Desafío total: el Páramo de Letras

Echamos de menos el Páramo de Letras en el Tour Colombia que se está celebrando estos días

 

Lo reconozco, llevo casi un mes obsesionado con este puerto colombiano, alto altísimo y con un nombre tan bello como Páramo de Letras.

No puedo parar de leer todo lo que explican de él y de las experiencias narradas por muchos avezados cicloturistas que han osado a desafiar este coloso andino.

Mi motor de búsqueda en la red de redes ha echado humo estos días tecleando las palabras: “Páramo de Letras”.

He visionado, incluso en YouTube, muchos videos de múltiples ascensiones de ciclistas que han afrontado este espectacular reto con muchísimo respeto y sobre todo muy bien preparados, tanto física como mentalmente.

Unos héroes anónimos.

Unos campeones.

 

Todo empezó hace un tiempo, cuando yo, desconocedor de este gran paso de montaña ubicado en plenos Andes, me fijé que muchos de nuestros amigos colombianos, lectores de este mal anillado Cuaderno, nos emplazaban más de una vez a conocer este  “desafío extremo para el ciclista”:  toda una eternidad para recorrer en bicicleta.

Lo hacían cuando nosotros hablábamos de las típicas aventuras en bici que se viven en los grandes puertos alpinos o pirenaicos, de la épica, el mito y la gloria al hacer cima en sus históricas cumbres.

Fue entonces cuando empecé a leer comentarios entre nuestros colegas, del otro lado del charco, que “el verdadero reto es Letras”, que empequeñecía cualquier desafío en cualquier otro puerto europeo.

 

En efecto, si siempre hemos dicho, por ejemplo, que el Tourmalet “no es el puerto más duro, ni el más largo, ni el más bello”, probablemente con el Alto de Letras sí no encontremos ante estos paradigmas como puerto más largo del mundo, con sus nada menos que 82 kilómetros de longitud, más duro, con un coeficiente APM de 623 puntos (el que más), y más bello, por su diversidad y variedad de paisajes, desde los más tropicales hasta los más andinos.

Para que os hagáis una idea, el Monte Zoncolan por Ovaro tiene un coeficiente de 543 y el Angliru de 517 (datos APM), porque además, el Alto de Letras, puede presumir de ser el más largo que se haya subido nunca en competición, ya que tanto en la Vuelta a Colombia como en el Clásico RCN era costumbre incluirlo en las competencias de alta montaña.

 

 

Para mí, sin duda alguna, esta ascensión se ha convertido en todo un sueño para mí y su potente magnetismo que desprende me atrae cada vez más, para que, más pronto que tarde, un día pueda cumplir este deseo y presentarme en Bogotá,  para iniciar el ascenso con mi bici desde la localidad de Mariquita, punto de arranque de este pedazo vaina, a unos 200 kilómetros de la capital colombiana.

Sé lo que me espera.

Desde los 470 metros de altitud de esta turística ciudad del departamento de Tolima, que es Mariquita, hasta el Páramo de Letras a 3700 metros, en la carretera que une Bogotá con el departamento de Caldas, me dará tiempo para todo: para disfrutar, sufrir, pasar mucha calor los primeros kilómetros, sudar a chorros en este húmedo ambiente tropical, hasta pasar frío, mucho frío, una vez superados los 3000 metros de altitud y cerca ya de la cima, el extenso altiplano que marca el fin del puerto, donde tendré que abrigarme bien en el Páramo, envuelto en un ambiente gélido, ventoso,  e incluso puede que me encuentre con la niebla.

Los tremendos y constantes cambios de temperatura serán un duro condicionante más.

Habrá que ir bien preparado: buena hidratación, buena alimentación durante el recorrido y buenas dosis de fuerza mental sobre todo para afrontar su terrorífico final.

Será doloroso y sufrido, pero también hermoso, entre cafetales, pinos y valles espectaculares.

En definitiva, me esperará lo que muchos expertos, entre ciclistas pros, aficionados y periodistas en general, lo consideran como el puerto de montaña más duro del mundo: la ascensión más complicada del planeta.

