Pedalear «cantábricamente»

Sólo escuchar su nombre nos abre los sentidos y el recuerdo del aroma a mar, con su intenso olor a sal, nos acerca de inmediato a sus rompientes, donde de una manera inequívoca nuestra mente nos evoca al Océano Atlántico.

Os invitamos a viajar a caballo de vuestras bicicletas por carreteras, que junto a su litoral, quedan enmarcadas por la inmensidad de sus aguas, convirtiendo vuestro pedaleo por estas costas en un placentero viaje, inolvidable, que quedará grabado en vuestras retinas por mucho tiempo.

¿Nos acompañáis?

Subiendo o bajando, preparaos para rodar con suavidad para revelar estas viejas tierras que viven bajo el influjo indisoluble de su mar, sintiendo en cada pedalada la fuerza del océano que las ha condicionado de tal manera que hablar de su duro clima, con sus largos inviernos y sus breves veranos, sus tempestades, la sinuosidad de la costa, sea una referencia obligada para entender la historia de sus pueblos y sus curtidas gentes.

Son muchas las rutas que se pueden efectuar a ritmo sosegado o vertiginoso, que de todo y para todos hay, en compañía o en solitario, descubriendo los encantos de recorridos al borde del embravecido mar Cantábrico.

Elegir sólo una sería como intentar escoger una sola rosa de un rosal rebosante de flores, pero todos los caminos tienen como denominador común la presencia permanente del Atlántico que os sumergirá en unas tierras mágicas y de costumbres ancestrales, muy distintas al resto de dominios peninsulares.

Pero por ubicar un punto de partida esta vez seremos profetas en nuestra tierra y lo haremos desde muy cerca de nuestra casa: Irún y, dirección Oeste, saludando el espectacular cabo Higuer que alcanzaremos atravesando Hondarribía.

Desde aquí, siguiendo la línea de la costa, nos encontraremos sorteando paisajes de acantilados espectaculares en muchos tramos y pequeñas playas que aparecen y desaparecen con la cadencia de las mareas, carreteras caprichosas, curvas, que nos acercan y nos alejan del mar, sorprendiéndonos en cada vista.

Es la Iberia húmeda en todo su esplendor.

En el trayecto, sólo para vuestros ojos, irán apareciendo pequeños pueblos marineros, lonjas de pescado, embarcaderos, fantásticas atalayas naturales donde tendréis un encuentro directo con el mar. También podréis hacer un alto en el camino y parar en alguna de las aldeas que jalonan la travesía elegida. En ellas, a modo de balcones, podréis apreciar el océano en preciosos miradores.

Hablad con sus vecinos. Haced amistad con ellos y dejad que os cuenten.

Seguro que os explicarán historias de gentes que han luchado con el mar bravío, de leyendas que han surgido en sus terruños sumergidos por las características foscas que los envuelven en un halo de misterio.

Tomaos vuestro tiempo. La tentación de parar y bajar de la bici para contemplar el paisaje será una constante en nuestro viaje en bici, tan atractivo que hará que percibáis la placidez de las rías, prados cultivados, mientras nos dejaremos invadir por aires y neblinas marineras.

El olor a sal nos impregna por completo. Saborearemos verdaderos momentos de paz.

Estamos en el corazón de la Cordillera Cantábrica y continuaremos pedaleando por tramos que nos llevarán a bordear costas de permanentes brumas y, si bien nos podremos encontrar con ella, con la niebla, el encanto cambia pero, aunque diferente, sigue inmutable.

El Cantábrico es otro mundo por el cual pedalearemos hasta el final de nuestra ruta escogida. Sensaciones mágicas nos transportarán en nuestra excursión en bici y, cuando nos adentremos hacia el interior, el recuerdo del mar nos ayudará a apreciar aún más si cabe el paisaje de nuestras montañas.

Vivir cantábricamente.

¿Os apetece?

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Instagram de Ziklo

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