Centrum De Ronde Van Vlaanderen: La caja que guarda la esencia

Centrum De Ronde Van Vlaanderen

En el Centrum De Ronde Van Vlaaderen hay una Tour de Flandes diario

Este primer domingo de abril, dicen que han corrido un Tour de Flandes virtual que cumplió con el deseo, disfrazado de pronóstico, que muchas veces hemos lanzando al aire, que Greg Van Avermaet ganara en Oudenaarde

Van Avermaet ha ganado la que esperamos que sea primera y última edición de Flandes virtual

Obviamente Greg Van Avermaet no entrará en el hall of fame que viste el epílogo de la vista al  Centrum Van Vlaanderen.

 

Oudenaarde es un típico pueblo flamenco, tranquilo, reposado, cerrado en las tardes de otoño, frío e inhóspito, que cae en la euforia cada primavera, presa de la pasión y calor que el ciclismo desierta en estas tierras.

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En el corazón de Oudenaarde, tenemos el Centrum Van Vlaanderen, la caja que guarda los secretos de la mejor carrera de Flandes y posiblemente una de las mejores del mundo.

Centrum De Ronde JoanSeguidor

Su visita es una inmersión en la atmósfera que fija ojos de medio mundo en este pequeño territorio encajado entre Francia, Valonia y el mar del norte.

Es la caja de las esencias, entrar en él, desde la gran plaza de Oudenaarde ofrece un Tour de Flandes diario.

Saborear una cerveza acompañada por las frites, mientras las imágenes de Tchmil, Bugno o Van Petegem en bucle llenan nuestra mirada y tocan los recuerdos.

Una sorpresa, y no es raro, cruzarse con un tal Johan Museeuw, inquirirle sobre el dominio que alcanzó en esta carrera, de las pasiones que desató, y sigue desatando, pues una marabunta se concita alrededor suyo, justo en la entrada de la exposición permanente.

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Y aquí el Centrum Ronde Van Vlaanderen pone sobre la mesa los recortes de la historia, una historia que escribieron las leyendas del «hall of fame», pero también periodistas, gente, equipos y sobre todo lugares.

Y entre ellos el Kappelmur…

Lo cierto es que lo que nos cuenta Sander, responsable de marketing de Centrum Van Vlaanderen, lo compartimos al 100 x 100, creemos que aquel recorrido que empalmaba Kappelmur y Bosberg era mucho más atractivo, primero por el valor icónico de ese encadenado y segundo porque el circuito actual parece enfriar los ánimos a los ataques cargados de épica.

Y no es para menos, las pantallas de aquella edición de 2011, memorable carrera, no paran de poner en bucle el duelo Cancellara vs Chavanel que ganaría Nick Nuyens.

Antes habremos pasado por rotativas flamencas, por estudios de radio, por plazas flamencos y pululado entre kioskos de patatas y cervezas, viajando de esas ediciones que se salvaron del veto de los nazis a la carrera global que es hoy en día.

Si queréis una experiencia ciclista basada en uno de los grandes símbolos de este deporte, si queréis partir hacia el Kwaremont o el Koppenberg, si queréis echar una cerveza con Johan Museeuw id al Centrum Ronde Van Vlaanderen, en Oudenaarde, donde la bicicleta y el ciclismo se plasman hasta en los pasillos de los hoteles.

 

Cuando Cañardo dominó la #Itzulia

En una jornada para enmarcar la Itzulia cayó del lado de Cañardo

Viajamos a la España de 1930, cuando Mariano Cañardo, “El primer campeón”, incluyó una Itzulia en su abundante palmarés.

Aquello no fue sencillo, aquella Itzulia Cañardo se la apropió tras una épica jornada que tuvimos ocasión de explorar cuando escribimos su increíble historia.

A saber, dominaba una leyenda como Antonin Magne, y con todo el pescado vendido y un rosario de desgracias en el camino, Cañardo lo puso todo para que aquella Itzulia fuera suya casi bajo la campana. Aquí os dejo el relato de aquel día.

