Las aproximaciones al Mundial de Yorkshire

Vuelta 2020 Van der Poel JoanSeguidor

Ir de superfavorito al Mundial de Yorkshire tiene más peligros que ventajas

En dos semanas, a estas horas, estaremos relamiendo los estertores del Mundial de Yorkshire.

Como cuando el Tour partió de allí, hace cinco años, prever que el Mundial de Yorkshire puede ser la locura es jugar a ganador.

Y no sólo eso, en la cada vez más extendida afición a desplazarse al lugar de los hechos, tenemos la certeza de que, desde España, saldrá bastante gente a disfrutar de unos días que seguro serán memorables.

 

El final de la Vuelta a España marca las ganas que tenemos de mundial, y los ingleses ha vendido bien, muy bien el suyo de Yorkshire.

Una cita que también tiene un alto en Canadá y ese par de magníficas carreras que ya estamos acostumbrados a ver a cola de la Vuelta.

Anoche, si no lo habéis hecho, podéis ver un minimundial en Montreal para destapar el estado de forma de algunos de los candidatos al arcoíris.

Casando de haber sido el principal, y a veces único favorito de Innsbruck, parece que Julian Alaphilippe quiere un perfil más bajo.

En Montreal no remató una situación incluso más ventajosa que San Remo en un final eléctrico que debió dejarle tieso.

Sin esa chispa ensayada, el francés ha dado un paso atrás, y bien que hace.

Su equipo volverá a ser un equipazo, para lo bueno y lo malo, como le demostró Romain Bardet el año pasado.

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Con Alaphilippe hubo un par que puso credenciales para el Mundial de Yorkshire.

Greg Van Avermaet que pone fin a una campaña gris con una victoria de coco, auténtico capo en la sombra, que se presta para dar su último relevo.

Van Avermaet va por una Bélgica coral, donde cada uno podrá tener la manija de su destino si la carrera el sonríe.

Es la versión celeste del azul intenso del Deceuninck, el mismo equipo que tiró de manual con Enric Mas en Montreal.

El mallorquín de versión clásica nos gusta, en un recorrido alejado al perfil escalador puro que gasta, estuvo delante y fue Alaphilippe y no él, quien no puso lo necesario para la guinda a un nuevo triunfo azul.

 

 

Si Mas y Alaphilippe no lograron el triunfo fue en parte porque en Canadá hubo un corredor que quiere volver a correr de arcoíris, Peter Sagan, voluntarioso en el esfuerzo, imponente en su estado de forma.

Al eslovaco se le vio muy bien, potente en las persecuciones, omnipresente al final, cuando las piernas piden tregua.

Pasa a menudo que nos olvidamos de Peter Sagan hasta que aparece.

RH Ifach, la casa del ciclista en Calpe 

Su sucesor Alejandro Valverde ha seguido el estricto guión de la Vuelta y su liturgia de etapas durísimas, cuestas imposibles y estrés a la máxima potencia.

Eso que a otro mermaría, le da a Valverde el hervor para aguantar el gran fondo que es el mundial.

Decir que no figura en la terna sería esquivar la realidad, aunque no sea el número uno en las apuestas.

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Porque seguro que es Mathieu Van der Poel el que peor se paga en las casas de cuitas.

Su forma de correr en Gran Bretaña es la mejor y peor carta de presentación que puede ponerse sobre la mesa.

Por un lado no da lugar a duda, es el líder único de un siempre interesante equipo naranja que puede ver como un mismo corredor les da dos mundiales en un año, habiendo ganado el de ciclocross y descartado el de BTT.

Pero al mismo tiempo, ya se sabe lo que ocurre cuando vas de «superfavorito», Alaphilippe se lo puede explicar, y Van der Poel mete miedo para el Mundial de Yorkshire.

Refrendarlo será otra, este chaval es un genio que alguna vez, en días de presión, se viene abajo.

Eso sucede en las mejores familias, al menos tiene el alivio que no estará Wout Van Aert para dar fe.

Imagen: FB de Tour de Britain

Tadej Pogacar es de esa generación que no tiene miedo

Vuelta Pogacar

La Vuelta de Pogacar entra en la historia de la carrera y el ciclismo

El ciclismo que viene, el de esos niños que nacen aprendidos, es un ciclismo, ahora mismo que pinta muy bien: La Vuelta de Pogacar.

Es un ciclismo que no tiene miedo, que no mira para atrás, que toma riesgos y gana.

La preciosa jornada de la sierra de Gredos, una variedad de paisaje terrible, un terreno pestoso, duro, que lima y lija, que no da respiro y te deja exhausto.

Una jornada para poner orden en el vértigo de un final de Vuelta a España que ha estado a la altura, un buen sabor de boca.

 

Avila, Gredos, su sierra era un libro sin vuelta de hoja, lo que quedara escrito hoy, no tendría ya enmienda.

