Una París-Roubaix femenina es de justicia

París-Roubaix femenina

La París-Roubaix femenina salda muchas deudas al mismo tiempo

Si hay una carrera ciclista cuya creación en los últimos años ha sido solicitada como ninguna otra entre corredoras y aficionados, esa la París-Roubaix femenina.

Si hay una carrera cuya primera edición parecía -ante los aparentes oídos sordos de ASO- más una utopía que una realidad, esa es la París Roubaix femenina.

Y, si ha habido un anuncio sorprendente como pocos en los últimos tiempos, es precisamente ese… la creación de una París-Roubaix femenina.

Las circunstancias no pueden ser más peculiares.

Con la obligada reubicación del calendario ciclista por parte de la UCI, la edición 2020 del Infierno del Norte pasa a disputarse el 25 de octubre.

Y con la publicación del calendario World Tour, sin anuncios grandilocuentes, introduciéndola en silencio cuando quizá nadie la esperaba, ahí aparecía: una París-Roubaix para mujeres.

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La discreción con que se materializó el anuncio no impidió el aluvión de respuestas positivas en redes sociales.

Por fin.

Ya era hora.

Sea un gesto simbólico de ASO o, esperemos, una apuesta fuerte y con visión de futuro, se tapa el hueco más necesario a corto plazo que sufría el calendario femenino.

Si, más importante que la creación de un Tour de Francia para ellas.

Aunque de esto, que también empiezan a circular fuertes rumores, podemos hablar en otra ocasión.

Las ganas de una Roubaix eran tales que incluso ciclistas ya retiradas como la neerlandesa Iris Slappendel, en su día campeona nacional en el país líder entre las féminas, mencionó que se plantearía una vuelta a la actividad profesional solo por darse el gustazo de rodar sobre los adoquines del noreste de Francia.

Annemiek van Vleuten, actual campeona del mundo, siempre dijo que no se retiraría hasta que existiese una Roubaix femenina

Ahora ya podría hacerlo con la conciencia tranquila, si bien, por suerte, aún no está entre sus planes a corto plazo.

Faltan muchos detalles por conocer, especialmente en cuanto al recorrido.

Pero ASO, afortunadamente, ya anticipó que se pasarán varios de los tramos míticos de la prueba masculina.

Se disputará el mismo día que los hombres, presumiblemente finalizando unas pocas horas antes. Y, habiendo entrado automáticamente a formar parte del Women’s World Tour, debería de tener garantizada la retransmisión televisiva.

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Si todo va bien, y desde ya cruzamos los dedos por ello, el próximo 25 de octubre tiene todos los papeles de convertirse en una de las jornadas más memorables del ciclismo moderno: París-Roubaix por partida doble, es decir también femenina, etapa del Tourmalet en la Vuelta a España y contrarreloj final del Giro de Italia, todo condensado en unas pocas horas.

Serviría para compensar, al menos en una pequeña parte, los muchos sinsabores vividos durante esta primavera.

Ah, y esto tal vez sea una lanzada a la piscina en toda regla, pero si quieren pronósticos, apunten este nombre para levantar el primer adoquín en el velódromo de Roubaix: Jolien D’hoore.

Por Saúl Miguel Garrido

Foto: Paris-Roubaix

 

Veintipico años desde el Tour del 98

Tour del 98 - Marco Pantani JoanSeguidor

Dos décadas de una carrera que marcó el ciclismo: el Tour del 98

Hace más de veinte años por estas fechas, saboreábamos la sublime victoria de Marco Pantani en el Giro de Italia.

Estábamos en capilla, de un nuevo mundial de fútbol, el de Francia, el país del Tour, del Tour del 98.

Fue aquella una carrera que empezó días antes de arrancar, recuerdo, desde Dublín.

Un control rutinario de frontera hizo saltar la liebre: un masajista de Festina, Willy Voet, fue cazado con un arsenal de sustancias dopantes.

El tamaño del «alijo» era tal que el argumento tan manido de «consumo propio» no se sostenía por ningún lado.

