Marie Blanque en el Tour: Por fin va a ser decisivo

Marie Blanque Tour 2020 JoanSeguidor
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El Tour 2020 le da la mil veces negada oportunidad de ser trascendente al Marie Blanque

Ya están los Pirineos aquí, y el Col de Marie Blanque no será una montaña más, ni de paso, en el Tour de Francia 2020.

Sobre el lugar, la «dama blanca», nuestro compañero Jordi Escrihuela nos escribió hace un tiempo…

Lo he ascendido once veces, las cinco primeras de forma consecutiva (1997-2001) y podría dar para escribir un libro todas las sensaciones, para lo bueno y lo malo, que yo he vivido ascendiendo este puerto. Aquellos años encadenado al terror de los Pirineos Atlánticos tuve una extraña sensación: cada vez que volvía y me enfrentaba al muro de sus 4 km finales y engranaba todo lo que llevaba detrás (desde 39×26, pasando por toda la gama, hasta el compact 34×27) me daba la sensación como si el tiempo no hubiera pasado y allí me veía de nuevo escalando mi dulce tortura (Miguel Gay-Pobes), como si lo hiciera eternamente, pedalada a pedalada, buscando la siguiente curva, esa que no llega nunca, para intentar distraer la cabeza.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Podría deciros que casi todas las subidas que he hecho a esta mole han sido bien diferentes, pasando un calor de morirse (40ºC, 1998) a la niebla, la lluvia y el fresco de otras ediciones, sin poder llegar a decir que he pasado frío, pues esto, en el Marie Blanque, es imposible que suceda y siempre con sensaciones variadas, buenas o malas, aunque estas últimas siempre me han ganado por mayoría absoluta con “esa sensación de intentar avanzar sobre una bici estática” que tan bien describía el propio Miguel Gay-Pobes.

Como gran anécdota, recuerdo mi primera ascensión. Sus primeros kilómetros decepcionaron un tanto a los que me acompañaban (“¿Esto es el terrible Marie Blanque? Esto no asusta a nadie”) Y que incluso subían a plato aquellos suaves primeros desniveles. Qué equivocados estaban, cuando de repente se toparon con el muro, la famosa recta infernal de 4 km al 12%, que muchos afrontamos completamente atrancados, otros haciendo eses o bien andando con la bici en la mano.

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El Marie Blanque no es un col más, es muy conocido por el populacho, y en el Tour 2020 por fin tendrá la relevancia que merece.

Recuperamos las sensaciones de Nacho cuando la cima se programó para julio, y nos llega un seis de septiembre.

Cosas del 2020.

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Rasos de Peguera, paso de bandoleros

Rasos de Peguera es otro coloso olvidado

Joan García Ayllón, en su libro:”Ciclistes! Altimetries de totes les carreteres de Barcelona (1994)”, mi biblia cicloturista, nos presentaba esta joya llamada Rasos de Peguera de la siguiente manera:

“1ª Especial: Rasos de Peguera o Creu del Cabrer. Considerado el 4º más duro de Catalunya. Desde Colonia Rosal pasando por Berga hasta la estación de esquí a 1892 m de altura, 18 km, siendo los 15 finales a más de un 7% de media y para ciclistas muy bien preparados”.

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Conocida como la subida a los Rasos de Peguera, o simplemente los Rasos, Joan nos daba a conocer esta otra curiosa denominación del coll: Creu del Cabrer, por la gran cruz que corona el puerto y que nos acoge al finalizar la escalada, parada obligada de todos aquellos ciclistas que quieran echarse unas fotos junto al Sant Crist y el cartel del puerto.

Todo un hito para guardar y enmarcar.

Pero puede que ese nombre haya sido labrado por una leyenda que narra que, en el siglo XIX, en las cuevas de esta montaña, se escondía un famoso bandolero: Josep Costa “El Cabrer”, un bandido que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Pastor de cabras en una rica masía de Berga, fue un ladrón idealizado que destacaba por su carácter pacífico.

Nunca utilizó la violencia, sino su inteligencia y astucia, maestro en el disfraz, escogía siempre víctimas ricas, sintiendo predilección por robar a rectores.

Como suele suceder, a El Cabrer, solo lo pudieron capturar por una traición, aquí mismo, en los Rasos de Peguera, donde de camino a Berga los mossos d’esquadra lo fusilaron.

Si subís este puerto, podréis acordaros de esta historia cuando en el kilómetro 11 de ascensión, ya a 1482 m de altitud, antes de afrontar uno de los tramos más difíciles del puerto, atraveséis el curioso Pas del Lladres (paso de ladrones), un bello tramo de carretera encajonado entre grandes rocas.

Dejando de un lado mitos y bandoleros, Rasos de Peguera tiene el honor histórico, y esto no es leyenda, de ser el primer núcleo de pistas de esquí de Catalunya, que se remonta a principios del siglo XX.