La etapa de Avila venía cargada por el lío camino de Toledo, que si caída, que si tiro, que si no tiro, que si tenía pensado tirar.

Hay momentos, puntos de inflexión que marcan, y en este pelotón donde todos se conocen y se ven durante semanas y meses, nada se olvida todo se apunta.

En el caldo enrarecido de Astana y Movistar, Tadej Pocagar supo sacar petróleo con una jornada histórica.

Sobre esta generación, nos habló ayer mismo Nacho… 

Sencillamente de esas que marcan para siempre: un chavalillo echando del podio a Nairo, sacando los colores del Movistar y poniendo contra las cuerdas a Alejandro Valverde.

Ojo porque tras Roglic van a haber dos tipos separados por diecinueve años. 

Matxin sabe cómo funciona esto, cómo se las gastan entre los equipos de esta mal llamada familia ciclista y supo ver la rendija de oportunidad.

Valoró que Tadej Pogacar, quien hace trece mese estaba ganando el Porvernir, tenía suficiente para la machada y le pasó la mano por delante a todos sacando el tarro de las esencias a cuarenta de meta.

Genial.

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Tadej Pogacar, habrá tiempo para valorarlo, ha nadado con el agua en contra, en todo tipo de situaciones y ha sacado lo mejor para asaltar un podio cuya presencia en el mismo parecía utópica.

«Mafia eslovena» dicen, no es cierto, han sido los mejores de la Vuelta 2019, van  hacer la pinza a Valverde en el podio.

A Primoz Roglic le han solventado la Vuelta entre unos y otros, cuando el equipo le falló, cuando igual las piernas no le daban más de sí.

Si Roglic iba al limite, no lo sabremos, gracias Astana unos días, y a Movistar otros.

Yo de él, les dedicaría el triunfo en la Vuelta a ambos.

 

Y así, en medio de tanta hostilidad, de tanta disculpa, la de Miguel Ángel López a Alejandro Valverde, los de Emirates fueron los más listos.

«Tadej, tira que estos se destrozan«

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La Vuelta a España de 2019 va a tener un teenager de 19 años en el podio con tres etapas y el maillot blanco en el zurrón.

Es increíble, tanto, como justo y ajustado a lo que hemos visto.

Un tipo de 20 años manejándose así, como Bernal en el Tour, Evenepoel en Donostia.

Esta gente no conoce la vergüenza y eso que vino de una primera, y desastrosa crono por equipos donde nada salió a derechas.

¿Qué habría sido de la Vuelta sin el traspiés de Torrevieja?

En una palabra, Alejandro Valverde es admirable

La Vuelta Valverde joanSeguidor

La Vuelta de Valverde es para enmarcar y no apostábamos por ello

Qué imagen esa de ver el líder de esta Vuelta, el rojo de Roglic, con el ganador de la Vuelta de hace diez años, Alejandro Valverde.

Primero y segundo, mano a mano, como en las grandes contiendas, si nadie, solos, hacia lo alto.

Qué imagen la de Alejandro Valverde atacando desde abajo, a fondo, sin mirar, sin pensar, desconectando la mente de las piernas, aislándose del dolor al que parece inmune, ajeno, a sus casi cuarenta primaveras.

El segundo de la general, el ciclista del arcoíris dándonos una lección, otra, que su poder su marchita, que sus ganas todo lo pueden, que no vislumbra el final, ni siquiera lo contempla.

La Vuelta a España que está protagonizando Alejandro Valverde, la década de su primera y única grande, nos enervado a veces, nos ha sorprendido otras, pero finalmente nos rinde ante un corredor cuya grandeza será como la de ese imperio en el que nunca se ponía el sol.

 

La Vuelta de Alejandro Valverde supera toda nuestra capacidad de admiración.

Faltan nombres gordos, dirán algunos, es cierto, pero son los que hay, como los que estuvieron en cada momento de la historia, y dejaron de estar.

Faltan etapas de gran fondo.

La Vuelta no es el Tour, la Vuelta no es el Giro, seguirán diciendo.

Lo que queráis, este tipo no se consume, no se rinde, se reinventa… y posiblemente acabe cediendo, como otras veces, pero deja eso que enamora, que se tiene y no se entrena: carisma.  

Los campeones son campeones en el momento, las leyendas son aquellos que, cuando dejan su deporte, te regalan un poso de eterna grandeza, de volver cuando esperabas que no volverían, de seguir cuando los dabas por amortizados, se sacar siempre la cabeza.

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Y en eso, señoras y señores, Alejandro Valverde es único.

Y lo admitimos, en el mismo cuaderno donde dijimos que no le veíamos para ganar la Vuelta, que siempre tiene un día malo, que se empeña en un registro -el de top tens en las grandes vueltas- que no le vemos la gracia más allá de los libros.

