Tour de foie (III): El Tour de Francia como analgésico social

Esta mañana en una conversación twittera Luis Román comentó con acierto que la necesidad de llenar páginas con el Tour de Francia en marcha daba pie a excelentes piezas de historia y retrospectiva ciclista que en otro momento del año serían imposibles de dar salida. Las necesidades de rellenar las planillas con artículos que puedes publicar hoy, mañana o pasado nos dejan buenos recortes como éste de Gómez Peña y la eterna enemistad de Merckx y Maertens, entre otras pericias belgas.

Pero el Tour también permite que el ciclismo se adentre en otras secciones del diario. Uno de mis columnistas de referencia en materia política, Enric Juliana en La Vanguardia, utiliza los éxitos de Gino Bartali para explicar la anestesia social que estos suponían en la atribulada, y destruida, Italia de finales de los años cuarenta.
Hoy como ayer la historia se nos repite a nuestros pies. Estos días de alcohol y borrachera por la Roja y su éxito en la Eurocopa, Juliana utiliza el Tour de Francia de hace sesenta años para explicar el componente apaciguador del deporte. Un componente que en su día el ciclismo también protagonizó pero que hoy en día me parece tarea compleja repetir.
De cualquiera de las maneras, es conveniente recordar que aunque el fútbol no tapa las miserias de nuestra sociedad sí sirve al menos como reconfortante aliado en tiempos complicados. En la España de los años 50, los debates de sobremesa al tueste del sol de julio giraban en torno a Federico Martín Bahamontes y Jesús Loroño. Aquellos, como hoy Xavi, Ramos e Iniesta, fueron el apaciguamiento que toda sociedad necesita y sólo el deporte puede dar con el objetivo de que un día el ciclismo vuelva a ser muelle sobre el que se amortigüen los malos momentos de muchos. 
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría.
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

Tour de Foie (II): En el fondo, nos gusta Mark Cavendish

Estos días hemos arrojado horas de denuedo y lectura sobre las hechuras de Mario Ballotelli, ese macho itálico, de piel tostada y cerebro en inestable equilibrio. Nos gustan los malos de la película, los fanfarrones. Nos atraen. Hacemos nuestroel atractivo de su influjo malévolo, pues dan vía a aquellas maldades que no nos podemos permitir.
Mark Cavendish es el fanfarrón del ciclismo contemporáneo. Mal afeitado, ofensivo de acción y palabra. Quiere tatuar su slogan en nuestro cerebro. Y lo logra, vaya si lo logra. Amenaza con convertirse en hombre record perpetuo, pues en parte lo es, cuatro años después de su irrupción y a una tierna edad, en la que muchos son aún imberbes. Un caballo ganador surgido de un archipiélago donde lo llevadero a tan gris escenario pasa por los partidos de la Premier y la cerveza que los acompaña.
Cavendish llegó a Sky sin ser quizá consciente de lo complicado que lo iba a tener en su cita favorita. Todos le hemos achacado tener el mejor tren en los tiempos del HTC. A su círculo remitíamos el mérito de sus cuantiosas victorias. En el Giro ese círculo se hizo más estrecho pero ello no le privó de unas cuantas alegrías, que también sazonadas con dos o tres puteos. Ahora en el Tour, cuando arranca la carrera de los “trenes” que dicen en Cobbles & Hills, Cav se busca la vida como ya hizo en Italia, trepando de rueda en rueda, de estela en estela, para reptarle un triunfo a los que se lo curraron.
Porque pocas veces hemos sabido apreciar la densa tensión que se posa sobre el halo del pelotón como en la retransmisión de la etapa de hoy. El carrusel de caras, colores y máquinas que asoman efímeramente por vanguardia habla de la dificultad y peligro de esta primera semana, de lo mucho que hay que perder y poquito que ganar. Un río revuelto que, aun para sorpresa de muchos, le mola a Cavendish, el caballo ganador que trepa por el arco iris. 
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría. 
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Europcar & Riccardo Ricco: cuando la realidad se muestra tozuda

Se dice que la menor distancia entre dos puntos en la línea recta. También que dos extremos muy extremos se tocan, casi se queman. En esta vida, la experiencia nos obliga muchas veces a tener la boca cerrada, pues lo vital nos ubica en un lado u otro de la línea a cada paso. Esta semana hemos tenidos dos muestras de ese asqueroso tema llamado dopaje con sendos actores que luchan y perpetran acciones para verse muy separados entre ellos, pero que el tiempo les ha ubicado en una esfera muy similar.

