Tour de Flandes virtual: un espectáculo más que potable

ciclismo femenino Alberto Bettiol Flandes JoanSeguidor

La expectación del Tour de Flandes amortiguó un poquito su ausencia

Palabras como frío, distante fluyeron por las redes estos días ante la primera edición del Tour de Flandes virtual.

A ver, qué queréis que os diga, ante la mierda que nos ha caído encima, quizá esto mejor que absolutamente nada, como nos está sucediendo desde la París-Niza.

Son bonitos los revivals, que si Perico, Indurain, Sastre y cía, pero al menos en el Tour de Flandes virtual hemos podido ver pros en directo, en sus habituaciones y patios, dándolo todo, aunque fuera tres cuartos de hora.

 

Cuando el pasado Giro arrancó por las calles de Bolonia en dirección de San Luca, recordaréis la pantallita de la derecha con el Zwift de turno, si hasta emulaban las arcadas de Via Saragossa hacia la iglesia que domina el paisaje de la Emilia.

Eso fue un aviso, se dijo entonces que las competiciones on line podían empezar a ser una realidad, la gente se rió, toma dos tazas, el coronavirus como catalizador de cambios profundos nos trae la primera carrera de pros en vivo y en directo, con datos live y la gente gozándolo en sus hogares.

Mira todos los portabicicletas de Cruz

Y no fueron pocos: 600.000 belgas, definitivamente aquello es otro mundo, lo vieron en directo

Greg Van Avermaet tiene al menos este pellizco en su palmarés personal, ya lo dice, se le acaban las posiblidades, su edad no es corta, pero igual, crucemos los dedos, hasta puede optar al Tour de Flandes real este 2020.

Mientras tanto, el virtual es lo que nos queda y nuestro compañero Nacho, asiduo del rodillo, más estos días, no le disgustó.

 

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Bergerac está en la geografía de Indurain

En aquella crono de Bergerac Miguel Indurain demostró que su dominio seguía vigente

El que sería cuarto Tour de Miguel Indurain empezó tocado por las dudas, venía de perder el Giro con Berzin, Rominger había machacado en la primavera y la última Vuelta de abril, por eso Bergerac era un sitio marcado en rojo…

Entre Périgueux y Bergerac se hizo una etapa del Tour de 2017 que ganó Marcel Kittel.

Aquel rodeo que el pelotón realizó entre Périgueux y Bergerac fue de 178 kilómetros, sin embargo muchos años antes, se había hecho una vez en tramo más o menos recto de 63 kilómetros de lucha individual contra el reloj, en uno de esos kilometrajes eternos que hoy en día serían impensables.

Era 1994, otros tiempos.

 

Aquella jornada voló Miguel Indurain, lo hizo a tal nivel que se ganó el apelativo de la segunda mejor crono de la historia, porque en la retina teníamos aún reciente la de Luxemburgo, sólo dos años antes, en uno de esos días, 25 primaveras después, que jamás se olvidan.

La crono entre Périgueux y Bergerac figura en los anales por muchas cuestiones.

Lo relató entonces el maestro Javier de Dalmases en las páginas del otrora diario polideportivo, ahora es un folletín del Barça, El Mundo Deportivo, cuyo buceo por su hemeroteca es un placer para el recuerdo y la memoria.

Ese día de julio, con el asfalto derretido y el peligro en cualquier giro, Miguel estuvo a punto de caerse en dos de las primeras curvas, Indurain infringió un correctivo que a catorce días del final sonaba a sentencia.

Sólo Tony Rominger, tres veces ganador de la Vuelta ese año, se mantenía con un halo de esperanza, a dos minutos, más allá de los cuatro caía Armand De las Cuevas, el gregario díscolo, el boxeador inconcluso.

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La gesta de Indurain se puede explicar en diversos planos y estadísticas, pero si nos permitís sólo daremos una: el navarro envió más allá de los diez minutos a 123 ciclistas.

Esa forma de pedalear, ese modo de acoplarse a una máquina que rodaba sobre un 54 x 12 se demostró imposible de gestionar para una amplia mayoría de los corredores, por no decir que a todos menos a Rominger, el único que salió en la franja de los dos minutos.

Hasta dobló a Lance Armstrong, una escena que con los años ganaría valor y morbo.

Un día, prometemos valorar cuál fue la mejor crono de Miguel Indurain… Bergerac estaría en el podo, pero Luxemburgo…

¿Por qué la clasificación por equipos está tan infravalorada?

