Nairo en el documental de Movistar Team

Nairo Arkea JoanSeguidor

El desdén de Nairo hablando del documental de Movistar no es la mejor forma de recordar ese periodo

El otro día cuando entramos en ese acierto, y esperemos que cunda, que ha sido el documental del Movistar Team ya fuimos sinceros del goteo que llevaríamos en su visualización, es decir uno cada semana, hemos visto el que acaba con Carapaz ganando el Giro y por tanto hemos quedado en el preludio del Tour, con Nairo, Landa y toda la troupe.

El Tour desde luego es el plato fuerte, si acabaron dándose un masaje los tres líderes en el autobús.

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El anticipo es bueno, -no hemos querido ni mirar comentarios-  Landa y Nairo admitiendo que no esperan nada el uno del otro.

La sinceridad del documental del Movistar no era una necesidad, era una obligación, porque la relación Nairo-Landa fue como la cuerda de una guitarra desde el mismo momento del fichaje del alavés, meses antes de recalar.

Ya hablaremos de lo que nos parezca ese cuarto episodio, veremos si aguantamos como cuando veíamos series de los ochenta, de semana en semana.

Entretanto hemos leído las opiniones del colombiano respecto al documental telefónico:

«No he tenido el honor de verlo, he escuchado muchos comentarios, solamente les puedo comentar lo que viví durante las grabaciones porque no lo he visto

Hay cosas que me han gustado y otras que no, recordar malos momentos no me gusta, prefiero quedarme con lo bueno

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Fue algo muy arriesgado porque no se oculta nada de lo que hay dentro de un equipo

Obviamente Nairo y Landa tenían que ser las «vedettes» del documental de Movistar, dos hombres un objetivo, aunque no verlo, hablar con ese desdén en un mundillo tan pequeño, en un proyecto, que es el de tu anterior equipo, que sin duda te ha dado no pocas cosas, no creo que sea lo más acertado.

Nairo ha volado en lo poco que hemos visto de este 2020, pero esto es ciclismo, hay boomerangs que vienen y vuelven, y a veces admitir que las cosas no fueron perfectas, por ninguna de las dos partes, se impone.

Entendemos que haya quemazón de Nairo con los azules, algo que será recíproco, el periodo ya se cerró, se le grabó en la intimidad -se editó no lo olvidéis- y salir del paso sin más por el documental de marras tampoco cuesta tanto, más cuando con este confinamiento empezamos a ver la vida más relajada.

En fin, que veremos en qué queda…

El amor de Lale Cubino por Luz Ardiden

Lale Cubino Luz Ardiden Joanseguidor

En el otro lado del teléfono, Lale Cubino hablando de la gloria que encontró en Luz Ardiden

En la historia de cada uno, hay sitios que se quedan para siempre en la leyenda de cada uno, a Lale Cubino le vale el nombre de Luz Ardiden.

Para la sobremesa de este lunes de pascua, Lale Cubino nos guarda un hueco para hablar de su triunfo en Luz Ardiden hace 32 años.

Lale, ¿qué tal llevas estos días?

«Lo llevo bien, me gusta la casa, y estoy a a gusto. preferiría poder salir, pero no lo llevo tan mal

Aprovechas para hacer esas cosillas que…

«Sí claro, he aderezado el jardín que lo tenía abandonado, chapuzillas, he cocinado alguna cosa como lasagna, arroz y bastante pan”

¿Eres cocinillas?

“Me queda lo justo para decir que se puede comer”

Estos días estamos cargados de ciclismo ochentero ¿te gusta verlo?

La verdad es que lo estoy viendo casi todo, como las clásicas de Eurosport, Roubaix del año pasado. También Flandes

Lale Cubino, tres veces ganador en Luz Ardiden, viendo Roubaix

Ni más ni menos

Pero es carrera estaba en tus antípodas

Roubaix era totalmente diferente a mis características, como corredor no quería ni verla, pero me gusta seguir ese tipo de carreras, me gustan mucho, es un ciclismo, para mis cualidades muy complicado, pero que tiene un gran mérito con gran dificultad. Estéticamente, el paisaje, el pelotón, las carreteras de adoquines me atraen mucho

Por eso lo digo

Yo era todo lo contrario a aquello, etapas de montaña y de calor

¿Cómo se vivían las clásicas en tu equipo?

