a la de una televisión de todos. Y no hablo de cuestiones territoriales, que ayer ya hubo quien quiso vestir esto de un Madrid vs Barça o Catalunya vs Madrid. Hablo de respeto a los gustos y formas de todos y cada uno de los televidentes que construyen a bolsa de expectación de la carrera. Aquello que forma el share, donde cada unidad es de un padre y una madre.

Pedro Delgado y Carlos De Andrés, Carlos De Andrés y Pedro Delgado se han recorrido la mitad norte de España cantando las virtudes de un ciclista, un solo competidor como creo nunca se debe hacer. Las narraciones futbolísticas de La  1 ya dieron la clave sobre ese partidismo. Uno de sus principales alentadores fue Sergio Sauca, quien parece no presentará los telediarios en su línea deportiva. Las quejas de la gente parecen que al final tienen resuello. En ciclismo es más complicado, las afinidades son menos definidas y muchos lo ven como espectáculo accesorio. Lo peor es que el forofismo transmitido se ha contagiado al normal análisis de la carrera, incurriendo en juicios de valor erróneos y ello sí que deteriora el servicio prestado. En ningún momento se ha cuestionado la precipitación de Contador vistiéndola de voluntad por dar espectáculo.

A la espera de que la carrera y el podio de la misma tome forma definitiva en la Bola del Mundo, sólo pedimos un poquito de objetividad, eso que se proclama sin mucho éxito en las facultades.

 

Foto tomada de RTVE

Las declaraciones de Contador pueden herir la sensibilidad

Cada tarde, puntualmente, el que fuera periodista de Marca Jacinto Vidarte, persona del núcleo duro de Alberto Contador, nos hace llegar las primeras declaraciones del ciclista de Pinto. Se trata de un envío bilingüe, un “café para todos”, donde la prensa más inmediata, las ediciones digitales, hacen uso de aquello que más les interesa. Un servidor recibe esta gacetilla desde hace un par de años y sirve para pulsar la actualidad de un ciclista, que estos últimos meses estuvo ajeno a la competición y por tanto alejado de los focos. La mejor manera de saber de él, fueron por tanto estos mails.

En época de grandes vueltas, los envíos se hacen por partida doble y triple, pues incorporan cortes de audio y material gráfico. Éste último se orquesta casi siempre en las salidas con “nuestro campeón” rodeado de aficionados. España quiere a Alberto Contador, al menos sí de forma masiva y genérica. Eso es un hecho. El otro día en Fuente de Rapitán –me contaron-, un grupito cantaba en la cuneta “Contador inocente”. Cuando mi interlocutor se acercó a ellos y les preguntó por el líder de la carrera balbuceaban “Purito no sé qué”. Esto es el gran público.

Volviendo sobre los comunicados declarativos a veces despiertan una leve sonrisa de incredulidad en quien los abre. Eso ha sido material de debate en twitter, sobre todo quién y cómo asesora a Alberto Contador. No es para menos. Todo da la imagen un poco de desastre. Esos comunicados, que muchos medios moldean por vergüenza torera, acogen sentencias y sentimientos que contrarían el buen gusto.

Por ejemplo al calor de la llegada de los Lagos de Covadonga el destacado señalaba sobre el público y el ánimo que éste transmite. “Soy un privilegiado” concluyó el ciclista. Del análisis de la carrera y su desarrollo hasta el final no se mete mano. En todo caso se trasladan los resultados a un hecho aquí mismo en este entrecomillado: “Purito está en su mejor momento de siempre y yo no”. Ufff, esto es un desprestigio primero para la carrera, luego para su rival y en última instancia para él mismo, que ha llegado justo a la cita después de una temporada limpia, por obligación, y descargada de responsabilidades.

Pero no siempre Contador se despacha con comunicados. Miremos lo que le dijo hoy mismo al voluntarioso Juan Carlos de García. Resume su segunda plaza en la ausencia de lluvia, o al menos la confía a su no presencia. No sabíamos de esa afinidad del pinteño con el líquido elemento, sea como fuere, Purito Rodríguez, quizá hastiado de tanta formalidad, concluyó “que Alberto se deje de rollos”.

Lo hemos dicho mil veces, por que muchos tachan este blog de “anti Contador”. No lo es. Intenta ser lo objetivo que otros no son, añadiendo una visión que creemos vox populi para cualquiera que analice las frases que Alberto suelta en cada competición que toma parte. Esto es así, tan evidente, como el madrileño es y ha sido el mejor ciclista de su generación

La Vuelta es una e igual para todos

Mientras Joaquim Rodríguez recogía el maillot rojo de la Vuelta a España ciertas emisoras de trascendencia nacional repasaban los resultados de la Premier Leage. Son algunas de esas emisoras las mismas que jadean al campeón Alberto Contador omitiendo todo ciclista español que no firme su nombre y apellido. Quizá porque el madrileño no sea el líder cortan antes de lo que los cánones marcan.