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Porque quedaba un día, el último, el del todo o nada. El cuarto trayecto de aquella Vuelta al País Vasco moría en la margen derecha de la ría bilbaína, al final de todo, en Gexto, y más concretamente en su barrio de Las Arenas. Una jornada quebrada, incesantemente dura, de curva y contracurva al galope por toda la costa vasca, transitando por Zarautz, Deba, Eibar, Gernika y Plentzia. Pero el día, eminentemente costero, tuvo un punto y aparte en un alto, una subida mítica que reclamaba respeto. Antes de llegar al Alto de Sollube, el Styl de Mariano empezó a marear al equipo de Magne con movimientos en Autzagane, a las puertas de Amorebieta. Magne salió todas las veces que se requirió pero cada vez con más dificultad. Marino no cejaba en su empeño, seguía tensando, espoleado por una muchedumbre enronquecida por unos gritos que se le grabaron en el alma. Finalmente Magne cedió. Había sido demasiado. Mariano coronó primero Sollube con un minuto escaso sobre un líder que encontró apoyos por el camino. Magne limitaba los daños y parecía que iba a hacer imposible la hazaña de Mariano. Sin embargo éste redobló esfuerzos.

La caza de Magne parecía estar dando frutos, y el francés llegó a tener a doscientos metros al español. Una fina línea les separaba, una invisible cuerda trenzaba sus destinos. La suerte parecía echada, la hazaña de Mariano parecía más que improbable. Pero entonces, de forma increíble la distancia no solo no disminuyó, sino que se estancó y empezó a crecer de nuevo. La cuerda invisible se rompió. Mariano no rodaba, volaba entre vítores, espoleado por un público que le abría un estrecho corredor hacia la gloria. Tanto grito, tanta carne, tanto hueso, Mariano corría como en un pabellón, un largo pasillo con el cielo por bóveda. Resonaban los jaleos en su oído, casi se podía sentir el eco del momento. Mariano cruzó la meta sita en el velódromo de Ibaiondo con unos cuatro minutos sobre Magne. Cuatro minutos, a los que cabía sumarles tres de bonificación que se llevaba el primero como premio al arrojo y a la apuesta por la victoria. Mariano había ganado la Vuelta al País Vasco con menos de un minuto de ventaja, y lo había hecho en el que siempre recordaría como su mejor día encima de la bicicleta.

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1930 estaba siendo un año indescriptible para Mariano. Con 24 años había alcanzado la cumbre de su evolución física. Su método consistía en cuidarse fuera de competición y en planteamientos tácticos cada vez más acertados dentro de ella. Antes de su victoria más especial, esta de Las Arenas que le reportó la general del País Vasco, había ganado su tercera Volta a Catalunya, en lo que significó su doctorado en la ronda más antigua del calendario español. Hasta la fecha, en casi veinte años nadie había ganado tres veces la carrera; Mariano lo hizo entonces, si bien su proyección iba a ir mucho más allá.

Miguel Induráin: cinco gregarios top

Entre todos hemos escogido los cinco grandes gregarios de Miguel indurain

Gregario, gregarios, qué bonita palabra, para Miguel Indurain fue también clave.

Pedro Delgado, hace  unos años, recordaba uno de los primeros Tour que Miguel Induráin logró terminar, cuando el navarro le comentó al segoviano que no le había parecido tan duro como los anteriores.

«No, Miguel -le respondió Perico-, el Tour es igual, pero tú cada año eres más fuerte».

En ese momento fue cuando, el entonces líder único de Reynolds, se dio cuenta que su relevo estaba próximo, que otro campeón estaba a punto de eclosionar y que tarde o temprano iba a tener que trabajar para él.

Perico, el mejor maestro de Miguel Induráin sobre el asfalto, iba a convertirse en poco tiempo en su gregario de lujo.

Gregario…  ¡qué palabra!

Una profesión de ciclista tan valiosa como poco valorada por parte quizás de algún sector de la afición.

Por eso, hoy, dándole unas vueltas a tan sacrificada labor, hemos querido rendir un pequeño homenaje a lo que nosotros consideramos que fueron los cinco mejores gregarios de Miguel Induráin.

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Seguro que cada uno de nosotros tiene su lista favorita, compuesta por esos hombres que siempre estuvieron al servicio de su líder.

Obreros del pedal orgullosos de su trabajo.

Ciclistas que se encontraron a sí mismos y que no miraron en ningún momento  su puesto en la clasificación.

Corredores que protegían en el llano a Induráin y otros que le preparaban el terreno en las etapas de montaña.