Aquí nació la práctica y la pasión por este deporte de invierno en tierras catalanas, con esta pequeña estación de montaña, ideal para iniciarse en familia y dar los primeros pasos con los esquís, aunque sean con pocos centímetros de nieve.

Mi primera vez

Rasos fue mi primer grande, mi primera experiencia en un gran puerto.

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Lo subí en una de las recordadas «marxes» que organizaban algunos clubes catalanes que lograban pequeños milagros como celebrar este tipo de marchas que pertenecían a un selecto circuito de pruebas (todos lo conocíamos como La Xallenge).

Era un caluroso 4 de julio de 1993.

Por delante, un corto y duro recorrido de solo 80 km entre Gironella y Rasos de Peguera, todo un desconocido para mí.

Sabía a la altura que se ascendía, la longitud, y que a todo el que le preguntaba solo sabía contestarme que “era muy duro”.

Con temor, empecé a subir con los desarrollos que se movían entonces, en mi caso un 42 x 24.

¡Qué valor! ¿Verdad? No teníamos otra cosa.

Pero lo subí, vaya si lo subí, y del tirón…

Lo pasé mal, junto a otros que como yo íbamos bastante atrancados, pero aún tengo grabado en mi memoria aquel día como el de haber hecho una gran faena.

Había ciclistas que no podían más y se tumbaban en la cuneta, otros que subían andando, y los que pedaleábamos como podíamos.

No era frecuente meter tanta dureza en aquel tipo de marchas, pero fue todo un descubrimiento para mí, donde quedé enamorado definitivamente de la alta montaña y sus paisajes.

Recuerdo ascender más de medio puerto con un jovencísimo chaval de la U.E. Sants.

Debería tener la edad mínima para participar, unos 16 años, charlando con él y dándonos ánimos mutuamente fuimos superando rampa tras rampa.

Llegamos a la parte final de la carretera, donde se bifurca, siendo el carril de la derecha de subida y el de la izquierda de bajada, formando un curioso bucle, antes de encarar la última y dura cuesta con la visión de la gran cruz por encima de nuestras cabezas.

La llegada fue indescriptible, cruzamos juntos la imaginaria línea de meta alzando nuestras manos en señal de victoria.

No me acuerdo del nombre de aquel chico, pero si estuviera leyendo estas líneas y se acordara de este hecho, me encantaría saludarlo afectuosamente. Han pasado 27 años.

Después de esta primera escalada, lo volví a subir cuatro veces más.

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La segunda, al poco tiempo en aquella misma marcha, que iba alternando la ascensión al coloso con otra bastante más corta (4,5 km) pero muy explosiva (7,5% de media) con rampas máximas al 12%: la subida al Santuari de Queralt, con unas vistas privilegiadas sobre la ciudad de Berga.

Luego volví en 1999, un día de excursión que me tomé para ver en directo la 13ª etapa de la Vuelta entre La Farga de Moles y los Rassos de Peguera, una escalada que realicé entre aficionados, cicloturistas, senderistas, boletaires y gente de todas las edades que subían andando para contemplar en directo a sus ídolos y ver en primera línea…

…la reivindicación de Zülle

Lo vimos pasar como una exhalación, subiendo rápido y fuerte en busca de la victoria, encarando la dura rampa final del puerto.

El genuino Álex Zülle conseguía el segundo triunfo de etapa para el Banesto, en la recordada edición de la Vuelta a España del 99.

Zülle levantaba por fin los brazos en la meta de un gran puerto, con aroma a Tour, este poco conocido Rasos de Peguera, en lo que a ciclismo profesional se refiere.

Ascendido en solo tres ocasiones en la ronda española: en 1981, con victoria para Belda; 1984 con victoria para Caritoux, seguido de Perico que nos dio la alegría de salir de amarillo de este Gigante del Berguedà, y en aquel 18 de septiembre de 1999, donde el suizo se reivindicaba después de un año 98 horrible y de haber fallado desde el principio en aquella Vuelta, cayendo de la lista de favoritos a las primeras de cambio.

Yo estaba ubicado en una cuneta a 500 m de la llegada, contemplando una panorámica excepcional, con la visión de toda la carretera en sus kilómetros finales.

Aquí fue donde Zülle tuvo claro que iba a ganar, demarrando en seco en cuanto vio la pancarta del premio de la montaña, dejando atrás a su compañero de escapada Miceli.

Detrás de ellos, como motos y a menos de 40 segundos, pasaban Jiménez, Piepoli, Heras y Ullrich, que consiguió aguantar el amarillo y proclamarse vencedor en Madrid.

Fue una etapa decisiva: Tonkov quedaba fuera de combate, Olano sufría con su costilla rota por la caída sufrida en el Cordal, Igor González de Galdeano pasó muchas dificultades y los Banesto (Jiménez, Beltrán y Piepoli) no podían atacar teniendo a Zülle delante.

