Tour de Foie (V): Criticar las celebraciones de Peter Sagan es tener mucho tiempo libre

Existe en nuestro twitter de cada día una cuenta que se llama @BiciEnfurecida. Se trata de un usuario, cuyo mentor desconozco quién es, que escribe en mayúsculas, tiene de avatar a Contador atizándole una hostia a un impertinente y su lema reza: “Nosotros le dijimos a Barredo que Rui Costa habla mal de él”, rememorando la pelea que tuvieron asturiano y portugués en el Tour 2010, creo recordar.

De la afilada ironía de quien suscribe esta cuenta surgió este tweet sencillamente desternillante:
“NO ESTÁ LEJOS EL DÍA EN QUE SAGAN CELEBRE UNA VICTORIA SACÁNDOSE LA CHORRA Y HACIENDO EL HELICÓPTERO. #TDF12
Con toda la maldad que se le supone a un usuario así, es decir aquella que te dignes a otorgarle, sinceramente me ha parecido la descripción más precisa de la vorágine que ha surgido alrededor de las algarabías que Peter Sagan muestra en meta cuando cruza tan sobrado.
Lo del campeón con tez de niño y tierna mirada no es más que la conexión con los muchos campeones que dotados de un talento inigualable al final no saben qué hacer o que cara poner ante tal superioridad. Yo sinceramente lo considero absurdo. Como muchas veces he dicho, la vida nos ubica a cada lado de la línea, y posiblemente le llegue el día en que encadene etapas sin mojar. ¿Le miraremos entonces la cara que pone?
Recuerdo las declaraciones de Jacques Rogge, el presidente del COI, ese organismo de personas que no caminan sino levitan un palmo por encima del suelo, sobre Usain Bolt cuando celebraba sus repetidos oros y récords el Pekín. Con todos los respetos a tan magno personaje, criticarlo me parece una supina gilipollez. Las celebraciones por dantescas que nos parezcan suponen una guinda a la emoción del acontecimiento. Es como cerrar el círculo y mientras más impactante sea el gesto más lo recordamos y más contribuye al espectáculo. Sí, espectáculo, por que esto en definitiva es eso, una forma de entretener al personal, a veces cruzando líneas muy peligrosas y flagrantes. Esas líneas que el Monsieur Rogge y demás mandamases no creo que estén muy dispuestos a difuminar. 


Ahora quiero dejaros un mensaje que os puede interesar

Con motivo del Tour de Francia 2012, tenemos un nuevo concurso para todos los lectores de El Blog de Joan Seguidor. Participar es muy sencillo, tan sólo tenéis que dejarnos un comentario en este post, indicando quién creéis que ganará los tres maillots de este año.

Como premio el ganador podrá elegir entre una de las gafas deportivas de la colección de Mister Spex, con un valor de hasta 100 euros. No está mal, ¿no creéis?
Animaos a participar, es muy sencillo ¡y podéis ganar unas gafas nuevas para salir a pedalear!
¡Mucha suerte a los participantes!

Para participar podéis entrar en http://www.misterspex.es/
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

Los Schleck y su modus operandi

La luna de miel de Radio Shack con el Tour de Francia, vivida a través de Fabian Cancellara en amarillo, no podía durar mucho sin ser perturbada. La temporada del equipo norteamericano tenía visos de virar a bien, sobretodo por la fortaleza del líder suizo cuyas opciones de mantener el liderato se extienden a toda la semana. Como bien dice Johan Bruyneel desde su retiro, ajeno en persona pero no en espíritu a la carrera, “un buen Tour de Francia es igual a una buena temporada”.

Vaya par
No obstante el técnico belga, que ya faltó a la edición de 2008 cuando le dijeron NO al Astana de Alberto Contador, la piedra en el zapato tiene apellido: Schleck. Sí, apellido luxemburgués. Y dos nombres: Andy & Frank. Como nos cuentan desde Velofutur suenan revueltas las aguas que bajan entorno al fututo de los dos hermanos. Ambos estarían tramando una nueva estructura para el próximo año. La filtración, como todas entiendo que no casual, se ha hecho con la mejor carrera ya en marcha y con su actual equipo en unas circunstancias muy especiales. Vamos que yo soy el señor de Radio Shack que pone una jugosa cifra encima de la mesa y mando a todos a paseo. Algunos con sus actitudes siguen sin ser conscientes del daño que pueden hacer por su acción u omisión.
Como hace dos años, cuando Andy se jugaba el Tour con Alberto Contador, surgen runrunes alrededor de la saga y su futuro inmediato, vamos la mejor forma de encarar el núcleo duro de la temporada. Entonces tomó forma el Leopard. Casi tan inoportuno todo como el anuncio del paso de Vincenzo Nibali por Astana en pleno Giro de Italia. Los Schleck tienen que resolver varios entuertos (contratos con éste con aquél) pero saben lo que hacen, a falta de ver quiénes le acompañarán, parece seguro que de irse lo harían con Kim Andersen o lo que es lo mismo seguirán haciendo lo que les salga de las pelotas, algo que con Bruyneel no han logrado con total impunidad.
Mientras Frank Schleck rueda a cola del pelotón, aún a riesgo de arruinar la carrera por la que dice suspirar, Johan Bruyneel comprueba en persona que la leyenda de los hermanos era cierta. Al técnico enfrascado en líos judiciales le crecen los enanos y ya puede decir bien alto que no, que él no pudo reconducir a los Schleck.
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Tour de foie (III): El Tour de Francia como analgésico social

