Eduardo Chozas es cantidad y calidad

Ya tenemos a Eduardo Chozas comentando la Vuelta en Eurosport

En el carrusel de ciclismo que se impone en Eurosport estos días, hemos tenido la alegría de volver a escuchar a Eduardo Chozas, junto a su alter ego natural, Antonio Alix.

Una combinación interesante, con la vehemencia de Alix, con una injustificada legión de haters, y la suavidad de Chozas.

Si nos dais a elegir, no dudaríamos…

Una noticia que es un grano de arena en el desierto que nos ha impuesto este puñetero 2020.

Volvemos a tener la pareja con la que entramos en Eurosport hace unos años, el mismo comentarista que en un evento de presentación de la temporada ciclista en Eurorpost, hace unos años, se nos descubrió con cariño y educación extremas, como aquel ciclista que admiramos hace treinta años.

Eduardo Chozas, nos repetimos, es cercano y respetuoso con sus comentarios, conocedor de lo que acontece en el ciclismo actual, me confirman que se prepara a conciencia, tanto en forma como en fondo, y de ahí el resultado, un lujo que vuelve a nuestra pantalla.

A disfrutar con el amigo Eduardo en una Vuelta que acabará en noviembre, casi de noche, con las hojas meciendo el paso de los ciclistas.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

-publicado 26 de julio- 

Eduardo Chozas supo trasladar su grandeza de la carretera a la narración ciclista

«Julio ha sido siempre un mes que se me ha dado bien» dijo Eduardo Chozas en la Cadena ser el sábado, tras un mes lago en el Hospital saliendo del transplante de médula por un linfoma.

Julio es al ciclismo el Tour, la carrera en la que Eduardo Chozas construyó un peldaño importante de su palmarés ciclista: ganador de tres etapas, dos en el macizo Central, de Aurillac a Saint Étienne, más aquella famosa del Granon, la llegada más alta jamás del Tur, aquel día que Lemond secó las opciones de Hinault en el Tour.

Aquella etapa fue icónica, nosotros supimos de ella por Jaume Mir, de la espera en meta, de las referencias que no llegaba, de lo poquísimo que salió Eduardo en la televisión, porque las diferencias eran tan grandes entre el escapado y los favoritos que era imposible mantener unas conexiones digas.

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Esa etapa la vimos durante el confinamiento y explica mucho lo que fue como ciclista Eduardo Chozas, un corredor de cantidad y calidad, dos conceptos que parecen antagónicos, pero que el cuadra con maestra perfección.

Corrió un montón de grandes vueltas, incluso en alguna campaña se sumó a esa moda que instauró su compañero Marino Lejarreta de hacer las tres grandes el mismo año, y encadenó un par de años corriendo tres semanas en España, Italia y Francia por ese orden.

Eso es cantidad.

Cantidad que no le quitó calidad, con un palmarés preñado de perlas que relucen, perlas que vistas hoy, lo complicado que es lograr algo así, son tesoros.

Igual que la etapa del Granon, cuatro años después, otra victoria de olfato y calidad, delante de Lemond, Bugno y Breukink en Saint Etienne, al sprint, escapado con ellos, y alguno más, tras dar esquinazo a Perico en la subida final.

Una etapa de maestro, como la Sestriere al año siguiente en el Giro, con los cocos pisándole los talones.

Un tipo así, en cualquier otro deporte sería reverenciado.

Nosotros supimos que Eduardo Chozas no andaba fino el año pasado, al final de año, en la felicitación que nos hizo por Navidad.

Dice que el linfoma le ha acompañado desde hace diez años, aunque en los últimos tres se han complicado las cosas.

Cuent que en Eurosport el año pasado narró carreras «bajo mínimos» y entre mareos, admite que para comentar no tenía problemas, pero que cuando estaba sentado mucho rato debía levantarse con cuidado.

Lo sabemos ahora, tanto tiempo después, por que Eduardo Chozas no ha escatimado un comentario, impresión y emoción cada vez que se ha puesto, habitualmente al lado de Antonio Alix, delante un micro de Eurosport a narrar una carrera.