Solo le probaba Roberto Heras, pero en cuanto se movía, Jiménez no le dejaba escapar, lo que a Jan le vino muy bien: “Es un puerto difícil que se ha subido muy fuerte, pero en todo momento he tenido buenas sensaciones”, comentó el alemán.

Para los que aún no habéis degustado esta cuesta, no se os ocurra menospreciarla.

Quizás no tenga la dureza de otros puertos vecinos, como el terrorífico Pradell, pero es un coll que hay que tomárselo muy en serio, sin confianzas, y que a vuestro paso por el Pas del Lladres, creyéndoos ya cerca de la victoria final, que no venga alguien por detrás y os robe la cartera.

Foto: https://www.1001puertos.com

¿Buscáis la fama? Cinco puertos ciclistas que os la darán

«Buscáis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar… ¡con sudor!». (Debbie Allen)

¿Qué cinco grandes puertos ciclistas consideráis que son indispensables para el cicloturista?

Ese puerto, esa marcha, ese reto que no debería faltar en el palmarés del ciclista turista que se precie de serlo.

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Esos sueños de oro ciclistas que deben figurar como nuestros más preciados trofeos que exhibimos en nuestras vitrinas, esos que lucimos y presumimos con orgullo delante de nuestros familiares y amigos.

La mayoría de ellos son lugares de renombre, afamados por la historia y la leyenda, la épica y el mito.

Tom Dumoulin Giro Italia Stelvio JoanSeguidor

Tanto que incluso para los más neófitos en términos ciclistas los reconocerán y, con cara de asombro y admiración, os dirán: ¡ah! ¿Sí? ¿Tú has subido hasta allá arriba?

Desafíos de todo tipo y para todos los gustos los que hemos conseguido (o estamos pendientes de ello) ahí afuera.

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Más o menos distinguidos, pero que sin duda el lograrlos bien valen una vida dedicada al cicloturismo.

Sitios que han hecho que levantemos el culo de nuestro sofá, nos han motivado y nos han hecho salir a entrenar con el objetivo único de conquistarlos, rendirlos a nuestros pedales para redondear una excelente temporada ciclista.

Y así año tras año, hasta coleccionar una buena cantidad de cimas que nos diferenciarán del resto de los mortales por haber asediado rincones inclinados que parecían imposibles de alcanzar.

Para intentar averiguar qué destinos son los imprescindibles hicimos un pequeño sondeo en nuestras redes sociales entre los amigos, esto es, entre vosotros mismos.

Vuestras respuestas fueron de lo más variopintas y no quisiéramos dejarnos ninguna en el tintero.

Tour Alpe d´ Huez JoanSeguidor

Fueron muchas, pero buscábamos sólo cinco.

Sí, lo sabemos, muy difícil elegir entre tanto bueno y bonito (que no barato).

Pero se trataba de eso, de localizar entre tantos duelos y combates a lomos de vuestras bicis a cinco ineludibles, aquellos que sabéis que os han dado fama entre los componentes de vuestra grupeta.

A pesar de tan complicado intento sí hemos podido comprobar que todas vuestras sugerencias han tenido varios máximos comunes divisores, en forma de hilos conductores, que empiezan en Asturias y acaban en Dolomitas, pasando por Pirineos y Alpes.

Estos puertos ciclistas son nuestro santuario.

 

Covadonga- Nairo Quintana JoanSeguidor

De esta forma, hemos conseguido reducir a cinco mínimos comunes denominadores a los que más se repetían y que en ellos sin duda, buscándolos, mereceréis la gloria:

Lagos de Covadonga, la cima de leyenda que descubrió la TV

Tourmalet, posiblemente, el puerto más famoso del mundo

Alpe d’Huez, el gran teatro del ciclismo

Mont Ventoux, fuego en el pecho

Stelvio, una de las mejores experiencias que un ciclista puede tener

¿Y los vuestros? ¿Cuáles son vuestros sueños de oro?

Seis cosas que le dio el Angliru al ciclismo

Grandes vueltas

Cuando el Angliru entró en el recorrido de la Vuelta, ésta no volverá a ser la misma

Ya lo dijimos, con el Angliru cambió todo. 

Pero aquella tarde de septiembre, cuando el pelotón se puso rumbo al Angliru desde León para ver al Chava en su día de más gloria, el ciclismo inició un camino de retorno por que iba ruta de la cima que iba a romper las reglas.

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En breves cuentas el Angliru le dio al ciclismo…

1. Un símbolo, otro más para el ciclismo, el Angliru fue un regalo, como el día que se descubrieron los Lagos de Covadonga, o se holló por primera vez el Tourmalet, sitios clave en la historia de este deporte más que centenario.