La clasificación por equipos reconoce el valor colectivo del ciclismo

A falta de directos, vamos con un debate, ahora sobre la clasificación por equipos.

Es una pregunta que no es nueva para mí.

No es que me la plantee ahora como excusa para sacar un nuevo tema de debate.

Pero es cierto, hace ya mucho tiempo que me pregunto por qué no se le da la suficiente importancia que se merece la clasificación por equipos, sobre todo en las grandes (o pequeñas) vueltas por etapas.

Y saco el tema en este momento porque el otro día, viendo el excelente documental sobre el equipo Movistar “El día menos pensado”, pude comprobar hasta qué punto esta clasificación por escuadras está bastante minimizada.

No es que esté desestimada por completo, porque al menos los integrantes del grupo ciclista ganador tienen su minuto de gloria en los pódiums de las diferentes y prestigiosas rondas por etapas, como pueden ser en el caso del Tour, el cajón de mayor reputación: el de París.

Como os comento, observando cómo “celebró” el conjunto Movistar su victoria por equipos en la pasada gran ronda gala, me hizo pensar que aquella situación para ellos más bien parecía un absurdo trámite, un mal trago que pasar enseguida, viendo las caritas de los Unzué, Valverde, Landa o Quintana, si bien, todo hay que decirlo, fue el bueno de Eusebio el que con una media sonrisa, algo forzada, se encargó algo de animar el mal ambiente cuando exclamó: “¡Eh, chicos, venga! ¡Que hemos ganado la clasificación por equipos del Tour!”.

La verdad es que, en el exterior de aquel autocar, ni había alegría, ni euforia, ni satisfacción por el resultado obtenido y más después de lo ocurrido a nivel doméstico en aquel Tour, con sus pequeñas y grandes batallas intestinas entre los capos del grupo telefónico.

La victoria por equipos no fue consuelo para ningún componente del Movistar.

Porque el objetivo era ganar el Tour con alguno de sus tres líderes y no la general por escuadras.

Porque el equipo navarro, con la plantilla de la que disponía, tenía que ser el mejor en cualquier competición ciclista sin bajarse del autocar.

De hecho, siempre ha sido una clasificación que para ellos ha sido “muy fácil” de ganar, dada la nómina de ilustres corredores que han formado parte de su plantel cada nueva temporada.

 

Y yo me sigo preguntando… ¿por qué no “vale” ganar por equipos?

Tendríamos que empezar analizando los premios en metálico.

El que se reparte entre los integrantes de la escuadra ganadora es muy inferior al que se llevan, ya no sólo el ciclista vencedor de la carrera, sino incluso el segundo o tercer corredor en el pódium, una cifra que, como mucho, puede ser un 10% de lo que se lleva el ganador absoluto, aproximadamente.

Y ya no sólo a nivel económico, a nivel mediático, tanto aficionados como prensa especializada, le dan muy poco eco a una victoria que habría de tener más prestigio, que fuera más celebrada y anhelada por los miembros del ProTour.

Si extrapolamos una victoria por equipos en el Tour, en el Giro o en la Vuelta, a su homóloga en el fútbol, podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que estas escuadras han ganado la “Champions” del ciclismo, ¿o no es así?

Lo mismo podríamos decir de la NBA o la ACB en el baloncesto, o la Copa Davis en el tenis.

Y esto por poner unos pocos ejemplos, porque podríamos seguir con otros deportes.

Quien toca el cielo, quien inscribe con letras de oro su título en el palmarés de estas prestigiosas competiciones, lo hace con el nombre de EL CLUB ganador.

¿Seguimos estando todos de acuerdo?

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Pero esto en el ciclismo no pasa.

Ni siquiera en el Mundial.

Si recordamos cuando Abraham Olano ganó en Duitama en 1995: ¿quién ganó? ¿Fue el ciclista de Anoeta o fue el combinado español el que se proclamó campeón del Mundo?

Si aceptamos que ambas respuestas son válidas podemos decir sin tapujos que Miguel Induráin también fue campeón del Mundo.

Igual que también los Escartín y Chaba Jiménez, entre otros.