Esta mañana en una conversación twittera Luis Román comentó con acierto que la necesidad de llenar páginas con el Tour de Francia en marcha daba pie a excelentes piezas de historia y retrospectiva ciclista que en otro momento del año serían imposibles de dar salida. Las necesidades de rellenar las planillas con artículos que puedes publicar hoy, mañana o pasado nos dejan buenos recortes como éste de Gómez Peña y la eterna enemistad de Merckx y Maertens, entre otras pericias belgas.

Pero el Tour también permite que el ciclismo se adentre en otras secciones del diario. Uno de mis columnistas de referencia en materia política, Enric Juliana en La Vanguardia, utiliza los éxitos de Gino Bartali para explicar la anestesia social que estos suponían en la atribulada, y destruida, Italia de finales de los años cuarenta.
Hoy como ayer la historia se nos repite a nuestros pies. Estos días de alcohol y borrachera por la Roja y su éxito en la Eurocopa, Juliana utiliza el Tour de Francia de hace sesenta años para explicar el componente apaciguador del deporte. Un componente que en su día el ciclismo también protagonizó pero que hoy en día me parece tarea compleja repetir.
De cualquiera de las maneras, es conveniente recordar que aunque el fútbol no tapa las miserias de nuestra sociedad sí sirve al menos como reconfortante aliado en tiempos complicados. En la España de los años 50, los debates de sobremesa al tueste del sol de julio giraban en torno a Federico Martín Bahamontes y Jesús Loroño. Aquellos, como hoy Xavi, Ramos e Iniesta, fueron el apaciguamiento que toda sociedad necesita y sólo el deporte puede dar con el objetivo de que un día el ciclismo vuelva a ser muelle sobre el que se amortigüen los malos momentos de muchos. 
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría.
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Tour de Foie (II): En el fondo, nos gusta Mark Cavendish

Estos días hemos arrojado horas de denuedo y lectura sobre las hechuras de Mario Ballotelli, ese macho itálico, de piel tostada y cerebro en inestable equilibrio. Nos gustan los malos de la película, los fanfarrones. Nos atraen. Hacemos nuestroel atractivo de su influjo malévolo, pues dan vía a aquellas maldades que no nos podemos permitir.
Mark Cavendish es el fanfarrón del ciclismo contemporáneo. Mal afeitado, ofensivo de acción y palabra. Quiere tatuar su slogan en nuestro cerebro. Y lo logra, vaya si lo logra. Amenaza con convertirse en hombre record perpetuo, pues en parte lo es, cuatro años después de su irrupción y a una tierna edad, en la que muchos son aún imberbes. Un caballo ganador surgido de un archipiélago donde lo llevadero a tan gris escenario pasa por los partidos de la Premier y la cerveza que los acompaña.
Cavendish llegó a Sky sin ser quizá consciente de lo complicado que lo iba a tener en su cita favorita. Todos le hemos achacado tener el mejor tren en los tiempos del HTC. A su círculo remitíamos el mérito de sus cuantiosas victorias. En el Giro ese círculo se hizo más estrecho pero ello no le privó de unas cuantas alegrías, que también sazonadas con dos o tres puteos. Ahora en el Tour, cuando arranca la carrera de los “trenes” que dicen en Cobbles & Hills, Cav se busca la vida como ya hizo en Italia, trepando de rueda en rueda, de estela en estela, para reptarle un triunfo a los que se lo curraron.
Porque pocas veces hemos sabido apreciar la densa tensión que se posa sobre el halo del pelotón como en la retransmisión de la etapa de hoy. El carrusel de caras, colores y máquinas que asoman efímeramente por vanguardia habla de la dificultad y peligro de esta primera semana, de lo mucho que hay que perder y poquito que ganar. Un río revuelto que, aun para sorpresa de muchos, le mola a Cavendish, el caballo ganador que trepa por el arco iris. 
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría. 
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Europcar & Riccardo Ricco: cuando la realidad se muestra tozuda

Se dice que la menor distancia entre dos puntos en la línea recta. También que dos extremos muy extremos se tocan, casi se queman. En esta vida, la experiencia nos obliga muchas veces a tener la boca cerrada, pues lo vital nos ubica en un lado u otro de la línea a cada paso. Esta semana hemos tenidos dos muestras de ese asqueroso tema llamado dopaje con sendos actores que luchan y perpetran acciones para verse muy separados entre ellos, pero que el tiempo les ha ubicado en una esfera muy similar.