 

Sin embargo, no me dejaré engatusar por sus engañosos números, ya que si bien la pendiente media no excede nunca del 4%, sí me encontraré rampas por encima del 11% en muchos de sus tramos más terribles como en el pueblo de Delgaditas, la parte más difícil del Alto de Letras, donde la carretera sube y sube como una escalera hacia el cielo.

La pendiente suele ser tendida los primeros 20 kilómetros hasta llegar a Fresno, con algunos toboganes, justo hasta la mitad de la subida ubicada en la población de Padua, donde habré de afrontar el muro más duro de esta cinta asfaltada que se desliza como una lombriz en la montaña.

Aquí encontraré veredas en la sierra, aguas claras en lagunas y cascadas, paisaje, historia, conocimiento sobre el cacao y el café.

Dicen que, al menos, al ganar altura, el calor se hará menos agobiante y la humedad descenderá, pero que por contrapartida, al alcanzar los 2000 metros empezaré a notar, claro está, los efectos del clima, sobre todo cuando llegue a los 3000, si es que llego, y las piernas me empiecen a flaquear y a sentir más fatiga, el pedaleo se haga más cansino y mis pulmones noten que el oxígeno les empieza a escasear.

Una experiencia terroríficamente bella que se verá recompensada si tengo suerte ese día y, si me quedan fuerzas, para intentar levantar la mirada y dirigirla hacia el imponente y bellísimo volcán Nevado del Ruiz, de terrible recuerdo cuando su erupción, el 13 de noviembre de 1985, provocó la tragedia de Armero, población en la que murieron más de 20 mil habitantes. Terrible.

 

No será fácil verlo. Pocos han conseguido contemplarlo. Si así fuera, la visión del nevado monte sería una estampa onírica, una experiencia única e inolvidable.

Sólo allí dicen que se puede cantar victoria.

Explican que alcanzar este techo del mundo en bicicleta supone que te quemen las piernas y tus manos se puedan congelar a la vez, que puedas tener sensaciones contrapuestas de desesperación y cansancio pero a la vez de concentración y felicidad.

Cuentan que con buena cadencia, a ritmo constante, con seriedad y respeto, se puede conseguir, entre 6 y 7 horas los más rápidos hasta 9, 10, 12 horas o las que hagan falta para completar el reto de una vida en una sola jornada, aunque narren que en ese momento no estén para gritar de felicidad, porque el hecho de llegar hasta allí arriba habrá supuesto temblores en el cuerpo, desorientación de la mente y que el corazón en ese instante no será capaz de dimensionar el hito logrado.

SQR – GORE

 

Habrá que tener en cuenta también que igual el retorno, el descenso, se habrá de afrontar de noche, con lo que unas buenas luces, traseras y delanteras, serán indispensables para poder volver.

Y pensar que los ciclistas Sebastián Gil y Miguel Olarte, el 22 de abril de 2017, decidieron retarse en el Alto de Letras para intentar el asalto al Everest Challenge… ¡subiendo dos veces y un poco más!  este ya mítico y legendario Páramo de Letras.

 

Tal es mi ansia por dominar este puerto que tengo una fecha marcada en rojo en el calendario:  el 19 de julio de este año los amigos colombianos de www.altodeletras.com.co organizan este reto mayúsculo de 100 kilómetros: el Tour de Letras entre Honda y el Alto de Letrasen el que todos estamos invitados, sin importar la bici que tengamos, si es todo terreno o profesional de ruta, nuestra procedencia ni nuestro género”.

¿Estáis preparados?

Fuente, altimetría y fotos: https://altimetriascolombia.blogspot.com

Santuario de Bellmunt: una historia de ciclismo medieval

Bellmunt es una cima que parece suspendida del aire

 

Hoy subimos a Bellmunt…

-«Me pondré herraduras del 29» ­–le dijo Alltac, el noble y valeroso caballero, a su fiel escudero Idroj.

Curtido en mil batallas, el señor de Taguc se disponía a afrontar la última contienda para hacerse con todo el condado de Barcelona y sus preciadas montañas.

