Pogacar en el Tour: un campeón puede tener mofletes

Tadej Pogacar Tour
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Pogacar demuestra que para optar al Tour no es necesario lucir un semblante que recuerde los años del hambre

Ayer Matxin estaba como unas castañuelas, tres triunfos en el Tour, mejor joven y una opción aún viable de ganar la carrera con Tadej Pogacar.

El UAE Emirates es uno de los equipos más caros del pelotón, al punto que pueden estar en el Tour disputando con Pogacar, las llegadas de Tirreno mediante Gaviria e incluso perder a Fabio Aru antes de la primera jornada de descanso.

El triunfo de Pogacar en el Grand Colombier es un triunfo que no sólo se inscribe en el momento, glorioso para un corredor de 21 años y la historia que está escribiendo en la mejor carrera del mundo, también se proyecta sobre el ciclismo en general, este ciclismo de cuerpos esqueléticos, alejados de lo atlético, llegando casi a lo enfermizo.

Y es que el esloveno que porfía por el Tour que quiere ganar Roglic luce esos mofletes que en su tiempo no eran tan raros en el ciclismo.

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El Tour llega a Villard de Lans este martes, una cima habitual en los ochenta, en los Tours de Perico, Roche y compañía.

Hay fotos de Roche en el Tour que gana, año 87, cuya cara evidencia otra cosa, evidencia el sacrificio de este deporte, sí, pero también una constitución normal, lejos de los rostros casi enfermizos que pueblan hoy el pelotón, caras chupadas, en negativo, ojos marcados, miradas perdidas, la miseria que hay ahí detrás no la podemos imaginar, ni siquiera sé si la compensa el glamour que desprenden los ciclistas cuando les vemos por la televisión.

Mirad el semblante de Rafal Majka en la Tirreno…

 

Comparadlo con el de Roche hace 33 años…

No queráis comparar los brazos de Froome con los de Hinault.

Podemos entender que en cada gramo hay rendimiento y mejora, y seguro que compensa, pero ello no quita para que estéticamente la imagen sea triste, como hombres sin espíritu, casi sin sombra.

Es triste que haya marcas que hagan del hambre eslóganes. 

El ciclismo actual se puebla de alfileres en la carretera, una tendencia que recuerdo de los años que Wiggins hizo en cambio de pista a carretera, que Froome ha llevado hasta el extremo y otros han seguido, desde Romain Bardet a Enric Mas o el propio Egan Bernal.

El peso siempre ha sido la madre de cordero, pero lo que vemos en algunas imágenes no parece deporte parece otra cosa, y sí, sabemos que a los pros de cualquier cosa no se les pide salud, en todo caso resultados y rendimiento.

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Sin embargo hay excepciones, y en cierto modo lo celebramos.

Excepciones como Alexander Kristoff todo corpulencia, una bestia los días esos en los que el resto se amilana, como en Niza, como en esa Wevelgem que ganó a vatio pelado, desatando muchas reacciones sobre el peso que evidenciaba su victoria.

Kristoff como otros de su especie, Peter Sagan está cuadrado por ejemplo, Van Avermaet no le va a la zaga.

O el propio Remco Evenepoel, con esa cara de alumno aventajado parece haber salido de comer unas lentejas en casa de la abuela.

Añadid a Mikel Landa, a Nairo, a Rigo… ciclistas que no necesitan están como alambres para rendir, que resisten ante la profusión de los flaquísimos y eso no implica que no se cuiden.

Como el propio  Pogacar, desde hoy el ciclista que apoyamos en la conquista del Tour y no porque Roglic no sea un ciclista que nos encanta -esa precisión suiza que luce es fruto de un trabajo descomunal- y sí por que es un competidor que nos remite a los Tous de los ochenta, por su forma de correr, atrevida, siempre pendiente de poner en aprietos a los rivales, y por esa carilla que desmiente que el ciclismo de gran fondo sólo se juegue entre rostros apretados y enjutos.