El Tour de Francia arranca con un escándalo latente llamado Europcar. Asustando a propios y extraños por su inexplicable rendimiento en el último Tour, Carlos de Andrés no dejó de repetir el estupor que le causaba ver a Rolland y Voeckler con los mejores y mandando, el equipo verde de Jean-René Bernardeau anda con una investigación en ciernes según el diario pro carrera de L´Equipe. Simplemente sería un mazazo que las pesquisas llevaran a algo más que conjeturas. En esta columna de El Mundo Jon Rivas lo masca todo con solvente fidelidad. Las cosas están feas y más lo son cuando te pillan en pose inadecuada siendo miembro fundador del “Movimiento por un ciclismo creíble”. De cualquiera de las maneras, créanme, quiero que todo sea mentira.
Se dice que en el deporte las segundas oportunidades son vacías en intenciones. Se dice que los que se han dopado vuelven a recaer. Un servidor no entiende el razonamiento, pues si esto es así, el reglamento tendría que ser mil veces más punitivo. Esta semana pasada, supimos que Riccardo Riccó quiere recurrir su sanción a cuasi perpetuidad. Otra muesca en el revólver de este ciclista que sencillamente quiere vivir en el filo permanente, una muestra de estupidez supina.
Con Riccó vuelve otra vez el debate a nuestra mesa. No entendemos de verdad, y más en los reincidentes, qué narices pasa para que la justicia no actúe con la contundencia que ponga fin a esta eterna sospecha. ¿Es tan difícil una sanción a perpetuidad? Incluso para evitar que haya alguno que caiga por primera vez, ¿es tan enrevesado pedir sanciones disuasorias de verdad?. Evitaríamos así, que muchos se lo piensen y que los de fuera les miren mal a cada movimiento que hacen. Veamos qué ha pasado en la Quebrantahuesos y la que se ha liado. Una pena la verdad, que un pelotón de genuinos cicloturistas viva su sueño en medio de tales malos rollos.
Entendemos que si se hace borrón y cuenta, se hace. Y es por ello que el estigma cae con ese acto. Si esto no es así, si el público no lo entiende, o no quiere, que se hagan mirar el reglamento, pues ahí reside el pilar de la futura credibilidad de este tinglado. 
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Tour de Foie (I): Valonia es lugar para viejos

Hay sitios en el mundo donde el sol no calienta. Aunque brille, ilumine y alumbre la ruta, su fuerza es tibia, su golpe amortiguado. Valonia es uno de esos lugares. Por debajo de los 20 grados el primero de julio. En medio de sus densas praderas y sucesivas colinas, el pelotón se dio el primer baño de multitudes y experimentó sus primeros sustos. Un payo de una zona tenida por amante de este deporte asomó más de lo que debía para tomar una fotografía achuchando de tal manera que llegó la primera gran montonera. Luego el viento amagó con abanicar el pelotón. Tensión que se cortó con el filo.  
Bromeaban a 32 kilómetros de meta dos que han sido muchas veces compañeros. Jens Voigt con Stuart O´ Grady. Treinta años muy largos de sapiencia sobre la bicicleta. O´ Grady hace veinte fue campeón olímpico en Barcelona, de americana concretamente. Estos días les dice a sus chicos del recién nacido Orica cómo manejarse en la elite. Eso que él tiene por la mano pues aquí se vistió de amarillo hace diez. Por que Valonia no es lugar para jóvenes cuando las ganas se afilan y le juegan una mala pasada a cualquiera. Incluso a Hincapie, quien casi calza la cabalgada de a su líder Evans.
Pero hay jóvenes que parecen viejos, y Peter Sagan es uno de esos. Con menos de 48 horas en el Tour, una etapa. Precocidad total. Privilegiado en su tiempo. Adelantado a sus circunstancias y a las de Cancellara, ese brutote que hace felices a todos. Sagan, como Gerrans, ya le podría dar las gracias.  
“Tour de foie” será estos días una forma de aproximar la mejor carrera del mundo con acento y distintivo originales a como venimos viviéndolo, algo que el propio Joan Seguidor haría con brutal maestría. 
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Si la gente es feliz, que gane España