Montados en sus corceles metálicos y cansados después de duros combates con los oscuros habitantes de los montes de Bracons y Collfred, se dirigían hacia Sant Pere de Torelló a la conquista de Bellmunt y el Santuario de su cima, que ya divisaban desde muy lejos, y es que la ermita, como siglos después diría Jacinto Verdaguer, “está suspendida en el cielo”, a 1246 metros de altitud.

-«¿Hasta allí arriba tenemos que llegar, mi señor?»

 

Alltac miró con compasión a Idroj, asintiendo con la cabeza, sabía que su compañero de batallas andaba tocado y que no le iba ayudar mucho el hecho de que su montura sólo dispusiera de herraduras del 27, pero confiaba plenamente en él y sabía que le iba a acompañar en este último reto hasta el final, hasta el último suspiro, y que se dejaría la última gota de sudor y sangre que le quedara.

Cundía entre ellos un cierto miedo escénico, al ver en todo lo alto el destino final de la conquista.

No sabían qué se iban a encontrar, ni entre qué duros caminos tendrían que abrirse paso.

Ni siquiera conocían qué tipo de guerreros defendían estas tierras.

Habían oído decir muchas cosas como que entre sus bosques se escondían hábiles combatientes con la espada, de hojas afiladas ¡hasta un 23%!

«Los moradores de esta montaña cuentan además con la ayuda divina de la Virgen de Bellmunt» –explicaba Alltac dirigiéndose a su escudero.

«Dicen que la imagen de la Virgen viajaba en un barco proveniente de Alejandría, hace muchos siglos, –proseguía Alltac-, y que era tan brillante que incluso la noche era clara como el día y podía navegar sin peligro, pero al pasar por estas costas su resplandor se apagó y el barco se detuvo, no podía seguir avanzando.

A lo lejos, en esta montaña, vieron una luz más brillante que el sol y entonces entendieron que la Virgen quería quedarse aquí, en la cumbre de Bellmunt, donde se la venera».

Cuando llegaron a Sant Pere a la hora nona y después de un breve y merecido descanso junto a una de las fuentes del pueblo, emprendieron la marcha prácticamente sin oposición, dirección a la ermita.

Un indicador en un desvío marcaba el camino a seguir. No había pérdida.

-«Sólo hay una legua y media de distancia, mi señor».

 

Sí, sólo iban a ser unos 7 km, pero no los iban a olvidar en su vida y tendrían que salvar un desnivel de casi 700 metros, llenos de peligros amenazantes, como el primero que se encontraron, en el mismo pueblo y en la rampa que daba inicio la ascensión, en forma de espada al 11%, que no tardaron en derrotarla.

Saliendo de la población y dejando el cementerio a su derecha, cogieron el desvío definitivo, quedando gratamente sorprendidos por el buen estado del pavimento de la ruta, estrecha pero muy transitable.

Parece ser que los señores del condado decidieron arreglar la senda para poder facilitar las romerías de veneración a la Virgen, sin darse cuenta que con esto estaban facilitando la labor a tropas invasoras que hasta ahora no se atrevían a conquistarla dado el mal estado del camino para sus corceles metálicos.

Pero ahora no existía ningún tipo de excusa.

Los portabicicletas de Cruz 

Cuenta la leyenda que en este camino que se enfila hacia la montaña murió asesinado a manos de su propio pueblo el señor del Castillo de Besora, de conducta déspota y cruel con sus subordinados que, cansados de sus humillaciones, se reunieron secretamente para deshacerse de su amo definitivamente, organizando una cacería de jabalís.

Aquí, al pie del Santuario, en lugar de atacar a las fieras, dieron muerte al amo y señor. El Tribunal que juzgó los hechos preguntó: «¿Quién lo ha matado?», y la gente respondió: «El pueblo».

Ambos siguieron ascendiendo y, protegidos por su coraza metálica y sus perneras, fueron sorteando uno tras otro todos los enemigos que les fueron saliendo al paso en forma de lanzas al 15%, hachas al 13% y espadas al 18%.

Todo un peligro mantenido en la defensa que hacían de la montaña los invisibles habitantes del bosque.

La crueldad de los combates no dejaba disfrutar del hermoso paisaje que iban dejando atrás.

Cuando podían, levantaban la mirada y observaban con incredulidad como la tierra media iba quedando ya muy abajo.