Como cuando fue ciclista, lo suyo era cuestión cantidad y calidad: Comentaba por horas y horas, sin importar lo que quedara para meta ni la carrera que fuera, le ponía cariño, proximidad y sobre todo algo que ya le admirábamos de su época de corredor, le ponía humildad, una humildad que abría equidistancia entre los espectadores y la carrera, que les situaba en contexto y a veces enfriaba los habituales piques de Antonio Alix.

Ahora Eduardo Chozas supera esta enfermedad con la calma de saber que por el camino sólo ha dejado amigos y gente que le quiere, no es sencillo en un mundo donde el «haterismo» se lleva escrito en la frente, de ahí su mérito.

Escucharle nuevamente, no sé si lo tiene previsto, será sin duda un triunfo de aquellos que apreciamos la humildad como el primer peldaño hacia saber un poquito de lo que rodea.

Imagen: @Olympia_Vintage

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Chris Froome en la Vuelta, a sufrir desde el kilómetro cero

Chris Froome JoanSeguidor

La Vuelta se debe tomar como parte de la recuperación de Chris Froome

La Vuelta a España que empieza en martes, en el año más raro de nuestras vidas, no es una carrera para calentar motores, es una carrera para venir caliente de casa y Chris Froome lo sabe.

El inglés es de desde luego el nombre más lujoso de un cartel importante, muy cargado de figuras, muchas de ellas doblando con el Tour de Francia, que parte con la misma sensación que ha recorrido estos días el Giro de Italia: ¿Se llegará a Madrid?.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Chris Froome empieza la Vuelta, la grande que figura dos veces en su palmarés tras atravesar no pocas vicisitudes.

La primera cronológicamente hablando le cayó hace tres años, firmada en la carretera y sellada tras el proceso de su no negativo en el que su equipo tuvo que tirar de lo mejor de la abogacía para sacar limpio a su corredor.

La segunda había acontecido mucho tiempo antes, aquella irreal victoria de Juanjo Cobo que se tumbó a los ocho años.

Y es que Froome en la Vuelta es el vivo ejemplo de lo que es el ciclismo, un poco si nos permitís la vulgaridad, una «casa de putas»

Un desastre prolongado en el tiempo que ha tenido a este educado inglés en el ojo del huracán casi desde el primer minuto que explotó.

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Sea como fuere la realidad actual de Froome es muy diferente a la de otras ocasiones

La Vuelta es la primera grande en la que Froome toma la salida desde que se dejara parte de su salud en aquel calentamiento para la crono larga del Dauphiné.

«Se ha matado» pensó Dan Martin cuando oyó el ruido de la su caída.

No se mató, pero el destrozo fue tal que Froome vuelve a una grande 16 meses después de aquel accidente.

Y lo hace con la certeza de que va sufrir desde el minuto uno, con una clásica hacia Arrate en la que él entró en el juego años atrás, cuando llegó Valverde, Purito y Contador arriba.

Entonces, hace ya ocho años, vimos que el Froome de aquella Vuelta no era el rodillo que había sido en el Tour, pertrechando a Wiggins, hoy creo que la versión del inglés estará incluso más alejada de aquella.

Y es que la Vuelta 2020 será una etapa más en el gran objetivo de Froome: volar lo más cerca posible del gran campeón que siempre hemos considerado que es.

Un objetivo más ambicioso no es realista.

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No se puede criminalizar al motorista que chocó con Alaphilippe

Alaphlippe motorista

Leer al motorista con el choca Alaphlippe te parte el alma

Sobre la historia que hemos presenciado casi en directo, por que lo que nos ofrecieron fue Alaphilippe doliente en el suelo tras chochar con el motorista en Flandes, queríamos apuntar algunas cosas.

Hubo un año, hace cinco, que las motos incidieron de forma manifiesta en las carreras.

Fue en verano del 2015, entre el Tour y San Sebastián, cuando se juntaron varios incidentes.

Entonces escribimos esto:

Es curioso que, en tiempos en los que la bicicleta busca hacerse un hueco en carreteras y ciudades, estemos presenciando casi en directo y tiempo real accidentes o situaciones surrealistas con otros vehículos a motor dentro de las propias carreras ciclistas.

