El ciclismo en pista en España ha pasado a ser invisible

torres mora ciclismo en pista
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Los Campeonatos de España de ciclismo en pista ocurrieron en la clandestinidad

Hace un tiempo dijimos, el ciclismo en pista de España es un enfermo crónico… nada ha cambiado.

Estos días en Tafalla estamos pendientes, a tientas, de cómo van las cosas en los Campeonatos de España de ciclismo en pista.

Todo viene desde que nuestro amigo Luis Román nos confirmó que iba a cubrir la cita.

Y es que hablando con Luis, esta vez, otras con Jaume Mas, el técnico más laureado del ciclismo en pista de España, tomamos la medida de la tragedia.

¿Qué pasa con el ciclismo en pista en España?

Está obviado, marginado y ahora es invisible.

Luis nos aduce una razón sencilla, que el ente que debería tomar las riendas está más por el ciclismo que da dinero, es decir el recreativo y el master, cosa que no estaría mal si al menos ese dinero llegara a otras modalidades con menos proyección, pero de las que todos nos acordamos cuando llega, por ejemplo, la cita olímpica.

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En lo que a los Campeonatos de España se refiere, la situación de emergencia sanitaria impedía más de 100 personas en la pista, cosa que viendo el público que se reúne en este tipo de pruebas no es muy complicado.

Para no sobrepasar la cifra, lo primero que se decidió acotar es la prensa, como si ésta acudiera en masa al evento, a parte de Luis, especialista en la materia para su web TrackPiste y colaborador de Ciclo21, algún medio local y poco más.

Se les podría haber acomodado sin problema en la grada, sin poner en peligro la salud de nadie.

Y claro, sin prensa el evento es invisible, por dos razones además.

Por un lado se ha retransmitido dos de las nueve sesiones previstas, se hace por La Liga TV y con un rigor informativo y tiros de cámara de dudosa calidad.

«Para que te hagas una idea, dieron una eliminación en la que se tomaba la cabeza de carrera, cuando la clave está por detrás para ver quién queda fuera» nos comentaba Luis Román, triste por faltar a su primer campeonato desde hace 21 años.

Luego estaban los comentarios, carentes de sentido con lo que se estaba viendo y transmitiendo una emoción imbuida con calzador, menos mal que Raúl Mena puso cordura en la puntuación.

Nos confirman que las crónicas federativas se colgaron casi de madrugada y a su vez no hay servicio de cronometraje al momento, como hace Tissot en ciertas carreras, ni siquiera un sitio web donde ir colgado los PDF´s con los resultados.

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Nada de eso, que se considera tan elemental, se ha dispuesto para dar visibilidad a la modalidad que más medallas ha dado en el ciclismo español desde los Juegos de Barcelona.

Si allí José Manuel Moreno se colgó el primer oro de la delegación española, le seguirían otras leyendas como Joan Llaneras, Toni Tauler, Sergi Escobar, José Antonio Escuredo… que dieron medallas y auparon a España en la tabla olímpica.

De ese fecundo paisaje hemos pasado a la actualidad, solo dos pistards españoles estarán en Tokio, ambos fichados in extremis por Movistar el año pasado por que era una vergüenza que dos bazas como Torres y Mora malvivieran para disputar una americana trufada de pros en el World Tour.

Al final esto es como todo y ese desierto seguirá ahí por mucho tiempo, si tu carrera franquicia pasa en la oscuridad de los tiempos, sucede que nadie sabe que en España hay ciclismo en pista, y lo que ocurre en el sustrato, sube y sube hasta llegar a la superficie.

El ciclismo en pista hace tiempo que está proscrito en España, convendría mirar un poco fuera y ver qué sucede fuera, por que cuando nos admiramos de prodigios como Filippo Ganna o selecciones como la italiana que quiere competir con las mejores del mundo, no podemos olvidar que ahí detrás hay un trabajo que en España ni está ni se le espera.

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Nadie daba un duro por el Tour 2020

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El Tour 2020 es la demostración que la vida sigue en este tiempo de pandemia

«Vive le Tour» firmó Egan Bernal el día que vino abajo, a una semana del final, en la cima del Grand Colombier.