Las herraduras de los corceles metálicos echaban chispas en las continuas revueltas que les hacían ascender rápidamente, dejando al descubierto toda la belleza de la subida, donde el espectáculo no se escondía, ideal para grandes torneos medievales.

Llegando al km 3 de la ascensión es cuando sufrirán el ataque más sostenido, largo y demoledor con una espada entera mantenida al 11,6% y desde donde una catapulta, allá arriba, al final de la durísima rampa, les irá lanzando piedras de gran volumen al 13, 14 y 18%, que les hará retorcer de dolor para sortearlas.

Repelido el ataque y esquivado el trance, pararán en el mirador de la Virgen de Montserrat, a mitad de camino de su preciado objetivo, para dar las gracias, arrodillándose extasiados por la contemplación de maravillosas vistas de los macizos del Montseny y Montserrat y de la Plana de Vic.

Después de rezarle a La Moreneta para que los ayudara de aquí en adelante, continuarán por el camino, esta vez encajonado en la montaña, siguiendo el sinuoso trazado de curvas y donde Alltac se avanzará unos metros por delante, dejando a su escudero cubriéndole las espaldas que, a estas alturas, lleva un paso mucho más cansino.

Sin duda, la armadura mucho más ligera del audaz caballero le hizo adelantarse en la vanguardia, zafándose de nuevos ataques en forma de espadas al 13, 15 y 16%, y es que este cuarto mojón seguía estando por encima del 10% de “espada media”.

Por detrás Idroj, iba rematando la faena de su señor.

 

En este punto, a unos mil metros de altitud, aparece ya muy cerca la figura del Santuario y piensan que está ahí mismo.

Se preguntarán cómo es posible que la pista suba hasta allí en tan poco espacio y creerán que la contienda está a punto de finalizar, pero nada más lejos de la realidad, y aún sufrirán varias emboscadas al 15 y 16%.

Entre ellas, tendrán que eludir el ataque de una nube de hormigas voladoras.

Enormes enjambres de alados que, como cada año por estas fechas, se dirigen a la ermita, inundando su templo y muriendo en él, rodeando la imagen de la Virgen, nunca posándose en ella ni en su altar.

Un misterio de la naturaleza sin explicación alguna.

-«Por eso desde siempre la conocen como la Virgen de las Aladas» –apostilló Alltac a su fiel y ya recuperado compañero de batalla.

Pero aún les quedará el combate final, el más duro y sangriento, pasado el sitio donde los lugareños dejan sus carruajes, ya que es imposible para ellos el subir por la pista de cemento de acceso al Santuario.

Alltac e Idroj, a lomos de sus cabalgaduras metálicas afrontarán este último tramo de 400 metros, tremendo, derrotando una tras otra las mejores y más fuertes espadas del enemigo: un guerrero escondido en la primera rampa al 22%, otro en una curva al 23%, donde a Idroj a punto estuvo de costarle la vida, cayendo allí, víctima de su afilada espada.

La dureza del terreno obligaba a tirar fuerte de riñones para agarrar bien la montura metálica.

Suerte que Alltac pudo subir a Idroj nuevamente a su palafrén para que le acompañara definitivamente a la gloria venciendo las últimas resistencias al 18 y 20%, al paso entre dos enormes rocas.

SQR – GORE

 

Y allí estaban, a las puertas de la ermita, tomando posesión de esta tierra, atalaya de los cuatro puntos cardinales: al Sureste, el Montseny, al Oeste, Sant Llorenç del Munt y Montserrat, y al Norte, espectaculares vistas al Pirineo, el Pedraforca, el Puigmal y el Canigó.

Abajo, un mar de nubes, impresionante.

Iniciado el descenso, un cierto temor se apoderó de los corceles metálicos.

Había que ir frenándolos pues la fuerte pendiente los intentaba descabalgar una y otra vez.

Por fin llegaron a Sant Pere donde ambos se pudieron restañar de sus heridas y celebrar por todo lo alto el nuevo hito conseguido.

Con esta conquista se había abierto un nuevo frente y durante los años siguientes muchos fueron los exploradores que atraídos por el reto y por su extraordinaria belleza, se aproximaban hasta Sant Pere de Torelló.