En plazo de diez días, tres incidentes han acontecido, los tres con motocicletas de la organización en lo que es el colmo de la contradicción porque se les supone un papel de auxilio y no de estorbo para quienes compiten.

La primera situación fue en el propio Tour y ocurrió con Jakob Fulsang cuando estaba atento a los movimientos de Romain Bardet en la cima del Glandon. Una moto desbocada serpenteó hasta llevarse al danés en fuga por delante, privándole de al menos disputarle el triunfo a Bardet.

Ya este fin de semana en San Sebastián Greg Van Avermaet fue arrollado por otra moto cuando iba escapado, en cabeza y con opciones reales de ganar. Segundo tiro. El tercero fue en el espectacular Prudential de Londres, cuando a unos cinco de meta una moto se acerca al fugado Sep Vanmarcke y su piloto le toca la chepa sin saber el motivo ni la razón. Surrealista.

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Desde entonces, las motos ha sido un tema recurrente en las carreras, cuando no ha sido por abundancia de ellas, fue a causa de influir en el resultado.

Sin embargo el choque del motorista con Julian Alaphilippe el domingo en Flandes no sabríamos calificarlo de error.

Hemos leído las impresiones del motorista con el que chocó Alaphilippe y duele ponerse en su lugar

Ahora mismo este experimentado profesional, con nombre y apellidos, con una larga trayectoria es un hombre al borde de la depresión por el sentimiento de culpa que le recorre el cuerpo.

Habla que se descolgó para ponerse tras los tres ciclistas, junto a la neutra, pues la ventaja se había ido por encima de los veinte segundos, que tomó ese lado de la ruta por que la televisión iba en el opuesto.

Que esas situaciones se dan cien veces en cada carrera.

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Pero que cuando quiso darse cuenta, tenía a Alaphilippe encima, hablando por el auricular y ahí prendió el desastre.

¿Evitable? Sí, pero nadie está exento de un error así, por increíble que parezca, pasa en las mejores casas y Flandes si algo tiene es una tradición en el oficio de organizador fuera de toda duda.

Leyendo al motorista, viendo las reacciones de los propios directores del Deceuninck, sólo Lefevere cargó algo, pero no como acostumbra cuando se ve en poder de la razón.

El propio Alaphilippe admite darle vueltas a lo sucedido continuamente, qué habría pasado de seguir en carrera, pero nada del motorista.

Desearía que en un tiempo, el que sea necesario, él y Alaphilippe quedaran para hablar de algo que sin duda ha pasado a los libros de historia

Evenepoel se equivoca en esa apreciación, nosotros mientras quedaremos imaginando qué hubiera pasado con los tres en liza.

Imagen: Twitter

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No está siendo un Giro barato, es de circunstancias

Giro Italia Almeida

Todos los ciclistas que disputan el Giro ofrecen más dudas que certezas

Qué Giro tan dispar estamos viviendo.

Cada disputa por una etapa está resultando emocionante, cargada de pasión, con nombres interesantes, desde consagrados como Sagan o Démare a gente que crece tipo Guerreiro, Narvaez y Ganna.

El recorrido contribuye, con perfiles de clásica, una cada día, corrida como tal, junto a una meteorología que le añade elementos de épica como la lluvia y los fríos del otoño.

Un cuadro diferente al de mayo, con la primavera trepando por las montañas, el sol alargando las jornadas aunque meteorología cambiante en las cumbres.

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A la espera de la nueva ronda de test para a Covid19, un elemento que obviamente pesa en el ánimo de la carrera, y lo que pueda ser la última semana, pronósticos hablan de que si el Stelvio parece que se podría subir, no ocurre lo mismo con la etapa que entra en Francia, el foco queda ahora en una general en la que, sinceramente, nada es lo que parece.

Hablamos de una terna de aspirantes, el top 12, es decir los que quedan en cinco minutos o menos, compuesta en su gran mayoría por nombres nuevos en estas lides.