No eran importantes. Yo hice un año la Lieja y Flecha, con mal tiempo, y no me gustaron

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Vemos con ojos vidriosos aquel ciclismo de los ochenta…

En aquella época el ciclismo era muy seguido, era uno de los deportes más televisados, generando una gran afición. El aficionado medio, de la calle, nos conocía. Hoy el ciclismo compite con otros deportes, hay una gran variedad. El espectador es más diverso”

¿Tanto ha cambiado el ciclismo en este tiempo?

No tanto, quizá en lo que rodea a los equipos, los sueldos, los presupuestos, el material, pero en esencia es un deporte en el que el esfuerzo sigue prevaleciendo. Hoy hay mejores carreteras pero la velocidad es más alta. No teníamos el aficionado más cerca, nos movíamos entre ellos y los coches… esto no sucede hoy

 

¿Podemos decir que aquella fue la mejor época del ciclismo?

A mí me tocó una gran época de ciclismo, desde los ochenta hasta mediados de los noventa fueron grandes años. A partir de entonces, con escándalos de dopaje, la popularidad fue a menos. Ha costado recuperarse, la presión del doping y los castigos fueron muy altos, hubo gente que dejó de ser ciclista y este oficio es por amor y no por dinero. Todo este proceso ha dado sus frutos en cuanto a la limpieza del deporte, no quita que haya cosas como en otros muchos ámbitos

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Vamos a Luz Ardiden

Para mí tiene gran significado, no sólo gané en ese Tour, también en el Porvenir y en la Vuelta del 92

¿Qué estadística tiene Lale Cubino en Luz Ardiden?

Tengo que decir que acabé cinco veces en esa cima y gané tres

Menuda estadística, ni Mathieu Van der Poel

Son porcentajes importantes, aunque no deja de ser casualidad. Era una cima en la que me motivaba mucho. En el 87, por ejemplo, no estaba bien, pero al año siguiente salí con toda la idea. Era una etapa muy fuerte, con seis puertos, por eliminación

¿Cómo fue tu victoria en 1988?

 

Salí con intención de hacerlo bien, no sé si ganar. Según pasaban los puertos, la confianza iba a más. A partir del tercero, del Pereysourde, muy bien y en el Aspin, iba fácil campándome con la mayoría. Ataqué antes del Tourmalet, en el llano tras el Aspin

¿Cuándo dices que ibas fácil a qué te refieres?

A ver, fácil nunca se va, hablamos comparado con los demás, cuando vas a 180 pulsaciones y la gente se queda, es perfecto…” 

¿Cómo fue aquel Tourmalet?

Con mucho calor, lo habían parcheado semanas antes con esa brea que se deshacía con el calor y se pegaba la bicicleta. No sólo era luchar contra la subida, también esquivar el parche de brea porque te frenaba un montón

¿Y la subida final a Luz Ardiden?

En Luz Ardiden, tras seis puertos, iba tocado, Mínguez me apretada, no sabía lo que sacaba. La moto daba referencias al segundo, Duclos Lasalle, respecto al resto. Yo miraba para atrás en las curvas y no veía a nadie. Cuando llegué a meta tuve que esperar seis minutos

Escuchando aquellas narraciones nos impresiona la cantidad de críticas a los franceses ¿había complejo de inferioridad?

Más que complejo de inferioridad nuestra, era de superioridad de ellos. Veníamos de Hinault y Fignon, estaban crecidos se notaba en las carreras y en las retransmisiones. Por ejemplo se dirigían a nosotros con desdén

Tu última victoria en la Vuelta fue bajo un frío tremendo

“La Vuelta 92 fue en con un frío que no me iba bien, pero era Luz Ardiden y me motivaba. En Tourmalet había nieve en las cunetas, en la bajada hizo mucho frío pero…”

… Lale Cubino volvió a ganar en Luz Ardiden su cima fetiche, un lugar que traemos al recuerdo este lluvioso lunes tras la Semana Santa más atípica, gracias David por el cable 😉

Contador & Armstrong, una historia que nunca conoceremos

Contador Armstrong JoanSeguidor

Aquel Tour entre Contador y Armstrong revivió grandes rivalidades

Valetín Sanjuan ha partido en tres su entrevista con Alberto Contador y nos ha tenido entretenidos.