Recuerdo una conversación con José Manuel Olivan, jefe de redacción de Radio Marca en Barcelona, hace dos años por estas fechas. A vísperas del Tour de Francia me había ofrecido para participar en alguna retransmisión en directo de una carrera que 18 meses después acabaría en el palmarés de Andy Schleck. José Manuel, con quien colaboró desde hace ocho años en el espacio de Marca Ciclisme, recogió con ganas mi ofrecimiento. Pasaron los días y aquello no se plasmó. La Roja andaba por Sudáfrica y sólo el fútbol interesaba en el dial.
Al día siguiente de ganar España el Mundial, volví a hablar con José Manuel. El Tour estaba en las últimas jornadas y aún existía la posibilidad de realizar alguna retransmisión en directo. No fue posible. En esa última charla del verano el veterano locutor me admitía la emoción que le causaba ver a España campeona del mundo. Yo sin querer ser cortante le dije que si aquello no implicaba un repunte del PIB, recuerdo algún listo decir que lo impulsaría un 0,7% no sé en base a qué cálculos, la emoción en mí no era tal. Estaba de la Roja hasta los mismísimos, su éxito cegó un debut radiofónico que quienes me conocen sabían de la ilusión que me proporcionaba.
Dos años después admito que mi percepción ha cambiado. Sigo viendo el fútbol como esos trucos de magia que en su día argumenté a mi efímero amigo, el quiosquero, incluso con mayor incredulidad. Ahora, mis preferencias son heterogéneas, grito cuando Italia elimina a Inglaterra por que ha jugado mejor y suelto un lacónico “bravo” cuando Xabi Alonso le clava el penalti a Francia o Cesc mata a Portugal en la tanda.
Esto ya no es cuestión de si te identificas más o menos con el rojigualda. Hace tiempo que dejamos de ser niños. La inocencia que David Millar describía cuando charlamos se rompió hace un tiempo. Sin embargo no puedo dejas de esconder cierto anhelo de éxito para España cuando a los pies de mi despacho oigo las sirenas describir euforia y la gente embargada por la pasión. Qué viva España.
Sí, esto ocurre en España. En pleno 2012, el año de la segunda recesión de W que alguno predijo y dictó para nosotros. El fútbol es borrachera de sentimientos, a veces confundidos, es escape, dimensión catártica y si la gente con la que me cruzo por la calle o en el metro ataviada de los colores patrios olvida las penurias durante unos minutos, pues qué cojones, que las aparque y vea la vida con los ojos de niño que hace tiempo dejé un cajón. Más esta puta noche que un amigo al que aprecio un huevo cuenta sus últimas horas de vida. Al fin y al cabo el combustible vital nos llega desde donde menos lo imaginamos y en las circunstancias más impredecibles. Mi deseo: si la gente es feliz, que gane España. 
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¿Están devaluados los Campeonatos de España? por Jorge Quintana


Estamos en pleno frenesí por conocer quiénes vestirán y quiénes estrenarán sus maillots nacionales el próximo Tour de Francia. Eso ocurre en todos los países salvo, oh sorpresa, España. Volvemos, sí, volvemos a ser diferentes. Lo que en Italia supone una fiesta, la semana tricolor, con todas las modalidades en liza, aquí es una carrera de interés doméstico, pero en el escalón de consumo del aficionado. El empeño que ponen los primeros espadas del ciclismo inglés, francés y belga por vestir sus enseñas nacionales no se corresponde con las ganas de los nuestros, y eso, es así, aunque nos duela. Y no entraremos en la historia de maillots de campeón nacional donde la enseña se disimulaba con las trazas del equipo.
Para comentar esta realidad,contamos nuevamente con rúbrica de lujo, Jorge Quintana, quien nos deja sus impresiones al respecto.
Campeonato de España, ¿devaluado?
El Campeonato de España de 2012 será uno de los más devaluados de la historia. O al menos eso es lo que se puede argumentar si uno echa un vistazo a la lista de corredores que ya han anunciado que no estarán en Salamanca. Pero lo cierto es que si echamos la vista atrás lo sucedido en Salamanca no es una excepción sino una regla muy habitual en nuestro país. Y no sólo con el ciclismo.
Yendo al fondo de la cuestión, ¿por qué hay muchos ciclistas que no disputan el campeonato de España? La respuesta es obvia: en nuestro país hay cada vez menos equipos y ninguno de ellos premia económicamente ese título como sí sucede en otras naciones. En cambio, todos esos corredores que podrían por calidad soñar con el título nacional saben que se juegan su futuro en el Tour. Y tras haberse exprimido en Dauphiné o Suiza, quieren apurar o los días de concentración en altitud o los días de descanso antes de viajar a Lieja. Otra fecha sería ideal para los Nacionales, pero la reglamentación UCI es tajantey para que haya puntos en juego debe celebrarse a finales de junio. No hay vuelta de hoja. Como tampoco hay que ese título devaluado a priori acabará siendo revaluado el mismo domingo. Ya verán como el vencedor sonríe. Y es que hay muy pocas carreras -el Mundial es el otro gran ejemplo- que se pelean un día y se disfruten durante ¡365!
Foto tomada de www.esciclismo.com
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Los colores del forofismo visten nuestra prensa