De lo que Bellmunt se ha dicho queda recogido en los manuscritos de la época por los propios caballeros que lo han sufrido en sus carnes: “escalofriante”, “recomendado a aventureros”, “bonita la subida, y dura, dura…”, “muy exigente”, “preciosa y dura ascensión”, “pata negra, nuevo referente catalán”, “atractivo paisaje”, “hacen falta muchas fuerzas para conquistarlo”, “el último tramo de subida, el más duro, épico”, “CIMA con mayúsculas”, “trazado espectacular”, “hay que verlo en vivo, alucinante”, “he experimentado el miedo y el vértigo”, “de una extrema y dura continuidad”, “pendientes endiabladas”…

Pero sin duda la más acertada es “cómo duele Bellmunt”.

En tu mano está el seguir escribiendo la historia en la conquista de esta fascinante y apoteósica ascensión: coge tu mejor armadura y tu corcel metálico y ven, Bellmunt te espera.

Que Dios te bendiga.

Foto: Pau Catllà

Valdezcaray, la montaña del ciclismo riojano

Si una montaña es emblema de ciclismo en La Rioja esa es Valdezcaray

Así con mayúsculas, porque Valdezcaray es estación de esquí y es la Montaña de La Rioja, del ciclismo de Rioja: la Sierra de la Demanda, dentro del Sistema Ibérico.

Una más que aceptable estación invernal que aprovecha las laderas de la cara norte del monte San Lorenzo, a 2272 metros de altitud, el más alto de La Rioja, para disfrute de los amantes de la nieve y los deportes de aventura.

Nosotros, a lomos de nuestras bicis, no podremos practicar tan excitantes sensaciones.

Las nuestras son otras: el camino, los pueblos, el paisaje y el entorno, y claro está, el poder superar una muy asequible ascensión, sin que sirva de precedente, la que ahora os proponemos en esta escapada.

 

La subida no os supondrá mayor dificultad que el intentar escalarla lo más rápido posible, por otro lado poco recomendable, ya que en ella no vais a encontrar ni rampas exigentes ni mucho menos imposibles.

La única complicación la encontraremos al inicio del puerto, cuando tengamos que sortear algunas paellas salpicadas por algunos pequeños muros que en algún momento puedan alcanzar el 9 ó 10%.

El resto, un paseo para descubrir un paraíso de montaña, para sentir y admirar un entorno natural privilegiado para practicar nuestro deporte favorito entre pinos y hayedos.

Un lugar para movernos, degustar y también, claro está, poder descansar después de una intensa jornada de pedaleo.

Se trata pues de una subida accesible de prácticamente 15 kilómetros, distancia que nos separan desde el pueblo de Ezcaray hasta la estación de esquí, a más de 1500 metros de altitud, después de haber superado el Collado de las Tres Cruces.

Será desde esta localidad señera y noble donde partiremos siguiendo las pedaladas de Sean Kelly, Belda, Perico, Bernard o Parra, que con sus memorables escaladas -los dos primeros en dura pugna en la primera etapa línea que se disputó en sus cuestas en el año 1988, con victoria para el irlandés-, convirtieron este rincón inclinado en todo un emblemático puerto de la Vuelta a España.

SQR – GORE

 

El resto de nombres míticos, grandes escaladores todos ellos, fueron los ganadores durante los años siguientes (89, 90 y 91, respectivamente), si bien en aquellas ediciones el reto fue competir contra el reloj en sus suaves desniveles, en forma de cronoescalada, ya que parece ser que, según el gusto de la organización, el puerto no reunía la suficiente dureza para ser selectivo entre los corredores.

Sin embargo, recordemos que en la etapa contra el crono que ganó Pedro Delgado, un tal Indurain que ya asomaba, y asombraba, con sus piernas en las grandes carreras, lo pasó muy mal en su ascensión debido, cómo no, a una alergia, en unas fechas en la que la ronda española se disputaba en los meses de primavera, algo que al gran Miguel le iba fatal.

