Sam Bennett en la Vuelta: Ya está bien de juego sucio

Tuvalum

No podemos normalizar cosas como las de Bennett en la Vuelta

Dejamos la etapa de Aguilar de Campoó con la imagen de Sam Bennett ganando por segunda vez en la Vuelta 2020 y al rato, cuando volvimos, apreciamos la foto de Pascal Ackermann en el podio.

Luego vimos la repetición y el cabezazo del irlandés a Liepiņš en la fila del los Deceuninck hacia meta.

Es impresentable, sencillamente indecente, una acción que, de salir mal, pondría en peligro gran parte del pelotón, y con ello la competición en sí.

El problema es que lo que hace Bennett en ese sprint de la Vuelta lo hemos normalizado, diciendo que claro que pasa cada dos por tres y que así sería imposible avanzar.

Sinceramente que el bellísimo ejercicio del sprint tenga que beber de estas marrullerías nos parece tristísimo.

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Sam Bennett, el mismo tipo que nos emocionó cuando lloraba como un crío tras ganar su primer sprint en el Tour hace mes y medio, debe tener un ángel y demonio a cada lado, como todos los sprinters por otro lado.

Es complicado no conocer velocista al que no se la haya ido la olla en algún momento, en cierto modo es entendible, pero claro a esas velocidades, esas acciones son un peligro.

Por cierto que Bennett ya fue cazado por el helicóptero en la París-Niza sacando del mapa a Nairo Quintana, como si la calzada y los mejores corredores del pelotón le pertenecieran.

Luego si gana, volveremos a aplaudirle todos y nos preguntaremos si es el mejor velocista del pelotón.

Entretanto seguimos tragándonos marranadas como la que le practica al corredor del Trek y creemos que su jefe Patric Lefevere tiene algo de razón por que monta el pollo en twitter.

Qué rápido se le olvida a Lefevere la petición de prisión para Dylan Gronewegen cuando el accidente con Fabio Jakobsen en Polonia.

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Es tremendo lo que acaba rodeando cada llegada al sprint, una suerte de equilibrio y fe en que las cosas no acaben en tragedia con tíos encendidos, volando a 70 u 80 por hora hacia una meta en la que las miradas se multiplican, y también los ángulos.

Cualquier marranada se ve, bien sea en el frontal o desde el helicóptero.

Lo que resulta increíble es ver como Sam Bennett pueda practicar esos cabezazos contra un rival en plena disputa de la posición en uno de los pocos contados sprints de la Vuelta y crea que eso no pueda acabar en tragedia.

Hacia la ciudad que huele a galleta surcó un pelotón conducido por Andrey Amador recostado sobre el manillar y las manos envolviendo el Garmin.

Eso degeneró en una agria discusión con Manolo Saiz.

Se le echaba en cara al costarricense que si él  en ese momento pillaba una piedra o un bache inesperado se iba al garete y con él todo el pelotón.

Sinceramente no tenemos elementos para pensar quién tenía razón de los dos.

En todo caso si a Amador se le recrimina eso, ¿qué no podría haber causado Bennett en ese lance?

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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