Aquello fue el detonante: el ciclismo nunca volvería a ser igual.

Fue romper la inocencia rota para muchos que quisimos creer que aquello no era cierto, que resultaba un espejismo, una pesadilla, mejor dicho.

Tour del 98: el antes y el después

Un espejismo de puertas hacia fuera, un secreto a gritos de puertas hacia dentro.

Marco Pantani acabó ganando ese Tour con una memorable etapa bajo la lluvia del Galibier, una jornada que hemos visto esta tarde en Teledeporte con los mismos ojos de inocencia del 98.

Fue el único momento que desconectamos de la triste realidad que envolvía y tomaba el ciclismo.

A partir de ahí, el ciclismo arrastra el estigma como el fantasma preso a sus cadenas.

A partir de ahí vendría la expulsión de Pantani en el siguiente Giro, el raid de San Remo en la ronda italiana, tres años después…

Vendrían historias para no dormir.

También el periodo de Lance Armstrong, el ciclista que no existió, que nunca corrió el Tour, ni lo ganó siete veces.

Lance Armstrong como consecuencia del Tour del 98

Acabamos de leer la «Rueda de la mentira«, el libro de Juliet Macur, que describe el antes, durante y después del ciclo de Lance Armstrong.

Siete años de plomo y sopor en la mejor carrera. Siete años que vemos borrados en todas las fuentes que consultamos.

La obra de Macur destaca por ser políedrica, más de 130 entrevistas, con testimonios que hablan con tal contundencia que la sola esperanza de salir vivo de Lance Armstrong, resultaba sonrojante.

El libro describe cómo se cierra el cerco y desmadeja la nebulosa de mentiras que construye Armstrong.

En teoría, se dijo hasta la saciedad, el Tour del 99, el que siguió al escándalo, era el más limpio de la historia, el más creíble, el más transparente…

Y lo ganó Amstrong.

Así las cosas, el ciclismo de 2018 es heredero del Tour del 98.

Veinte años después las cosas no han cambiado, al menos no en la percepción de deporte horadado por la lacra del dopaje.

Un dopaje que además es transversal, y se da allí donde nunca lo podríamos entender. Un saludo a esos masters que juegan a ganar el Tour en su día a día.

Y fruto de aquello tenemos una presión inaguantable para el 99.9% de los humanos, salvo Chris Froome, quien abanderó una limpieza y tolerancia cero, que él mismo ha puesto en el borde del abismo.

Dicen que está más limpio que nunca, pero la percepción es la de siempre.

Algo se hace mal y lo peor son esas decisiones que miran por la imagen y no por la salud del ciclista, como el picotazo de avispa de Sander Armée en el Giro de hace un par de años.

O los ciclistas que hacen gala de su limpieza como si hicieran un extra, denostando a otros.

Así es el ciclismo, el deporte por el que no ha pasado el tiempo desde aquel fatídico Tour del 98.

Imagen tomada de Cycling History

 

Desescalada: la bicicleta nos incentivará a conocer lugares nuevos

Conocer sitios es el primer objetivo de la bicicleta

¿Qué es lo que nos lleva, a muchos cicloturistas, a recorrer con nuestras bicicletas cada vez más kilómetros, y más lejos en la distancia, conocer otros territorios, otros países y otras regiones?

La respuesta es, sin duda, la inquietud por conocer, por saber qué hay más allá de nuestras fronteras, de nuestra zona de confort, una vez que ya han caído rendidos a nuestros pedales los recorridos más cercanos a nuestra casa o nuestra tierra, en forma de puertos de montañas, pueblos pintorescos, paisajes de ensueño o carreteras con encanto junto al mar.

Pero existe todo un mundo de posibilidades mucho más allá.

Haber concurrido en bicicleta sitios increíbles pedaleando por los collados que entrelazan cordilleras como Pirineos, Alpes o Dolomitas y haber ascendido sus puertos más emblemáticos como Tourmalet, Alpe d’Huez o Stelvio, por poner algunos ejemplos, habrá sido brillante, extraordinario, una experiencia increíble, pero no sólo de nombres míticos vive el auténtico cicloturista, y éste sin duda siempre querrá más.