Imagen: FB de UAE Team Emirates

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Correr con Van Vleuten no está pagado

Annemiek Van Vleuten
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Fichando a Van Vleuten, Movistar incorpora una profesional ejemplar de la que disfrutar y aprender

El pasado 31 de agosto multitud de medios españoles, incluidos medios generalistas, se hicieron eco del fichaje de la campeona del mundo Annemiek van Vleuten por Movistar Team.

Fue la noticia ciclista del día; el equipo y el ciclismo femenino estaban de repente en boca de todos, algo poco habitual en esta categoría.

La magnitud del impacto inicial fue innegable.

Pero, más allá de las primeras impresiones, ¿cuáles podrían ser las implicaciones a todos los niveles de este movimiento? Se ha especulado mucho sobre hasta qué punto puede ser beneficioso -o todo lo contrario- para el ciclismo femenino español y para el resto de corredoras del Movistar.

Una cosa está clara: quien piense que Van Vleuten llega a Movistar para disfrutar de un retiro dorado, se equivoca de lleno.

La neerlandesa es alguien de convicciones fuertes, podríamos decir que incluso atípicas, en algunos casos.

Un ejemplo elocuente de ello fue su respuesta a una pregunta del periodista australiano Matthew Keenan, a finales del 2016.

Preguntando sobre la situación financiera del ciclismo femenino, y lo injusto de la diferencia con el masculino, Van Vleuten dio un sorprendente giro a la argumentación afirmando que «el problema es que, en general, los deportistas ganamos demasiado dinero«.

En una línea similar, un año más tarde, mencionaba a la revista neerlandesa De Muur su postura en contra de la existencia de premios económicos por ganar carreras.

«El premio debería ser únicamente la satisfacción personal por el rendimiento y el triunfo, no el dinero»

En resumen, que el soporte económico de las corredoras ha de venir por la implantación de un salario mínimo decente -que por entonces no existía en absoluto-, el cual tendría que ser el asunto primordial, y no por premios.

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En este sentido podría cuestionarse si los mismos premios para mujeres y hombres, que carreras como la Prudential Ride London Classic anuncian a bombo y platillo, son tan importantes cuando esa misma carrera diseña un recorrido que por distancia y dificultad se queda demasiado por debajo de lo que habría que exigir a una carrera World Tour; una situación que desafortunadamente no es una excepción en el calendario femenino. Pero esa es otra historia.

La motivación de Annemiek van Vleuten siempre ha sido el seguir progresando

Pulir detalles, mejorarse a sí misma.

La victoria es el premio que llega como consecuencia de eso, pero no es el motor principal que la mueve.

Por eso la hemos visto muchas veces trabajar para sus compañeras en Mitchelton-Scott.

Tirando en el llano para favorecer las opciones en el sprint de Jolien D’hoore, Sarah Roy o Gracie Elvin, ciclistas rápidas.

Sacando partido de la vigilancia que hay en torno a su figura para crear situaciones tácticas favorables para su equipo en carreras más duras, algo que sus todavía actuales compañeras Amanda Spratt y Lucy Kennedy han sabido aprovechar muy bien.

Vienen a la mente, como ejemplos, los triunfos de Spratt en la Emakumeen Bira de 2018 o los de Kennedy en Durango y San Sebastián en 2019.

O el podio de Spratt en el Giro 2019, para lo cual la propia Van Vleuten trabajó en primera persona, yendo de líder, y muy probablemente sacrificando aquel día sus propias opciones de victoria de etapa por ello.

El mismo día que se anunciaba su fichaje por Movistar, Darach McQuaid, presidente de Mitchelton-Scott, decía estas palabras sobre Van Vleuten: «No es solo el hecho de que gane carreras, sino cómo lo hace. Es genial para las otras corredoras del equipo porque es una persona inspiradora y hace que todo el grupo mejore. Incluso en Niza el sábado [durante La Course], viendo lo emocionados que estaban los chicos viéndola competir… es inspiradora y transformadora«.