2. Una historia narrada por los grandes, por los que trascienden al deporte, recuerdo estrellas de la radio en directo, Manolo Lama, que no será santo de nuestra devoción, pero que estuvo ahí dándole jabón al Chava, el corredor que en ese momento cargaba con el peso de una fama que excedía cualquier lógica.

3. Un día para encumbrar el Chava, un ciclista que nunca nos apasionó, pero que rompió el corazón por media España. En su leyenda siempre quedó la remontada en el Angliru, el premio in extremis, adelantando a Pavel Tonkov en el descenso previo a meta, entre la niebla y los coches.

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4. Un nuevo ciclismo, un ciclismo que premiaba los desniveles, que buscaba las paredes, una tendencia que con los años se acentuó, pero que parece más contenida, los muros se frecuentan, pero no tanto como .

5. Un puerto mediático, el Angliru fue el primer puerto que ocupó portadas, por sus pendientes, curvas, dureza y dificultad, llegando incluso a superar a los ciclistas.

6. El faro de la Vuelta que en su desafío logístico apostó por irse a un sitio que le diera lustre y proyección, entre todos los colosos asturianos, tuvo que aterrizar en éste.

Desde entonces el Angliru ha coronado a grandes escaladores como Heras, Simoni o Contador, el único que ha ganado dos veces aquí.

Siete veces ha entrado en la ruta de la Vuelta, se prevé volver este año si la situación se normaliza.

Si nos pedís uno, aquella subida de 2002, cuando ganó Heras con Aitor González y Oscar Sevilla tirándose los platos por detrás… esa tarde fue caliente, a pesar de la lluvia que todo lo empapó.

Desafío total: el Páramo de Letras

Echamos de menos el Páramo de Letras en el Tour Colombia que se está celebrando estos días

 

Lo reconozco, llevo casi un mes obsesionado con este puerto colombiano, alto altísimo y con un nombre tan bello como Páramo de Letras.

No puedo parar de leer todo lo que explican de él y de las experiencias narradas por muchos avezados cicloturistas que han osado a desafiar este coloso andino.

Mi motor de búsqueda en la red de redes ha echado humo estos días tecleando las palabras: “Páramo de Letras”.

He visionado, incluso en YouTube, muchos videos de múltiples ascensiones de ciclistas que han afrontado este espectacular reto con muchísimo respeto y sobre todo muy bien preparados, tanto física como mentalmente.

Unos héroes anónimos.

Unos campeones.

 

Todo empezó hace un tiempo, cuando yo, desconocedor de este gran paso de montaña ubicado en plenos Andes, me fijé que muchos de nuestros amigos colombianos, lectores de este mal anillado Cuaderno, nos emplazaban más de una vez a conocer este  “desafío extremo para el ciclista”:  toda una eternidad para recorrer en bicicleta.

Lo hacían cuando nosotros hablábamos de las típicas aventuras en bici que se viven en los grandes puertos alpinos o pirenaicos, de la épica, el mito y la gloria al hacer cima en sus históricas cumbres.

Fue entonces cuando empecé a leer comentarios entre nuestros colegas, del otro lado del charco, que “el verdadero reto es Letras”, que empequeñecía cualquier desafío en cualquier otro puerto europeo.

 

En efecto, si siempre hemos dicho, por ejemplo, que el Tourmalet “no es el puerto más duro, ni el más largo, ni el más bello”, probablemente con el Alto de Letras sí no encontremos ante estos paradigmas como puerto más largo del mundo, con sus nada menos que 82 kilómetros de longitud, más duro, con un coeficiente APM de 623 puntos (el que más), y más bello, por su diversidad y variedad de paisajes, desde los más tropicales hasta los más andinos.

Para que os hagáis una idea, el Monte Zoncolan por Ovaro tiene un coeficiente de 543 y el Angliru de 517 (datos APM), porque además, el Alto de Letras, puede presumir de ser el más largo que se haya subido nunca en competición, ya que tanto en la Vuelta a Colombia como en el Clásico RCN era costumbre incluirlo en las competencias de alta montaña.

 

 

Para mí, sin duda alguna, esta ascensión se ha convertido en todo un sueño para mí y su potente magnetismo que desprende me atrae cada vez más, para que, más pronto que tarde, un día pueda cumplir este deseo y presentarme en Bogotá,  para iniciar el ascenso con mi bici desde la localidad de Mariquita, punto de arranque de este pedazo vaina, a unos 200 kilómetros de la capital colombiana.

Sé lo que me espera.