Algunos lo tomaron como una frivolidad, ¿cómo puede decir eso si no va a poder defender su triunfo hasta el final? decían, sin embargo podemos hoy hacerla nuestra.

El Tour de Francia 2020 era hace un par de meses un espejismo que veíamos lejos y lejano, un sueño casi irrealizable, saliendo de una primera ola de esta pandemia, con la marejada previa a la segunda y miles de cuestiones por responder.

El Tour 2020 empezó en Niza con apuestas de hasta cuándo duraría, qué día la situación se haría insostenible y habría que claudicar.

Hasta en este mal anillado cuaderno hicimos cábalas de cuándo se podría proclamar un ganador sólido y certero, a partir de qué día el maillot jaume seria legítimo de figurar el palmarés en caso de suspenderse la prueba.

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Imaginaros que el Tour 2020 se hubiera suspendido a 48 horas de llegar a París, el epílogo que nos hubiéramos perdido

Sin embargo la caravana llegó a unos Campos Elíseos a medio gas, cabe recordar en este sentido que en 2016, el aforo de la gran avenida ya fue muy limitado por los anteriores atentados de Niza, como veis este veinte-veinte no se lleva la exclusividad de todo lo malo.

Se ha logrado salvar el año ciclista, que no es poco…

Los retornos del Tour han sido cumplidos para los mecenas, entiendo que no al 100%, pero sí en la medida justa para evitar que el tsunami que se anunciaba no sea tan devastador como preveíamos en marzo y abril.

El mundo del ciclismo tiene que estar orgulloso, por que ha dado una lección de saber hacer las cosas bien cuando la situación lo requiere y ahí entran todos, desde ciclistas a staff, un éxito del que sacar pecho por que como deporte itinerante, con gente en las cunetas, algunos sin mascarilla, la verdad es que tenemos casi manía persecutoria por quien no respeta las reglas, no era sencillo permanecer inmune en la burbuja.

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Si hasta el director del Tour dio positivo y tuvo que irse por unos días.

Una imagen de la que el país Francia, muy apretado también por la segunda ola, sale beneficiada, sabiendo controlar los miles de imponderables en una ruta como la del Tour, pasando por toda la geografía, en manos de tantas personas.

El ciclismo ha dado la talla, el Tour 2020 es un ejemplo que podremos blandir para decir que con respeto, que no miedo, se puede convivir con estos tiempos, a la espera de otros mejores…

Felicidades.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Que la historia del ciclismo no te estropee un artículo

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Nunca imaginamos que la historia del ciclismo se manipularía para echar por tierra a los ciclistas

Esto que estamos viendo es historia del ciclismo: En este Tour de Francia se está cruzando una línea roja cada vez más difusa, es una línea que camina entre la admiración y la falta de respeto de los ciclistas, una linea roja de la que ya el otro día advertíamos: nunca habíamos visto a los aficionados tan cabreados con los ciclistas como en la primera semana del Tour.

Sabemos que en este mal anillado cuaderno hemos sido críticos muchas veces, empleando las posibilidades que nos da el castellano para darle más fuerza a un titular o a una entradilla en las redes sociales, pero al margen de esos momentos, lo cierto es que siempre hemos intentando ponernos en el lugar del ciclista para entender lo que estamos viendo e incluso nos arrogamos el gusto de decir cinco cosas que hace el Tour que no contribuyen para que el espectáculo sea televisivo.

Sin embargo, esta mañana hemos chocado con este artículo en el Diario Marca, un artículo en el que se falta el resto a los ciclistas, en especial a Mikel Landa, corredor sobre el cual esta prensa fue la primera en levantar expectativas, y se manipula burdamente la historia del ciclismo para que todo quede redondo, niquelado.

En especial hablamos de este párrafo, aunque la totalidad del artículo es un despropósito:

Desde el sofá, o mejor dicho desde la redacción y tomando todas las medidas de seguridad para combatir la COVID-19, el espectáculo del Tour de Francia está siendo horrible. Los profesionales que deberían de luchar por la carrera, que cobran (y mucho) por ello, están corriendo para defender el puesto y tomando el menor de todos los riesgos posibles. Esto no era ciclismo, la foto que abre este párrafo es de Stephen Roche en la meta de una etapa en el Tour que ganó a Perico Delgado en 1987. Llegó vacío después de atacar a más de 100 kilómetros de meta en la Madeleine, que hoy se subió al tran-tran.

