El regalo nos lo hizo Nairo

Recuerdo el primer post que escribí centrado en Nairo Quintana. Ya en la Vuelta a España de 2012 había destacado, siendo varias veces el último en descolgarse del duelo a tres que mantuvieron Contador, Valverde y Purito. Entonces no escribimos de él, aunque todo lo que decía sobre el mismo empezaba a cobrar coherencia, aquella etapa del Dauphiné, la general del Porvenir,… el portento que venía desde las alturas que rascan la bóveda del cielo colombiano daba que hablar.

Recuerdo que ese primer post vino unos meses después, cuando ganó la etapa reina de la Volta a Catalunya, en medio de un paisaje mechado de nieve, y acabó por triunfar en la Vuelta al País Vasco, tras una semana en la que el pelotón tiritó al ritmo de Kyirienka y acabó jugando la suerte de la carrera en la una crono pestosa que hablaba de la potencialidad de ese tostado ciclista que vestía de azul Movistar.

Recuerdo ese post, lo titulé “Hiere como una bala, flota cual silbido. Es Nairo Quintana”. Lo titulamos así impresionados por la facilidad, el semblante inexpresivo, la elegancia intrínseca en el pedaleo, el leve movimiento de la bicicleta, el ángulo de sus brazos y el sabor de su victoria. Era una forma hacer que no ofendía. Simplemente aceleraba y se iba. Simplemente.

Aquel Nairo fue el que nos prendó, nos dejó marcados, puso forma y baile a la perfección sobre la bicicleta, era el calor, el ciclista que destacaba desde pequeñito para ir saltando peldaños a la velocidad del sonido. Aquel año, hace cuatro, fue podio en el Tour, explosionó, y todo se aceleró para bien y para mal. Para bien porque a modo de gotero sus victorias fueron llegando, y no han sido pocas ni discretas. Para mal, porque la presión se ha multiplicado, el peso es enorme, la losa de un continente pendiente de ti, de tu suerte, de tu quehacer, no es sencillo gestionarlo.

Y eso arrugó la estrella, la hizo consciente de su dimensión, y Nairo se volvió más frío, digamos que conservador, no sabemos si a motu propio o inducido desde el coche, pero el ciclista que prendó dejó paso al ganador, efectivo y poco efectista. Pensamos que el primer Nairo no volvería.

Erramos, mucho además. El primer Nairo ha vuelto, en febrero, el día de su cumpleaños, ganando la etapa de Mas de la Costa haciendo lo que siempre imaginamos que podía logar: abordar una pendiente de cabras desde abajo, sin esperar, sin especular, y ejecutar el canto sobre la bicicleta. Este sábado de un febrero ventoso pero no frío Nairo nos ha devuelto cuatro años atrás, al corredor que prendaba incluso a quien no supiera o gustara de ciclismo, porque era una delicia verle danzar sobre la flaca.

No sabemos quién llevará los timmings de Nairo, ni sus progresiones ni tempos, pero da miedo pensar que este corredor ambiciona el Giro y el Tour el mismo año y rueda así tan pronto. Entiendo que esto no es gratuito, que el despliegue estaba en el guión. Eusebio Unzue dice que tiene la receta para ganar las dos grandes el mismo año, no sé si guardó la fórmula de Indurain de hace un cuarto de siglo. No sé si le valdrá, pero al menos nos queda este sábado del nada ciclista mes de febrero para situar nuestra memoria en la jornada que Nairo quiso y pudo ser el que un día se presentó en Europa para maravillar.

Imagen tomada de Vuelta a la Comunidad Valenciana – JM Artero Photographer

INFO

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1 Comentario

  1. Buena página esta. Muy objetiva y critica.


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