Difícil pensar en un mayor halago que ese, especialmente cuando se sabe que vas a dejar el equipo.

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En carrera, la presencia de Van Vleuten condicionará fuertemente el papel del resto de ciclistas del Movistar, que será muy diferente al que han tenido hasta ahora.

Perderán algunas de sus oportunidades individuales para brillar, pero surgirán muchas otras, y colectivamente serán mucho más fuertes.

Es lo que dice la experiencia de su paso por anteriores equipos.

Para alguien como Sheyla Gutiérrez, que ya a finales de 2018 afirmaba en una entrevista a Marca que la neerlandesa era su faro, su ejemplo a seguir.

Dijo: «Admiro a Annemiek van Vleuten, sé como trabaja y la admiro mucho«, por tanto será un inmenso honor, y un impagable aprendizaje, correr junto a ella.

¿Y sobre el ciclismo femenino español en general?

Quizá esto sea más difícil de valorar, más indirecto.

Pero de lo que no cabe duda es de que Van Vleuten es también alguien con mucha vocación didáctica y con especial interés por el cuidado y el desarrollo del ciclismo base.

Fuera de temporada y en periodos largos sin competición, cuando está en casa, acostumbra a dar charlas y a organizar salidas en bicicleta, tanto con niños como con adultos.

También durante su periodo de entrenamiento en altitud en Colombia, en la pasada pretemporada, tuvo tiempo para alguna conferencia didáctica para niños deportistas.

Si buscamos un ejemplo más tangible, su subasta benéfica con el fin de que todos los niños de un club ciclista local pudieran tener su bicicleta fue todo un éxito.

Y si se nos permite concluir con un párrafo más subjetivo, cualquiera -sea hombre o mujer- que vea competir a Van Vleuten, con esa oda al ciclismo épico que es su manera de afrontar las carreras, con esos ataques sin mirar atrás, unidos a su actitud y profesionalidad, debería sentir ganas de poder hacer lo mismo.

Si el ruido mediático del fichaje ha servido para que alguien más haya descubierto el ciclismo femenino en España, ya se habrá dado un primer gran paso antes incluso de empezar a vestir los colores del equipo telefónico.

Por Sául Miguel

Imagen: FB Giro Rosa

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No entiendo el linchamiento a Egan Bernal

Egan Bernal caidas JoanSeguidor
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Egan Bernal ha perdido este Tour, no los que no se han corrido aún

Leo asombrado el serial de comentarios despectivos hacia Egan Bernal tras la llegada del Tour al Grand Colimbier.

Y no sólo de aquí, de algunos españoles, también desde Colombia, cosa que no acertamos a entender.

Nos consta por varios sitios que no son días fáciles en Colombia, muy agitada en lo social, también sacudida por la pandemia, un cóctel perfecto para que los deportistas de ese país estén en el disparadero más que nunca.

Hace un par de días los cuatro mejores colombianos que habían venido al Tour estaban a un suspiro del líder, eran Bernal, Nairo, López y Urán.

El Grand Colombier ha sacudido la general, ni Nairo ni Egan Bernal están para ganar este Tour, una sacudida que se vino encima lejos, muy lejos de meta, a más de diez kilómetros de la cima, cuando quedaban cinco Jumbo al frente del grupo de los mejores y atendiendo al ritmo de Wout Van Aert.

La tragedia se mascaba, los segundos que les cayeron a ambos no lo hicieron a la misma velocidad, Nairo limitó los daños, sigue en el top ten, a Egan Bernal el Tour se le ha ido más allá de los ocho minutos, fuera del top ten.

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Lo cierto es que el dorsal uno no estaba dando las mejores sensaciones, de hecho cundía la impresión que sus rivales le estaban perdonando la vida, como sucedió en Ocieres y en el Mont Aigoual, etapas en las que el Jumbo se limitó a marcar su tempo y poco más.