Tampoco pedimos eso, tampoco lo de Ullrich a Pantani también en la Madeleine en el Tour de 1998 o la exhibición de Indurain en 1994, también en la Madeleine, o el Tour que ganó Perico en la Madeleine… la mítica montaña que en esta etapa del Tour de 2020 fue ‘fumada’ por el pelotón. No pedimos el ciclimo de antaño, pero algo más que una etapa de cuatro horas se reduzca a los 10 minutos finales.

 

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Se dice primero de todo que esto no era ciclismo, por la etapa de ayer, cuando viene siendo la tónica, en especial en el Tour desde hace mucho tiempo, en especial este último ciclo, en el que las modas de los superequipos y la tecnología han ahogado cualquier tentativa que roce la locura.

Esta gente es profesional, y cobra por ello por hacer lo que han hecho estos días: competir lo mejor posible, en un contexto de extrema igualdad y optimización de su puesta a punto, esto es así, y los tiempos de ganar el Tour por un cuarto de hora fueron hace cuarenta años.

Ese párrafo se ilustra con Stephen Roche desplomado y atendido con oxígeno en la cima de La Plagne tras firmar una remontada in extremis a Perico en el último puerto, poco o nada que ver con el ataque a cien kilómetros desde La Madeleine que dice «ayer se fumaron» los ciclistas.

En todo caso el irlandés lo intentó en el avituallamiento previo a la subida, fue destacado durante la misma y cazado en el descenso.

Atribuir esa imagen a la Madeleine, es forzar mucho el relato.

Esto último lo hemos añadido gracias al apunte Marcos Pereda y la lectura de la crónica original del gran Javier de Dalmases…

Si bien es cierto que Ullrich atacó a Pantani el día después de su hundimiento en Les Deux Alpes, también lo es que ese Tour de 1998 pasó a la historia negra del ciclismo.

Incluso para quienes disfrutamos de aquellas ediciones nos da vergüenza decir que lo gozamos, por que el tiempo demostró que iban como iban, mentar esas exhibiciones es una loa a aquella barra libre, y recordamos portadas muy duras del Marca contra el ciclismo, portadas de jeringuillas pinchando ruedas.

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Luego echa mano de los clásicos.

Perico no reventó el Tour que ganó en Madeleine y sí en el Glandon, antes de Alpe d´ Huez.

Y por más que trato de recordar, no me viene a la mente la imagen de Indurain exhibiéndose en la Madeleine, en el Tour de 1994.

Esto es lo que hay, que la historia contrastada y real del ciclismo no te impida vomitar sobre unos profesionales que mejor o peor hacen su trabajo.

Es cierto que el Tour 2020 no pasará a los anales de la emoción, muy posiblemente, a pesar de esas cortas diferencias que se venden como la clave del espectáculo, pero es lo que es, seguro que muy mejorable, a nuestros ojos, que podría ser más emocionante, más vistoso, pero es que el ciclismo se ha convertido en esto, en máquinas de matar tan afinadas que llegan juntos hasta las cimas.

Y la historia del ciclismo está bien como está.

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¿Un ciclista aficionado en el Tour? No hay debate

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Incluso en etapas de relleno, un ciclista aficionado no tendría sitio en el Tour

Sobre lo que comentamos hace unos días con Unai Yus, Nacho nos añade un apunte sobre la suerte que correría un ciclista aficionado en el Tour de Francia.
Incluso en su día más proclive, el no profesional saldría disparado… pero hacia atrás.
Y es que no puede haber debate en este tema, cuando pensamos que un ciclista aficionado estar en el pelotón del Tour deberíamos pensar porqué en su momento estos dieron el salto a profesionalismo y nosotros no.
A partir de ahí cualquier discusión es estéril…
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Imagen: ©Ralph Scherzer – Bora hansgrohe

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Tour: Victorias, derrotas y debacles que resultan muy rentables

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Cualquier cosa que suceda en el Tour justifica la inversión de un año

Con la primera victoria de Sam Bennett en el Tour, en una jornada que debió ser estresante no, lo siguiente, desde los PCR´s y los resultados a los cortes por el viento, nos quedamos impresionados por la reacción del irlandés en la entrevista posterior…

Un tío hecho y derecho, con casi medio centenar de victorias, etapas en el Giro y la Vuelta, velocista curtido que hasta la fecha no había ganado en el Tour, sabiendo que con esta victoria entra en otro nivel y llorando en la entrevista.