Hombres que después de completar su labor, levantaban el pie para poder continuar con la faena al día siguiente. Y al otro. Y así hasta el final.

Nombres como el del propio Perico, Rodríguez Magro, Abelardo Rondón, Ramón González Arrieta, Vicente Aparicio o su propio hermano Pruden, entre otros muchos, pero para nosotros este es nuestro auténtico Top 5 de gregarios de lujos de Miguel Induráin.

Marino Alonso, de profesión currante

Fiel escudero de Miguel donde los haya. Si hay un ciclista que ha vivido de cerca los triunfos de Induráin en el Tour, este no es otro que Marino Alonso.

Marino, omnipresente en todas las victorias de Miguel (tan sólo abandonó en el Tour del 94), era además, debido a su corpulencia, el encargado de acompañarlo en el pelotón por si éste sufría cualquier percance en forma de pinchazo o caída para cambiarle de manera rápida su bicicleta.

El cántabro/zamorano siempre se supo ganar con su esfuerzo la confianza del pentacampeón navarro.

Jeff Bernard, trabajo de calidad

¿Quién no recuerda la etapa de Hautacam en el Tour del 94?

A pie de puerto, Pantani ataca y se va solo. Por detrás Induráin aprieta a Bernard: «¡más fuerte Jeff, más fuerte!».

El resultado lo recordamos todos.

Gracias a la gran labor de Bernard, Rominger se queda, se aparta y pone intermitente.

Todos se quedan: Ugrumov, Zulle, Zaina, Virenque. Sólo aguanta Leblanc, hasta que alcanzan a Pantani, con el resultado que ya todos conocemos: el francés se lleva la etapa pero Miguel prácticamente sentencia su 4º Tour.

Jeff fue un gregario de auténtico lujo para Induráin,  no en vano decían de él que era el digno sucesor de Bernard Hinault, un corredor completo tanto en montaña como contra el reloj.

Lo consideraron el futuro del ciclismo francés cuando llegó a Banesto. Pero Miguel para entonces ya era el líder único en aquel Tour, el del 91.

En el recuerdo de aquella ronda gala los ataques de Bugno en Alpe d’Huez, mientras Jeff se iba a por él para ayudar a Miguel, quedándose, volviendo a entrar y volviendo a salir a la caza del elegante italiano.

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Armand de las Cuevas, la luz rebelde

Conocido como el gregario rebelde de Induráin, Armand de las Cuevas falleció prematuramente a los 50 años de edad,  pero su nombre quedará ligado para siempre como un ilustre ciclista que fue uno de los hombres importantes del Banesto en dos de los Tours victoriosos de Miguel pero sobre todo, también, en los dos Giros de Italia conquistados por el navarro en 1992 y 1993.

Fue precisamente de la mano de Reynolds cuando el francés pasó a profesionales en 1989 y se dio a conocer entre la afición, ayudando sobre todo a Induráin y de manera decisiva a la consecución de su primer Giro.

Fue al año siguiente, y también en el Giro, cuando Armand empezó a hacer de las suyas, escapándose en una de las etapas con Chiapucci, que era rival directo de Miguel para la general.

Aquel mismo año ya salió de Banesto, ya que no se plegó a su condición de excepcional gregario y, de difícil trato personal,  tuvo que hacer las maletas.

En el Giro del 94 fue cuando exclamó su famosa y misteriosa frase cuando le dedicó «a la luz» su victoria en el prólogo, vistiéndose con la maglia rosa.

Dominique Arnaud, el último gran gregario

El francés Dominique Arnaud, otro ilustre ciclista francés que también nos dejó hace poco tiempo con 61 años de edad y que también nos marcó por su absoluta lealtad y afecto a Miguel Induráin.

Con Dominique, Miguel siempre tuvo su rueda a su disposición.

Otro fiel escudero que con su enorme trabajo de desgaste se dejaba la piel en las primeras decenas de kilómetros de cada etapa.

Una labor muy sacrificada, poco valorada y nada vistosa, pero que siempre cumplía a la perfección y, según dicen, con una sonrisa en su rostro, satisfecho y orgulloso de haber trabajado hasta la extenuación y haberse dejado todas sus reservas por su líder.

Formó parte del equipo que ayudó a la primera de las cinco victorias de Induráin en el Tour, en 1991.