Desde los 470 metros de altitud de esta turística ciudad del departamento de Tolima, que es Mariquita, hasta el Páramo de Letras a 3700 metros, en la carretera que une Bogotá con el departamento de Caldas, me dará tiempo para todo: para disfrutar, sufrir, pasar mucha calor los primeros kilómetros, sudar a chorros en este húmedo ambiente tropical, hasta pasar frío, mucho frío, una vez superados los 3000 metros de altitud y cerca ya de la cima, el extenso altiplano que marca el fin del puerto, donde tendré que abrigarme bien en el Páramo, envuelto en un ambiente gélido, ventoso,  e incluso puede que me encuentre con la niebla.

Los tremendos y constantes cambios de temperatura serán un duro condicionante más.

Habrá que ir bien preparado: buena hidratación, buena alimentación durante el recorrido y buenas dosis de fuerza mental sobre todo para afrontar su terrorífico final.

Será doloroso y sufrido, pero también hermoso, entre cafetales, pinos y valles espectaculares.

En definitiva, me esperará lo que muchos expertos, entre ciclistas pros, aficionados y periodistas en general, lo consideran como el puerto de montaña más duro del mundo: la ascensión más complicada del planeta.

 

Sin embargo, no me dejaré engatusar por sus engañosos números, ya que si bien la pendiente media no excede nunca del 4%, sí me encontraré rampas por encima del 11% en muchos de sus tramos más terribles como en el pueblo de Delgaditas, la parte más difícil del Alto de Letras, donde la carretera sube y sube como una escalera hacia el cielo.

La pendiente suele ser tendida los primeros 20 kilómetros hasta llegar a Fresno, con algunos toboganes, justo hasta la mitad de la subida ubicada en la población de Padua, donde habré de afrontar el muro más duro de esta cinta asfaltada que se desliza como una lombriz en la montaña.

Aquí encontraré veredas en la sierra, aguas claras en lagunas y cascadas, paisaje, historia, conocimiento sobre el cacao y el café.

Dicen que, al menos, al ganar altura, el calor se hará menos agobiante y la humedad descenderá, pero que por contrapartida, al alcanzar los 2000 metros empezaré a notar, claro está, los efectos del clima, sobre todo cuando llegue a los 3000, si es que llego, y las piernas me empiecen a flaquear y a sentir más fatiga, el pedaleo se haga más cansino y mis pulmones noten que el oxígeno les empieza a escasear.

Una experiencia terroríficamente bella que se verá recompensada si tengo suerte ese día y, si me quedan fuerzas, para intentar levantar la mirada y dirigirla hacia el imponente y bellísimo volcán Nevado del Ruiz, de terrible recuerdo cuando su erupción, el 13 de noviembre de 1985, provocó la tragedia de Armero, población en la que murieron más de 20 mil habitantes. Terrible.

 

No será fácil verlo. Pocos han conseguido contemplarlo. Si así fuera, la visión del nevado monte sería una estampa onírica, una experiencia única e inolvidable.

Sólo allí dicen que se puede cantar victoria.

Explican que alcanzar este techo del mundo en bicicleta supone que te quemen las piernas y tus manos se puedan congelar a la vez, que puedas tener sensaciones contrapuestas de desesperación y cansancio pero a la vez de concentración y felicidad.

Cuentan que con buena cadencia, a ritmo constante, con seriedad y respeto, se puede conseguir, entre 6 y 7 horas los más rápidos hasta 9, 10, 12 horas o las que hagan falta para completar el reto de una vida en una sola jornada, aunque narren que en ese momento no estén para gritar de felicidad, porque el hecho de llegar hasta allí arriba habrá supuesto temblores en el cuerpo, desorientación de la mente y que el corazón en ese instante no será capaz de dimensionar el hito logrado.

SQR – GORE

 

Habrá que tener en cuenta también que igual el retorno, el descenso, se habrá de afrontar de noche, con lo que unas buenas luces, traseras y delanteras, serán indispensables para poder volver.

Y pensar que los ciclistas Sebastián Gil y Miguel Olarte, el 22 de abril de 2017, decidieron retarse en el Alto de Letras para intentar el asalto al Everest Challenge… ¡subiendo dos veces y un poco más!  este ya mítico y legendario Páramo de Letras.

 

Tal es mi ansia por dominar este puerto que tengo una fecha marcada en rojo en el calendario:  el 19 de julio de este año los amigos colombianos de www.altodeletras.com.co organizan este reto mayúsculo de 100 kilómetros: el Tour de Letras entre Honda y el Alto de Letrasen el que todos estamos invitados, sin importar la bici que tengamos, si es todo terreno o profesional de ruta, nuestra procedencia ni nuestro género”.

¿Estáis preparados?

Fuente, altimetría y fotos: https://altimetriascolombia.blogspot.com

Santuario de Bellmunt: una historia de ciclismo medieval

Bellmunt es una cima que parece suspendida del aire

 

Hoy subimos a Bellmunt…

-«Me pondré herraduras del 29» ­–le dijo Alltac, el noble y valeroso caballero, a su fiel escudero Idroj.