De entre todo lo que dicen en los dos primeros capítulos el relato del Tour 2009 fue lo más jugoso.

Vamos camino de los once años de aquello, y quizá hablemos del capítulo más morboso del ciclismo moderno, un clásico que se recreó efímeramente entre Wiggins y Froome de entonces a esta parte y que encajó perfectamente con aquel molde que cincelaron Hinault y Lemond en dos entregas: 1985 y 1986.

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Cuando Alberto Contador estaba camino de ganar su primera Vuelta, año 2008, la noticia del regreso de Lance Armstrong dio inicio a una historia que se alimentó y cebó con el paso de los meses.

Aquella memorable etapa de la París-Niza en la que Luisle dio cuenta de Contador fue gasolina para Armstrong y así, paso a paso, capítulo a capítulo hasta el plato fuerte de Montecarlo, donde arrancó aquel Tour.

Y ahí se centra el relato de Contador con Sanjuan.

Aquella fue una carrera que tuvo varios frentes, el de la carretera era uno más, y a veces creemos que ni lo más importante.

No sé dónde, pero lo de Contador y Armstrong aquellos días lo había leído o escuchado, en todo caso es una versión, la de Contador, que no sé si será la buena, la mala o la media, es la suya.

Una cosa está clara, aquella clara fue un polvorín una guerra que llevaba los colores y la marca de Astana.

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Pocas veces los kazajos imaginaron mejor promo para su inversión ni twitter mejor embajador que Armstrong.

Desde fuera, lo que vieron nuestros ojos, especialmente en la carretera, es que a Contador se la quisieron dar con queso en su propio equipo.

Lo que rodeara a esas decisiones ellos sabrán.

Y no fueron decisiones cualquiera: Contador era un cuchillo esos días, irresistible en montaña, pero si llegó a ganar una crono a Cancellara.

Ahora bien, lo que hemos oído en una parte, queda la otra, y tenemos una promesa de saberla.

Lo que cuente Johan Bruyneel es la otra parte, ahora bien, si una cosa tenemos clara es que certezas de lo que sucedió sólo las tienen ellos.

Nosotros podremos formarnos una opinión, pensar una cosa u otra, pero la realidad estaremos lejísimos de conocerla… siempre.

Imagen: MundoBici Colombia

La pocas pero grandes victorias de Lale Cubino

Luz Ardiden fue la cima fetiche de Laudelino Cubino

Trasteando esta mañana me salió el montaje sobre las victorias de Laudelino Cubino en las tres grandes vueltas, hoy en Teledeporte dan su triunfo en la cima fetiche de Luz Ardiden.

Nacido en Béjar, explotó joven en el ciclismo en el seno del BH de Javier Mínguez cuando recuerdo que ganó una etapa en Cerler.

Hablamos de la Vuelta de 1987, cuando la carrera estaba insertada entre abril y mayo, digan lo que digan la época más bonita y digna para la carrera.

Luego al año Lale perdió el maillot amarillo de líder en Cerler, curiosamente.

Seguía en el BH y pasó un mal día.

Su compañero Anselmo Fuerte, uno de los ciclistas con menos sangre que he visto nunca, cogió la primera plaza que le rebañaría Sean Kelly en el tramo final.

Aquel día Lale Cubino voló hacia Luz Ardiden, mientras Perico seguía ampliando diferencia en la antesala del susto.

Lale Cubino repitió ese año en Luz Ardinen, la cima de su carrera, pues en ella se impuso en un Tour del Porvenir, en el citado Tour y en la primera Vuelta a España que se atrevió con los puertos del Tour, la de 1992, en una jornada de niebla y frío extremo que Tony Rominger utilizó para posicionarse de cara al final.