Estamos a vísperas del primer gran partido de la selección española de esta Eurocopa. Cuando entre petardos y cava, celebremos la verbena de San Juan con un ojo en el televisor viendo y sabiendo de la suerte de la selección española frente a Francia, acabaremos de salir de un tsunami mediático que tendrá por objeto calentar una cita que ya viene caldeada a fuego lento y gestionada en un in crescendo progresivo con épocas punta como el positivo de Contador y sus secuelas.

Guiñoles, esos muñecos dibujados por el diablo
Un España- Francia después del bochorno de los guiñoles sinceramente era lo último que necesitábamos. O quizá sí. A los ya de por sí forofos que tenemos por narradores y descriptores de la realidad que acontece alrededor de la roja, se viste el ambiente de una de las señas más acreditativas de nuestra maquinaria mediática: la leña al francés. Sí, como si de un clavo en el ataúd de nuestro media system se tratara, resucitamos uno de los argumentos que desde entrada la democracia nunca estuvo en desuso.
La primera vez que supe de este descarado y artificial enfrentamiento fue cuando a Perico casi le joden el Tour que ya saboreaba. De aquello llegaron otros momentos y  situaciones. La cita anual al pie de verano, cada mes de junio, con el Rolland Garros es imperecedera por la eterna generación de buenos tenistas que año tras años le llevan el copón de los mosqueteros a los parisinos. Luego el Tour, oh el Tour, siendo además terreno abonado para el morbo como todo lo que con ciclismo tiene que ver, que si chute por aquí que si chute por allá. Que si los franceses van a por Contador, que con Indurain no pudieron. Hasta le atribuyen a los franceses el atropello a Lance Armstrong, que hacer no sé lo que hizo, pero entre nosotros, el tema ya huele.
Y ahora la Eurocopa, con la roja vestida de campeona continental y mundial. Esto va a ser el nova más, una ocasión, como hacen algunos valencianos con Valencia en fallas, país dejar directamente el país. Eso, o irse a la playa cuando no, conectarse a la televisión, sin volumen, el sábado a eso de las 20.45 horas.
Hace tiempo que quiero hacer una pequeña reseña de lo que significa la prensa en este país y qué futuro un servidor le augura, que obviamente como apreciación subjetiva puede acabar muy lejos de la realidad, pero mientras tanto y el post se cuece, no podía dejar de apuntar sobre la tremenda bazofia que muchas veces preferimos pasar de largo. 
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Rui Alberto Costa, ADN de la mejor tradición lusa

Los vuelcos de la vida corresponden a quienes trabajan en propinarlos. Veamos si no el hombre de la semana, Rui Alberto Costa, ciclista reinventado tras avatares que en otros hacen mella definitiva. Hace poco, el luso ahora del Movistar era un ciclista atosigado. Paciente, se rehizo, y Unué lo repescó para proyecto azul. Tras ganar una etapa en el último Tour y el Gran Premio de Montreal el año pasado y apuntar altísimo en Suiza en éste, rueda en el mejor momento de su vida. Pero para el talentoso corredor de la zona de Oporto sabe que con 25 años le queda lo mejor.