Curtido en mil batallas, el señor de Taguc se disponía a afrontar la última contienda para hacerse con todo el condado de Barcelona y sus preciadas montañas.

Montados en sus corceles metálicos y cansados después de duros combates con los oscuros habitantes de los montes de Bracons y Collfred, se dirigían hacia Sant Pere de Torelló a la conquista de Bellmunt y el Santuario de su cima, que ya divisaban desde muy lejos, y es que la ermita, como siglos después diría Jacinto Verdaguer, “está suspendida en el cielo”, a 1246 metros de altitud.

-«¿Hasta allí arriba tenemos que llegar, mi señor?»

 

Alltac miró con compasión a Idroj, asintiendo con la cabeza, sabía que su compañero de batallas andaba tocado y que no le iba ayudar mucho el hecho de que su montura sólo dispusiera de herraduras del 27, pero confiaba plenamente en él y sabía que le iba a acompañar en este último reto hasta el final, hasta el último suspiro, y que se dejaría la última gota de sudor y sangre que le quedara.

Cundía entre ellos un cierto miedo escénico, al ver en todo lo alto el destino final de la conquista.

No sabían qué se iban a encontrar, ni entre qué duros caminos tendrían que abrirse paso.

Ni siquiera conocían qué tipo de guerreros defendían estas tierras.

Habían oído decir muchas cosas como que entre sus bosques se escondían hábiles combatientes con la espada, de hojas afiladas ¡hasta un 23%!

«Los moradores de esta montaña cuentan además con la ayuda divina de la Virgen de Bellmunt» –explicaba Alltac dirigiéndose a su escudero.

«Dicen que la imagen de la Virgen viajaba en un barco proveniente de Alejandría, hace muchos siglos, –proseguía Alltac-, y que era tan brillante que incluso la noche era clara como el día y podía navegar sin peligro, pero al pasar por estas costas su resplandor se apagó y el barco se detuvo, no podía seguir avanzando.

A lo lejos, en esta montaña, vieron una luz más brillante que el sol y entonces entendieron que la Virgen quería quedarse aquí, en la cumbre de Bellmunt, donde se la venera».

Cuando llegaron a Sant Pere a la hora nona y después de un breve y merecido descanso junto a una de las fuentes del pueblo, emprendieron la marcha prácticamente sin oposición, dirección a la ermita.

Un indicador en un desvío marcaba el camino a seguir. No había pérdida.

-«Sólo hay una legua y media de distancia, mi señor».

 

Sí, sólo iban a ser unos 7 km, pero no los iban a olvidar en su vida y tendrían que salvar un desnivel de casi 700 metros, llenos de peligros amenazantes, como el primero que se encontraron, en el mismo pueblo y en la rampa que daba inicio la ascensión, en forma de espada al 11%, que no tardaron en derrotarla.

Saliendo de la población y dejando el cementerio a su derecha, cogieron el desvío definitivo, quedando gratamente sorprendidos por el buen estado del pavimento de la ruta, estrecha pero muy transitable.

Parece ser que los señores del condado decidieron arreglar la senda para poder facilitar las romerías de veneración a la Virgen, sin darse cuenta que con esto estaban facilitando la labor a tropas invasoras que hasta ahora no se atrevían a conquistarla dado el mal estado del camino para sus corceles metálicos.

Pero ahora no existía ningún tipo de excusa.

Los portabicicletas de Cruz 

Cuenta la leyenda que en este camino que se enfila hacia la montaña murió asesinado a manos de su propio pueblo el señor del Castillo de Besora, de conducta déspota y cruel con sus subordinados que, cansados de sus humillaciones, se reunieron secretamente para deshacerse de su amo definitivamente, organizando una cacería de jabalís.

Aquí, al pie del Santuario, en lugar de atacar a las fieras, dieron muerte al amo y señor. El Tribunal que juzgó los hechos preguntó: «¿Quién lo ha matado?», y la gente respondió: «El pueblo».

Ambos siguieron ascendiendo y, protegidos por su coraza metálica y sus perneras, fueron sorteando uno tras otro todos los enemigos que les fueron saliendo al paso en forma de lanzas al 15%, hachas al 13% y espadas al 18%.

Todo un peligro mantenido en la defensa que hacían de la montaña los invisibles habitantes del bosque.

La crueldad de los combates no dejaba disfrutar del hermoso paisaje que iban dejando atrás.

Cuando podían, levantaban la mirada y observaban con incredulidad como la tierra media iba quedando ya muy abajo.

Las herraduras de los corceles metálicos echaban chispas en las continuas revueltas que les hacían ascender rápidamente, dejando al descubierto toda la belleza de la subida, donde el espectáculo no se escondía, ideal para grandes torneos medievales.