La naturaleza y la belleza de muchos de esos sitios pesan toneladas, pero también su cultura, su historia, su patrimonio y tradiciones, estimulando nuestra inquietud y una curiosidad sin límites.

Esto refuerza la idea que, por mucho que sepamos de esos numerosos lugares que hemos visitado a golpe de pedal, nunca nos será suficiente y siempre querremos saber más para mantener el reto del conocimiento permanente.

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Hay muchos ciclistas con cientos de puertos ascendidos marcados a fuego en los músculos de sus piernas y, a pesar de ser auténticos gurús de las montañas o verdaderos locos de las cumbres, son conscientes que no lo dominan todo.

Todo ello nos lleva de manera irresistible a seguir aprendiendo, casi de manera continua, de otras gentes, de otros lugares, recibiendo lecciones constantes de otras culturas.

Somos cicloturistas y el turismo en bici es lo que más nos atrae y llama la atención, pero también podemos, y debemos, abarcar otros ámbitos culturales.

Esta inalterable e imperecedera educación la debemos llevar a cabo como ciclistas turistas durante toda nuestra vida ciclodeportiva, una enseñanza que en muchos casos va mucho más allá de la bicicleta y se convierte en dulce apetito por descubrir: el modus vivendi de toda nuestra existencia.

Todo esto es gracias en buena a parte a la bicicleta, que nos forma como cicloturistas aprendices de la vida de manera inquebrantable sin renunciar a algo tan natural como seguir discerniendo, actualizando nuestros conocimientos y ampliando horizontes, sobre todo en un terreno tan cambiante como el nuestro, porque si no es cada día, al menos sí cada cierto tiempo, la experiencia de muchos cicloaventureros que nos hablan de sus nuevas conquistas nos suscitan estas inquietudes que nos renuevan el ansia por cultivarnos más.

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Este deseo por averiguar aún más, por ir más allá en nuestro pedaleo, lo podemos enfocar en tres direcciones: una al pasado, a la historia ya no sólo de este deporte, sino también la de todo un pueblo; otra, más actual, que nos permita aprender de lo que nos rodea y de las ideas que nos puedan surgir por el camino; y, finalmente, por qué no, otra dirección al futuro, intentando crear una bella utopía, un mundo idílico, dando ejemplo de que el movimiento se demuestra, en este caso, pedaleando, y que de esta manera todo es más sencillo, más humano y sostenible, más eficiente y ecológico.

Se trata de no decaer en nuestro esfuerzo, tanto físico como mental, de continuar añadiendo ideas, experiencias, vivencias y recuerdos que perduren en nuestra memoria toda una vida.

Seguro que tanto nuestro cuerpo como espíritu nos lo agradecerán.

Como siempre decimos, no se trata de devorar kilómetros a lomos de nuestras bicicletas, sino de saborearlos y no dejar que se apaguen nuestras luces, incluso en la oscuridad, al contrario, intentar con nuestras ansias por formarnos que prenda la llama del saber en forma de toma de contacto con otras gentes y otras tierras, empapándonos de sus culturas, dejándonos invadir por la curiosidad, visitando sus monumentos, sus teatros, sus exposiciones y museos, hablando y debatiendo con los lugareños.

Es algo que está en nuestras manos, a nuestro alcance, y que al menos nos evitará envejecer de forma prematura mentalmente.

Lo podemos considerar un estilo de vida, el que cada uno elija, porque habrán cicloturistas -de hecho, los hay y muchos- que se lo tomen como una dulce obligación, una manera de ser, una exigencia con uno mismo, siempre con hambre y sed por seguir instruyéndose, para luego pasar un digno testigo de nuestra memoria a la juventud que nos sigue, contagiándoles estas ganas de vivir que nos produce el mero hecho de montar en bicicleta y el placer que nos supone, a ritmo de pedal, la inquietud por conocer en bicicleta.