En el Marie Blanque, Egan Bernal se agarró, sin embargo al Tour, nos hizo creer que los motivos que le llevaron a abandonar el Dauphiné y a pedir la hora en las primeras cimas del Tour habían desaparecido.

Eso es lo que tienen los ciclistas de este nivel, que a poco que estén bien, maravillan.

Pero Egan Bernal no estaba, ni está, bien.

La primera llegada en alto seria, pertrechada de otras dos subidas tipo Tour en el corazón del Jura, ha desnudado los peores temores.

Se quedó lejos, mucho, demostrando que el punto de forma óptimo que en su día Team Sky le procuraba a sus ciclistas no se ha dado esta vez, ojo que puede ser el segundo Tour que pierden desde 2021, ya ha llovido.

¿Qué ha fallado para el colombiano?

Tendrán que verlo, algunos hablan de esos entrenamientos apocalípticos como uno de los motivos, aquí podríamos hablar de lo humano y lo divino que poco o nada nos acercaríamos a la verdad por que en el fondo sólo ellos la conocen.

Por cierto, el confinamiento ha sido para todos.

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Otra cosa son las reacciones, que me parecen desproporcionadas.

Entiendo el sobrecoste que implica llevar la bandera colombiana a las mejores carreras del mundo, la exigencia es máxima: «En Colombia se le pide más a los deportistas que a los políticos» me cuentan.

Lo puedo creer, pero no puedo compartirlo.

Tirar por tierra a Egan Bernal, todo lo que ha hecho, llegar a decir que el Tour del año pasado le tocó en una rifa, como si la tormenta que paró la etapa clave no fuera para todos, decir que es flor de un día, que se acabó, decir todo eso es de una injusticia monumental.

Si algo ha tenido Egan Bernal, que ya no será «el chico maravilla», es una progresión meteórica que hay que respetar y poner en valor precisamente ahora, corriendo de forma tan admirable siempre, atacando sin guardar, entrando en abanicos, remando fuera de su zona de confort -disputando todo lo que se le cruzara- y cultivando un palmarés que muchos querrían a los treinta.

Menospreciar lo que ha logrado Egan Bernal, es menoscabar el ciclismo en sí, no valorar el talento puro y virgen que fue reclutado por el mejor equipo del mundo para lograr las metas que ya ha empezado a conquistar.

El Tour 2020 posiblemente ya no esté a su alcance -ojo no haga «un Froome»- pero le quedan muchos para enmendar la plana y además él siempre podrá decir que ya tiene uno, ganado con lo que se dio en ese momento y siendo el mejor cuando le tocó serlo.

Para Bernal, esto no ha hecho más que empezar.

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Tour: En Grenadiers y Sky nunca hubo un plan B

Egan Bernal Tour
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Ni Froome ni Geraint habrían salvado la quema del Grenadiers en el Tour

El ser ventajista es algo muy común en el siglo XXI y con las redes sociales, una norma, nosotros a veces somos los primeros en serlo, hoy toca hablar de Grenadiers en el Tour.

Al acabar la debacle de Egan Bernal y con todo el equipo en el Grand Colmbier, emergió el «Froome» como TT en España, recordando la polémica decisión del equipo británico antes del Tour, cuando Grenadiers dejó a Froome y Geraint fuera de la lista de la carrera.

Está claro que en este pelotón, nada impone más que el nombre de Chris Froome, el inglés ha sido látigo de la mejor carrera del mundo durante cuatro años, más un quinto en el que Geraint le tomó el relevo.

Decir Froome es decir Tour, azote y control, dominio del Sky, luego Ineos, finalmente Grenadiers, pero una cosa es la imposición pasada y otra es la presente.

El inglés no es la sombra del corredor que aplastó rivales años atrás, ni siquiera el que abordaba el Dauphiné del año pasado cuando se estrelló entrenando para esa crono.

Que Froome recupere su punto de pedal no es sencillo, aunque no imposible.