Llegando al km 3 de la ascensión es cuando sufrirán el ataque más sostenido, largo y demoledor con una espada entera mantenida al 11,6% y desde donde una catapulta, allá arriba, al final de la durísima rampa, les irá lanzando piedras de gran volumen al 13, 14 y 18%, que les hará retorcer de dolor para sortearlas.

Repelido el ataque y esquivado el trance, pararán en el mirador de la Virgen de Montserrat, a mitad de camino de su preciado objetivo, para dar las gracias, arrodillándose extasiados por la contemplación de maravillosas vistas de los macizos del Montseny y Montserrat y de la Plana de Vic.

Después de rezarle a La Moreneta para que los ayudara de aquí en adelante, continuarán por el camino, esta vez encajonado en la montaña, siguiendo el sinuoso trazado de curvas y donde Alltac se avanzará unos metros por delante, dejando a su escudero cubriéndole las espaldas que, a estas alturas, lleva un paso mucho más cansino.

Sin duda, la armadura mucho más ligera del audaz caballero le hizo adelantarse en la vanguardia, zafándose de nuevos ataques en forma de espadas al 13, 15 y 16%, y es que este cuarto mojón seguía estando por encima del 10% de “espada media”.

Por detrás Idroj, iba rematando la faena de su señor.

 

En este punto, a unos mil metros de altitud, aparece ya muy cerca la figura del Santuario y piensan que está ahí mismo.

Se preguntarán cómo es posible que la pista suba hasta allí en tan poco espacio y creerán que la contienda está a punto de finalizar, pero nada más lejos de la realidad, y aún sufrirán varias emboscadas al 15 y 16%.

Entre ellas, tendrán que eludir el ataque de una nube de hormigas voladoras.

Enormes enjambres de alados que, como cada año por estas fechas, se dirigen a la ermita, inundando su templo y muriendo en él, rodeando la imagen de la Virgen, nunca posándose en ella ni en su altar.

Un misterio de la naturaleza sin explicación alguna.

-«Por eso desde siempre la conocen como la Virgen de las Aladas» –apostilló Alltac a su fiel y ya recuperado compañero de batalla.

Pero aún les quedará el combate final, el más duro y sangriento, pasado el sitio donde los lugareños dejan sus carruajes, ya que es imposible para ellos el subir por la pista de cemento de acceso al Santuario.

Alltac e Idroj, a lomos de sus cabalgaduras metálicas afrontarán este último tramo de 400 metros, tremendo, derrotando una tras otra las mejores y más fuertes espadas del enemigo: un guerrero escondido en la primera rampa al 22%, otro en una curva al 23%, donde a Idroj a punto estuvo de costarle la vida, cayendo allí, víctima de su afilada espada.

La dureza del terreno obligaba a tirar fuerte de riñones para agarrar bien la montura metálica.

Suerte que Alltac pudo subir a Idroj nuevamente a su palafrén para que le acompañara definitivamente a la gloria venciendo las últimas resistencias al 18 y 20%, al paso entre dos enormes rocas.

SQR – GORE

 

Y allí estaban, a las puertas de la ermita, tomando posesión de esta tierra, atalaya de los cuatro puntos cardinales: al Sureste, el Montseny, al Oeste, Sant Llorenç del Munt y Montserrat, y al Norte, espectaculares vistas al Pirineo, el Pedraforca, el Puigmal y el Canigó.

Abajo, un mar de nubes, impresionante.

Iniciado el descenso, un cierto temor se apoderó de los corceles metálicos.

Había que ir frenándolos pues la fuerte pendiente los intentaba descabalgar una y otra vez.

Por fin llegaron a Sant Pere donde ambos se pudieron restañar de sus heridas y celebrar por todo lo alto el nuevo hito conseguido.

Con esta conquista se había abierto un nuevo frente y durante los años siguientes muchos fueron los exploradores que atraídos por el reto y por su extraordinaria belleza, se aproximaban hasta Sant Pere de Torelló.

De lo que Bellmunt se ha dicho queda recogido en los manuscritos de la época por los propios caballeros que lo han sufrido en sus carnes: “escalofriante”, “recomendado a aventureros”, “bonita la subida, y dura, dura…”, “muy exigente”, “preciosa y dura ascensión”, “pata negra, nuevo referente catalán”, “atractivo paisaje”, “hacen falta muchas fuerzas para conquistarlo”, “el último tramo de subida, el más duro, épico”, “CIMA con mayúsculas”, “trazado espectacular”, “hay que verlo en vivo, alucinante”, “he experimentado el miedo y el vértigo”, “de una extrema y dura continuidad”, “pendientes endiabladas”…

Pero sin duda la más acertada es “cómo duele Bellmunt”.

En tu mano está el seguir escribiendo la historia en la conquista de esta fascinante y apoteósica ascensión: coge tu mejor armadura y tu corcel metálico y ven, Bellmunt te espera.

