1985. La primera Gran Vuelta de Perico: Recio, pero Delgado

Aquella tarde por la sierra Perico sentenció la Vuelta 1985

Nos cabe el consuelo de que el confinamiento se está haciendo en días de perros ahí fuera y para entrar en calor Teledeporte nos trae la sentencia de la Vuelta 1985, gentileza de Perico.

“Son muchas horas bajo la lluvia o la nieve y si la temperatura es muy baja, el frío se va metiendo en tus huesos, necesitando varias horas después de la etapa para entrar en calor. Lo más importante en este tipo de días es mantener el calor corporal y la moral alta”.

Perico Delgado

¿Seguro que el invierno de aquel año aún no había acabado?

La señorita primavera abandonó sus aposentos por un día y dejó que se asentara en su trono el frío general que, con mano de hierro, azotó al sufrido pelotón ciclista a falta de tan solo dos días para acabar la gran ronda por etapas española.

Era mayo, pero la película de la etapa bien se podría haber rodado en diciembre.

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La carrera parecía… ¿sentenciada?

Todo indicaba que sí.

Con los ciclistas arrancando en frío, lloviendo y con previsión de cellisca en las montañas, no parecía un día muy propicio para pedalear.

Sin embargo había un ciclista que, con sangre fría, lo tenía todo planeado, un corredor que llegaba a su casa de Segovia y que conocía el terreno y las dificultades como la palma de su mano.

Aliado por los elementos, movió la carrera desde el principio, provocando que la mayoría se tuvieran que despojar del manto de la pereza para imprimir un ritmo vertiginoso para evitar cualquier tipo de asalto.

La Morcuera hizo la primera selección entre aquellos valientes.

En Cotos nuestro guerrero venido del frío lo intentó, pero al líder no le temblaron las piernas y supo mantener la cabeza helada y el corazón caliente.

Finalmente un tipo Recio en el llano logró escabullirse del abrigo del pelotón.

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Fue coronando Navacerrada, blanca inmaculada entre el aguanieve, el granizo y la niebla, cuando nuestro Delgado protagonista pudo esconderse y despistar a sus rivales, lanzándose a tumba abierta en el descenso, corriendo un tupido velo de bruma.

Ya no le volvieron a ver.

No se veía nada.

Hizo camino Recio y por detrás, un líder de mármol, Millar, se quedaba quieto, congelado, sin capacidad de reacción: no se había enterado de nada.

Cuando quiso reaccionar, un Perico le había enjugado los 6’13” de retraso en la general y le había dado la vuelta al marcador.

Una etapa histórica.

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