Este Tour no lo reconocemos

El recorrido del Tour 2020 invita a pensar que vamos a tener más de lo mismo, otra vez

Cada año lo mismo cuando vemos el recorrido del Tour de Francia.

Cada año, este día de entre semana del mes de octubre, leemos y leemos mil opiniones, cada una de su madre y su padre, encendidas algunas, tampoco es para tanto, coherentes otras…

Luego en julio será otra cosa, será lo que los ciclistas quieran que sea, una guerra, una batalla o un simple encontronazo, cada uno en su tono y fuerzas, cada cual con lo que tenga para pelear.

Y no será la primera vez, para este Tour de 2020, que las cosas vuelvan a donde solían, que si han fumado la etapa, que si el ciclismo moderno, que si el Ineos, que si los pinganillos, que si Ocaña, que Hinault…

Y ocurrirá que lo veremos, sí o sí.

Pero ello no quiere decir que nos guste lo que vemos.

 

Cuando acabó el último Tours nos preguntamos si esta carrera emociona.

Obviamente, los colombianos saltaron en coro para recriminarnos que no nos emocionaba porque ganaba uno de ellos, y estaban equivocados, Egan Bernal sí que es un corredor que emociona y enamora, otra cosa es que su primer Tour acabó como acabó, completamente superado por eso ante lo que el hombre poco puede hacer, la meteorología.

Y ello, tras esperar un par de semanas a que la carrera se rompiera, se desgarrara en mil pedazos y las cosas quedaran todas en el aire.

Ese Tour, el de 2019, dicen que es el alma gemela del Tour 2020 cuando la realidad es que éste último empeora lo que vimos en el primero.

Así son las ruedas de gravel de DT Swiss

A saber…

Que el Tour de Francia no tenga una puta crono llana o al menos accidentada, es deprimente, es un acto de injusticia deportiva, la culminación a un recorrido sesgado, que obvia el norte, aunque eso sea lo de menos, sobre todo si no vives en el norte, y no da oportunidades a todos.

Es obvio que un killer del reloj como Roglic o la mejor versión de Dumoulin te matarían la carrera en una cronometrada ya no digo de sesenta, como hace 25 años, ponle cuarenta kilómetros, pero en el camino hay matices, grises, escalas que hablan de mil maneras de satisfacer a los especialistas, que por otro lado se han tenido que acostumbrar a esto del ciclismo moderno, empeñado en buscar la épica de hace cien años.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Este Tour, vende el capo, es el de la renovación, lo dirá por los nombres que desembarcan, pero también por los puertos que componen este empacho montañoso…

Pirineos descafeinados, sin Tourmalet, Aubisque ni atisbo de leyenda, sin llegadas en alto y dos puertos que emergen, el precioso Balès y el archiconocido Marie Blanque, la «dama blanca» , en sendas etapas que en otro tiempo hubieran sido preciosas, terreno abonado a la estrategia que parece haber perdido este deporte.

Luego alguna trampa al sur de Nantes, ojo el viento y Macizo Central, coqueteo con Bardet, de quien dicen que va a por el Giro, y los Alpes, unos Alpes despoblados de leyenda, sin las mentadas leyendas, aunque con ese Grand Colombiere, y sus curvas, la llegada más allá de Meribel, siendo la Madeleine el pedazo de historia al que agarrarse, y la cronoescalada final de Planche des Belles Filles, el puerto de los tiempos que corren.

Que el Tour recupere la cronoescalada es una excelente noticia, que no la acompañe de nada más a título individual, con lo bonita que es la rampa de salida, es un paso atrás, un error que demuestra que o el ciclismo cambia muy deprisa o nosotros no cambiamos tanto.

 

 

Esa nueva generación que dicen va a tomar el mando a partir de ya lo puede hacer en un Tour sin un puñetero símbolo de su historia.

Le llamaban la «Vuelta» a Francia, pues eso.

Dicen que las cronos no se ponen para los franceses, pero pensar en un ganador más allá del Team Ineos, o Jumbo en su defecto, se hace muy complicado.

Al menos a los amantes de la historia nos quedan reductos de los ochenta e incluso anteriores, como Ocières-Merlette, nada más empezar, o Villard de Lans, feudos marcados a fuego en la suerte de dos ganadores de Tour españoles, Ocaña y Perico.

Aunque un servidor conoció Ocières cuando Rooks ganó aquella cronoescalada del mítico Tour de hace treinta años, aquel de Fignon y Lemond, cómo echamos de menos aquellos tiempos en lo que se corría a pelo en el sentido amplio de la palabra.

SQR – GORE

 

Pero este Tour 2020 que arranca en Niza, más pronto por los Juegos, es la confirmación de lo que quieren hoy en día los organizadores y en especial los de ASO, creen que la carrera es más espectacular si se mantiene el suspensa hasta el final, cuando la realidad nos demuestra que no, que no hay alquimia segura para el espectáculo, que todo está en los corredores y lo que sepas ofrecerles.

Mantienes viva la emoción a base de putear al personal que se desespera en la pantalla sin que pase nada.

Y para una vez que los Ineos y sus capos deberían correr solos, sin opción a cables, va la organización y les elimina la incertidumbre de la crono individual, que Froome quizá sea un azote en esto, pero Bernal debe crecer.

En definitiva, que nos hacemos mayores, que el Tour va con los tiempos y que este ciclismo en el que si tu equipo tiraba a tope al inicio, llegaba reventado al final, lo bueno del pasado, pasado es.

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.