Strade Bianche, nunca una carrera fue tan deseada

La primera Strade Bianche de agosto es un regalo ampliamente esperado

Se decía en otras competiciones que «volver es ganar», yo no sé si hemos ganado o no, porque la maldición que nos ha caído este veinte-veinte parece lejos de renunciar a influir en nuestras frágiles vidas, sin embargo desde hace semanas, meses, tenemos marcada la fecha del primero de agosto como esa tarde que Fausto Coppi abrió gas  en el Turchino e declaró oficialmente inaugurada la primavera en una Italia saqueada por los horrores de la guerra: esta Strade Bianche tiene sabor de aquella San Remo.

Aquí y ahora no hemos pasado una guerra de ese calibre, pero hemos transitado por un trance que nos ha tenido secos durante no pocas semanas, secos y atenazados, con miedo e incertidumbre, en medio de nubarrones que se niegan a irse, sin embargo la Strade Bianche, la primera que deja marzo y se instala en agosto, viene para paliar esa necesidad vacía de ciclismo y pasión, una historia de páginas en blanco, por rutas blancas que nos devolverá un pedazo de aquella normalidad de la que seguro despotricamos un día y ahora extrañamos tanto.

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Si Florencia es la ciudad total, Siena es la urbe vertical, arriba del cerro, apelmazada, estrecha… hasta que llegas a Il Campo, una plaza con forma de abanico, anfiteatro urbano colmado por una torre almenada, el poder sienés de que todo esté en orden.

Il Campo aparece vacío a veinticuatro horas que llegue la Strade Bianche…

Un 31 de julio Il Campo vacío, es la anormalidad de la nueva normalidad, esa cuyos pasillos escruta con la Vuelta a Burgos o la Strade Bianche.

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Los campos toscanos aparecerán verdes, pues la primavera fue fecunda en lluvia, pero el polvo estará suelto, será vapor a nuestros ojos, todo más seco, todo más duro, una realidad que seguro la condicionará respecto al terreno blando de mes de marzo.

Greg Van Avermaet espera una «ruta más pedregosa» y montará unas ruedas de 28mm con una presión más baja… 

Y así disfrutaremos de 180 kilómetros de ratoneras por crestas de colinas y valles a los pies, por entre cipreses co un tercio del recorrido por carreteras blancas y el final en Siena.

La Toscana en marzo no era zona roja del coronavirus en Italia, aunque casi, y el cierre del país nos robó un evento que se ha ganado un sitio en nuestros corazones.

Volveremos a decir si merece ser el sexto monumento, que si es mejor que San Remo: ya sabéis que para esto somos muy clásicos, demasiado y que las cosas ya están bien como están.

La Strade Bianche, podríamos decir, es la más joven de las grades clásicas, con ella no nos acordamos de Zurich, ni Leeds, ni Hamburgo… ni otras que pasaron por el frente en algún momento

Una década de historia que para muchos se equipara a un siglo, y excelentes tardes de ciclismo en la incipiente primavera toscana, la tierra de la que pareció emanar el ciclismo, su tradición y la bicicleta misma, si nos apuráis.

A la cita no fallarán Van Aert, Stybar, Van Avermaet, Alaphilippe, Kwiato, Van der Poel, Sagan. Benoot, Gilbert, Bettiol, Naessen, Fuglsang, García Cortina, Nibali y Pogacar, nosotros tampoco.

Imagen: FB de Strade Bianche

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