En el mismo cuaderno donde dejamos escrito que no entendíamos a qué había ido Valverde al Tour.

Pero como bien supimos hace tiempo, Alejandro Valverde tiene la capacidad de ponerse todo eso en la espalda, y seguir, la tiene ancha, musculada, tullida a veces, pero siempre presta a cargar con lo que sea y tirar.

 

 

Y ahí estuvo, con todos los riesgos que ello entraña, saliendo directo y como una flecha a por el rojo de Primoz Roglic, que no habrá sufrido, quizá, pero que se tuvo que llevar un buen calentón en el pie del Acebo para soldarse a la rueda de su gran rival, un tipo del que sabe puede aprender mucho… y casi todo bueno.

El ataque de Alejandro Valverde en un puerto así, a estas alturas de carrera, con esa dureza, habla de un corredor que no maneja fecha de caducidad ni firma nada.

Lo dicho, repetimos, es admirable.

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No pudo, cierto, corrió el riesgo de ser remachado por el líder, sobre el papel, y en la imagen, más fuerte que él y que todos, pero tejió el argumento de los grandes de siempre, cuando todo está en contra, cuando todo parece perdido, prosigue, insiste, quizá un día descubras que por esa grieta hay camino, y hasta te lleves una sorpresa.

Cuarenta primaveras, mil batallas, decenas de rivales, millones de críticas, las primeras las nuestras muchas veces, que no siempre, y Alejandro Valverde es el corredor que siempre vuelve, que no deja puntada sin hilo, que no permite relajo, ni a sí mismo ni a los suyos.

¿Pagará la machada del Acebo?

Entiendo que no, pero no importa, por primera vez en mucho tiempo creemos que estamos en paz con Alejandro Valverde, cuestionándole ese calendario, esa obsesión por el Tour, por la Vuelta a Murcia, a sabiendas que lo suyo era caza mayor en otros terrenos, en parajes vírgenes para el ciclismo español.

Ahora miramos atrás, y no sabemos si todo lo que ha quedado en el camino fue fruto de un plan o del trazo de un genio, pero le ha dado a todo y en todo ha rascado bola.

Alejandro Valverde Belmonte, no sabemos qué le queda, pero en El Acebo, con ese ataque, esa grandeza, nos ha ganado para la eternidad y por un momento hemos tenido miedo de un ciclismo sin él…

Pues está quedando una bonita Vuelta

La Vuelta Valverde joanSeguidor

La clave para Movistar en la Vuelta va a ser el entendimiento de Valverde y Nairo frente a Roglic y López, sobre el papel más fuertes

La Vuelta, la carrera, como siempre dándole vueltas al recorrido, que si duro, que si suave, que si descompensado…

Pero en la Vuelta, como en el ciclismo en general, lo mejor lo dan los corredores, capaces de generar una etapa tan bonita como la de Calpe que gana Nairo o sembrar de emociones un muro de rampas infames como el Mas de la Costa.

Y luego, con en el desigual día de Javalambre, etapa anodina, final emotivo y emocionante, cuando miras atrás, ves que la jornada ha merecido la pena.

 

Mas de la Costa era la subida más complicada de una primera semana que ha tenido tres llegadas en alto, a falta de la jornada andorrana del domingo.

Lo que otrora sería un trance a mil por hora, todos juntos, hasta la pared final, se convirtió en un juego de alternativas, donde entraron nombres de la importancia de Philippe Gilbert, la clase imperecedera, y otros buenos nombres que pusieron el entremés antes del plato fuerte.

Movistar, ese equipo que da una de cal por dos de arena, el equipo que en esta Vuelta presenta el liderato bicéfalo mejor avenido que recordamos, condujo el grupo a mil por hora porque tenían un plan.

El mismo que echamos en falta en Javalambre, cuando cundió la sensación de que Valverde destapaba las carencias de Nairo.

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Y de esa forma los dos jefes consiguieron lo que muchas veces vuela de la ventana del Movistar sin que nadie ponga remedio: que trabajen todo el día y la victoria acabe en manos ajenas.

No sabemos si es que Nairo está en la prórroga de su estancia en el equipo celeste, si es que se ha desprovisto de los corseres que creo le han impuesto en los últimos años, o que sencillamente está harto que le tachemos de reservón, pero lo cierto es que el Nairo de Mas de la Costa ha sido la mejor versión de un corredor que, repetimos, es un corredorazo.

Sobre la bicicleta, en bailarina, una y otra vez, tensando el grupo, dando continuidad a ese equipo que ha dado dos saltos hacia adelante este año, el Jumbo, Nairo Quintana desempolvó la receta que creo que habrán de utilizar los telefónicos hasta el final de la Vuelta.