Foto: Pau Catllà

Ciclistas: no es el momento de quejarse (II)

Oír y leer a ciclistas protestando me hace pensar que viven en otro mundo

Leer reacciones al post que rescatamos del muro de nuestro amigo Jaume Rué en Facebook nos dibuja un panorama en el que o muchos que practican ciclismo no están afectados por la crisis económica que se está derivando de todo esto o no son conscientes de la realidad que nos rodea.

Pensar en salir en bicicleta es lícito, claro que queremos salir, y a correr, nos ha jodido, somos deportistas, nos gusta que nos dé el aire, sudar, cansarnos y luego ser generosos en la mesa. 

Todo eso está muy bien, pero la situación es disruptiva.

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Si a la maraña de voces que suenan desde todos los lados, ya incluso hasta el fútbol está en el lote, añadimos la de unos deportistas amateurs que, estando en todo su derecho de quejarse, no se dan cuenta que las reivindicaciones que lanzan son nimiedades respecto a lo está en juego… ¿qué podemos esperar cuando surge gente diciendo que tenemos que ser solidarios?

Hace menos de dos semanas, más de de uno estaba maldiciendo su rodillo o el patio donde dar vueltas corriendo o caminando, hoy podemos salir, con todas las limitaciones del mundo, de distancia, municipio, sin grupeta,… pero joder, podemos salir.

Y lo hacemos valorando como oro en paño esos kilometrillos que toda esta mierda nos ha robado.

Cabe disfrutar y esperar que escampe.

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Ya sabemos que un ciclista solo por la montaña no va a contagiar a nadie, no cabe ser epidemólogo para tenerlo claro, lo sabemos de sobra, pero en este caso creo que hay un tema moral detrás de una decisión, si sale uno a la montaña, sale un tropel, si sale uno a la montaña, ya tenemos grupetas por la sierra, quedadas y otras sobradas que hace dos meses que están vetadas por salud pública.

Igual que cuando un ciclista habla mal de los otros cuando se salta un semáforo, también lo hace cuando camina en medio de un redil, sin distancia, ocupando espacio, a la vista de todos.

Y no queremos defender una medida, no somos sospechosos ni ser de unos o de otros, nos merecen todos la misma opinión, somos pragmáticos ante una sociedad a la que le das la muñeca y te toma el brazo.

Es lícito pensar que el sistema económico montado en este país en base de servicios, turismo y bares debe revisarse, pero es el que es amigos, ahora y en este momento y es por el que hay que luchar para reflotar.

Luego esos políticos que abrazáis, cortoplacistas y que sólo hablan para sus parroquias, que tengan los cojones de cambiar el sistema de raíz cuando toque, pero no ahora, cuando estamos salvando los muebles.

De ahí que una terraza con diez tipos bebiendo cerveza, respetando la norma sea de recibo…

Y no menospreciéis tanto el turismo, alrededor de él hay puestos de trabajo que ni imagináis, creando una inteligencia de país de la que sentirse orgulloso, atrayendo ingenieros y matemáticos y exportando «savoir faire» a nivel internacional.

Por cierto que al ciclismo, a los ciclistas y a la bicicleta les va bien cuando al turismo le va bien.

Que España siempre tendrá en el sol su mejor aliado y con él todo lo que viene. 

Perico en MasterChef: ¿Por qué el ciclismo no puede tener un reality?

Perico Delgado JoanSeguidor

El ciclismo tiene los elementos televisivos para ser carne de un reality

La semana que concluye nos dejó la noticia de que Perico estará en el MasterChef celebities del próximo otoño, creo.

Una notica que queremos valorar en términos de lo que implica para este deporte, nuestro querido ciclismo, tan al margen de los circos medáticos donde se cuece la pasta de verdad.

Que Perico esté en MasterChef seguramente será un éxito, en otra cosa no sé, pero el exciclista se maneja bien -damos fe- entre cámaras, periodistas y audiencias, domina la escena, marca los tiempos, dice lo que la gente quiere escuchar y lo hace con gracejo.

