A Contador le queda un año

La temporada que ahora mismo camina hacia su tercera grande, la Vuelta, acabó para Alberto Contador en el paseo final de los Campos Elíseos. El madrileño ha completado con el Tour una campaña en la que ha logrado la mitad del objetivo, ganando el Giro de Italia y quedándose lejos de sumar el tercer Tour a su cuenta.

Una temporada en la que el premio del Giro, aunque las ambiciones fueran más allá, me parece más que bueno, teniendo en cuenta que, por lo que sea, el de Pinto no ha tenido el golpe de pedal del año anterior, pues en su debe no ha protagonizado un ataque certero y decisivo en ningún momento del año, ni en Andalucía, donde cayó con Froome, ni el Giro, donde Mikel Landa trasladó la impresión de ir bastante mejor que él para arriba incluso en un equipo sumido en la inutilidad táctica. Mirad la campaña de Contador y no se fue nunca de sus rivales, salvo de Nairo, y bajando, en la Ruta del Sur.

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De esta manera Contador ya advirtió, nada más acabar el Tour, que planteará el 2016 como hizo el 2014, el último año en el que mostró el nivel que tuvo antes de la sanción. Correrá rápido y pronto, a tope desde la Tirreno, intentando sumar triunfos de prestigio y jugando todo al Tour de Francia y a los Juegos Olímpicos, que dentro de un año tendrán su carrera de fondo por Río de Janeiro.

Si las cuentas no fallan y se cumple la palabra del madrileño, podríamos haber iniciado la cuenta atrás hacia su retirada, como bien comentan en Cycling Weekly. La carrera de fondo brasileña se correrá el 6 de agosto y a partir de esa fecha en el caso de Contador hay un vacío, un agujero negro de no saber qué pasará y la certeza de que todo lo que añada será la prórroga de su carrera deportiva.

Como bien dicen en el medio anglosajón estamos ante el mejor ciclista de tres semanas de su generación. De ello no cabe duda pues se iguala en cantidad, que no calidad, de triunfos con Fausto Coppi y Miguel Indurain. La sola mención de esos dos nombres en este post habla de la dimensión alcanzada por Alberto Contador y lo absurdo de que siga contando un Giro y un Tour más en su cuenta, cuando se falló en su contra y el TAS le dio la razón a la UCI.

Sea como fuere olvidad al madrileño hasta el año nuevo y sabed que a partir de ahora, cada pedalada que dé podría ser la última que vierais.

Imagen de Tinkoff-Saxo y dibujo de @Zapa9MFS

Tour de Francia, la contracrónica final

El de que el veterano corredor alemán Greipel volviera a imponer su ley por cuarta vez en este Tour, y esta vez sobre el francés Coquard y el noruego Kristoff en el conocido escenario de los Campos Elíseos de París, término de la vigésimo primera etapa, no deja de ser un hecho de orden complementario frente a lo que ha representado la brillante actuación llevada a cabo por Chris Froome, que ha sido a fin de cuentas el rutilante vencedor absoluto, una distinción que ya logró en el año 2013, una fecha precisamente no muy lejana. El ciclista británico no ha vencido con una substancial ventaja sobre el segundo clasificado, el colombiano Nairo Quintana, que en las postreras etapas alpinas se ha mostrado un tanto agresivo, retornando a sus fueros con contundencia.

El resurgimiento de Quintana

Al final, la conclusión, es que ha debido inclinarse ante Froome con una desventaja mínima de un minuto 12 segundos, tomando en consideración que la ronda gala constaba de 3.344 kilómetros. Muchos kilómetros para esta escasa diferencia registrada. Quintana, que tenía un lugar de preferencia entre los favoritos al iniciarse la prueba en tierras de Holanda, en la ciudad de Utrecht, no entró en aquellos inicios con un buen golpe de pedal que bien necesitaba. Estaba en ligero desfase.

Recordamos aquella pesadilla que sufrió en el curso de la segunda etapa en compañía de otros varios corredores ante el viento lateral reinante, que provocó los temidos abanicos. Si no se está muy atento cualquier ciclista puede perder un peliagudo lastre de tiempo de difícil recuperación cara a la clasificación. El colombiano Quintana fue víctima de aquel movimiento atmosférico que le afectó concretamente en la jornada en la que se llegaba a la península de Zélande.

Sin aquel percance, hay que decirlo, el corredor sudamericano hubiera ahora alcanzado un primer puesto, una cara ilusión. Sus ataques llegaron algo tarde en el marco agresivo y a la vez majestuoso de los Alpes, con sus exhibiciones mostradas particularmente en La Toussuire (19ª etapa) y Alpe d´Huez (20ª), en donde afloró dureza suficiente para alterar diferencias. Fueron gestas, las suyas, dignas de alabanza. No en vano en un par de días, el llamado comúnmente el escarabajo de oro, logró cosechar a su favor un minuto 58 segundos sin poder alcanzar su verdadero y atractivo objetivo.