En 1994 vino la etapa del Giro de Italia. Ataviado ya de Kelme creo que ese año Lale Cubino anduvo como los ángeles en muchos momentos. Le recuerdo especialmente bien en el Mundial de Sicilia, magistralmente resuelto por Luc Leblanc ante los italiano Chiapucci-Girotto.

Lale muchos años después tiene quien le recuerde.

Su ciclismo era ese perfil irregular que siempre marcó al ciclista español. Capaz de lo mejor y de lo peor, como en Cerler, donde pasó de ganar a perder la prenda de líder. En su caso vale también sus problemas físicos, que no fueron pocos y le lastraron. Lale, veinte años después, sigue en nuestro pensamiento.

Imagen tomada del FB Lale Cubino Collections

La posición de «huevo» de Graeme Obree

En los noventa hubo un peculiar ciclista llamado Graeme Obree

La primera mitad de los noventa, Graeme Obree, Tony Rominger, Miguel Indurain y Chris Boardman, despertó cierta fiebre respecto al récord de la hora, una mítica disciplina que dio más brillantez a las carreras de Coppi, Riviere, Merckx y Anquetil y perpetuó la leyenda de Francesco Moser con la bicicleta que habría de cambiar la concepción y las geometrías clásicas de esta máquina.

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#DiaD 17 de julio de 1993

Mientras el Tour de Francia camina hacia los Pirineos, en la veloz madera de Burdeos se anunció un peculiar intento para batir el legendario registro de Moser en la altitud de México DF.

El autor del intento era un ciclista escocés que entre otras particularidades ofrecía un asalto sobre una bicicleta montada a mano, por él mismo, en la guardilla de su cocina con elementos tan domésticos como piezas de su lavadora.

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En su primer intento Obree se quedó por debajo del objetivo, pero en el siguiente, tan sólo 24 horas después, logró mejorar la marca de Moser dejando el listón en 51,596 kilómetros, casi medio kilómetro más allá que el italiano.

A la peculiaridad de su bicicleta, se sumó la postura, llamada de «huevo» que consistía en una incómoda pero a la postre efectiva pose sobre su máquina aproximando el pecho lo más posible al manillar.

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Con los años Obree sería noticia por diferentes cuestiones no relacionadas con la bicicleta, si bien nunca dejó de practicar ciclismo y hoy en día se mantiene ajeno a los coches y en buen estado de forma.

De hecho uno de los iconos del ciclismo escocés, junto a Chris Hoy, el abanderado británico en los Juegos Olímpicos de Londres, ha sido nombrado embajador  de Endura, marca de ropa para ciclistas que se ha  fijado en el carácter pionero de Graeme para no cerrar nunca el círculo de su innovación.

Patrick Lefevere: El dream team de las clásicas

Equipo de clásicas

Ocho belgas más un italiano en el equipo de clásicas de Patrick Lefevere

Cualquier cosa que comente Patrick Lefevere no puede caer en saco roto.

Estos días le leemos cada poco de la ruina que amenaza al ciclismo si el Tour de Francia no se celebrara.

Con un presupuesto muy basado en el día a día y la visibilidad de cada momento, junto a que algunos de los mecenas podrían estar con problemas financieros, el ciclismo vive días de vértigo.

No muy diferentes al resto de actividades.

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Pero en esta semana que tendríamos que estar deshojando la margarita de Flandes, hemos querido refrescar un artículo que leímos hace unos días de mano de un director que ha llevado a los tres grades belgas de las últimas décadas.

Patrick Lefevere ha tenido a sus órdenes a Johan Museeuw, Tom Boonen y Philippe Gilbert.

Y entre estos tres elige a su líder en el dream team…

Tom Boonen: «Es muy completo, puede subir pequeñas cotas, pasar los adoquines, su cuerpo era perfecto para estas carreteras. Quizá Museeuw fuera más fuerte, pero Tom era más rápido y leía muy bien la carrera».