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De entre todos los ciclistas que ha dado España posiblemente sea el más adecuado, sin duda, no es necesario tener el mejor palmarés para ello.

Y los chascarrillos ciclistas que tomen el programa supongo que serán la constante: que si hacer la goma, que si coronar el primero, que cocinar sano…

En fin, que lo celebramos.

Pero ver a Perico en MasterChef nos devuelve a algo que hace tiempo que defendemos

Por ejemplo, llevar ciclismo a prime time más a menudo, incluso con la pesadilla logística que supone, entre organizaciones y auxiliares, quizá el beneficio compense el sacrificio.

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Pero no sólo eso, ¿no podríamos tener un reality de ciclismo?

El de cocina ha triunfado, y hay otros por ahí, uno de costura, creo, alguno de citas -con Oscar Pujol buscando media naranja- el ciclismo podría tener su recorrido.

El documental del Movistar Team ha sido un ejemplo de que el ciclismo da en la tele, tiene su qué, quizá por lo desconocido y opaco que resulta de puertas hacia afuera.

Si las escerificaciones, los falsos caviares y todo eso han tenido éxito, por qué no los vatios, puertos, desniveles, desarrollos, bicicletas… 

Preparar una QH, un desafío en L´ Etape du Tour, igual que se reunieron con Victor Gonzalo un grupito de frikis a hacer su mejor maratón hace quince años ya.

El ciclismo es un deporte con atractivo televisivo tan grande que podría sentar precedente en la creación de un producto cuyo éxito estaría por ver.

Y eso en una industria que apuesta por su deporte, con margen para crecer e introducirse en una sociedad que puede tener en la bicicleta una de las soluciones más recurrentes a sus problemas.

¿Os hace un reality de ciclismo?

Ciclistas: no es el momento de quejarse

bicicleta confinamiento joanSeguidor

Convendría que algunos ciclistas se dieran cuenta de lo que nos estamos jugando

¿Es incongruente y carece de lógica que hoy podamos ir a un bar rodeados de más gente y en cambio aún los ciclistas no podamos salir en bici fuera de los límites de nuestro municipio?
Por supuesto que sí.
Pero ahora toca pensar en global y no en uno mismo.
Basta ya de salir a aplaudir y después intentar saltarse las normas o estar quejándose todo el día porque no puedo salir más en bici, basta de hipocresías.
Los ciclistas federados, amateurs, populares, cicloturistas, profesionales frustrados…nos esperamos un poquito más, Y NO PASA NADA!
No debe ser nada fácil gestionar esta crisis en un país Mediterráneo como el nuestro en donde la vida en la calle y el contacto entre personas forman parte de nuestra cultura y están en nuestro ADN.
Las autoridades tienen que lidiar entre dos duras realidades y encontrar el punto de equilibrio es más complejo de lo que podamos pensar.
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Por un lado hay que mantener el estado de alarma con algunas restricciones, ya que el riesgo de rebrote sigue estando ahí, no podemos bajar la guardia ni muchísimo menos.
Deben seguir los horarios restringidos para que el riesgo de contagio sea menor entre personas vulnerables.
Si no se hace así ya estaríamos montando fiestas de vecinos, porque somos así, porque pensaríamos que esto ya está superado.
Por otro lado somos un país con una economía débil, basada en los servicios y el turismo, donde las pymes y los autónomos somos la base de la subsistencia del Estado.
En pocas palabras, o empezamos a trabajar y a facturar ya o nos hundimos.
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A modo de ejemplo: en España hay 260.000 bares, uno por cada 175 personas, es la densidad más alta del mundo.
Muchos tendrán que bajar la persiana definitivamente si no empiezan a recuperar la actividad.
Nos guste más o menos somos un país de bar y fútbol, es lo que hay.
Vamos a apoyar, a aportar, a pensar en positivo, en global y dejémonos de egoísmos y de críticas.