La labor silenciosa de un equipo

Con todo es obligado rendir homenaje al vencedor, Froome, que se ha desenvuelto con suficiente capacidad física y un claro sentido táctico, apoyado eficazmente a su vez por su escuadra Team Sky, con sede principal en la ciudad de Manchester, a través de los sacrificados peones de brega. Nombramos en este ingrato cometido a los que han sido más influyentes en su defensa. Entresacamos al australiano Richie Porte, al holandés Wouter Poels y al inglés Geraint Thomas, que en cierto momento ocupó por algunos días la cuarta plaza en la tabla de la general. Sin embargo, cabe reconocer que el sacrificio, ayudando a su jefe de filas, le llevó a agotar las energías necesarias y las posibilidades de éxito que tanto deseaba en su fuero interno. Ha sido para nosotros un héroe silencioso. En ciclismo son legión los hombres que se dedican a esta sufrida y angustiosa labor.

Antes de concluir del todo nuestro comentario, quisiéramos ponderar a aquel Froome, que ganó el Tour de Francia de hace un par de años, con una notable ventaja, que llegó a ser de cinco minutos sobre Quintana, que fue su oponente más directo. El ciclista británico en aquel entonces venció sin las inquietudes de ahora. El catalán Joaquim Rodríguez fue tercero, algo para recordar. Lo coincidente del caso es de que en la presente edición, nuestro representante Alejandro Valverde, en contra de todo pronóstico, ha podido subir al pódium al clasificarse tercero. No se olvida la emoción que transparentaba el corredor murciano ante esta actuación lograda en buena lid.

Dilucidando la clasificación general definitiva

Nos encontramos, pues, con el británico Christopher Froome , encabezando la relación como ganador absoluto. Le han seguido el colombiano Nairo Quintana (2º), a un minuto 12 segundos; el español Alejandro Valverde (3º), a cinco minutos 25 segundos; el italiano Vincenzo Nibali (4º), a ocho minutos 36, y al otro español Alberto Contador (5º), a nueve minutos 48 segundos Por encima de los diez minutos de tiempo, figuran el holandés Robert Gesink (6º) y su compatriota Bauke Mollema (7º), el suizo Mathis Frank (8º) y los franceses Romain Bardet (9º) y Pierre Rolland (10º), que cierran la decena de integrantes figurantes en el cuadro de honor.

Nunca está de más recalcar que entre los diez primeros que hemos mencionado aquí, forman todos ellos un conglomerado internacional de diferentes nacionalidades. Cada país, por ahora, tiene su baza individual o a dúo, tales como España, que tiene a Valverde y Contador; Países Bajos, bajo el concurso de Gesink y Mollema, y, Francia, con Bardet y Rolland. Es un dato simple que nos llama a la atención a la hora de balancear resultados.

Y el resto de los españoles ¿dónde están?

No vamos nombrar a todos los que han terminado la prueba, sino más bien los que permanecen entre los cuarenta y cinco primeros lugares. Ciclistas que han luchado por salvar la supervivencia, un motivo que tiene su valor incluso histórico. Escuetamente, pues, debemos nombrar en este apartado a los siguientes españoles: el veterano asturiano Samuel Sánchez (12º), los vascos Jonathan Castroviejo (24º) y Gorka Izagirre (32º), el catalán Joaquim Rodríguez (29º), el alicantino Rubén Plaza (30º) y el madrileño Luís Ángel Maté (43º).

Por Gerardo Fuster

La tumba abierta

Dijeron, acalorados por la baja de Froome y la caída de Contador, que vaya mierda de Tour, que se quedó sin emoción, que no tenía interés, pero a mí este Tour, el 101 de la historia, me está gustando porque rara vez se está disputando a mantener lo logrado. Hay ambición y eso es una gran noticia.

La primera jornada pirenaica tuvo todo lo que debe tener esta gran carrera, la mejor carrera. Por delante la fuga de nivel top, con Michael Rogers vestido en ganador toda vez que se despojó de las servidumbres a Contador –el Tinkoff, que no Saxo, se la ha sabido envainar muy bien- y una serie de grandes ciclistas, algunos pestosos como Voeckler, y otros demasiado generosos como Kiryienka, disputándole el triunfo. Ojo Rogers, dos etapas en el Giro y otra en el Tour recién salido de una especie de hibernación. A algunos se les abrirán las carnes.

