Primoz Roglic sí que está para ganar la Vuelta

Tuvalum

Roglic no ha llegado a esta altura de la Vuelta para perderla

Dijimos ayer que no nos convencía Primoz Roglic para la Vuelta, obviamente nos equivocamos.

Llevados por el tute que arrastra, la decepción del Tour, aliñado por la baja de Dumoulin, que obviamente es importante… no creíamos en las mejores opciones para Primoz Roglic.

Todo ello añadido a que Richard Carapaz en Formigal nos pareció un gigante, que no está mal pertrechado, que llega, sobre el papel, más descansado que Roglic…

Pues no, Moncalvillo, la segunda subida más dura de esta Vuelta, dice, ha sido una prueba del algodón que pone al esloveno en órbita para su segunda Vuelta.

No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.

El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.

Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.

A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

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¿Qué queda más?

A lo que hagan Carthy-Woods, le sigue Movistar, que corre con lo que tiene y esa es la realidad, por muy cruda que parezca.

Movistar hizo la aproximación en Moncalvillo, llevó la carrera a su conveniencia e hizo un trabajo que se le podría criticar, pero que ha sido valiente, como las actitudes de Valverde y Soler en etapas atrás que tanto alabamos.

Es obvio que Enric Mas no está al nivel de Roglic y Carapaz, pero es previsible que crezca en la tercera semana, cosa que vemos en cada grande que disputa, lo mismo que a Movistar le queda minar el camino hasta cara cumbre, hasta cada descenso, hasta queda meta.

Necesitan sus ocho corredores y en especial a Valverde y Soler para incordiar y buscar las debilidades que todos los equipos siempre tienen en la Vuelta.

Por que aquí vienen en forma, pero no en la mejor, como en el Tour y eso al final lo agradece el espectador.

Imagen: FB La Vuelta

-escrito el 27 de octubre-

Las sensaciones de Roglic en la Vuelta no parecen las mejores

La Vuelta 2020 sigue su trazado por el norte con el doble paso por un mítico de los setenta, como Orduña, y sin Roglic vestido de rojo.

Con las grandes disputándose en otoño, una prenda de vestir ha ganado protagonismo: el chubasquero.

Si en la coronilla del Stelvio, Jai Hindley nos enfiló el nudo de la corbata con sus problemas para ponerse el chubasquero antes de la bajada, en el final de Formigal, esa nevera de dos grados y lloviendo, también se apreciaron los problemas de Primoz Roglic y su chubasquero, al punto que el esloveno ya no es el rojo de la Vuelta.

 

 

Lo cierto es que, incluso tras ganar en Arrate, la eterna espada de Damocles con la que convive Roglic -¿aguantará las tres semanas?-  nunca ha desaparecido del todo.

El Jumbo Visma viene con muy buen equipo a la Vuelta, pero es obvio que no caminan como en el Tour de Francia, mantener los estados de forma que lucían Dumoulin, Kuss, Gesink y Bennett en Francia no es sencillo, ni siquiera en esta complicada campaña, donde todo está tan comprimido y por tanto resulta intenso.

Pero es que creo que Roglic tampoco es el del Tour, no me parece el corredor que dominó casi las tres semanas, a excepción de la crono final.

Ganó en Arrate, como decimos y vistió el rojo cinco días, pero al esloveno la Vuelta se le puede hacer larga.

Poca broma por que entre que arrancó el nuevo ciclo y las etapas finales de la Vuelta, ya en noviembre, habrán pasado casi tres meses en los que Roglic ha estado delante.

El año pasado, tras el Giro, Roglic desapareció entre junio y agosto para preparar y ganar la Vuelta sin fisuras, aunque con sustos, desde la caída en el aguacero de Andorra, a las jornadas de abanicos y la caída camino de Toledo en la que Movistar armó aquel zafarrancho.

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La presión que lleva Roglic, el cansancio, incluso la gestión del varapalo del Tour, no es sencillo mantener el tono, más cuando la carrera se corre de forma casi clandestina, esto a algunos corredores les afecta, y con un tiempo de perros, como corresponde para los Santos.

La cabeza juega un papel determinante.

La sensación de que Richard Carapaz va a ir a más, de que Enric Mas debería seguir por esa senda, más la cantidad de buenos corredores que están por ahí metidos sin que el control que se ejerció en el Tour se plasme en la Vuelta, creo que son muchas incertidumbres en la mente de un corredor que, y nos repetimos en ello, nos parece admirable solo por concurrir con el dorsal uno en la espalda y disputar la carrera.

Sin embargo, las sensaciones de solidez en las que se suele mover Roglic, cuando ganó la Vuelta el año pasado o dominó parte del Giro de 2019 o del Tour de 2020, no me parecen las mismas que las que transmite este año.

Al esloveno, también le pasan factura las palizas que lleva en el cuerpo y en la carrera que nos ocupa, hay una diaria.

Imagen: FB La Vuelta

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