De todas formas, si necesitáis más marcha, podéis añadir a vuestra visita a la zona la subida a la Cruz de la Demanda, ahí al lado, dura y espectacular como pocas, mucho más que su “tendida” vecina.

Foto: coronandoelpuerto.com

Serra de Bernia, la nueva estrella ciclista

Serra de Bernia JoanSeguidor

La Serra de Bernia aparece como el puerto estrella de la Vuelta a la Comunidad Valenciana

 

En el asalto de nuevos colosos, retos que pongan el ciclista en aprietos, el ciclismo valenciano saca a relucir una de las cimas que Nacho nos presentó hace unos meses, aunque por otra vertiente, la Serra de Bernia.

Y es que hasta allí nos hemos ido para conocer la subida que será en menos de un mes el principal filtro de la remozada Vuelta a la Comunitat Valenciana.

Siguiendo los parámetros exigidos por el ciclismo moderno, Bernia pone sobre el papel desniveles casi imposibles, de dos dígitos, y a veces hasta el 20%, para que los corredores rompan a sudar.

Y lo decimos literalmente, por que en Valencia muchas estrellas abren su temporada.

 

Sea como fuere la subida a la Serra de Bernia no es cualquier cosa, su perfil coincide con un buen tramo del Angliru, nada menos.

Y eso será en febrero, como aquella vez que la Vuelta a Valencia subió a Mas de la Costa, una subida de cabras, sí, pero más larga de lo habitual.

Aquel día, Nairo Quintana nos trajo un regalo por adelantado.

Veremos si como Mas de la Costa, la Serra de Bernia entra en el mapa de la Vuelta a España.

 

¿Quién reinará en la Serra de Bernia en esta Vuelta a la Comunidad Valenciana?

Imagen: FB Volta a la Comunitat Valenciana

La Bonaigua es la escalera al Cielo

En la subida a la Bonaigua nos espera un puerto mayúsculo

En la Bonaigua tendremos la certeza que tocaremos el cielo con nuestras manos después de haber superado una de las cimas más bellas e increíbles que podamos ascender en bicicleta.

Y lo haremos sin temor hasta alcanzar sus 2072 metros de altitud, el puerto de carretera más elevado de todo el Pirineo catalán.

La ascensión es larga, casi 22 kilómetros de subida continuada, sin fuertes desniveles para, poco después de iniciar su descenso, encontrarnos con la estación de esquí de Baqueira Beret que según dicen los entendidos es la mejor y más grande de España.

Seguramente, también, una de las más famosas.

 

En estas reconocidas instalaciones para la práctica de los deportes de invierno también podremos oler y sentir nuestra pasión por las dos ruedas.

Inaugurada la estación de esquí en diciembre del 64 tardó bastante en hacerse un hueco entre los aficionados al ciclismo, pero al final aquí también respiramos ciclismo a los cuatro vientos y pudimos vivir épicas etapas tanto en la Vuelta como en el Tour.

Podemos recordar, por ejemplo, algunos nombres de los que aquí vencieron como Unzaga en el 92, Zulle en el 95, Purito en 2003 o Moncoutie en 2008, saliendo también de aquí victorioso Denis Menchov, pero esta vez en un marco como el de la Grand Boucle.

 

La propuesta está servida: partir desde las estribaciones del Pirineo para sumergirnos en uno de los parajes más atractivos del Pirineo: el Valle de Arán.

Para eso tendremos que subir el puerto de la Bonaigua, puerta de entrada a este valle de valles, mientras nos deleitemos con la belleza y la soledad de un bucólico paisaje.

El ascenso propiamente dicho lo empezaremos a notar cuando alcancemos el pintoresco pueblo de València d’Aneu, situado ya a 1050 metros, pedaleando por una estrecha carretera de cuento con sus impresionantes bosques alpinos, abetos negros que parecerán echarse encima de nuestras cabezas.

 

Esta exuberancia de árboles, y los rayos del sol jugueteando entre las hojas, nos transportarán a toda una sinfonía de luces y colores.

Hasta aquí, disfrutando de un buen ritmo pues rara vez la pendiente supera el 4% de inclinación, iremos ganando altura más deprisa con tramos ya más serios al 7-8%, pues la carretera empieza a serpentear sobre sí misma ofreciéndonos en el tramo final su vertiente más espectacular, mientras iremos contemplando hermosas panorámicas del valle, dejando atrás curva tras curva.