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Tanto él como Geraint ya demostraron en Dauphiné que su nombre no les iba a garantizar una plaza en el ocho del Tour.

Dudamos mucho, muchísimo que hubiera cambiado el cuento de lo visto en el Grand Colombier con ellos en el pelotón, en todo caso habrían intentado seguir el grupo cuando el filtro se llevó por delante a Bernal y poco más, pues los Jumbo son la horma de los Ineos, para desgracia de esos.

Ojo, que seis años después, Grenadiers, antes Sky, ayer Ineos, no va a ganar un Tour de Francia.

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Y ahora surgen preguntas, dudas que flotan en el ambiente: ¿A qué se va a dedicar ahora Grenadiers en el Tour?

La experiencia nos dice que el plan B no existe en los ingleses, si no disputan la general del Tour, les queda una vacío tan grande que amenaza con tragarlos, y no es exageración, recordad el Tour 2014, cuando Froome abandonó a puertas del adoquín, hubo una reacción de Geraint y Porte por detrás, iban como motos, pero acabaron disueltos en la general.

Nos cuesta mucho creer que Grenadiers se acabe con las opciones de Egan Bernal en el Tour, tienen un bloque soberbio para meterse en fugas, filtrarse en cortes o romper la carrera a su favor.

El Tour es tan grande que puede contentar a todos, pues la general la gana uno, si a Movistar le rogamos cambio de chip para evitar que un top ten colmara sus propósitos, ¿qué no podríamos pedirle a los ingleses?

Luego ya vendrán las explicaciones de porqué sus líderes no han dado la medida este año tan complicado para todos, no sólo para ellos.

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Geraint Thomas ya no quiere ser gregario

Tour Team Sky - Geraint Thomas JoanSeguidor
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Decir que ya no quiere trabajar más para nadie honra a Geraint Thomas

Permitidme añada estas líneas a raíz de la llegada al Grand Colombier, etapa que muchos tildaron de reina en este Tour y en la que ni Geraint Thomas ni Chris Froome han tomado parte.

 

Lo cierto es que lo que se veía venir pasó y a Geraint se le ha ahorrado el trago de ir a un Tour de comparsa para un líder que no ha estado donde se le imaginaba.

Egan Bernal ha hecho aguas, ha conocido la cara amarga del Tour a la tercera vez que toma parte, tras ser gregario estrella y ganador en las otras dos ediciones.

Y no, con Geraint Thomas y Froome la cosa no habría sido diferente.

Una de las cosas que extrañamos en el ciclismo, en la vida en general, es la sinceridad y la libertad de llamar a las cosas por su nombre, encontrar palabras directas, sin subterfugios, algo así como lo que acaba de decir Geraint Thomas.

Al galés le hemos visto bien en la Tirreno, carrera que marca su ruta hacia el Giro de Italia, fue de los últimos en ceder ante Michael Woods, inaccesible, en una cuesta de dos dígitos de desnivel y pavimento de cemento, diría más, le hemos visto mucho mejor que a otros aspirantes al Giro e incluso en su actuación más destacada desde que fuera segundo el año pasado en el Tour.

Si Froome sigue lejos de los mejores, el Geraint Thomas que corre la Tirreno sí que muestra progresión respecto al de hace un mes en el Dauphiné.

Así, las cosas, el objetivo del Giro es, no creo que voluntariamente, lo que ahora mueve a un ciclista que, cuando ganas el Tour, me parece que todo le sabe a poco.

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Pero que no desespere, la italiana es una grande que gana enteros en el imaginario del aficionado, que crece a golpe de esencia de ciclismo, un país de capricho y promos como la que hemos visto de Nibali entre grandes leyendas de siempre.

Y además a Geraint, el Giro le dejó con un mal sabor de boca hace tres años, cuando colideraba con Landa el Team Sky y una moto, literal, se cruzó en su camino.

