Pues está quedando una bonita Vuelta

Tuvalum

La clave para Movistar en la Vuelta va a ser el entendimiento de Valverde y Nairo frente a Roglic y López, sobre el papel más fuertes

La Vuelta, la carrera, como siempre dándole vueltas al recorrido, que si duro, que si suave, que si descompensado…

Pero en la Vuelta, como en el ciclismo en general, lo mejor lo dan los corredores, capaces de generar una etapa tan bonita como la de Calpe que gana Nairo o sembrar de emociones un muro de rampas infames como el Mas de la Costa.

Y luego, con en el desigual día de Javalambre, etapa anodina, final emotivo y emocionante, cuando miras atrás, ves que la jornada ha merecido la pena.

 

Mas de la Costa era la subida más complicada de una primera semana que ha tenido tres llegadas en alto, a falta de la jornada andorrana del domingo.

Lo que otrora sería un trance a mil por hora, todos juntos, hasta la pared final, se convirtió en un juego de alternativas, donde entraron nombres de la importancia de Philippe Gilbert, la clase imperecedera, y otros buenos nombres que pusieron el entremés antes del plato fuerte.

Movistar, ese equipo que da una de cal por dos de arena, el equipo que en esta Vuelta presenta el liderato bicéfalo mejor avenido que recordamos, condujo el grupo a mil por hora porque tenían un plan.

El mismo que echamos en falta en Javalambre, cuando cundió la sensación de que Valverde destapaba las carencias de Nairo.

 

 

Y de esa forma los dos jefes consiguieron lo que muchas veces vuela de la ventana del Movistar sin que nadie ponga remedio: que trabajen todo el día y la victoria acabe en manos ajenas.

No sabemos si es que Nairo está en la prórroga de su estancia en el equipo celeste, si es que se ha desprovisto de los corseres que creo le han impuesto en los últimos años, o que sencillamente está harto que le tachemos de reservón, pero lo cierto es que el Nairo de Mas de la Costa ha sido la mejor versión de un corredor que, repetimos, es un corredorazo.

Sobre la bicicleta, en bailarina, una y otra vez, tensando el grupo, dando continuidad a ese equipo que ha dado dos saltos hacia adelante este año, el Jumbo, Nairo Quintana desempolvó la receta que creo que habrán de utilizar los telefónicos hasta el final de la Vuelta.

 

Un ataque, dos, tres, no sé cuántos, para dejar la general entre cuatro y en un pañuelo.

Cuatro corredores suenan para «campeonar» desde la sombra del ayuntamiento madrileño en un par de semanas, cuatro perfiles diferentes con quince días de trampas y sustos, en una carrera que, dicho sea de paso, está teniendo una tremenda cantidad de caídas, es complicado imaginar en manos de alguien que no esté entre estos cuatro.

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El baile de Nairo Quintana destapó el final «asesino» de Alejandro Valverde, a quien no vemos aguantando hasta el final, pero que es admirable como se agarra a cualquier resquicio que la carrera le ofrece.

Cada año pasa lo mismo, esperamos que Valverde acabe reventando, pero mientras se descuelga o no, pone la gente a mil.

El año pasado ocurrió, en otros también.

Alejandro Valverde siempre ha tenido un idilio con la Vuelta, y pensar que podría ganarla diez años después pone a trabajar a los estadísticos.

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La suerte de Movistar en esta Vuelta se jugará en lo buen que trabajen juntos Nairo y Valverde, porque sobre el papel Roglic y López están por encima.

El colombiano tiene una asignatura, la crono de Pau, a la que llega con una diferencia mínima a falta de lo que pase en Andorra.

Roglic parece haber aprendido la lección del Giro en el que acabó vacío, exhausto tras casi dos semanas dominando las apuestas.

La Vuelta tiene cuatro corredores en medio minuto, amanece bonita, con ganas de más, una pena que muchos se hayan descolgado de una puja que pinta tan bien.

Imagen: FB de La Vuelta

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