El Tour de Francia arranca con un escándalo latente llamado Europcar. Asustando a propios y extraños por su inexplicable rendimiento en el último Tour, Carlos de Andrés no dejó de repetir el estupor que le causaba ver a Rolland y Voeckler con los mejores y mandando, el equipo verde de Jean-René Bernardeau anda con una investigación en ciernes según el diario pro carrera de L´Equipe. Simplemente sería un mazazo que las pesquisas llevaran a algo más que conjeturas. En esta columna de El Mundo Jon Rivas lo masca todo con solvente fidelidad. Las cosas están feas y más lo son cuando te pillan en pose inadecuada siendo miembro fundador del “Movimiento por un ciclismo creíble”. De cualquiera de las maneras, créanme, quiero que todo sea mentira.
Se dice que en el deporte las segundas oportunidades son vacías en intenciones. Se dice que los que se han dopado vuelven a recaer. Un servidor no entiende el razonamiento, pues si esto es así, el reglamento tendría que ser mil veces más punitivo. Esta semana pasada, supimos que Riccardo Riccó quiere recurrir su sanción a cuasi perpetuidad. Otra muesca en el revólver de este ciclista que sencillamente quiere vivir en el filo permanente, una muestra de estupidez supina.
Con Riccó vuelve otra vez el debate a nuestra mesa. No entendemos de verdad, y más en los reincidentes, qué narices pasa para que la justicia no actúe con la contundencia que ponga fin a esta eterna sospecha. ¿Es tan difícil una sanción a perpetuidad? Incluso para evitar que haya alguno que caiga por primera vez, ¿es tan enrevesado pedir sanciones disuasorias de verdad?. Evitaríamos así, que muchos se lo piensen y que los de fuera les miren mal a cada movimiento que hacen. Veamos qué ha pasado en la Quebrantahuesos y la que se ha liado. Una pena la verdad, que un pelotón de genuinos cicloturistas viva su sueño en medio de tales malos rollos.
Entendemos que si se hace borrón y cuenta, se hace. Y es por ello que el estigma cae con ese acto. Si esto no es así, si el público no lo entiende, o no quiere, que se hagan mirar el reglamento, pues ahí reside el pilar de la futura credibilidad de este tinglado. 
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Tour de Foie (I): Valonia es lugar para viejos

Hay sitios en el mundo donde el sol no calienta. Aunque brille, ilumine y alumbre la ruta, su fuerza es tibia, su golpe amortiguado. Valonia es uno de esos lugares. Por debajo de los 20 grados el primero de julio. En medio de sus densas praderas y sucesivas colinas, el pelotón se dio el primer baño de multitudes y experimentó sus primeros sustos. Un payo de una zona tenida por amante de este deporte asomó más de lo que debía para tomar una fotografía achuchando de tal manera que llegó la primera gran montonera. Luego el viento amagó con abanicar el pelotón. Tensión que se cortó con el filo.  
Bromeaban a 32 kilómetros de meta dos que han sido muchas veces compañeros. Jens Voigt con Stuart O´ Grady. Treinta años muy largos de sapiencia sobre la bicicleta. O´ Grady hace veinte fue campeón olímpico en Barcelona, de americana concretamente. Estos días les dice a sus chicos del recién nacido Orica cómo manejarse en la elite. Eso que él tiene por la mano pues aquí se vistió de amarillo hace diez. Por que Valonia no es lugar para jóvenes cuando las ganas se afilan y le juegan una mala pasada a cualquiera. Incluso a Hincapie, quien casi calza la cabalgada de a su líder Evans.
Pero hay jóvenes que parecen viejos, y Peter Sagan es uno de esos. Con menos de 48 horas en el Tour, una etapa. Precocidad total. Privilegiado en su tiempo. Adelantado a sus circunstancias y a las de Cancellara, ese brutote que hace felices a todos. Sagan, como Gerrans, ya le podría dar las gracias.  
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría. 
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Si la gente es feliz, que gane España

