Rodar y rodar en Navidad

Me encanta salir en bici el día de Navidad. Me gusta levantarme pronto y dar una vuelta en este día digamos tan “especial”.

Dejo a la familia durmiendo. La noche ha sido “buena” y la casa anda aún, a estas horas de la mañana, algo revuelta. Restos de confeti, algunos papeles de regalo rotos por el suelo, botellas de cava vacías y algunas bandejas con sobras de la cena. Entro en la cocina, saltando por encima del “cagatió”, esquivando el árbol de Navidad y driblando a mi perra Laika que me persigue para que le suelte alguna chuche. Me hago un café rápido. Necesito despejarme porque la cabeza aún la tengo un poco espesa. Aún retumban con fuerza en mi cerebro los villancicos cantados a grito pelado por mis sobrinos. O los chistes, malos, contados por mis queridos cuñados. Qué bonita la Nochebuena… ¿verdad?

Me visto y salgo con la bici. Lo mejor para combatir los excesos de la noche anterior y acabar con los remordimientos por esos pedacitos de turrón de más que hemos comido. ¡Qué dura es nuestra afición! Siempre pensando en lo mismo, que si me voy a engordar, que esos kilos de más van a costar mucho de perder, que si los canapés, el pavo o los polvorones se nos van a ir directamente a los michelines… Qué le vamos a hacer y es que la Navidad se nos presenta ante nosotros como un reto, un desafío, una amenaza, llamarlo como queráis, pero tenéis que reconocer que la afrontamos con temor por todo el lastre que nos pueda echar encima.

Las calles están vacías. El pueblo duerme aún. Me gusta perderme entre sus calles y ver los adornos navideños mientras paso con mi bici. Es una lástima lo de los Papá Noel en los balcones. Parece que en vez de querer trepar por ellos los hayan ahorcado allí mismo. Hay algunos en tan mal estado que incluso producen una sensación de escalofrío verlos allí colgados a merced del viento.

El aire es frío pero voy bien abrigado y es bastante soportable. Además el sol se está imponiendo y sus tímidos rayos son toda una caricia en mi cara. Siempre me ha gustado el toque algo friki de pedalear en Navidad. Tiene algo de mágico, de diferente, de extravagante… seguro que me entendéis. Si a esto le añadís un frío invernal, con nieve en las montañas, la salida puede ser emocionante e inolvidable.

Me encanta ir pedaleando por los pueblos que me desean un Bon Nadal a mi paso. Ver como la gente poco a poco va despertando y saliendo a la calle, como las chimeneas de las casas empiezan a humear y como de alguna de ellas sale el inconfundible aroma de un buen cocido. Pedalearé un rato más. Tampoco es cuestión de llegar tarde. La familia me espera y la sopa de Navidad con galets y los canelones, también.

Otro día que me gusta también mucho salir es el de Año Nuevo. Me gusta poner el cuentakilómetros a cero y empezar el año pedaleando. Qué manía tenemos de poner el contador a cero cada inicio de año ¿verdad? Y empezar a acumular kilómetros para llegar a esa fecha marcada en rojo en el calendario con 4 ó 5 mil km en las piernas (¿tantos?). Una vez me dijo mi cuñado que por qué contábamos los kilómetros desde el 1 de enero. Me decía, no sin razón, que si todo lo acumulado el año anterior, y el otro, y el otro… no contaban. Y es cierto. Bueno, es un ritual como otro cualquiera ¿no os parece?

Y que levante la mano quién de vosotros, amigos cicloturistas, no se acuerda de la bici, ni que sea un pequeño instante, en vuestro brindis de las doce campanadas, para desearos a vosotros mismos una feliz temporada, que podáis hacer oro en esa marcha tan exigente o escaléis, por fin, ese puerto tan duro al que le tenéis tantas ganas. Os voy a contar otro secreto. En Nochevieja, cuando la gente ya ha marchado, cuando ya son las tantas de la mañana del Nuevo Año me gusta meterme en la cama y leer una revista como ZIKLO, y quedarme dormido con ella sobre mi pecho, soñando con todo lo que haré en la nueva temporada. Sueños ciclistas.

¿Y el día de Reyes? Seguro que siempre os cae algo para la bici, o ella entera, en forma de bici nueva. A mí siempre me han traído o bien unas zapatillas o un casco nuevos, o un pulsómetro, o un cuentakilómetros con GPS, aunque la bici nueva la llevo esperando desde hace 8 años.

En fin, ¡felices fiestas amigos!

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Orbea

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.