A excepción de Vincenzo Nibali, hablamos de corredores muy jóvenes e inexpertos o veteranos con probadas explosiones en otras grandes que disputaron.

Es decir todo en el aire.

Si vemos al líder Joao Almeida, el luso realizó una heroica defensa en Piancavallo, quedándose a siete de meta, al ritmo de Hindley, pero guardando una maglia rosa para la que tenía menos de un minuto de colchón.

Lo cierto es el que portugués se ha ganado nuestro cariño y simpatía, pero no son pocos los lobos que le pueden hacer el lío de aquí al final y no lo decimos por si principal rival, el más cercano, Kelderman que fio toda la subida a Piancavallo a su compañero neozelandés por que no tenía ni para soltar a Tao Geoghegan.

Si con la maglia a tiro, el líder descolgado tan lejos de meta, Kelderman no hizo más, no podemos menos que creer que poco o nada le quedaba en esas piernas.

Curiosamente Sunweb vuelve a optar al Giro el año de la salida de Tom Dumoulin, por que Jai Hindley está a menos de tres minutos del líder, tercero y con una forma que a la vista de todos estuvo.

Él solito lo hizo todo.

Sólo le aguantó el prometedor Tao, el Ineos de la quiniela, que está ahí también, con todo a su favor para ver si esa generación intermedia del equipo inglés toma el mando.

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Bajando en la general Pello Bilbao parece haber tocado techo, con el Tour en las piernas, mientras que Rafal Majka es como el perro del hortelano.

El polaco podría apretar con su compañero Konrad, ambos están a tres-cuatro minutos de Almeida, y junto a los Sunweb son los únicos que podrían hacer pinza.

El resto van solos: Nibali sin gregarios de la calidad de Ciccone o Brambilla y Pozzovivo en un quiero y no puedo, sabiendo que por edad y futuro de su equipo, un NTT que está en la cuenta atrás para nuevo patrocinador, no le quedan muchas más opciones.

Quedan McNulty, incógnita, y Fuglsang, a cinco minutazos, en una historia que ya nos sabemos del danés.

Esto es el Giro 2020 ahora mismo señores, una carrera que es una moneda al aire, donde las certezas que pudiera arrojar la general se pueden venir abajo en cualquier momento, con un pelotón lleno de gente que nunca se vio en una igual.

Sin embargo, es lo que hay, no creo que sea un Giro barato,  es un Giro de circunstancias y ojalá llegue a Milán.

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Ver a Roglic en la Vuelta es de profesional ejemplar

Primoz Roglic Vuelta JoanSeguidor

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

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Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

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Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

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A Julian Alaphilippe sólo puedes quererle

Alaphilippe ha estado en buena parte de los grandes momentos de la mini temporada 2020

Cuando Julian Alaphilippe puso el pie en la Strade Bianche, con el dorsal uno, hace más de dos meses y medio, no podíamos imaginarnos la omnipresencia del francés en la mini campaña 2020.

Y es que no ha habido carrera en la que haya tomado parte de forma anónima.

Ahora ya todo se acabado, el astro francés descansa y se recupera de sus fracturas de la mano tras el fostiazo que se dio en Flandes, escapado con Van der Poel y Van Aert, pero si mira para atrás estas diez últimas semanas el tan odiado como admirado ciclista campeón del mundo ha llenado parte de los mejores momentos de nuestra vida ciclista reciente.

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A Julian Alaphilippe se le dijo de todo hace dos semanas, cuando en Lieja sucumbió a los nervios de estrenar el arcoíris, condicionar el final con una maniobra ilegal y de celebrar el triunfo tan rápido, demasiado como vimos.

Entonces era el villano, el corredor de la cara, de los gestos, que parece querer una moto y cámara para él, que tiene averías y vuelve al grupo, que hace extrañas maniobras, como si le fueran dando tics y tembleques en la ruta.

A los pocos días ganaría a Fleccha Brabanzona a Van der Poel en un mano a mano antológico donde el neerlandés cometió todos los errores que no protagonizaría en el epílogo de Flandes.