Recuerdo una conversación con José Manuel Olivan, jefe de redacción de Radio Marca en Barcelona, hace dos años por estas fechas. A vísperas del Tour de Francia me había ofrecido para participar en alguna retransmisión en directo de una carrera que 18 meses después acabaría en el palmarés de Andy Schleck. José Manuel, con quien colaboró desde hace ocho años en el espacio de Marca Ciclisme, recogió con ganas mi ofrecimiento. Pasaron los días y aquello no se plasmó. La Roja andaba por Sudáfrica y sólo el fútbol interesaba en el dial.
Al día siguiente de ganar España el Mundial, volví a hablar con José Manuel. El Tour estaba en las últimas jornadas y aún existía la posibilidad de realizar alguna retransmisión en directo. No fue posible. En esa última charla del verano el veterano locutor me admitía la emoción que le causaba ver a España campeona del mundo. Yo sin querer ser cortante le dije que si aquello no implicaba un repunte del PIB, recuerdo algún listo decir que lo impulsaría un 0,7% no sé en base a qué cálculos, la emoción en mí no era tal. Estaba de la Roja hasta los mismísimos, su éxito cegó un debut radiofónico que quienes me conocen sabían de la ilusión que me proporcionaba.
Dos años después admito que mi percepción ha cambiado. Sigo viendo el fútbol como esos trucos de magia que en su día argumenté a mi efímero amigo, el quiosquero, incluso con mayor incredulidad. Ahora, mis preferencias son heterogéneas, grito cuando Italia elimina a Inglaterra por que ha jugado mejor y suelto un lacónico “bravo” cuando Xabi Alonso le clava el penalti a Francia o Cesc mata a Portugal en la tanda.
Esto ya no es cuestión de si te identificas más o menos con el rojigualda. Hace tiempo que dejamos de ser niños. La inocencia que David Millar describía cuando charlamos se rompió hace un tiempo. Sin embargo no puedo dejas de esconder cierto anhelo de éxito para España cuando a los pies de mi despacho oigo las sirenas describir euforia y la gente embargada por la pasión. Qué viva España.
Sí, esto ocurre en España. En pleno 2012, el año de la segunda recesión de W que alguno predijo y dictó para nosotros. El fútbol es borrachera de sentimientos, a veces confundidos, es escape, dimensión catártica y si la gente con la que me cruzo por la calle o en el metro ataviada de los colores patrios olvida las penurias durante unos minutos, pues qué cojones, que las aparque y vea la vida con los ojos de niño que hace tiempo dejé un cajón. Más esta puta noche que un amigo al que aprecio un huevo cuenta sus últimas horas de vida. Al fin y al cabo el combustible vital nos llega desde donde menos lo imaginamos y en las circunstancias más impredecibles. Mi deseo: si la gente es feliz, que gane España. 
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¿Están devaluados los Campeonatos de España? por Jorge Quintana


Estamos en pleno frenesí por conocer quiénes vestirán y quiénes estrenarán sus maillots nacionales el próximo Tour de Francia. Eso ocurre en todos los países salvo, oh sorpresa, España. Volvemos, sí, volvemos a ser diferentes. Lo que en Italia supone una fiesta, la semana tricolor, con todas las modalidades en liza, aquí es una carrera de interés doméstico, pero en el escalón de consumo del aficionado. El empeño que ponen los primeros espadas del ciclismo inglés, francés y belga por vestir sus enseñas nacionales no se corresponde con las ganas de los nuestros, y eso, es así, aunque nos duela. Y no entraremos en la historia de maillots de campeón nacional donde la enseña se disimulaba con las trazas del equipo.
Para comentar esta realidad,contamos nuevamente con rúbrica de lujo, Jorge Quintana, quien nos deja sus impresiones al respecto.
Campeonato de España, ¿devaluado?
El Campeonato de España de 2012 será uno de los más devaluados de la historia. O al menos eso es lo que se puede argumentar si uno echa un vistazo a la lista de corredores que ya han anunciado que no estarán en Salamanca. Pero lo cierto es que si echamos la vista atrás lo sucedido en Salamanca no es una excepción sino una regla muy habitual en nuestro país. Y no sólo con el ciclismo.
Yendo al fondo de la cuestión, ¿por qué hay muchos ciclistas que no disputan el campeonato de España? La respuesta es obvia: en nuestro país hay cada vez menos equipos y ninguno de ellos premia económicamente ese título como sí sucede en otras naciones. En cambio, todos esos corredores que podrían por calidad soñar con el título nacional saben que se juegan su futuro en el Tour. Y tras haberse exprimido en Dauphiné o Suiza, quieren apurar o los días de concentración en altitud o los días de descanso antes de viajar a Lieja. Otra fecha sería ideal para los Nacionales, pero la reglamentación UCI es tajantey para que haya puntos en juego debe celebrarse a finales de junio. No hay vuelta de hoja. Como tampoco hay que ese título devaluado a priori acabará siendo revaluado el mismo domingo. Ya verán como el vencedor sonríe. Y es que hay muy pocas carreras -el Mundial es el otro gran ejemplo- que se pelean un día y se disfruten durante ¡365!
Foto tomada de www.esciclismo.com
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