En esta parte del puerto los árboles han dado paso a extensos prados de alta montaña y, según la época en que abordemos la ascensión, es muy fácil que en sus últimos cientos de metros pedaleemos entre blancas paredes de varios metros de altura, porque lo normal es que la carretera está cerrada algunos meses del año.

SQR – GORE

Una vez hollado el puerto, rendido a nuestros pedales, la visión será fascinante sólo para nuestros ojos del Aneto y la Maladeta nevados como telón de fondo de este valle del Pirineo, considerado como el más grande de esta cadena montañosa y donde según dicen su brazo izquierdo y su brazo derecho, su lado atlántico y su lado mediterráneo, se juntan y estrechan las manos en esta bella depresión que es el valle de Arán.

Cerler y ciclismo: «Chamonix» de los Pirineos

Apelar Cerler es evocar buenas tardes de ciclismo

Decir Cerler es decir nieve y no, no exageramos, cuando nos referimos al municipio de Benasque como el «Chamonix» de los Pirineos, donde está situada esta estación de esquí alpino, nuestro objetivo de hoy, un paraíso para los amantes de la montaña y del ciclismo.

 

En él, en efecto, se encuentran el 80% de los más de 70 tresmiles que hay en España, entre ellos el Aneto, el techo de los Pirineos (3404 metros), para disfrute del esquiador y de todo aquel que quiera combinar naturaleza, sol y nieve, como pueda ser nuestro caso, el de los cicloturistas.

Para eso os hemos invitado a venir hasta aquí, hasta esta esquina nororiental de la comarca de la Ribagorza, en la provincia de Huesca, una zona virgen rodeada de bosques de pinos negros y de glaciares que aún resisten el cambio climático, donde nace el río Esera para dar forma a este valle como el mejor de todo el Pirineo.

Buscando un tesoro pirata, la propuesta está clara: ascender a caballo de nuestra bici hasta la famosa estación de esquí de Cerler a 1910 metros de altura.

 

Y sí, habéis leído bien, si tenéis oportunidad, podréis ir a la búsqueda de las joyas y monedas que, según cuenta la leyenda, cayeron de un cofre rodando pendiente abajo cuando unos piratas, un poco torpes, lo intentaban esconder en la parte más alta de la montaña.

Una historia que cuentan y nosotros os la explicamos «por si acaso».

Tras los pasos de Lale Cubino.

Así os sentiréis cuando ajustéis vuestras calas y deis vuestra primera pedalada desde las estrechas callejuelas de calzada romana entre las preciosas casas de piedra gris de la invernal y montañera Benasque, capital del valle y reconocida también por sus aguas termales.

Aquí, en esta ascensión, podremos revivir la épica etapa de la Vuelta un 30 de abril de 1987.

 

Aquel día hubo un terremoto en Cerler que produjo estragos en la montaña.

Un joven y poco conocido bejarano del BH llamado Landelino fue un “caníbal” a las órdenes de una agresiva táctica de Javier Mínguez, que dinamitó en las rampas de esta subida a un pelotón de lujo integrado por célebres nombres como Sean Kelly, Dietzen, Perico, Gorospe, Arroyo o Indurain.

En esa jornada abandonaron 22 corredores que no pudieron aguantar el inhumano ritmo impuesto por los hombres de Mínguez y dejando, atención, a 40 fuera de control, si bien 27 de ellos fueron repescados, como suele pasar en estos casos, para no dejar la carrera huérfana de ciclistas como Recio o Alfonso Gutiérrez.

 

El rostro de Kelly, desencajado, reflejaba el esfuerzo de aquella jornada memorable, tremendamente dura, que le supuso perder el liderato en beneficio de Dietzen, nuevo maillot amarillo.

Con este estreno se dio a conocer esta estación invernal que reclamó la presencia de la ronda española para promocionar sus instalaciones.