Sin embargo, para la repercusión de este deporte, esto no es así y la gloria sólo se la puede llevar uno en forma de arco iris, maillot amarillo, maglia rosa o túnica roja y, es más, hasta en estos ejemplos, como en tantos otros, la polémica siempre anda servida entre los líderes de un mismo equipo: quién o por qué debió ganar uno u otro.

La verdad es que si nos fijamos de nuevo en el fútbol, todos los equipos tienen su Messi o Cristiano Ronaldo de referencia, jugadores que desequilibran la balanza, que son determinantes en momentos culminantes, como pueden ser encima de la bicicleta los Valverde, Quintana, Roglic, Froome y compañía, que rematan la labor de sus domésticos, pero a diferencia de los futbolistas, que evidentemente también tienen sus premios individuales, los que ganan son los nombres de los corredores y no el de sus equipos.

Estaba reflexionando que igual el debate no es si está menospreciada o no la clasificación por equipos y lo mejor sería centrar la discusión en discernir si el ciclismo es un deporte de equipo o individual.

¿Y vosotros qué pensáis?

Seguro que vuestra opinión nos ayudará a dar a luz otra próxima entrada en este mal anillado Cuaderno.

El día que Indurain se cobró a Pantani en Hautacam

Hautacam 1994 fue Indurain vs Pantani que marcó el Tour

En 1994 el ciclismo mundial asistía a varios actos simultáneos. Mientras Miguel Indurain, navarro él, parecía francés porque era algo así como el Rey Sol, en el Giro de Italia que vio la revolución de la chavalería, encabezada por el indescifrable Berzin, explotó un tal Marco Pantani.

Entonces ilusionaban, hoy vemos las cosas muy diferentes.

Fue en dos jornadas dolomíticas, primero en Merano y luego en Aprica, en una de las mejores etapas jamás vista, donde un joven con poco pelo, aunque lejos de ser el pelado total que seria con el tiempo, desbordaba por las cimas, realizaba descensos enormes e incluso se atrevía a ataques lejísimos como aquel del Agnelo, ya en los Alpes.

 

Indurain, imbatido desde que iniciara su serial de grandes vueltas en el Tour del 91, mordió el polvo entre alocados jóvenes que le dieron lo que Chiapucci, Breukink, Alcalá, Jaskula, Rominger y Bugno no fueron capaces de darle. Sin embargo el Tour era la prueba del algodón, aquello que justificaba el año, aunque éste, en el caso del navarro, siempre ofrecía algo más que la victoria en Francia.

#DiaD 13 de julio de 1994

Tradicionalmente la primera etapa del montaña del Tour causa estragos. El cambio de desarrollo, las velocidades, el cuerpo, la postura sobre la bici, el olor de las nubes, mil teorías, cientos de excusas, pero lo cierto es que rara vez no se presencia una criba brutal.

Pasaba en tiempos de Indurain, ocurrió en los años de Lance Armstrong, que no existieron, y lo hace Froome.

En 1994 no fue diferente.

La carrera ya venía tocada por la crono de Bergerac, famosa porque fue aquella en la que Indurain doblaría a Lance Armstrong. En ella el de Villaba se puso de amarillo, tras una nueva exhibición que entroncaba con Lac de Madine y Luxemburgo.

Pero llegó Hautacam, e Indurain calló bocas.

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En una etapa monopuerto, Miguel Indurain cambió el paso. Acostumbrados a verle en perfil bajo, reventando la carrera en segunda persona, compartiendo protagonismo con otros -Chiapucci en Val Louron y Rominger en Serre Chevalier-, aunque con la idea del amarillo siempre en el filial del camino, el navarro quiso romper en primera persona la carrera.

Tony Rominger fue la gran víctima, la primera, porque además venía crecido de un inicio de campaña excepcional, luego cayeron todos, uno a uno, fruto de un ciclista que subía varios peldaños por encima del resto, incluso por delante de Marco Pantani, el semicalvo ciclista que intentó cardar la lana y salió esquilado entre la niebla.

Un par de meses después de Arpica, Indurain se cobró la cabeza del primer ciclista que había desnudado sus vergüenzas.

No siempre se podía ganar, pero Indurain lo hacía con tal naturalidad que lo demostró hasta sencillo.