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Luego entre los favoritos hubo traca y diferencias. Al final el ciclista más reforzado de la jornada fue sobre quien más dudas teníamos –ya saben cualquier pronóstico es absurdo en este Tour-. Thinaut Pinot es el ciclista de este Tour. Casi cede unos segundos en meta, respecto a Valverde, pero ha logrado una renta interesante sobre Bardet y sobretodo Van Garderen, quien corre el riesgo de ser una eterna promesa. En Balés Pinot fue tan fuerte que hasta Nibali se mostró cauteloso. No se extrañen, no es casualidad que esté aquí. Él ha trabajado mucho y bien, pero su equipo es una piña, un grupo fuerte y cohesionado, el vociferante Marc Madiot esta vez merece nuestro aplauso.

Como también lo merece Movistar, posible detonante, al inicio de Balès, del mal momento de Bardet y Van Garderen. Valverde ha tocado techo, y posiblemente se las vea crudas para mantener la segunda plaza ante Pinot, pero está bien rodeado en esta carrera. Si la lucidez de Balès acompaña a los azules, el podio, el ansiado podio puede ser una realidad para Valverde, quien si lo logra quizá duerma ya tranquilo.

No han sido muchas las veces que el Tour ha abordado el Port de Balès, un descubrimiento reciente, pero muy interesante. Es un lugar, como bien define el técnico del Sky Nicolas Portal, oriundo de la zona, perfecto para perderse con la BTT e ideal para grandes bajadores, como bien ha quedado corroborado. El Tour ha atravesado ya cuatro veces este sitio estrenado por la infamia de Vinokourov en 2007 pues al final acabaría dando positivo y aquel episodio tan singular de la cadena de Andy y el ataque de Contador, un episodio que por cierto Bjarne Rijs despacha con singular atención en las memorias que Cultura Ciclista acaba de sacar en castellano.

#fact Sólo dos como Charles Pélissier quien en 1930 llegó a ganar ocho etapas en el Tour de Francia. Esos fueron Eddy Merckx en 1970 y 1974 y Freddy Maertens en 1976, edición que acabó octavo en la general.

#àdemain Auténtico maratón pirenaico que pasará por la Vall d´ Aran antes de encadenar Portillon, Peyresourde, Val Louron y Pla d´ Adet en menos de ochenta kilómetros.

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El Tour es cuestión de estado, el ciclismo no

 

Hay algo de raro en la relación de Francia con el ciclismo. Este deporte, como lo conocemos y concebimos, es obra francesa. Si bien, su dimensión internacional le confiere un pedacito de su ser a cada país, está claro que la cuna del ciclismo surgido a finales del siglo XIX es francesa. Ese membrete del gallo quedó a fuegoen 1903, hace 110 años, cuando partió de las pedanías parisinas la primera edición del Tour.

Desde entonces la carrera que durante tres semanas cubre la geografía francesa es una de las señas de identidad francesa. Incluso por la vitalidad y multiculturalidad que se aprecia en las cunetas, de las más asentadas.  No creo que exista evento que movilice lo que el Tour siendo un acontecimiento anual y no esporádico o más espaciado como los Juegos o un mundial de fútbol. Francia se convierte en un enorme plató de filmación donde se nos mete por los ojos las grandes atracciones de un país que cifras en mano es el más turístico del mundo, justo por delante de los Estados Unidos y España. Poca broma, entonces.

Durante varias jornadas de la presente edición surgieron voces críticas con el recorrido. Hablaban de un insufrible publirreportaje de la campiña y castillos galos, mientras el pelotón quemaba kilómetros. Incluso se llegó a decir que la Vuelta y Giro habían superado en interés a la tenida por mejor carrera del mundo, demostrándose que no puede haber sentencia más desafortunada, pues las dos grandes vueltas menos grandes siguen nadando lejos de la hermana mayor, por mucho incluso que el Giro esprinte por coger a su homónimo francés. En esta escala, la Vuelta está muy por debajo.

Pero si algo quedó claro es el rol de estado en todo lo que rodea al Tour. La fiesta celebrada por las cien ediciones lo demostró. Se copó el corazón de París, a través de una artería llamada la Vía Real, una grandiosa línea recta que va del Louvre a la Defensa en la que los Campos Elíseos no son más que una parte. La clausura de las 100 ediciones del Tour pone de relieve cuán grande es el nexo de la carrera con la cultura e idiosincrasia francesas y cuán lejos está eso de ocurrir por ejemplo en España.

Sin embargo en Francia el ciclismo no goza de ese estatus cuasi intocable. Aunque el Tour ha sido atacado por diversos grupos mediáticos con intereses opuestos a los de ASO, es el ciclismo en su extensión quien ha recibido más, y no precisamente suave. El Tour de Francia es un monumento a la “grandeur”, el ciclismo poco menos que una cuadra de escombros que conviene limpiar con la pulcritud que Sarkozy demostró cuando habló de refundar el capitalismo. No entienden sin embargo que ambos son intrínsecamente lo mismo.