De él han dicho que fue un fiel ejemplo de la vieja escuela de gregarios que quedó sepultada en el olvido y de los que ya prácticamente no quedan.

Gerard Rué, sacrificada labor

Él mismo nos lo decía: «mi trabajo es simplemente sacrificarme por un líder. No hay duda».

En efecto, primero fue con Laurent Fignon, luego con Induráin, del que se mostró orgulloso de trabajar para un ganador de Tour, mucho más que acabar una carrera entre los diez primeros.

Gerard era así de sencillo, un rubio bretón con gafas que soñó alguna vez con ganar alguna etapa del Tour de Francia «pero que enseguida me lo quité de la cabeza, porque en aquel momento era imposible porque yo trabajaba para que Induráin ganase».

Representaba como nadie el sacrificado oficio de gregario  que incluso permitió que, otro compañero trabajador como él, Ramón González Arrieta, ganara la prestigiosa carrera francesa de la Clásica de los Alpes.

Gerard no escondía su admiración por su patrón: «me maravilla su tranquilidad. Ni en la situación que nos parece más difícil se pone nervioso. Cómo calcula y cómo nos dirige», comentaba el corredor que se dejó el alma para cumplir las instrucciones precisas de su jefe de filas el día que prepararon el decisivo golpe en La Plagne.

¿Lo recordáis?

Fernando Barceló: «Somos personas sin objetivos»

Fernando Barceló Cofidis JoanSeguidor

Para Fernando Barceló este periodo es inédito, sin planes, sin objetivos

Hablamos con Fernando Barceló de lo humano y lo divino, de su fichaje por Cofidis, de su debut, de sus momentos en este confinamiento que nos tiene entre cuatro paredes…

¿Cómo te pillamos Fernando?

«Tumbado en la cama»

Has tenido poco tiempo para estar con el equipo pero ¿cuál es tu primera valoración?

«Muy contento, de verdad. Puedo decir que mejor de lo que esperaba y no era sencillo, es un equipo nuevo, culturalmente diferente. Sobre el papel iba lejos de casa, más frío a priori, pero estoy muy bien»

¿Qué tal ese francés?

«Me defiendo mejor en inglés, pero cuando lo necesito sé buscarme la vida. He estudiado algo y cada vez tengo más fluidez»

¿Cuándo fue tu primer contacto con ellos?

«Estuve en Lille, en una primera reunión, tras la París-Tours del año pasado. Eso fue un fin de semana, luego estuve en la concentración de Calpe, en diciembre, y de nuevo en Lille en enero»

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Hablas de todo eso y parece que haya pasado una eternidad, con todo lo que nos ha caído estas semanas

«Sí, parece que haya pasado diez años, cada día cambia todo una barbaridad»

Una primera lección de todo esto…

«Hay que aprovechar al máximo los buenos momentos, cuando estás bien y las cosas salen. Eso sin dudarlo. Hay que valorar los entrenos, incluso esos que haces bajo la lluvia. Ahora todo eso lo extrañas. Como ciclistas profesionales estamos muy vinculados al rendimiento, basamos muchas veces nuestro estado de ánimo a la forma física del momento, a cómo nos salen las cosas. Y eso no debería ser así«

Lo que dices es muy cierto, y no sólo os pasa a vosotros. Sin embargo, cuando volvamos a un estado medio normal, cometeremos otra vez los mismos errores ¿los cometerá Fernando Barceló?

«Puede ser. No me considero viejo, ni mucho menos, pero vas cumpliendo años y aprendes a disfrutar mejor de las cosas y eso te ayuda a rendir. Nosotros por nuestra profesión vivimos intensamente, sacamos mucho partido a las 24 horas del día. Pasamos mucho tiempo aislados socialmente, tiempo en aeropuertos, eso da margen para pensar mucho»

La última vez que hablamos, lamentábamos la desaparición del Murias…

«Mantengo contacto con ellos, con Sergio Samitier y Gotzon Udondo, también con algunos masajistas. Por lo último que hablé con Jon Odriozola, sé que quieren volver en cuanto puedan y se den las circunstancias, aunque con todo lo que está pasando es complicado saber qué va a pasar. Me alegra por otro lado ver a la gente de la Fundación Euskadi, a ver qué tal el regreso de Euskaltel. Estuve unos meses con ellos y sólo puedo decir que si Jorge Azanza está ahí, sabrá sacarle partido al grupo»

Volviendo al presente ¿qué has hecho con Cofidis?