Imagen tomada del FB – Grupo de Miguel Indurain 

Sobre el subasta de la bicicleta de Contador

bicicleta Contador JoanSeguidor

Recordar el origen de la bicicleta que subasta Contador no creo que sea la mejor manera de dar la noticia

Cuando Alberto Contador anunció que subastaría su bicicleta para la Cruz Roja, supimos que la iniciativa traería cola…

Y en efecto, surgió este tweet de nuestros compañeros de Ciclo21…

 

No sé las estadísticas que habrán manejado en Ciclo21 por este tweet, las respuestas dan a entender que algún unfollow se habrán llevado, también hay quien les aplaude.

Lo más curioso es que lo han petado con un tweet que conduce a un breve… es decir, un artículo de fondo, de llamadas, contraste y esas cosas puede quedar a años luz de un breve.

Pero al margen de la anécdota, lo cierto es que la subasta de esa bicicleta en concreto por parte de Alberto Contador, para cualquiera que sepa mínimamente de su trayectoria, sabe que no es una bicicleta más.

Es con la que consiguió un Giro del que fue desposeído.

Pero ¿era necesario decirlo en el titular?

Que es cierto es una obviedad, pero ¿era necesario?

Si miramos otros medios que hablan de lo mismo, vemos que no hay mención del origen de esa bicicleta hasta el cuerpo de la noticia, no en el titular.

Y ojo que es un soporte anglosajón, tan de mirar la paja en ojo ajeno.

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Incluso otros medios no hacen mención de la suerte que corrió aquella victoria…

Sinceramente, no vemos que haya motivo para montar tal polvareda, es la bicicleta del Giro 2011, por que el Tour aquel lo concluyó en quinta plaza, a no ser que se pretenda hacer ruido, estruendo, algo que no podemos reprochar a Ciclo21, pues todos en un momento u otro lo hacemos, con mejor o peor suerte.

A nosotros nos tocó vivir una penitencia, y la seguimos pagando, el día que dijimos que un embajador se equivocó al oler unas bragas, que no daba la mejor imagen de la marca que representaba y esas cosas.

Cuando te arrojas a los leones, corres el riesgo de ser devorado.

A Ciclo21 le ha caído una buena con ese tweet, que no miente, cierto, pero que recuerda algo que escuece, sin duda.

Lo que pasó entonces pasó, un organismo falló en contra del corredor, éste purgó su periodo sin correr, fue desposeído del Giro aquel, y del Tour del año anterior, y menearlo tampoco creo que conduzca a nada.

Estamos de acuerdo con lo que dice Nico Van Looy, uno de los redactores de Ciclo21…

No se miente, pero el enfoque creo que no venía a cuento, incluso cuando lo que dice Fernando Ferrari, director de Ciclo21, aquí también es cierto

Es como si el ciclismo estuviera o tuviera que estar purgando eternamente sus pecados.

Quedémonos con el gesto y la ayuda que implica, que son más de 13.000 euros de salida.

En el fondo somos más papistas que el Papa.

¿Un everesting en casa? es posible

Everesting JoanSeguidor

Paolo nos cuenta cómo idear, ejecutar y salir vivo de un «everesting» en casa

Hace ya unos años que supimos qué era un everesting, una de esas «locuras», dicho con cariño, que llevan al ciclista a acumular en una sesión el desnivel equivalente a la altura del Everest, eso es más allá de los 8800 metros.

Incluso hemos conocido personas que lo han hecho, y nos admitido que un «everesting» les había dejado secos, sin fuerza ni chispa, carentes de apetito de bici no por días, sino que también semanas.

En todo caso, lo que nos dejó tocados, a raíz de sacar este artículo Dani Buyo sobre largas sesiones de rodillo, fue conocer el caso de Paolo Álvarez y de varios miembros del ZESP Team que se plantearon un everesting en casa, en pleno confinamiento.

Toma ya.

 

Así que le pegamos una llamada al amigo Paolo para saber cómo se plantea un reto de estas características…

Paolo ¿desde cuándo conoces el concepto «everesting»?

«Pues no hace mucho la verdad, unos pocos meses»

¿Qué te pareció el asunto?

«No le presté atención, la verdad, incluso te diría que me pareció absurdo. Subir más de 8000 metros en una tirada ¿para qué?. Vi incluso que estaban regulados, que tenían una normativa»

Entonces ¿cómo toma forma el reto?

«Debido a la cuarentena, me gusta llamarla así antes que confinamiento, me surgieron varios retos. Desde ZESP, un compañero lo sugirió«

¿Y?