Aquí, en la gran carrera de adoquines de la campaña, Julian Alaphilippe dejó atrás la aureola de novato, sacó el látigo y propuso una carrera antológica, sin saber si iba a la gloria o a estrellarse, sin miramientos, no cortapisas, sabiéndose escapado con los dos cocos del momento, pero también bien pertrechado por sus compañeros detrás.

El lujo que propuso el francés se quedó en medio de la ruta, en un tramo de asfalto tras estrellarse con la moto

Me ha llamado la atención que nadie ha hecho sangre del motorista más allá que tendría que haber estado al otro lado, por la parte abierta de la curva, cosa que parecería de lógica, pero que no siempre ocurre.

Me alegro, por que ese jurado debió vivir un momento de «tierra trágame» al punto que le pidió diez veces perdón a los del Deceuninck.

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Fue un bajón, sin duda, el duelo a tres quedó en un pulso cuyo desenlace tenemos bien presente.

Un Alaphilippe con Van Aert y Van der Poel habría sido una orgía de ciclismo a pelo, a golpe limpio, a «maricón» el último, de ahí podrían haber llegado de uno en uno, al sprint o haber sido cazados por los de atrás, por que se hubieran neutralizado.

Ahora son todo conjeturas, ciclismo ficción, pero el premio que nos dio ayer este francés tan odiado como querido no tiene precio.

Se le podrán achacar mil cosas, que es un teatrero, que desquicia rivales, que traza eléctrico en medio del grupo, pero también que corre a pecho descubierto y que entiende que en el riesgo va parte de su sueldo y el espectáculo que se le exige.

Cierra la campaña Alaphilippe con una fractura en la mano que apoya en la caída, una de las fotos del año y una temporada, la siguiente, que amanecerá en arcoíris.

Admitidlo, a este flaco gabacho, sólo puedes quererle.

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Van der Poel y Van Aert hacen que el ciclismo merezca la pena

Van aert Van der Poel

Flandes nos dio el epílogo soñado: un sprint entre Van der Poel y Van Aert

Cuando Julian Alaphilippe aceleró por primera vez en la cresta del Koppenberg, a más de cuarenta de meta, con Mathieu Van der Poel, primero, y Wout Van Aer, acto seguido, cerca de su rueda, el Tour de Flandes empezó a ser epopeya y poesía.

Lo primero con Alaphilippe callando aquellas voces que le acusan de «posturitas», corriendo a pecho descubierto en un terreno que no conoce, que le era indómito, con los dos mejores, sobre el papel, con él.

Su caída  contra la moto fue un mazazo en una tarde fría y otoñal, como acostumbraban a ser las primaveras en Flandes.

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Un mazazo que al final nos dejó el duelo que todos esperábamos…

Un duelo que a un kilómetro de meta se inició con los zig zagas, Van der Poel por delante, vigilando que Van Aert no le saltara antes de su distancia, con el pelotón a la vista, poniendo presión a una situación ya de por sí legendaria.

Pasaron el cartel de 500 metros, el de 400, el de 300… nadie se movía.

Van der Poel no quiso cometer el error de la Flecha Brabançona, se puso delante, dejó a Van Aert en las vallas y pam… primer monumento para Mathieu, 34 años después que Adrie, su padre, en un terreno donde el abuelo Poupouno se prodigó en exceso.

El Tour de Flandes soñado, el mano a mano soñado por las rutas que hicieron la fe, maldita sea la moto que se cargó las opciones de Alaphilippe, en una carera que creo nos merecíamos: en un año asqueroso, lleno de incertidumbre y zozobra, con los dos cocos que nos emocionan desde los años del barro, en invierno, mano a mano, a pelo… creo que podemos decir, por primera vez desde que Flandes nos propuso este recorrido hace ocho años.

Ha dado la talla en un contexto de igualdad supina, ente dos que entran en las grandes rivalidades de la historia.

Van der Poel, Leonado, el hombre genio, al que queríamos ver ganar a pelo, sin exhibiciones ni abrumar, tirando de manual y gestionando la situación.

Van Aert, Miguel Angel, dotado de genio cincelado con trabajo.