Sea como fuere lo que Geraint Thomas tiene claro es que nunca más quiere ser gregario, y así lo ha hecho saber un ciclista que ha dedicado años y años ha trabajar incondicionalmente por Froome, Wiggins, Cavendish y otros hasta querer, él mismo, su parte de pastel.

Está claro que su estado de forma en Dauphiné distaba mucho del requerido para entrar en el ocho de Grenadiers del Tour, pero que ya no sólo era la forma, era también la mentalidad, no quería ir como ciclista de equipo, no quería trabajar para Egan Bernal.

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Y está bien que lo diga así, abiertamente, mostrando sus cartas y ambiciones, sin necesidad de tópicos cuando en un equipo confluyen más de dos líderes, que si «mejor dos que uno», que si «la carretera decidirá».

Geraint no quiere volver a trabajar para nadie nunca más en el Tour y lo dice

Por eso, ahora toma consistencia una decisión que muchos criticaron.

Grenadiers no podía llevar a Geraint y Froome a este Tour, el primero no estaba para trabajar para Bernal, el segundo está lejos de su mejor versión.

Ahora mismo Egan Bernal es líder único de un equipazo que le respalda y una forma que parece llegar poco a poco…

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Que el brillo del Grand Colombier no eclipse el Tour

 

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La belleza del Grand Colombier puede dejarnos sin capítulo decisivo para el Tour

Mirando las imágenes del Grand Colombier, los lazos que se enredan como una serpiente montaña arriba, un carrusel de ciclistas y caravana del Tour yendo y viniendo, viéndose todos, desde arriba, desde abajo ¿quién no recuerda su infancia y la atracción que siempre nos despertaron las curvas de herradura?

Una curva de herradura era barniz de alta montaña, de épica: en nuestra época, cuando el ciclismo entró en nuestras vidas, el alto que se frecuentaba era la Colombière, una cima camino, generalmente de Morzine, que enlazaba con Aravis.

Hoy el Tour aborda la Gran Colombiere, en el Jura, un muro con una pequeña historia en el ciclismo, que entró por primera vez en el Tour hace ocho años, que coronó primero el infalible Thomas Voeckler con el pelotón al tran tran del Team Sky de Bradley Wiggins.

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Entonces la Grand Colombier estaba lejos de meta, el paso de ese Tour fue icónico, llevaban esperando toda la carrera esperando desde la televisión francesa para gustarse en la producción de las imágenes por los lacets hacia la cima.

No hubo historia, deportiva al menos no, se quedó en una estampa, en un fino homenaje a la ingeniería del lugar y quien trazó esas eses por las lomas de esta montaña.

A los tres años se abordaron los Lacets de Montvernier, tan seguidos, tan estrechos que impidieron el acceso de la gente a las cuentas, se vio por helicóptero y se disfrutó de la exhibición de Romain Bardet esos días que Movistar malgastó para intentar poner en aprietos el segundo Tour de Froome.

En Montvernier esa vez no hubo público, exactamente como en la Grand Colombier esta tarde de domingo, tercer domingo del Tour del coronavirus que ha llegado a un punto por el que muchos no apostaban hace dos semanas.

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Tour 2020: ¿Qué puede pasar en el Grand Colombier?

Sinceramente, y a pesar de sonar aguafiestas, poco o nada esperamos antes de los kilómetros finales, en todo caso un ritmo endiablado de esos que Strava dude que sean fruto de ir en bicicleta y no en coche.

Antes del Grand Colombier hay un par de ascensiones a distancia prudencial para intentar algo, siempre mandando gente por delante y omitiendo el rush final de Primoz Roglic.

¿Para qué ha traído Grenadiers ese equipazo?

Entiendo que para algo más que seguir la norma del Jumbo en el pelotón, lo mismo puedo entender del Bahrain de Landa, con gente muy válida para lanzar por delante, intentar algo lejos de meta y remar por los lacets con ventaja sobre los mejores.