«Estuve en San Juan y Provenza con ellos»

¿Cuándo oíste por primera vez algo sobre el coronavirus?

«Sinceramente no lo recuerdo exactamente. Nadie imaginó esto cuando empezó a sonar. Visto ahora habría dado lo que fuera por competir en Ardeche y Drome, tras Provenza estuve enfermo con antibióticos»

¿Hasta cuándo has podido entrenar con normalidad?

«Hasta dos o tres días antes de la cancelación de la Volta a Catalunya. Me estaban saliendo buenos tests. Esos días seguíamos con una normalidad relativa, a pesar de las noticias que salían cada día»

¿Cómo viviste el confinamiento de tus compañeros en el UAE Tour?

«Incredulidad es la palabra. Aquello fue muy extraño todo, se fueron unos equipos antes que otros. Se vendió una normalidad que tuvo bien poco de normal»

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¿Qué rutina tienes estos días?

«Camino por casa, hago core, abdominales más rodillo un par de horas diarias. Tengo una casa bien normal, utilizo la cama como escalón…»

¿Y para entretenerte?

«De todo, XBox, Fifa, Fórmula Uno. El ProCycling lo dejé en tiempo del ordenador. También veo documentales en Youtube, algunos sobre el origen del universo»

Toma ya, muy bien. ¿Podríamos decir que ahora sois ciudadanos rasos?

«Desde luego, como deportistas de alto nivel podemos decir que es la primera vez que no tenemos un plan sobre la mesa, somos personas sin objetivos ahora mismo y yo estoy acostumbrado a moverme por ellos. Lo llevo a ratos. Trabajas pero no sabes si valdrá para algo»

Desde luego como lección de vida esta historia no tiene precio

«Ya lo creo, tenemos que disfrutar cuando las cosas van a favor. Estos tres años los he llevado a rajatabla y al menos tengo la satisfacción de haberle sacado partido a cada momento, al dolor de piernas, a llegar reventado a meta, a saborear los buenos momentos»

Las inscripciones de la Quebrantahuesos: torres más altas han caído

Treparriscos Quebrantahuesos Featured

La Quebrantahuesos ha tenido que rectificar en la devolución de las inscripciones

Han dado que hablar la marcha que quita el sueño a media comunidad ciclista…

El aluvión de cancelaciones, no podía ser de otra manera, también llegó a las marchas cicloturistas y esto es un parar, la madre de cordero, la Quebrantahuesos también cayó, pasando de junio a septiembre.

Y llegados a este punto ¿qué pasa con las inscripciones de la Quebrantahuesos?

Un callejón sin salida que pone a todos en compromiso, lo pone todo en entredicho.

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En un primer momento la Quebrantahuesos dijo que nada de devolver el dinero, con el consiguiente tsunami de críticas y gente prendiendo fuego a las redes sociales.

Pero ni la marcha más grande, la intocable, a este lado de los Pirineos pudo aguantar el tirón. 

Lo que se desprende de todo esto es que cuando decimos que las cosas no van a ser igual tras esta mierda, tendremos que mirar a los organizadores de marchas y eventos, porque a ellos les ha caído una buena encima.

Como a todos, cierto, pero el percal que tienen que sortear no es pequeño, ponerse entre la espada y la pared de tener que decidir qué hacer con un dinero que en parte ya se ha gastado en proveedores, con la masa de inscritos presionando.

Entre las muchas tesituras desagradables que está provocando el coronavirus, tenemos este dilema.

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Veremos en qué queda la próxima campaña de marchas, cuántas sobreviven y cuántas cae. 

Por de pronto, como nos cuenta Nacho sobre el tintineo de un rodillo que seguro ha provocado más de una discusión entre vecinos estas semanas, la Quebrantahuesos ha tenido que claudicar.

Calendario ciclista 2020: esto empieza a ser como el Titanic

Max Schachmann París-Niza JoanSeguidor

Las salidas de tono por el nuevo calendario ciclista no ayudan a solucionar la caótica situación de este 2020

Ahora mismo el calendario ciclista 2020 está así…

La presión, los ojos, el foco, las preguntas circulan alrededor del Tour de Francia, algo así como el 70% de la viabilidad presupuestaria de los equipos que corren en el World Tour.