Ganó Mathieu por un alfiler de ventaja, gracias chavales por hacer grande el deporte que amáis y nos hacer sentir.

El ciclismo, los aficionados, estamos en deuda con vosotros.

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-escrito el 11 de octubre- 

El pique Van Aert vs Van der Poel aterriza del todo en la carretera

Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel no han coincidido mucho en la carretera pero lo poco que lo han hecho ya da que hablar…

Las declaraciones son a continuación de una Gante-Wevelgem de otoño corrida a cuchillo, unas declaraciones que suenan a personal, desde luego, pero sobre todo carentes de sentido, en este ciclismo la humildad también se premia.

La carrera fue espectacular, integrada en una tarde de domingo de locura en el que la gestión para ver las carreras era imposible.

Pero vista la Gante-Wevelgem, podemos darnos con un canto que parte de la gloriosa campaña de primavera se haya repuesto en octubre y de paso, como previa a lo que quede de ciclocross, ver un mano a mano Van der Poel-Van Aert, que tuvo sus momentos, pero no fueron los únicos por que en una prueba a pelo como ésta, son muchos los actores que actúan.

Por eso creemos que Van Aert se equivoca en pensar que Van der Poel corrió para joderle, en todo caso le marcó, como podría haber marcado a otro, generalmente el más fuerte: sólo que el del Jumbo era el favorito sobre el papel.

Y eso lo vimos, el belga llevó el peso de los cortes, de las cazas y mostró más que nadie a una semana del Tour de Flandes, Van der Poel estuvo a verlas venir, un poco como la decena larga que entró en ese corte del final, antes de Ypres, tras una persecución de grupos de esas que sólo se dan en Flandes: cuando parece que van a enlazar, los de adelante no cejan.

La historia de Wevelgem la hemos visto muchas veces, podemos pensar que es algo entre ellos, pueden decirlo los protagonistas, en todo caso Van Aert ya sabe qué tiene que hacer en Flandes, no esperar a que nadie se le vaya por que se sienta vigilado, golpear primero y echar mano de ese poder que enfiló el pelotón del Tour.

Todo lo demás es despistar, sinceramente, por que Van der Poel hizo lo que tenía que hacer, contener las pérdidas ante un rival que está en una forma monstruosa desde el primero de agosto.

Y sí vacilan, los hay que saben aprovechar las oportunidades, y Mads Pedersen es de todo menos desconocido.

-escrito el 12 de agosto-

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

Si Van der Poel fuera Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel

En la historia del ciclismo, la reciente, hay una dualidad que nos ha caído en mano que es una bendición: Wout Van Aert – Mathieu Van der Poel.

Hablamos de «archirivales», al punto que cuando Van Aert gana la Strade o San Remo, todos ponemos el dedo en la pantalla y miramos dónde ha llegado Van der Poel…

 

Es una rivalidad que no siempre se da en la carretera, pero que flota en el ambiente y sigue parámetros ya conocidos.

Antagonías de genios siempre han existido, recordarla y evocarla no significa no querer el ciclismo, o ser más o menos futbolero, como nos gusta decir con desprecio respecto al deporte rey, implica buscar el aliciente y la salsa que viene desde el inicio de los inicios del ciclismo.

¿Quién sería Van Aert y quién Van der Poel?

Si nos dais a elegir lo tendríamos claro.

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

Mathieu Van der Poel es otra cosa, una estrella, rutilante, que desprende clase y categoría, a veces un poco amanerado en sus celebraciones, pero tremendo cuando le dan las fuerzas y la categoría.

Sería Peter Sagan, brillo y focos, en todo caso Jacques Anquetil, clase y distinción, y si me apuráis Fausto Coppi, siempre perfecto en la foto, un físico que se alarga, como un gato enervado y saca el látigo para desgracia de los rivales.

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Van Aert vs Van der Poel ¿qué ciclismo preferimos?

Partiendo de la base que son imprescindibles de su tiempo, si nos apuráis, nos estrujáis, seguimos con ese concepto clásico de esfuerzo, sacrificio y agonía del ciclismo, un concepto que encajamos mejor con Wout Van Aert, un ciclista que es rocoso, con un motor tremendo, un rodillo físico equipado con una cabeza privilegiada.