Hierve la red en torno a la Vuelta, su recorrido, sus muros y ahora sobre las bonificaciones, ese sordo derrame sanguíneo que amenaza con retirar el segundo título en la grande española de Alberto Contador.

Entre octubre y enero las tres grandes vueltas presentan al pormenor sus recorridos. Sobre la mesa trascienden los detalles, kilometrajes y demás parabienes de la carrera que decidirán su ganador. En base a lo que se dice, los corredores y sus equipos plantean su temporada, diseñan el calendario y eligen aquello que les puede ser propicio.

Por ejemplo, Joaquim Rodríguez se excluyó del Tour de Francia porque tantos kilómetros contra el reloj le resultaban muy desfavorables. El catalán quiso jugar a la Vuelta y el Giro, pues sus trazados le convenían y como dijo en Pamplona “uno ya no tiene una edad para irse a probar a los sitios”. Con estas premisas, Purito sabía a lo que venía. Esta Vuelta lo dijimos de salida era una concatenación de muros y rampotes que potenciarían eso que llamamos “ciclismo de Youtube” y no la épica y leyenda que alimentan el cariño de los mejores aficionados. Con ello posiblemente se ganara cuota en la parroquia futbolera, ávida de ver a Alberto Contador destemplando su espada sobre la afrenta que todos siguen atribuyéndole, incromprensiblemente, a los franceses.

Pero Alberto no es un ciclista de finales explosivos. Durante Ancares, mientras el madrileño exprimía sus compañeros “twiteé” “cada metro que pasa va en contra de Contador”. El biganador del Tour no está súper como vemos y a pesar del órdago que jugó con su equipo atacó en serio a dos kilómetros de meta. Demasiado cerca. Purito se arrimó a Dani Moreno, le atizó y luego remontó para ganar etapa y unos segundillos que ahora sumados van por encima de veinte.

Es lo que hay. Que la Vuelta presentaba un recorrido mediocre lo dijimos, pero que a Purito le iba bien era una evidencia. Que si a ello se sumaron unas bonificaciones legalmente previstas antes de arrancar el circo, pues lo mismo. No toca otra que disfrutar y aceptar el resultado. Sigo pensado que Alberto Contador es favorito a llevarse la general, pero el goteo en su contra es incesante y minimizar los daños se le supone imprescindible.

Con todo, ahora mismo, sea como fuere, Contador demuestra, a mi juicio, una alarmante falta de pegada. Esa que muchos llevan esperando hace días y se resiste en llegar. Conviene recordar que la Vuelta no es eterna.

 

Foto tomada de Katusha Team

Dejemos de fingir que nos interesa la salud del ciclista

Escribe bien Ezequiel Mosquera. Entiendo que los artículos que firma son suyos, aunque alguien los retoque. Ayer sobre Armstrong y hoy habla de Ezaro, ese mirador anónimo para el 99% de los españoles que a partir de esta tarde gozará de excelente popularidad. Habla de que no sería extraño poner pie a tierra. Sería interesante saber cuánta gente de más irá a él hasta ahora para saber del real impacto de la Vuelta sobre el terreno que pisa.

Nada mejor que poner sobre el libro de ruta un 30%, eso me ha parecido leer, para que se nos haga la boca agua. El ciclismo moderno vive de porcentajes, pero no de hematocritos, que también, si no referidos a desniveles. A más descarnada rampa, más expectación, más audiencia, más sencillo vender el producto. Nuestros mentores de Unipublic en pos de hacer una Vuelta más empinada abren sus correos y twitters para recibir de primera mano material sensiblemente ciclista. “Si en Catalunya hay una rampa del 20%, allí iremos” dijo Javier Guillén al saber del Rat Penat en una comida de festeo por la jubilación del que fuera excelente periodista del Mundo Deportivo Javier de Dalmases.

Pero hay una doble lectura en todo esto, y en este caso no le prestamos mucha atención. Me refiero a la vertiente humana, sí a la del ciclista. Se nos llena la boca de ciclismo humano, conducible, de dimensiones manejables, pero nos encanta, nos pone, ver a los corredores retorcidos en un compendio amasijo de hierro y carne al ritmo de un títere invisible. Nos privan las rampas pues las consideramos parte sustancial del espectáculo, pero detestamos quien las aborda “chutado”. Queremos que las galopen a pelo y eso un día, y otro, y otro es tamaño complicado. No desesperen que luego nos quedan las cuestacas de Cuitu Negru y Bola del Mundo. Qué guapo.

Disfrutemos de lo que veamos en ese mirador coruñés y como otras veces he dicho. Veámoslo sin preguntarnos nada más, como un espectáculo de magia, como un Madrid-Barça. Entonces entenderemos qué es el espectáculo.