Fue un sprint limpio y breve, la meta estaba horrible situada tan cerca de la última curva, pero un sprint en el que quedó patente que en el Deceuninck se está calentito y arropado.

Todos los rivales de Bennett iban solos, ni Sagan, ni Ewan, ni Vivani, ni Pedersen tenían ruedas amigas

En todo caso, esa entrevista es oro, miradla si podéis, Sam Bennett y su mascarilla escurridiza por que se le descontrolan las lágrimas.

Es un triunfo, pero no uno cualquiera, es en el Tour, ganar aquí es el campeonato del mundo de velocidad.

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Sobre Bennet, una victoria, sobre Thibaut Pinot, una debacle televisada y patrocinada por Groupama.

Dudo mucho que haya un hundimiento más rentable que el corredor francés camino del Marie Blanque, con una cámara para él, rodeado de compañeros, alimentando la posibilidad de un abandono que roce lo mítico.

En términos de imagen, minutos de televisión, impagable el carisma que Thibaut se ha granjeado, ese desmoronamiento es más rentable que muchas victorias.

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Y por último una machada que acabó a un kilómetro a meta, la de Marc Hirschi en la etapa del domingo.

Su apuesta fue una de tantas que se hacen, pero que quedan a medio camino, a no ser que la protagonice un corredor que es uno de los grandes descubrimientos del Tour.

Hizo todo, abrió hueco, produjo la selección, subió acoplado, bajó como los ángeles y rodó de lujo, sólo que el top 4 del Tour le dio caza a un kilómetro y pico de meta.

No ganó por que estaba fundido, pero nos ganó el corazón, puso el logo de su marca de bicicletas en nuestra mente, repitió el nombre de su equipo en los medios, otro golpe de efecto.

Y es que esto es el Tour, donde todo se multiplica por mil, lo bueno, lo malo y lo peor, un escenario enorme que da la razón a aquellos que reconocían, en los días más duros del confinamiento, que su no celebración sería una tragedia para este deporte.

Una carrera en la que ganar no siempre es lo único rentable, como bien vemos, donde una debacle como la de Pinot, una derrota como la de Hirschi y la emoción de Bennet tienen alguien detrás que está sacándole retorno y motivos para seguir creyendo que éste es el deporte más bello del mundo.

Imagen: ©Tim De Waele / Getty Images

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Es absurdo pensar que un ciclista aficionado puede estar en un pelotón profesional

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Algunas etapas del Tour alimentaron la teoría que un aficionado puede aguantar un ciclista profesional

Una semana de Tour raro, en un año raro, raro, raro.

Y una semana de Tour en Twitter, donde ha habido momentos con más ataques que en la carretera.

En los primeros días, a falta de emoción en el Tour, Twitter, la red social más caliente, ha echado fuego.

El Tour, como la vida, ahora mismo está convulso, sólo hay que verlo: hay una gran inseguridad en todos los trabajos, gremios y grupos.

Y un ciclista profesional no deja de ser una persona con sus preocupaciones, con sus días buenos y malos a nivel físico y psicológico.

No he venido aquí para justificar una etapa infumable como la quinta, donde no se vio ni un solo ataque, pero, hasta cierto punto, lo visto es entendible.

Hay que pensar que los ciclistas son muy de rutinas, año tras año.

Si lo pensamos, los corredores casi siempre hacen un calendario muy similar, con unos tiempos, una gestión de cargas y descansos muy estructurados y controlados.

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Pero este año, en un año marcado también en lo deportivo por la Covid19, todo eso ha cambiado.

La temporada empezó con normalidad pero de golpe, se cancelaron las carreras e incluso muchos ciclistas tuvieron que pasarse dos meses, entrenando tan sólo en rodillo.