Equipos que en algún caso, CCC por ejemplo, empiezan a estar con la luz roja.

Pero claro, hacer conjeturas sobre el calendario ciclista de este lamentable 2020 es tan arriesgado como lanzar una moneda al aire.

Si hasta Bahamontes lo ve claro: «Hasta que no se aclare la crisis del coronavirus, nada que se programe tiene valor». 

Cada noche nos acostamos con la matraca de si habrá fútbol, de si se acabará la Champions, la Europa League, y nos damos cuenta que el ciclismo, en otra escala, está dando el mismo espectáculo.

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Con declaraciones estúpidas como las que vienen de Italia y su Federación…

Dando la imagen de que esto empieza a ser como la tragedia del Titanic. 

«Primero las mujeres y los niños» decían y al final aquello fue un «marica el último».

Aquí se dice «grandes vueltas y monumentos primero» y luego llega la UCI, con sus cojonazos, y ocupa dos fines de semana de septiembre para sus mundiales en Suiza.

Quien debiera dar ejemplo da un paso al frente, pero en sentido contrario.

Y mientras desde la Volta tienen claro que este año ni cien ediciones, ni nada similar… 

El calendario ciclista de 2020 es un agujero hasta el día 1 de julio. 

Pensar que el Tour podría desarrollarse con normalidad es un quimera tan grande como idearlo sin público.

Por muy Tour que seas, llegará el día que se tenga que pronunciar, y admitir, como Tokio 2020, que las fechas originales no son muy recomendables.

Irse a finales de julio podría ser una opción, y si la carrera pilla a Francia volviendo de vacaciones y ello perjudica la audiencia, pues chico, mala suerte.

Aquí todos van a perder, los ciclistas cobran menos, los equipos no corren y no dan imagen a sus patrocinadores, las organizaciones cancelan sus eventos…

Es todo una pelota, una bola de nieve que se hace grande y arrasa por donde pasa: hay que perder, todos perdemos, pues que sea lo más repartido posible.

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Y no ponernos exquisitos.

Hace un mes no imaginábamos San Remo en octubre, ahora firmamos cualquier cosa por tener ciclismo, aunque sea a contrapié, y no es sólo por el placer y diversión que nos provoca verlo, también es por que los muebles se salvarán en cierta medida con la celebración de las carreras.

Lo que no es lógico es que se diga lo que hay que salvar y luego cada uno arrime el ascua a su sardina, sí, lo sabemos, es un clásico en ciclismo, cada uno a la suya, pero esperamos que alguien, con altura de miras, sabedor de la gravedad del momento, haga entender a la parroquia que esto necesita un poco de todos.

Thomas De Gendt es demasiado para Zwift

Thomas De Gendt Zwift JoanSeguidor

Para Zwift el pedaleo de Thomas De Gendt es excesivo

Otra jornada de rodillo, de Zwift, un protagonista recurrente en este tipo de historias: Thomas De Gendt.

El otro día nos quedamos asombrados por la Milán-San Remo que Thomas De Gendt se cascó por Flandes occidental junto a Jasper De Buyst.

Diez horas sobre la bicicleta.

Y como estos días la carretera no nos da noticias, más que aplazamientos para volver a la competición y una merienda de negros que será el nuevo calendario, nos quedamos con lo que ocurre en el ciclismo de salón, en el virtual, donde Thomas De Gendt ya ha puesto el huevo.

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Leemos que Zwift le ha expulsado por irse de vatios, así tal cual.

Se ve que le ha metido más de 500 vatios y la máquina ha pitado.

Lo cierto es que no es la primera vez que oímos lo que es capaz de mover Thomas De Gendt.

Ver sus datos en una etapa como la que ganó en el Tour, el año pasado, sería secreto de estado, pero hay una etapa, una de las fugas que llevó a buen puerto, Romandía, creo que hace un par de años en la que se rumoreó con lo que movió y sobre todo el tiempo que lo movió para dejar sentado a más de uno.

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Al menos el ciclismo virtual no ha parado y sigue su curso, un curso que parece que va para largo, por lo visto.