Intentar algo diferente se impone si se quiere probar la resistencia de los eslovenos, mejores en el mano a mano, como ya hemos visto.

Se impone además probar a Roglic, sacarlo de su zona de confort, algo que al ahora líder del Tour siempre pone nervioso, de lo contrario, prepárense para ver otra lijada del líder en el kilómetro final, con Pogacar a rueda y todos sufriendo por mantener la plaza.

No es el terreno, es la velocidad de las balas, ya veremos cómo queda el paisaje en la general, al menos sabemos que tendremos show televisivo por las curvas vacías de público hacia el Grand Colombier, la cima franquicia del Tour 2020.

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¿Romain Bardet o Thibaut Pinot?

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Cuando un francés vuelva a ganar el Tour, que no se olvide del camino que marcaron Bardet y Pinot

Romain Bardet ya no está en el Tour y Thibaut Pinot sigue, aunque sin el objetivo que le trajo a la carrera.

Uno y otro, años después de explotar en la mejor carrera del mundo, creo que pasan a engrosar la abundante lista de ciclistas franceses que han intentado su éxito prolongar un legado que lleva 35 años en suspenso, el tiempo que ha pasado desde la victoria de Bernard Hinault.

Bardet y Pinot entran directos a una nómina que incluye ilustres y excelentes ciclistas como Christophe Moreau, Richard Virente, Charly Mottet, Jeff Bernard, Thomas Voeckler, Laurent Fignon o el mismo Julian Alpahilippe, ciclistas nacidos en el hexágono que en algún momento pisaron el podio u optaron a ganar el Tour, o al menos estuvieron en un listado previo de aspirantes.

35 años después Francia tendrá que seguir esperando

Para la edición presente, a la puerta que el año pasado abrió Julian Alaphilippe, una puerta que él mismo creo que se ha encargado de cerrar por que ve lo que hay alrededor, rivales mucho mejores para esta carrera, se añadieron Guillaume Martin, un ciclista cultivado que se ha ganado un hueco en corazón de la gente por su singular bagaje y el salto de calidad experimentado en Cofidis, más el dúo Bardet-Pinot.

Como decíamos al principio, Bardet ya no está en el Tour.

Mirad lo que sucedió tras su caída ayer camino de Puy Mary y el mérito que tiene por llegar a meta…

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Romain Bardet y Thibaut Pinot son los franceses que han convivido con ciclo del Team Sky en el Tour, ambos dieron el salto hace seis años, si bien antes Pinot ya había ganado una etapa, fue en la edición en la que gana Nibali cuando ambos se situaron en primera línea, junto al efímero Péraud, un biker reconvertido a rutero, muy buen croner, que acabó segundo esa carrera, aunque dando la sensación de no inquietar nunca el trono de Nibali.

Desde entonces Pinot y Bardet han experimentado una relación con el ciclismo en general y el Tour en particular muy parecida.

Si bien son corredores muy diferentes, en estilo, formas de ser e incluso entornos, han tenido muchas similitudes en su forma de encarar la carrera de su país.

Bardet pisó dos veces el podio, dando la sensación que sus mejores prestaciones quedaron en ese Tour.

El fino escalador de la Auvernia decidió, con buen criterio, dejar el Tour de lado y centrarse en el Giro para el presente año.

Ha acabo en Francia por que con la pandemia nadie asegura al cien por cien que vaya a haber Giro, un cambio de planes que, como estábamos viendo en carrera, le estaba resultando, pues iba entre los mejores, no quizá al nivel de los eslovenos, pero sí en el grupo inmediatamente perseguidor.

A Bardet le ha sentado bien venir al Tour sin presión y esa maldita caída le deja con el sabor de boca de qué pudo haber sido.

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Lo mismo vemos en Pinot, un corredor que en años sucesivos a su podio en 2014 apuntó alto en el Tour sin buen resultado, luego se centró en otras carreras y le fue bien, ganando etapas en Giro y Vuelta, siendo primero en Lombardía.