«Creo que los presupuestos no van a ser tan magníficos como hasta la fecha» Xabier Muriel

Caja Rural ciclismo JoanSeguidor

El Caja Rural-RGA luce músculo en un contexto de crisis

Hacía días que queríamos hablar con alguien de Caja Rural-RGA, porque los días pasan y los efectos de esta crisis pesan.

Xabier Muriel nos explica los fundamentos de un equipo que nada en un contexto muy complejo del que seguro el ciclismo va a salir muy tocado y llegamos a una conclusión, el ciclismo que viene va a ser más modesto, más eficaz y necesariamente más humano.

Leemos sobre equipos que realizan retoques en los presupuestos, en los salarios de los corredores y staf ¿cuál es la situación en Caja Rural-RGA?

«El patrocinio no se ha tocado en esencia, eso por el momento nos da una tranquilidad«

Caja Rural está en una buena situación, pues

«Dentro de lo malo del momento, es una entidad que está menos afectada que otras»

Eso es un bálsamo

«Da tranquilidad desde luego, en medio de tanta incertidumbre es lo mejor que podemos escuchar, y lo sabemos desde la segunda semana del confinamiento»

¿Cómo se reparte el presupuesto del equipo?

«Caja Rural y RGA Seguros aportan el 90% de presupuesto, hablamos más o menos de unos cuatro millones»

¿En 2021 seguís»

«Sí, en 2021 seguiremos»

¿No se han contemplado reducciones?

«No por el momento, aunque no se descarta algún ERTE si seguimos sin competir«

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Ocho semanas de confinamiento ¿cómo es la relación con los chavales?

«El contacto es el normal, nos hemos readaptado en la forma de comunicarnos dando un salto en lo digital. Quedamos todos un par de veces por la semana, charlamos de nutrición, rendimiento, psicología… pero también para charlar de la vida, de lo que nos rodea»

Esto os afecta como a cualquier ser humano

«Así es»

¿Cómo seguís a los ciclistas?

«Hacemos una monitorización de toda su actividad, hacen sus entrenamientos y los suben a una plataforma común»

¿Ha habido mucho perjuicio por este periodo?

«La forma puede bajar entre un 10 y un 15% en dos meses, ahora volver a salir a las carreteras paliará algo la merma. Sin embargo, el principal problema es la falta de competición»

¿Tanto merma la falta de competición?

«Sin duda que sí. Es que existimos para la competición. Juega mucho en la forma del corredor porque le obliga a mejorar año a año y trabajar duro para estar ahí. Con la competición aseguras que un corredor crezca en forma un 2 ó 3% anual»

¿Psicológicamente?

«No estamos ajenos a lo que pasa y nos rodea, luego están los corredores y sus circunstancias, los hay que lesionados, que son jóvenes, que acaban contrato… nos afecta a todos. Por ejemplo, tenemos staff que trabaja por días, todo eso se ha ido al traste. Todo es incertidumbre ahora mismo»

La incertidumbre va con el deporte profesional, pero estar en casa tanto tiempo…

«El ciclista se mueve, entrena en las carreteras, viaja a las carreras, está mucho tiempo fuera de casa. Ha habido de todo, a algunos les ha costado mucho, a otros menos, pero de seis semanas así también podemos sacar cosas positivas«

¿Cosas positivas?

«Ahora hablas con los chavales, que pueden salir, y te dicen lo felices que les hace tener esta profesión, sobre la suerte que tienen. Valoran unos kilómetros en bicicleta como oro en paño. También se ilusionan porque la competición sea una realidad de nuevo. Con todo creo que gestión de la incertidumbre nos mejora»

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Ha quedado claro el calendario del World Tour pero ¿y el otro?

«En teoría el 15 de mayo la UCI dará pistas sobre los calendarios continentales. Debemos ir completando los huecos, ir a la Vuelta es capital para nosotros, pero hemos tenido alguna confirmación de una carrera del World Tour»

Ahora mismo por eso todo está muy en el aire

«Sí claro, por ejemplo teníamos mucha actividad para el mes de septiembre y todo está pendiente»

¿Saldrá el ciclismo de ésta?