De Gendt mantiene la motivación que a otros seguro les pesa, porque esta cuarentena, el confinamiento y la incertidumbre sobre lo que se correrá y no, está matando a más de uno.

¿Cuántos Tours pudo ganar Perico Delgado?

Perico Delgado JoanSeguidor

Decir que Perico Delgado debió haber ganado más de un Tour es realista

Tenemos sobremesas de los ochenta estos días, y en especial sobremesas de Perico Delgado, su aureola, fama incorruptible al paso del tiempo y esta tarde de jueves ventoso y casero de Tour.

Vemos aquella subida a Alpe d´ Huez del Tour de 1987, la primera en dos sentidos.

La primera que gana un español, Fede Etxabe, el adusto ciclista de Kortezubi, cuyo pero específico valoras hoy en día mucho más que podías hacerlo entonces, con tantos y tan buenos corredores de este lado de los Pirineos.

Entre Etxabe e Iban Mayo, pasaron 16 años.

Y fue la primera vez que un ciclista salió de amarillo de su cumbre y no acabó ganando el Tour.

Una efeméride que siempre acompañara a Perico en el Tour.

Pero no os quedéis con este registro «pionero» para valorar la historia de amor-odio que tuvo Perico con el Tour.

Lo cierto es que el segoviano supo desde los inicios que su suerte pasaría por lo que sucediera en Francia y no dudó en fiarlo todo a ello.

Así el Tour que gana, que sí, que ya sabemos que pitó con probenecid, fue uno de los primeros ejemplos en la historia de corredor centrado y concentrado en un objetivo, el Tour. 

Lo que muchos le atribuyen a Greg Lemond, lo cierto es que en ese 1988, Perico lo aplicó, previo paso por el Giro, el famoso del Gavia, donde firmó un nada desdeñable séptimo puesto.

Lo cierto es que en 1988 Perico ganó el Tour de forma tan contundente que poca explicación más requiere.

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Otra cosa fue lo que sucedió al año siguiente, en el que el segoviano, sinceramente, poco o nada tenía que envidiar a los dos tenores Lemond & Fignon.

El desastre del prólogo de Luxemburgo añadido a la calamidad de la crono por equipos dejó tan tocado al dorsal uno, que descontando ese tiempo, posiblemente hubiera ganado ese Tour.

El mejor día que recordamos de Perico fue ese de Superbagneres y la mítica escapada con Millar y Mottet.

Todo apuntaba a que el segoviano tuvo el cénit en 1989, tanto física como mentalmente.

Al año siguiente, ya se le vio fuera de concurso, quedó cuarto, y seguro que sin esos cortes en los que siempre incurría, hubiera estado más adelante, no sé si en el podio, pero Greg Lemond, en ese Tour, le ganó por la mano todos y cada uno de los momentos clave.

Siempre estará la duda de si el sexto Tour de Indurain debió haber sido el primero, sinceramente hubiera sido temerario apostar por el navarro en la España de 1990, un país entregado a Perico.

Si luego sale mal, los mentores de Banesto no pueden volver a casa…

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¿Pudo ser 1989 el tercer Tour de Perico?

Mirando atrás, quedan dos ediciones en las que Perico pudo haber optado al Tour.

En 1983, el año de descontrol, con Fignon asaltando el poder, llegó a ir segundo, pero le pesó el final.

Al año siguiente abandonó por a caída bajando Joux Plane.

Y luego estuvo 1987, por que las ediciones intermedias quizá no las tuvo al alcance, incluida la del 86 que dejó por el fallecimiento de su madre.

Ese año, 1987, se cruzó en su camino un Stephen Roche, que sería irlandés de nacimiento, pero parecía italiano en la carretera, sacando provecho de cada circunstancia que surgía en la carretera.

Sea como fuere, el Perico de 1987 no era el contrarrelojista que acabaría siendo al poco tiempo y ahí el irlandés le sacó el amarillo en la crono final de Dijon.

Decir que Perico debió haber ganado más de un Tour es realista, asegurar que debió haber ganado tres, por ejemplo, es aventurado.

Él perteneció a un generación única.

De Fignon a Roche, pasando por él y acabando en Greg Lemond, quien de no haber mediado el accidente de caza, perfectamente podría haber sido el coco de su generación.

Sin embargo, visto ahora, les quedó todo muy repartido.