Volvió al Tour el año pasado, sin la presión de tiempo antes, y también le fue bien, hasta el golpe en la rodilla justo antes de los Alpes.

Tanto Bardet como Pinot han descubierto que sus mejores días en el Tour vinieron cuando menos lo esperaban, con menos presión sobre sus espaldas, presión que este año posiblemente se haya llevado Alaphilippe hasta que se descartó para la general.

Si nos dais a elegir nos quedamos con la calidad ciclista y humana de Bardet con el pundonor y entrega de Pinot, no sabríamos escoger, en todo caso la suma de ambos podría dar el primer ganador francés de Tour desde Hinault.

De lo que no cabe duda es que cuando Francia vuelva a hacer suyo el Tour, tarde o temprano pasará, que nadie se olvide que Bardet y Pinot pusieron migas en el camino para el logro que tiene a un país expectante.

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Daniel Martínez, Marc Hirschi en el Tour… victorias que valen por dos

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Daniel Martínez y Marc Hirschi ya está entre lo mejor del Tour 2020

En el ciclismo no todo es ganar, y ya está, si a la victoria, al resultado, le añades el barniz de la historia y la épica, el resultado es el doble, y lo hemos apreciado estas dos jornadas de Tour por el Macizo Central con Marc Hirschi y Daniel Felipe Martínez.

Si empezamos por el segundo, la historia es redonda.

El Puy Mary era, leí hace un rato, la etapa con más desnivel del Tour 2020, el primero de septiembre, entre las mil cuestas de la jornada se formó una escapada de nivel Tour, de segunda semana.

Ahí estaban Alaplilippe, con su compañero Cavagna, Marc Soler y David de la Cruz, en la primera Diada coincidente con el Tour… también estaban Sivakov, Rolland más dos Bora, Schachmann y Kämna, y otros tantos del Educationn First, Powless y el citado Daniel Martínez.

Una fuga de quilates, con varias versiones, ataques, tirones y estadios hasta que la cosa se clarificó.

Dos duelos, paralelos, entre los morados de Vaughters y el Bora de Sagan que es un equipazo que roza el poste y que seguro acabará mojando.

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Powless abrió fuego, el EF movió primero, pero se inmoló ante la reacción de Schachmann.

Pero los lilas tenían una certeza, Daniel Martínez estaba ante su día en el Tour, él que vino como ganador vigente del Dauphiné, con lo que ello implica en el Tour, y acabó en el suelo el día uno.

No sé qué hubiera hecho otro, pero Daniel Martínez quemó esos días de mierda en el Tour sabiendo que de esos saldrían los buenos.

Iba como un tiro, sólo así se explica que tomara el ritmo del grupo y se quedará solo con Kämna a rueda, cuando sólo otro alemán, y del Bora iba por delante.

Les ganó a pelo, corriendo sin reservas, remando y remando hasta colgarse un triunfo que sólo podemos considerar memorable.

Ganó a dos Bora, dos ciclistas que lo hicieron todo bien, pero que en un terreno extremo acabaron doblando la rodilla ante el más fuerte.

Esta etapa de Daniel Martínez en el Tour es un ejemplo de vida: cómete los días malos, a la espera de los buenos, que seguro llegarán.

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El ciclismo y el Tour hicieron justicia como Daniel Martínez, como lo habían hecho un día antes con Marc Hirschi.

Al suizo ya le hemos loado las gracias muchas veces, pero no por ello nos cansamos, más cuando su triunfo fue la rúbrica de un equipo que trabajó la pizarra con maestría.

Es tal el estado de forma de Hirschi que no dudaron en poner a Benoot y Kragh Andersen a trabajar y controlar para él.

Una exhibición individual asentada en lo colectivo que ha calado en el corazón y memoria del aficionado, por que estas victorias, aún contando igual en el palmarés, valen por dos, y el mecenas, el que pone la pasta, seguro que lo sabe.

Imagen: FB de EF Pro Cycling

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