Cuatro Roubaix y tres Flandes adornan la vitrina de Tom Boonen que ha sido el «niño bonito» de Patrick Lefevere estos años, al punto de firmas desastres como aquella Het Nieuwsblad que ganó Stannard al apostarlo todo por Boonen.

Wilfried Peeters sería el capitán de ruta, un coco que no ganó muchas carreras, pero que pensaba en clave de equipo y era la extensión del director en la carretera.

Todos hacían caso a las instrucciones de Peeters.

Le añade Servais Knaven, ganador de Roubaix hace casi dos décadas y una dosis de inteligencia en carrera.

Cuando tuvo su ocasión, no perdonó, pero en el mismo perfil se incorporaba un buen gregario cuando el equipo lo necesitaba.

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Pero si tenia que haber un colíder, llámale tonto a Lefevere, debía ser Johan Museeuw, sin temor a equivocarnos, el corredor que prendió en nosotros el amor por las clásicas.

Dice Lefevere que lo conoce desde que tenía 16 años.

Museeuw fue un buen velocista de inicio, vistió el verde en el Tour de 1990, recuerdo, pero dio el paso adelante el día que el técnico le convenció a ir por Flandes y así hizo, el corredor, ciencia de sus conocimientos, sabiendo cuándo y dónde atacar en cada momento.

Al punto que para Lefevere la clave era rodearlo de los mejores compañeros.

Y entre ellos tuvo a uno que tocó pelo llamado Andrea Tafi.

Italiano, con una pose sobre la bicicleta que era la envidia de cualquiera, tuvo que tragar en aquel triplete del 96, tres Mapei en el podio, sendo Tafi tercero tras Museeuw y Bortolami, para acabar ganando monumentos tan dispares como Roubaix y Lombardía.

Stijn Vandenbergh es el flamenco tipo: alto, rudo, duro, fino y nacido en Oudenaarde, no lejos de donde acaba Flandes cada año.

Son dos metros de corredor que protege en los abanicos y te pone delante cuando la carrera se pone caliente.

Añade a uno por el que siempre tuvimos predilección, Sylvain Chavanel, plata en aquel Flandes que ganó Nuyens y un tío que ganaba con el paso de los kilómetros.

Pero si aguantó el ataque de Cancellara en la capilla el año que el suizo volaba.

Quedan dos más, Carlos Bomans, callado, efectivo, dice Lefevere que «no más de diez corredores que puedan poner el ritmo Bomans» y el último Iljo Keisse, un rodador con una clase tremenda, inteligente, para Lefevere «el cerebro del equipo».

Este es el nueve ideal del manager del mejor bloque del mudo en  estas lides, ¿cuál sería el vuestro?

Una Roubaix de leyenda: ¿Quién tiene los huevos de Andrei Tchmil?

Andrei Tchmil JoanSeguidor

La Roubaix que ganó Tchmil entra en los anales de dureza

Hace casi 25 años los cocos de las grandes turbas de primavera y Roubaix respondían a los apellidos de Bugno, Museeuw, Baldato, Ballerini, Furlan, Capiot, Van Hooydonck, Ludwig, Duclos Lasalle, Yates, Willems,… y Tchmil, Andrei Tchmil, el ciclista con más nacionales del que nunca hemos sabido pues nació ruso, vivió en Moldavia, fue ciudadano ucranio e incluso juró los colores de Bélgica.

En 1994 Tchmil protagonizó el ataque más espectacular de cuantos se vieron en Roubaix, incluso hasta hoy.

A más de sesenta kilómetros, sesenta, un enlodado ciclista de rojo y negro, confundido por la vorágine de porquería que surcaba su estela surgió de en medio del pelotón cual alma que lleva el diablo.

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De esa empresa loca pudo dar fe Johan Museeuw, el mejor especialista de ese tiempo, que se fue tras el alocado ciclista, entonces  moldavo, para mantenerlo cien metros durante un tramo, el suficiente para meterse en un nuevo tramo de pavé y reventar al león flamenco.

