¿Quién no querría ser Gianni Bugno?

Cuando ir con Gianni Bugno molaba más que hacerlo con Indurain

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Siempre he pensado, al calor de aquella etapa de Val Louron, Tour 1991, qué habría sido de Gianni Bugno si hubiera salido a a rueda de Indurain en el descenso del Tourmalet o de Chiapucci en el tramo hacia el Aspin.

Pero Gianni no les tomó la rueda se quedó con Lemond, un gato panza arriba ese día, Motter, ni frío ni calor, Fignon eléctrico, entrando y salidno del grupo importante, y Leblanc, al límite.

Gianni Bugno nos privó en esos gloriosos instantes de lo que podía haber sido. 

 

Guillermo Ortiz no pasó por alto ese momento, no, lo grabó y lo pasaría en bucle en su cabeza.

Poco importa ahora esa decisión, porque bien podemos decir que si Indurain tuvo un rival magnético, ese fue Gianni Bugno, el tío cuya elegancia es el canon del humanismo sobre una bicicleta, como el David que Miguel Angel vio de aquel pedazo de piedra lo es la historia arte.

Es por ello que el libro que firma Guillermo y publica Contra Ediciones no cayó en nuestras manos como cualquier cosa, su lomo ancho, tapa dura y rugosa y el forro de la contra interior, un estampado de Gianni repetido mil veces cuando cogía el manillar por la parte plana, tirando de Miguel, en amarillo, aquella tarde de Alpe d´ Huez, hace casi treinta años.

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«Qué cabrón, recuerdo que pensé. Gianni tenía un punto de exnovia, pero exnovia con la que se acaba bien. Nada de separaciones traumáticas no relaciones imposibles. Nada de distancias kilométricas y cartas empalagosas, Buen rollo y punto. A Bugno, una vez le has querido y le has querido tal y como es, es imposible dejar de alquilarle de vez en cuando un rinconcito de tu corazón«

Así relata Guillermo en su libro, rememorando el instante en el que Bugno le rebañó a Abraham Olano unos segundos importantes en el sprint por la maglia rosa aquel día que el vasco estuvo tan cerca de ganar el Giro.

Así retrata Guillermo su adolescencia, algo plasmado en el sentimiento de «ir con el que nunca gana». 

Un homenaje, con la excusa de Bugno, de un cuarentón, como quien esto firma, de esos años de efervescencia en lo que todo nos parecía lo más.

Bugno es el hilo que lo cose todo, el amor, las ilusiones, los estudios, los campamentos de verano, Bugno como Rubicón de ese ciclismo de los noventa que tan presente estuvo en nuestras vidas.

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Un viaje despreocupado, sin cuestionarse el porqué de las cosas, de ciertas actuaciones algunos rendimientos y el estrato de algunas hazañas.

Todo iba bien, lo bien que el tiempo tardaría en contradecir.

Felicidades a Guillermo por llevarnos en historia ligera y amena a esos años que estos días tan extraños tanto echamos de menos, y vestirlo tan bien, con buena música y cine, y otras varietés de la época para lograr un todo que nos ha dejado un excelente sabor de boca.

En este agosto raro, de tardes interminables, con la espada de Damocles sobre la cabeza de todos nosotros, quizá mejor viajar a través de la prosa treinta años atrás y ver que eso que nos dicen tantas veces es cierto: «Que los malos son la antesala de los buenos momentos».

Poneros la tricolore italiana que Gianni inmortalizó y notar que ir con «el que nunca gana» también tiene glamour.

Imagen: Ride Shimano

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