Que Dios te bendiga.

Foto: Pau Catllà

Valdezcaray, la montaña del ciclismo riojano

Si una montaña es emblema de ciclismo en La Rioja esa es Valdezcaray

Así con mayúsculas, porque Valdezcaray es estación de esquí y es la Montaña de La Rioja, del ciclismo de Rioja: la Sierra de la Demanda, dentro del Sistema Ibérico.

Una más que aceptable estación invernal que aprovecha las laderas de la cara norte del monte San Lorenzo, a 2272 metros de altitud, el más alto de La Rioja, para disfrute de los amantes de la nieve y los deportes de aventura.

Nosotros, a lomos de nuestras bicis, no podremos practicar tan excitantes sensaciones.

Las nuestras son otras: el camino, los pueblos, el paisaje y el entorno, y claro está, el poder superar una muy asequible ascensión, sin que sirva de precedente, la que ahora os proponemos en esta escapada.

 

La subida no os supondrá mayor dificultad que el intentar escalarla lo más rápido posible, por otro lado poco recomendable, ya que en ella no vais a encontrar ni rampas exigentes ni mucho menos imposibles.

La única complicación la encontraremos al inicio del puerto, cuando tengamos que sortear algunas paellas salpicadas por algunos pequeños muros que en algún momento puedan alcanzar el 9 ó 10%.

El resto, un paseo para descubrir un paraíso de montaña, para sentir y admirar un entorno natural privilegiado para practicar nuestro deporte favorito entre pinos y hayedos.

Un lugar para movernos, degustar y también, claro está, poder descansar después de una intensa jornada de pedaleo.

Se trata pues de una subida accesible de prácticamente 15 kilómetros, distancia que nos separan desde el pueblo de Ezcaray hasta la estación de esquí, a más de 1500 metros de altitud, después de haber superado el Collado de las Tres Cruces.

Será desde esta localidad señera y noble donde partiremos siguiendo las pedaladas de Sean Kelly, Belda, Perico, Bernard o Parra, que con sus memorables escaladas -los dos primeros en dura pugna en la primera etapa línea que se disputó en sus cuestas en el año 1988, con victoria para el irlandés-, convirtieron este rincón inclinado en todo un emblemático puerto de la Vuelta a España.

SQR – GORE

 

El resto de nombres míticos, grandes escaladores todos ellos, fueron los ganadores durante los años siguientes (89, 90 y 91, respectivamente), si bien en aquellas ediciones el reto fue competir contra el reloj en sus suaves desniveles, en forma de cronoescalada, ya que parece ser que, según el gusto de la organización, el puerto no reunía la suficiente dureza para ser selectivo entre los corredores.

Sin embargo, recordemos que en la etapa contra el crono que ganó Pedro Delgado, un tal Indurain que ya asomaba, y asombraba, con sus piernas en las grandes carreras, lo pasó muy mal en su ascensión debido, cómo no, a una alergia, en unas fechas en la que la ronda española se disputaba en los meses de primavera, algo que al gran Miguel le iba fatal.

De todas formas, si necesitáis más marcha, podéis añadir a vuestra visita a la zona la subida a la Cruz de la Demanda, ahí al lado, dura y espectacular como pocas, mucho más que su “tendida” vecina.

Foto: coronandoelpuerto.com

Serra de Bernia, la nueva estrella ciclista

Serra de Bernia JoanSeguidor

La Serra de Bernia aparece como el puerto estrella de la Vuelta a la Comunidad Valenciana

 

En el asalto de nuevos colosos, retos que pongan el ciclista en aprietos, el ciclismo valenciano saca a relucir una de las cimas que Nacho nos presentó hace unos meses, aunque por otra vertiente, la Serra de Bernia.

Y es que hasta allí nos hemos ido para conocer la subida que será en menos de un mes el principal filtro de la remozada Vuelta a la Comunitat Valenciana.

Siguiendo los parámetros exigidos por el ciclismo moderno, Bernia pone sobre el papel desniveles casi imposibles, de dos dígitos, y a veces hasta el 20%, para que los corredores rompan a sudar.

Y lo decimos literalmente, por que en Valencia muchas estrellas abren su temporada.

 

Sea como fuere la subida a la Serra de Bernia no es cualquier cosa, su perfil coincide con un buen tramo del Angliru, nada menos.

Y eso será en febrero, como aquella vez que la Vuelta a Valencia subió a Mas de la Costa, una subida de cabras, sí, pero más larga de lo habitual.

Aquel día, Nairo Quintana nos trajo un regalo por adelantado.

Veremos si como Mas de la Costa, la Serra de Bernia entra en el mapa de la Vuelta a España.

 

¿Quién reinará en la Serra de Bernia en esta Vuelta a la Comunidad Valenciana?

Imagen: FB Volta a la Comunitat Valenciana