Tchimil, endiablado, tercero pocos días antes frente al majestuoso sprint de Bugno, subió y rebasó bordillos con la justificada fe de que en ello le iban segundos a la postre decisivos. Sesenta kilómetros después de tamaña apuesta, Tchimil sacudía el rostro, pecho y brazos sabiéndose ganador tras mantener una distancia bulímica de un minuto durante tan penoso tránsito ante el azote de Baldato y Ballerini.

Hace dos años Tom Boonen protagonizó su mejor Roubaix, asaltando el poder de su cuarto éxito a menos de sesenta para meta, pero con una generalizada sensación de incomparecencia por parte de los rivales que poco o nada pudieron hacer para enjuagar el poder del ciclista nato en las pedanías de Amberes.

De los grandes pasos a Roubaix sólo el Carrefour de l´ Arbre es realmente decisivo. En 2005 Juan Antonio Flecha reventó el grupo para irse con Boonen, ganador a la postre, y George Hincapie. Al año Fabian Cancellara cuajó aquí el triunfo y en 2011 lo cimentó Johan Van Summeren.

Ataques de largo radio son muy complicados en estos parajes de sabor napoleónico. A la confianza en uno mismo se le debe sumar un conocimiento casi introspectivo de los rivales y una capacidad para sufrir el dolor de piernas y el colapso de los pulmones fuera de norma.

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Por eso Franco Ballerini (1998), Cancellara (2010) y Museeuw (2002) son los únicos de tiempos cercanos que rompieron el grupo más allá de los cuarenta kilómetros.

Sin embargo, y a pesar de lo apuntado, sacar fuerzas cerca de Roubaix es sumamente complicado como lo demuestra el hecho de que sólo un super Peter Van Petegem en 2003 y Servais Knaven en 2001 hayan burlado el control cerca del velódromo.

Con Knaven se da la circunstancia de que la suya fue la victoria más legendaria de todas las que hemos contado, pues sólo un hilo de la gorra permitió leer el emblema de su equipo para reconocerle en medio de una mascarilla de barro que le impedía ser reconocido.

Veinte años pasaron de Tchmil. Veinte años de aventuras y peores desenlaces en el infierno. Veremos si alguien quieren emular a este ciclista único, garante de tres monumentos y que plasma a la perfección ese temple ruso, hecho de una pasta y resistencia que no acercamos a dimensionar.

Foto tomada de www.capovelo.com

 

Tour de Flandes virtual: un espectáculo más que potable

ciclismo femenino Alberto Bettiol Flandes JoanSeguidor

La expectación del Tour de Flandes amortiguó un poquito su ausencia

Palabras como frío, distante fluyeron por las redes estos días ante la primera edición del Tour de Flandes virtual.

A ver, qué queréis que os diga, ante la mierda que nos ha caído encima, quizá esto mejor que absolutamente nada, como nos está sucediendo desde la París-Niza.

Son bonitos los revivals, que si Perico, Indurain, Sastre y cía, pero al menos en el Tour de Flandes virtual hemos podido ver pros en directo, en sus habituaciones y patios, dándolo todo, aunque fuera tres cuartos de hora.

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Cuando el pasado Giro arrancó por las calles de Bolonia en dirección de San Luca, recordaréis la pantallita de la derecha con el Zwift de turno, si hasta emulaban las arcadas de Via Saragossa hacia la iglesia que domina el paisaje de la Emilia.

Eso fue un aviso, se dijo entonces que las competiciones on line podían empezar a ser una realidad, la gente se rió, toma dos tazas, el coronavirus como catalizador de cambios profundos nos trae la primera carrera de pros en vivo y en directo, con datos live y la gente gozándolo en sus hogares.

Mira todos los portabicicletas de Cruz

Y no fueron pocos: 600.000 belgas, definitivamente aquello es otro mundo, lo vieron en directo

Greg Van Avermaet tiene al menos este pellizco en su palmarés personal, ya lo dice, se le acaban las posiblidades, su edad no es corta, pero igual, crucemos los dedos, hasta puede optar al Tour de Flandes real este 2020.

Mientras tanto, el virtual es lo que nos queda y nuestro compañero Nacho, asiduo del rodillo, más estos días, no le disgustó.

 

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