No defraudó y desde entonces fue habitual referencia en la Vuelta la presencia de esta cuesta donde grabaron sus nombres ilustres escaladores como Parra, el propio Perico, Farfán, Ivanov, Rominger, Rincón, el Chava, Heras, Escartín o Laiseka.

SQR – GORE

Pero Cerler no es sólo una estación de esquí válida para el ciclismo en los meses de deshielo, es también un encantador pueblo de piedra y pizarra (el más alto del Pirineo a 1540 metros) en el que bien podemos hacer un alto en el camino en nuestra escalada a mitad de recorrido para visitar sus calles estrechas, antes de afrontar, tras un breve respiro, los dos duros kilómetros a una media del más de 9% para poner rumbo definitivo al grandioso espectáculo del circo de Ampriu.

Foto: http://1001puertosdemontana.blogspot.com/

Marie Blanque en el Tour: Por fin va a ser decisivo

Marie Blanque Tour 2020 JoanSeguidor

El Tour 2020 le da la mil veces negada oportunidad de ser trascendente al Marie Blanque

 

El Col de Marie Blanque no será una montaña más, ni de paso, en el Tour de Francia 2020.

Sobre el lugar, la «dama blanca», nuestro compañero Jordi Escrihuela nos escribió hace un tiempo…

Lo he ascendido once veces, las cinco primeras de forma consecutiva (1997-2001) y podría dar para escribir un libro todas las sensaciones, para lo bueno y lo malo, que yo he vivido ascendiendo este puerto. Aquellos años encadenado al terror de los Pirineos Atlánticos tuve una extraña sensación: cada vez que volvía y me enfrentaba al muro de sus 4 km finales y engranaba todo lo que llevaba detrás (desde 39×26, pasando por toda la gama, hasta el compact 34×27) me daba la sensación como si el tiempo no hubiera pasado y allí me veía de nuevo escalando mi dulce tortura (Miguel Gay-Pobes), como si lo hiciera eternamente, pedalada a pedalada, buscando la siguiente curva, esa que no llega nunca, para intentar distraer la cabeza.

Podría deciros que casi todas las subidas que he hecho a esta mole han sido bien diferentes, pasando un calor de morirse (40ºC, 1998) a la niebla, la lluvia y el fresco de otras ediciones, sin poder llegar a decir que he pasado frío, pues esto, en el Marie Blanque, es imposible que suceda y siempre con sensaciones variadas, buenas o malas, aunque estas últimas siempre me han ganado por mayoría absoluta con “esa sensación de intentar avanzar sobre una bici estática” que tan bien describía el propio Miguel Gay-Pobes.

Como gran anécdota, recuerdo mi primera ascensión. Sus primeros kilómetros decepcionaron un tanto a los que me acompañaban (“¿Esto es el terrible Marie Blanque? Esto no asusta a nadie”) Y que incluso subían a plato aquellos suaves primeros desniveles. Qué equivocados estaban, cuando de repente se toparon con el muro, la famosa recta infernal de 4 km al 12%, que muchos afrontamos completamente atrancados, otros haciendo eses o bien andando con la bici en la mano.

 

El Marie Blanque no es un col más, es muy conocido por el populacho, y en el Tour 2020 por fin tendrá la relevancia que merece…

 

Mis tres montañas ciclistas más míticas

Marmolada montañas ciclistas JoanSeguidor

Estas son las tres montañas ciclistas que nos salen del complicado ejercicio de síntesis que supone elegir sólo tres

De entre las cientos de montañas ciclistas le hemos pedido a Nacho que nos diga tres, sólo tres, en un ejercicio que no es sencillo.

Si hay un deporte que se fusiona con el lugar que pisa, ese es el ciclismo.

Montaña ciclista Tourmalet JoanSeguidor

Y ¿qué hay más ciclista que la montaña? 

Entre todas las subidas que han hecho la historia de ciclismo me quedo con el Tourmalet, porque es la montaña por excelencia, el Kapelmuur, pues ahí está la esencia de Flandes, y la Marmolada porque combina la belleza y dureza de los Dolomitas como ningún otro.
Son tres, las nuestras, como nos cuenta Nacho pero en esta comunidad ciclista cada vez más viajada seguro que las montañas ciclistas trepan por el imaginario…