El día que Portugal se juega su ser o no ser en la Eurocopa damos un salto a la línea marcada sobre Alcantara para ver que Rui Costa bebe de las fuentes de uno de los países que mejores  ciclistas ha dado aunque a priori nos parezca que no es así. Por eso Helena Dias desde Lisboa nos da cuenta en un rápido repaso de quién ha hecho de Portugal un país con poca pero excelente calidad cilcista.  
Algunos de los mejores ciclistas lusos, por Helena Dias
Destacar de la historia del ciclismo portugués algún nombre por encima de otro siempre da lugar a la injusticia para algunos, pues el pasado es rico en nombres, más cuando éste estaba en manos de los grandes clubes del Sporting, Benfica y Porto. Sin embargo, el ciclista portugués más hablado internacionalmente es, sin duda, Joaquim Agostinho. Figura carismática en el mundo ciclista, sumó presencias significativas en las tres grandes Vueltas (13 en el Tour, 5 en la Vuelta y 1 en el Giro) y victorias memorables, como el triunfo en Alpe d’Huez del Tour de 1979, las tres conquistas consecutivas de la Volta a Portugal (1970-1972) y del mítico Alto da Torre por dos veces, más allá de dos etapas en la Vuelta de 1974.
Grande fue también Acácio da Silva, quizás menos conocido en Portugal, pues su carrera se desarrolló mayoritariamente fuera del país. Nunca ganó la Volta a Portugal, pero sumó triunfos en todo el mundo: Giro dell’Emilia, Copa Agostini o G.P. de Luxembourg son algunos de éstos . Marcó presencia en el Tour por seis veces y diez en el Giro. Conquistó tres etapas del Tour (1987, 1988 y 1989), llegando incluso a vestir de amarillo durante cinco días en 1989, año de gloria pues también vistió la maglia rosa en el Giro durante otros dos.
El nombre de Marco de Chagases inevitable en la historia de la Volta a Portugal. Los años 80 fueron inolvidables, con las cuatro victorias de la Volta (1982/83/85/86), otro en los Campeonatos Nacionales de fondo (1985) y contrarreloj individual (1988) y por equipos (1981-1983), más allá de la participación en el Tour en 1980 y 1984. Sin embargo, su carrera es muy amplia y suma victorias desde amateur con la conquista del Campeonato Nacional en 1976, antes de sus 10 años como profesional (1980-1990).
En la actualidad, ejerciendo funciones de director deportivo en RadioShack, José Azevedo tiene su nombre inscrito en dos de los más grandes, y tal vez más polémicos, equipos de ciclismo: el español ONCE (2001-2003) y el estadounidense US Postal (2004), más tarde llamado Discovery Channel (2005-2006). Fue al servicio de estos equipos que participó en el Giro (2001), Tour (2002-2006) y Vuelta (2002, 2003 y 2005). Conocido por la gran fidelidad a sus líderes y por siempre poner en primer lugar el equipo, en detrimento de sus potenciales glorias, las victorias de su carrera se dan principalmente en los años en que estuvo en equipos portugueses. Ganó dos veces la clasificación de la juventud en la Volta a Portugal (1994 y 1995), fue campeón nacional de carretera en contrarreloj individual (1996, 1997 y 2001) más otras carreras importantes a nivel nacional (G.P.Abimota, G.P. Almoçageme, G.P. do Minho o la Clásica de Vila Franca de Xira), cuando aquí el calendario de pruebas era rico y extenso.
Muchos nombres de los orígenes del ciclismo portugués hicieron historia a nivel personal. Pero… ¿y quien da todo para que otros ganen? ¿No será aún más injusto dejar de mencionar esos nombres? Si José Azevedo fue gregario ejemplar para Abraham Olano y Lance Armstrong, el actual ciclista del SaxoBank, Sérgio Paulinho, no se queda muy por detrás. Cuenta con victorias en los Campeonatos Nacionales de carretera en contrarreloj individual (2004 y 2008), una medalla de bronce en los Campeonatos del Mundo contrarreloj U-23 (2002), una medalla de plata (prueba de carretera) en los Juegos Olímpicos de Atenas (2004) y grandes victorias de etapa en la Vuelta (2006) y en el Tour (2010). De las tres grandes vueltas, solo falta el Giro en su palmarés, ya que es una carrera que no se adapta a sus características, contando con tres participaciones en la Vuelta (2006, 2008 y 2011) y cuatro en el Tour (2007 y 2009-2011).
Foto tomada de www.supersport.com