«Pues que no sabría decirte cómo pasé de la indiferencia más absoluta al interés, pero la propuesta me motivaba»

Pero es que son 8000 metros largos en un rodillo…

«Cierto. Mira, hace cinco meses yo no tenía ni rodillo de transmisión directa, ni me lo planteaba. Pero lo probé y vaya si me gustó, es todo, la inercia, el realismo... la gente a veces opina sin haberlo probado y es muy recomendable. La cosa cambia por completo»

Ahora defiendes el rodillo…

«Totalmente, pero es como todo, necesitas un buen material para que no acabes quemado encima de él»

¿Qué ventajas le ves?

«Varias. Por un lado, a diferencia de la ruta, no necesitas gente que te asista, por otro lado ganas tiempo en tu día a día. Por ejemplo en los descensos del reto, podía bajarme de la bicicleta, estirar, ir al baño, comer, hasta darme una ducha, si quería el rato que el muñeco iba bajando. Por otro lado te ahorras el frío y la lluvia»

Así aceptaste el reto

«Me apetecía un reto estos días de esta en casa, sin salir a la carretera«

Subiste Alpe d´ Huez ocho veces ¿por qué este puerto?

«Por que era lo suficientemente largo para llegar al desnivel necesario en ocho ascensiones, había otras más cortas, pero no me apetecía, también con más desnivel, pero este puerto tenía la pendiente perfecta, todo el rato al 7-8%. Además con un realismo del 100% echabas manos de los desarrollos como si estuvieras allí y cumplías con las normas del «everesting»

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¿Cómo acabaste?

«Pues no puedo decir que acabara reventado, cumplí con una consigna: llevar los ritmos que me permitieran acabar bien. Recuperé rápido y entreno como si saliera a la carretera, entre 450 y 500 kilómetros semanales»

¿Algún momento complicado?

«en la séptima subida empecé con dolores de estómago. Al haber hecho ultradistancia alguna vez, imaginaba podían venirme»

Te escuchamos impresionados, de verdad. ¿Cuánto hay de ego en estas cosas?

«Claro que hay ego, es imposible que no lo haya y no creo que sea tan malo, si el ego es un buen motor, pues adelante. Todos tenemos cierta ambición, siempre bien entendida, claro. En mi caso quería un reto, algo que entrara dentro de mis posibilidades»

¿Dónde vives Paolo?

«En un pueblo en el norte de Madrid»

¿Se han roto mucho los planes con esta situación?

«Tenía unas cuantas marchas pensadas, la Cantabrona, la sierra Norte, la Gran Fondo Almería y la Quebrantahuesos… ¿qué le vamos a hacer?»

¿Qué harás el día que nos den vía libre?

«Es una buena pregunta que me hecho muchas veces. Seguramente tiraré de clásicos, haré una Morcuera, subir y bajar«

Indurain en Isola 2000: ¿De verdad regalaba etapas?

Indurain Isola 2000 JoansEGUIDOR

Isola 2000 ¿Dejó ganar Indurain a Rominger?

Seguimos a rebufo de Miguel Indurain, sus Tours y lo que nos pone Teledeporte: este miércoles tenemos Isola 2000

Aquella etapa fue la constatación que había dos cocos en el Tour, la continuidad del Galibier pero ahora en Isola 2000, una estación más al sur, que curiosamente nunca más visitaría el Tour, pero que quedó con letras de oro por el duelo Indurain vs Rominger.

Si os acordáis de la conclusión de aquella etapa, en la recta final de Isola 2000, Pedro González narraba con pasión la más que posible victoria de Indurain.

Rominger tiraba y tiraba, lanzó el sprint, pero no… cuando parecía que le iba a pasar, Miguel mira a su izquierda y detiene la remontada.

Isola 2000 ¿Dejó ganar Indurain a Rominger?

Y es más ¿ha regalado Indurain tantas etapas como se dice?

Ayer, el autor del libro sobre Miguel Indurain de nuestros amigos de Cultura Ciclista, escribía esto…

 

Hojeando su libro, si nos detenemos en la doble página dedicada a esa jornada leemos las declaraciones de Vicente Iza: «A mí Miguel no me ha mentido nunca. Miguel era muy sincero y si dijo que no pudo, eso fue lo que pasó«.

A ello añade José Miguel Echávarri: «No es una etapa que quieras que gane porque sí, sino que le sirva para redondear su palmarés, ya que nunca había vencido una etapa en línea vestido de amarillo«.