Del rodillo volvieron a hacer una pretemporada, concentraciones en altura y a correr.

Pero ojo, a correr de manera muy concentrada, con las carreras en fechas atípicas, con mucha tensión, muchas caídas por la ansiedad.

Y casi sin tiempo a nada: el Tour

Sin referencias válidas, a pie cambiado respecto años y años de trabajo, por eso, a más veteranía, más dificultad en rendir en un año tan raro.

A pesar de que el ciclismo cada vez está más controlado y más medido, esas cosas no se pueden perfilar tan fácilmente.

De esos potenciómetros que todos miran han salido unos datos que han servido a algunos para volver a sacar un debate tan viejo como el ciclismo en la televisión.

Desde que el ciclismo se ve en la pequeña pantalla, con más o menos asiduidad hemos escuchado la disyuntiva de si un cicloturista podría aguantar en un pelotón profesional y cuánto.

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Vamos por partes, un cicloturista no es un ciclista que hace 6h30 en la QH, como se nos ha querido vender

Cicloturista era mi padre cuando hacía la Luchon-Baiona en dos días y parando a comer sentado con cuchillo y tenedor.

Todos aquellos que buscan mejorar sus marcas en pruebas ciclodeportivas (me niego a llamarlas marchas cicloturistas) son ciclodeportistas, másters o ciclistas aficionados.

Y en Twitter, hemos estado debatiendo, con datos objetivos de potenciómetros, pesos, tiempos y velocidades.

Pero hemos discutido sólo con esos datos como referencia.

Comparar datos de un ciclodeportista disputando a tope su carrera objetivo del año y un ciclista profesional en una etapa sin miga es tan absurdo como pensar que alguien no profesional puede aguantar en un pelotón en una carrera profesional.

Los datos que comparamos pueden ser muy similares, pero la realidad es completamente diferente: ponemos en la misma balanza personas que compaginan trabajo con pasión y ciclistas profesionales que se dedican a ello 24h al día y 365 días al año.

Comparamos ciclistas que hacen más de 30.000km al año con otros que hacen entre 15.000 y 20.000.

Imaginad a un ciclodeportista muy bueno, que vuela y gana la mayoría de las pruebas ciclodeportivas: de repente lo plantamos en medio de un pelotón en una etapa no ya de alta montaña, y sí en un recorrido quebrado, «pestosillo»  con una carretera estrecha y con un pelotón contemporizando una escapada, haciendo tempo, con 170 corredores buscando mantener la posición.

Sin más.

La tensión que se vive ahí para los profesionales es la normal, están acostumbrados a gestionarla

Unos mejor, otros peor, pero no les supone un gasto energético como el que sufriría ese ciclodeportista.

Ese gasto le provocaría retrasarse en el pelotón y perder el grupo por la fatiga que acumula ante la tensión.

Lo mismo ocurriría en una etapa llana con viento lateral, aunque no se lleguen a hacer abanicos.

Exactamente lo mismo en una aproximación a meta, e incluso, en un inicio de etapa intenso, de esos que no se forma la fuga hasta pasados muchos kilómetros, estos tres últimos días lo hemos visto.

Como resumen, un ciclodeportista sería incapaz de seguir al pelotón prácticamente en ninguna circunstancia

Volvamos a la  primera etapa del Tour, con el suelo resbaladizo, el pelotón bloqueo la carrera y a pesar de ello, en un terreno muy complicado, sacó una media de 41,7km/h.

Fui profesional, sigo compitiendo en máster, me mantengo decentemente, pero no soy ni la sombra de lo que era, un profesional que no destacaba, y estoy seguro que hubiera sido incapaz de acabar esa etapa en el pelotón, probablemente ni siquiera con Degenkolb.

Con esto quiero decir, que me parece muy osado por algún entrenador, comparar dos realidades tan diferentes y sugerir y generar un debate tan antiguo como absurdo, y escudarse en unos datos, objetivos, cierto es, obviando la incertidumbre del medio y la fatiga acumulada, algo que es tan importante o más que los valores fisiológicos.