«Va a haber mucha criba, desde luego. Se avecina un invierno 2020 potente, a ver qué carreras sobreviven al parón impuesto. Espero que la UCI reflexione sobre las invitaciones y otras carreras que sin ser tan grandes también forman parte del ciclismo»

¿La UCI también tendrá que valorar quién sale de ésta?

«Así es, ver quién sale y quién no adelante. Caja Rural tiene un proyecto potente»

¿Se podrá mantener este nivel de gasto en el ciclismo?

«Creo que los presupuestos no van a ser tan magníficos como hasta la fecha«

¿Hay una burbuja en el ciclismo?

«En cierto modo sí, y no lo digo yo, los presupuestos se han disparado y se va a recolocar todo»

Pero este escenario premia sobre todo a proyectos con los pies en el suelo

«Sí, el nuestro lo es, sin un presupuesto boyante, pero siendo sólidos«

Llega el momento de sacar a relucir esa solidez… el ciclismo lo necesitará porque no es sencillo lo que viene y el paisaje va a cambiar…

Imagen: Vuelta Andalucía

Hace 40 años: el «boom» del cicloturismo

Para entender la explosión del cicloturismo hay que viajar lejos

El cicloturismo, tal y como lo vivimos hoy en día, es un legado que ha perdurado en el tiempo de aquellos pioneros cicloturistas en nuestro país que, a finales de los años 70, una vez recorridas una y otra vez sus montañas, sus playas y pueblos más cercanos, decidieron dar el salto para ser verdaderos viajeros cicloturistas.

Lo que hasta aquel momento sólo residía en sus mentes y pensamientos, empezó a hacerse realidad en aquel primer año de la década de los 80.

De esta manera podemos hablar de una auténtica primavera del cicloturismo, aquella de 1980, cuando muchos sin haber dado aún una pedalada como cicloturistas con alforjas, pero con toda la ilusión, se lanzaron a la aventura del conocimiento.

Cada vez eran más las personas que utilizaban la bicicleta como medio de transporte para hacer turismo y ese deseo por mejorar el nivel cultural que fue creciendo entre la población.

No fue fácil en un principio.

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Existían muchos obstáculos que fueron subsanando sobre la marcha, ya que estamos hablando de los primeros ciclistas turistas que se atrevieron, sin complejos, a meter sus bicicletas en los trenes para aproximarse lo máximo posible a sus objetivos y mitigar sus intensos anhelos por conocer.

Inicialmente fueron pocos, pero fueron aumentando considerablemente.

Después de recorrer con sus bicis casi todo el territorio peninsular y gran parte de Europa, hubo quienes cruzaron el charco dando el salto a Sudamérica, siempre con ese afán por descubrir.

El deseo era pedalear por espacios naturales, lejos de los grandes núcleos urbanos, disfrutando de los paisajes, sin dudar en empaparse de los problemas de aquellos lugares, solidarizándose con ellos, porque muchos de estos cicloturistas eran ante todo ecologistas interesados también en el lado antropológico y cultural de aquellos territorios.

Con todas estas experiencias, intentaban transmitirnos el saber acumulado durante años de viajes cicloturistas, en rutas vividas a pie de pedal modificando la percepción de las personas que habitaban en aquellos parajes.

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Sus vivencias nos empujaron a coger nuestras bicis y pedalear, con afán de aventuras y respeto a la naturaleza, por aquellas rutas que eran sólo algunas de las muchas que estas tierras, y otras más lejanas, nos podían ofrecer.

La bicicleta es, sin duda, el mejor vehículo de transporte del conocimiento que podemos adquirir, de manera próxima y amable, sin dejar esos espacios muertos que quedan fuera de nuestro alcance cuando lo hacemos en otros medios.

Nuestra pequeña reina nos permite aprender de forma armónica, integrándonos plenamente en todo lo que nos rodea.