No es la primera vez que se levanta cuando se cae, no es la primera vez que da la medida de su solidez, su calidad de diamante no es sólo por su brillo, también por la medida de su dureza.

Entendedme, Van der Poel es Da Vinci -genio de pelo liso, ropa fina y aspecto cuidado-, pero Van Aert es Miguel Angel -genio de cincel prodigioso, siempre manchado, siempre preocupado por mejorar-, y si tuviéramos que quedarnos con un genio, el segundo nos ganó hace tiempo.

Imagen: Jumbo Visma

 

Mathieu Van der Poel: ¿Sabe ganar sin apabullar?

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Cabe ver si un día Van der Poel es capaz de imponer con estrategia

Muchas veces pedimos lo imposible al ciclismo actual, en unos cauces muy establecidos, con instrucciones claras y precisas entre ciclistas y directores, carreras con un patrón muy marcado y un contexto en el que desviarse no es la norma, cuando aparece alguien como Mathieu Van der Poel suena a verso libre, a cosa especial.

Un chaval neerlandés, nieto de una leyenda como Poulidor, que corre y gana en varias modalidades, que no quiere las servidumbres de correr en un World Tour, pero que picotea del máximo circuito haciendo por sí sólo que merezca la pena ver la carrera.

Él no gana, o no quiere ganar por los cauces convencionales, él quiere apabullar, dejar algo de lo que hablar y recordar. 

Y así sale en cada carrera.

Hace un par de semanas se cascó un «week end» de vértigo, dando la vuelta al BinckBank Tour a cincuenta de meta y manteniendo un pulso de remar y remar con sus perseguidores hasta la misma meta y al día siguiente sexto en la Lieja-Bastogne-Lieja, es decir el mejor de los cinco que llegaron en cabeza con el famoso final gentileza de Alaphilippe.

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Pero el tiempo pasa, y esas actuaciones deslumbrantes de Van der Poel en la primavera del año pasado, sobretodo, manteniendo una estadística insostenible, lo ganaba todo, se alternan con performances que hablan de estrategias muy arriesgadas, tanto que en ocasiones sus explosiones son legendarias.

Aún resuenan las sensaciones de verle hundido en la última vuelta del Mundial del año pasado, cuando entró en el grupo de cabeza y lo dio todo hasta el punto de quedase vacío en una carrera en la que apuntaba al arcoíris de ruta, un complemento perfecto para el que ya tenía de ciclocross

El año pasado mismo Flandes, la carrera a la que acude el domingo, fue el escenario de su caída y remontada para ver como el golpe certero, uno pero bueno, lo daba Alberto Bettiol, en una jornada de extrema igualdad entre los favoritos.

Y qué decir del sprint de la Flecha Brabanzona, en el mismo sitio que había batido a Alaphilippe, el francés se la devolvió dejándole perfectamente encerrado en el tramo final entre Cosnefroy, un ciclista que ha merecido mejor suerte en este tramo de campaña, y el propio campeón del mundo.

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Es decir, que Mathieu Van der Poel es capaz de lo mejor y de lo peor

Meterse en el corte de Wevelgem por adelantado, y luego ir pidiendo la hora y marcando la rueda de Wout Van Aert, para desespero de éste, desespero injustificado, por que cada uno corre como le place.

Y a Van der Poel le gusta hacerlo en el alambre, cosa que al aficionado, hastiado de tanta estrategia, le pirra.

Otra cosa es pensar que este cabecita loca un día sentara las bases de una carrera bien trazada y planeada, que seguro que lo hará, pero con la necesidad de afinarlo ante rivales que corren con el plan grabado en la potencia del manillar.

El domingo veremos hasta dónde han llegado los aprendizajes de esa montaña rusa que es la carrera de Mathieu Van der Poel, en Oudenaarde se jugará la final de la campaña de piedras más breve, dispersa y rara que jamás hemos visto, pero al menos la joya neerlandesa será uno de los atractivos en la salida de Amberes, sin público pero con medio mundo viéndole por la tele.

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