Por Unai Yus

Imagen: ©Bettiniphoto – Bora hansgrohe

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El Tour tiene lo que se merece: cinco motivos

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Razones por las que el Tour está lejos de emocionarnos

Hay liada una buena entre la hinchada, como decimos nunca habíamos visto tanta hostilidad hacia los ciclistas del Tour, directamente hacia ellos, como pocas veces hemos visto, haciendo caer a más de un ciclista en el olvido que su trabajo se debe a los espectadores que con su audiencia garantizan el share y el retorno a quienes mantienen la fiesta.

A sabiendas que consideramos un milagro que el Tour 2020 esté en marcha, y esperemos que llegue a París, queremos dar cinco motivos por los cuales el Tour de Francia no es la carrera más bonita del calendario.

El primer motivo tiene que ver con la falsa sensación de espectáculo que otorga a igualdad

Si recordamos el cuarto Tour de Froome, veremos que los mejores de la general se manejaron en segundos durante las tres semanas, hasta que a crono de Marsella puso orden en el tablero.

Aquello se vendió como emocionante, y no tuvo nada de eso.

Ni el mejor Romain Bardet, ni la versión top de Fabio Aru consiguieron inquietar al Team Sky, un bloque en el que Landa y Kwiatkowski se tragaban los puertos de tres en tres controlando el rebaño.

Chris Froome ganó por menos de un minuto sobre Rigoberto Urán, pero ya está, de aquella edición no hubo nada memorable, salvo la escapada de Contador y Landa camino de Foix.

Así las cosas, los organizadores se obsesionan por tener la recua muy junta hasta el final, cosa que, como vemos no enciende los ánimos de arriesgar.

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El segundo motivo tiene que ver pues con los recorridos, y en especial por la aniquilación de las cronos de los recorridos

Lo hemos dicho mil veces, desde esas cronos memorables de Dumoulin en el Giro, una buena crono sacude la general, abre huecos y prende las ganas de atacar.

Una buena crono es un ejercicio sublime del ciclismo, un ejercicio en solitario, uno a uno, sin intermediarios, a pelo, como lo de la «prueba del algodón».

Una crono esta primera semana del Tour habría provocado que algunos favoritos llegaran con necesidad de atacar en Mont Aigoual o en Pirineos el fin de semana.

El año pasado, Primoz Roglic pintó la cara de los rivales en la crono, un rodillo bien pasado que nos deparó una segunda mitad de Vuelta trepidante, con espectáculo diario y etapas que permanecen en la memoria, y entonces la general estaba sentenciada.

Por cierto, etapas que no están entre las marcadas, como en la que Sagan puso al Bora a descolgar velocistas y acabó con Landa y Pogacar distanciados, acaban siendo mejor que la mayoría de las de montaña.

Y es que no es de recibo la acumulación de llegadas en alto y etapas de montaña porque sí, eso no da espectáculo, eso provoca que la gente se acomode al grupo y queme kilómetros a la espera que los grandes tengan un fallo, porque en definitiva no sale rentable atacarlos para que sus gregarios te devuelvan al grupo.

Y no sale rentable, también, porque en definitiva Pinot, Nairo y cia no necesitan arriesgar con dos tercios de Tour por delante, cuando van a segundos de Yates y Roglic.

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El tercer motivo son las clases de este ciclismo

Tenemos dos escuadras que capitalizan el pelotón, bien sea para parar el ritmo, como el Jumbo en Niza, o para un tran tran insufrible, Ineos en Mont Aigoual.

Al lado bloques con un cabeza de filas muy marcado y luego otros equipos, los llamados modestos, para los que se reserva una escapada que más allá de minutos de televisión rara vez acaba en otra cosa.

Y estos se cansan de ser teloneros, al final nos sabemos el desarrollo de estas etapas de memoria para acabar en el sprint entre Bennet, Van Aert y Ewan, porque en la historia quedaron los Pepe Recio o Jele Nidjam de turno que daban color destrozando las llegadas.

El cuarto motivo es esa tecnología que tanto le ha dado al ciclismo como emoción le ha quitado

Y es que Wout Van Aert sabe perfectamente lo que tiene que marcar la pantallita para que ni Dios se vaya del pelotón, Van Aert como Castroviejo o Kwaitkowski, años atrás.

El ciclismo de sensaciones ha muerto y con él, la pasión de cada vez más aficionados.