Y es cierto, eso se le extrañó a Miguel Indurain, que no tiene una foto levantando los brazos vestido de amarillo.

Viéndolo ahora, recordando la cabalgada con Chiapucci en Val Louron, esa llegada con Rominger en Isola, incluso Hautacam con Luc Leblanc… cuesta mucho creer que Miguel Indurain no ganara etapas en línea en los Tours que dominó de esa manera, y con tal solvencia.

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Y cuesta creer porque nada fue porque sí en esa época.

Ayer mi hijo, que está viendo a Miguel Indurain hasta en la sopa este confinamiento, me preguntó si el navarro era bueno físicamente y tácticamente, o una cosa o la otra y es que lo fue en los dos puntos, alcanzando un equilibrio que rara vez hemos visto en otro campeón.

Por que hubo grandes corredores que lo confiaron todo a una cosa u otra: lo que el físico no le ha dado a Nibali, lo ha conseguido la estrategia, y en el caso de Froome, quizá al revés, aunque con el añadido del equipo.

Miguel Indurain fue un fenómeno en todos los aspectos, algo que, como otros grandes de otros deportes, estoy seguro que no volveremos a ver, y no, no es que el confinamiento nos haya nublado la visión, es que fue así.

Por eso cuando,  muchas veces surge la pregunta ¿Induráis regalaba etapas? puedo pensar que fue totalmente posible, porque en esos «regalos» iban favores de vuelta, como la famosa jornada de Mende, Tour 1995, cuando Banesto no daba abasto ante el ataque de Jalabert.

Pensar en esas etapas como algo accesorio, el medio a sacrificar por un fin mayor, no lo veo descabellado, es más, entra dentro de lo normal para alguien que pudo y supo perpetuar su dominio tantos años.

Quitarse el stress de ir a por etapa y general al mismo tiempo son esos calentones que te ahorras cuando pones la mirada en largo.

Y Miguel Indurain creo que en Isola 2000 miraba mucho más allá de esa línea de meta.

Imagen: CyclingHistory

HEROESxGOBIK: maillots para ayudar a la Cruz Roja

Gobik Cruz Roja Heores JoanSeguidor

Serie limitada y solidaria de 300 maillots HEROESxGOBIK para una donación para Cruz Roja

Gobik pone este miércoles 8 de abril, a partir de las 17.00h, una de las piezas más especiales realizadas por la firma de textil ciclista en su historia: el maillot HÉROESxGOBIK con el foco puesto en Cruz Roja.

Se trata de una edición limitada a 300 unidades, de venta exclusiva online, con un precio único de 70 euros y con entrega prevista a partir de los 21 días desde la reactivación de actividad fabril de Gobik.

Como sucede en la acción que la marca emprende cada Navidad con Save The Children, el importe total de la venta se destinará esta vez a Cruz Roja Española y su Plan Cruz Roja Responde Emergencia Coronavirus, en unas fechas marcadas por los estragos sanitarios y sociales.

Gobik Cruz Roja JoanSeguidor

Una ayuda muy necesaria estos días

Como comenta Irene Torres, directora de Responsabilidad Social de Cruz Roja Española en Murcia, “hace unos días Gobik nos contactó para saber cómo ayudar en la actual situación de emergencia. Y no es cualquier cosa, hablamos de la mayor movilización de personal y recursos de Cruz Roja Española en toda su historia”.

Así surgió la idea de impulsar nuestro plan y con ello poder satisfacer algunos de los cometidos de Cruz Roja Española estos días de ingente actividad: “Especialmente ayudarnos con el reparto de material esencial para muchas personas, material de higiene, sanitario y alimentos no perecederos”.

La historia del maillot HÉROESxGOBIK

A la semana del establecimiento del estado de alarma, el viernes 20 de marzo, Gobik, a través de sus empleados, montó de forma espontánea y desinteresada una línea adicional en su factoría para la fabricación de batas y mascarillas de protección para personal sanitario.

Pasados siete días, la marca ideó el maillot HÉROESxGOBIK, dentro de la plataforma deportiva Strava, como recompensa a los diez ciclistas que más kilómetros acumularan en su casa durante una semana. Días después, atendiendo la petición de muchos de sus seguidores y fans, Gobik ha decidido sacar esta misma prenda en una edición limitada con el objetivo de crear un fondo solidario con Cruz Roja Española como destino.