Y claro, una vez concluido el Tour, una vez se recogen los desechos delos fastos que recorriendo el hexágono conviene virar la mirada al Senado y ver qué nombres saldrán malparados de los controles antidopaje del Tour de 1998, más que nada para demostrar que aquí saben hacer las cosas muy bien, sí en un país donde dos de sus más grandes campeones Jacques Anquetil y Bernard Thévénet admitieron haber hecho uso de sustancias en su propósito de triunfar.

Lo que el Senado galo haga próximamente me parece una insufrible operación de estética que tras días de éxtasis devolverán al ciclismo a la pocilga en la que regodea desde hace tiempo. Es como si se trazara una línea invisible, una vez concluido el Tour aireemos el armario. Menos mal por eso que no se realizó en plena carrera a petición de un grupo de corredores. Sólo una cosa, si alguien del senado gabacho lee esto, ¿serían tan amables de sacar del porfolio el panel de controles en el Mundial de fútbol que aconteció en Francia aquel mismo verano?

Foto tomada del facebook del Tour 

Dominicales de @JoanSeguidor: 100 ediciones del Tour en una expo fotográfica

El Tour cumple 100 ediciones este año y París ha querido rendirle homenaje durante unos meses a través de una exposición fotográfica que recorre la historia de la carrera ciclista más famosa del mundo. Una exposición que nos enseña el viaje de la serpiente multicolor a través de la geografía francesa, durante sus 110 años de historia. Mucho han cambiado las cosas entre la primera fotografía, de 1921, en la que las bicicletas se mezclan con carros tirados por vacas, y la moderna infraestructura que ha convertido al Tour de Francia en un producto mucho más allá de una carrera ciclista.

Los coches de caballos han sido sustituidos por una extensa caravana; y no se ven ya gafas y viseras de aviador entre los modernos maillots de los ciclistas de nuestra época, que tampoco parecen llevar ya las cámaras de aire en bandolera por si hubiese un pinchazo repentino. Poco concebible nos parece a día de hoy imágenes como la de Arséne Alancourt en 1923 pasando solo en medio de un barrizal en los Pirineos, o la de un montón de ciclistas metiéndose en el agua del mar en St Maxime en 1950 para refrescarse mientras dejan sus bicicletas sobre la arena. y todo sea dicho, poco tiene que ver la galantería de Anquetil, firmándole la pierna a una aficionada, con la imagen de Sagan tocándole el culo a una azafata el domingo pasado.

El Castillo de Chambord, la Abadía de St Rouen y la Cité de Carcassonne, entre muchos otros sitios, nos muestran la faceta más turística de la carrera. No faltan las grandes cumbres como Mont Ventoux, Galibier, Izoard, Luz Ardiden o la Croix de Fer. Se mezclan adoquines, barro,  carreteras de dudoso asfalto y anchas autopistas. Las ciudades abarrotadas con la tranquilidad de los emblemáticos campos de girasoles. El contraste entre un pelotón relajado en la costa bretona frente a la tensión que se percibe a punto de comenzar el Muro de Bretagne, retratado casi vertical por algún fotógrafo.

Los  más grandes se pasean a sus anchas. Esa inolvidable cara de esfuerzo que cualquiera confundiría con una sonrisa de Indurain, la elegante potencia contra el crono de Anquetil en Besançon, la fuerza bruta de Merck cuesta arriba en 1969, vigilado de cerca por Poulidor; o la travesía en solitario de Hinault en 1986 hacia la meta de Superbagnéres. Todos quedan retratados para la posteridad. Para algunos faltará un nombre, para otros no. En las fotos no aparece.

Acaba la exposición con dos imágenes de la carrera llegando a París. 1923, trajes antiguos, señores arreglados en el Parque des Princeps. 48 de 139 ciclistas alcanzan por fin la meta tras más de 222 horas dando pedales.  En 2012 encontramos bullicio, gente, coches, colores, el Arco de Triunfo de fondo. Llegan 153 de 198, y el ganador lo hace en menos de 87 horas.  Parecen imágenes completamente diferentes. Han cambiado las circunstancias, las carreteras, la tecnología, los aficionados, y sin embargo, en ambas se percibe lo mismo. Han logrado su hazaña, llegado a su destino, y, sin importar su posición en la clasificación, son recibidos como héroes. Ya son parte de la historia.

 

Por @ariamsita sobre la exposición situada en los Jardines de Luxemburgo de París