Ahora además se suman los modems para monitorizar los corredores…

Y el quinto motivo tiene que ver sobre el confinamiento y lo atropellado de esta temporada

Eso es imposible que no pase factura a los ciclistas.

Y es que todo en 2020 es raro, o no tanto, por que en ciclismo, y más concretamente en el Tour, las quejas de este estilo se vienen replicando hace años, la carrera no hace más que aportar y adaptar el guión pero no dan con la fórmula.

Eso está claro y mientras siguen buscando, el aficionado se desespera.

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Nuestro ciclismo no distingue banderas

Ciclismo colombiano JoanSeguidor

Seguimos creyendo, ingenuamente, en un ciclismo sin banderas

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El Tour de Francia junta lo mejor y lo peor de este universo, las miserias y grandezas de este ciclismo que cuando se envuelve de banderas, ya no me gusta tanto.

Pero es así, cierto, y plausible, como la vida misma…

 

Nos apena y mucho que se habla así, que se enarbolen nacionalismos y se saque pecho por el mero hecho de que haya cuatro, cinco o seis colombianos en el top ten del Tour.

Entiendo que cada colombiano recibe un sobresueldo por etapa que gane Nairo.

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El ciclismo español hace veinte años tenía un ratio similar, e íbamos tirando y disfrutando con lo que había, entonces, exactamente igual que ahora.

Por que no entendemos que el ciclismo sea presa también de la ignorancia que destila el nacionalismo, patrioterismo barato, sin más fundamento que alegrase del mal momento ajeno, sin disfrutar lo que te dan los tuyos.

En El Cuaderno de JoanSeguidor siempre hemos hablado de ciclismo, de clásicas belgas e italianas, de rarezas como el Tro Bro Leon, con la misma pasión que la Vuelta, de mundial de Valverde con idéntica admiración que la Roubaix de Gilbert o el Flandes que Cancellara le gana a Boonen, porque entendemos así este deporte, que es de personas, apoyadas en un equipo de mil nacionalidades, que emergen en la memoria y nos enciende hablar de ellas.

A nosotros nos enamoraron la clase de Bugno, los cojones de Chiapucci, el poder de Ullrich, la magia de Lemond, la persecución de Tchimil y Moncassin en una Roubaix, la Marmolada de Chioccioli, el Mundial de Olano… esas cosas.

¿Tan complicado es de entender?

En este mal anillado cuaderno el ciclismo colombiano siempre ha sido ojito derecho, y lo es por méritos propios, por sacar na ingente cantidad de estrellas que no conocimos en cualquier otro país.

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Pero si nuestro apunte de la jornada de Ocières en la que deslumbró Roglic es que no conviene enterrar a un campeón como Egan Bernal.

Que Movistar naufrague era más que previsible, que la baza de Mikel Landa nos despierta mil dudas, exactamente lo mismo, todo eso es así, lo hemos explicado y desarrollado con la misma nitidez que nos asombran las obras maestras de Van der Poel, el trabajo incondicional de Van Aert, la clase de Bardet, los logros de Sagan, el Tour de Geraint, la educación de Froome y la grandeza imperecedera de Van Avermaet, aquí no somos objetivos.

El problema es de quien toma las críticas a un corredor, Nairo Quintana, como a crítica a un país entero.

Nairo se las ganó a pulso, a los hechos nos remitimos, como los halagos que no escatimamos sus primeros años.

Veremos qué es capaz de hacer en este Tour, lo que vimos en Ocières nos hace pensar que va a estar en la pomada y ratifica que necesitaba salir con urgencia de la ratonera del Movistar.

Y ojo, que dijimos que nunca iba a ganar el Tour, lo seguimos pensado, pero…

Pero por el amor de Dios, miren qué hemos escrito de Higuita, de Gaviria, de Uran, de Bernal, los recuerdos que hemos realizado sobre Fabio Parra, Lucho Herrera y un pequeñín al que vimos correr de adolescentes, Martín Farfán, para entender que nos resbalan las banderas en ciclismo, cuando son utilizadas como arma arrojadiza, demostrando tanta ignorancia que no puede caber en el deporte más bello del mundo.

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