 

Un ataque, dos, tres, no sé cuántos, para dejar la general entre cuatro y en un pañuelo.

Cuatro corredores suenan para «campeonar» desde la sombra del ayuntamiento madrileño en un par de semanas, cuatro perfiles diferentes con quince días de trampas y sustos, en una carrera que, dicho sea de paso, está teniendo una tremenda cantidad de caídas, es complicado imaginar en manos de alguien que no esté entre estos cuatro.

Por qué apostar por Suunto???

El baile de Nairo Quintana destapó el final «asesino» de Alejandro Valverde, a quien no vemos aguantando hasta el final, pero que es admirable como se agarra a cualquier resquicio que la carrera le ofrece.

Cada año pasa lo mismo, esperamos que Valverde acabe reventando, pero mientras se descuelga o no, pone la gente a mil.

El año pasado ocurrió, en otros también.

Alejandro Valverde siempre ha tenido un idilio con la Vuelta, y pensar que podría ganarla diez años después pone a trabajar a los estadísticos.

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La suerte de Movistar en esta Vuelta se jugará en lo buen que trabajen juntos Nairo y Valverde, porque sobre el papel Roglic y López están por encima.

El colombiano tiene una asignatura, la crono de Pau, a la que llega con una diferencia mínima a falta de lo que pase en Andorra.

Roglic parece haber aprendido la lección del Giro en el que acabó vacío, exhausto tras casi dos semanas dominando las apuestas.

La Vuelta tiene cuatro corredores en medio minuto, amanece bonita, con ganas de más, una pena que muchos se hayan descolgado de una puja que pinta tan bien.

Imagen: FB de La Vuelta

¿Qué va a hacer Valverde en lo que queda de Tour?

Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor

Valverde, que dijo querer borrarse de la general del Tour, no está descartado

En el Tour del Movistar, hay un baile, como esas tres gracias del Prado, pero de dos, que protagonizan Nairo y Landa.

Una suerte de relación que monopoliza nuestros comentarios y centra la atención como esas parejas mal avenidas que en el ciclismo dejaron huella.

Pero en esta relación hay un tercero, del que nadie habla, pero que está ahí, a veces a rueda de Alaphilippe, otras con Egan, cuando no con Geraint.

Alejandro Valverde es el verso libre del Movistar en este Tour. 

Se lo ha ganado pensarán muchos, y es cierto, pero ese corredor que a inicios del Tour dejó claro, e insistió que no quería saber nada de la general, han pasado dos semanas largas y está en la puja.

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Alejandro Valverde es octavo del Tour. 

Camina a cinco minutos del líder Alaphilippe y quedan los Alpes por delante.

Todos los portabicicletas de techo en Cruz

Olvidada aquella finura que trajo de serie en la salida de Bruselas, Alejandro Valverde ha quemado dos tercios del Tour en la sombra, pero manteniéndose vivo, sorprendentemente vivo en la general.

¿Qué queda de ese Valverde en rol de gregario que vimos en la antesala de Planche?

Aquel día tiró del grupo, le dio el aire, aunque hemos visto servicios más generosos por los compañeros.

Porque, como dijimos mil veces, Valverde nació jefe y sigue pensando como tal.

Que es el campeón del mundo, joder.

 

Ayer tuvo una charla interesante entre Ares y Contador sobre Valverde…

Javier Ares, que es incapaz de ver nada malo en Valverde, defendía el valor estratégico de la plaza del murciano.

Contador, que conoce a Valverde porque se ha partido la cara con él muchas veces, le puso en su sitio.

Alejandro Valverde está por el top ten, dice Contador.

Y creo que está en lo cierto.

 

Ahora bien ¿qué le reporta un top ten a Valverde en el Tour?

Si vemos su rendimiento en los Pirineos, Valverde se ha dedicado a estar, simplemente a eso, que no es poco, o sí, teniendo en cuenta su dimensión.

Mientras en Movistar hay currantes que da gusto ver rodar por sus compañeros, dígase Marc Soler, dígase Andrey Amador, el tío más incondicional del pelotón, Valverde no ha dado un pedalada de más por la suerte de Mikel Landa.

Se habla mucho de Nairo, pero ¿Valverde?

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Tengo el pálpito de que Valverde sigue albergando el sueño de hacer algo sonado en el Tour, incluso ahora, que como él admite está en la prórroga de todo.

Y ha elegido este Tour, el más incierto de los tiempos recientes para echar la caña a pescar.

Alejandro Valverde y el Tour ha sido una relación casi platónica que se hizo material cuando pisó el podio, hace cuatro años, pero a nadie se le escapa que la carrera francesa estuvo casi siempre fuera del alcance del murciano.

Sin embargo, no desespera, en el año de su arcoíris, en el que ni iba a correr el Tour, vuelve a la carga con la carrera francesa.

Y sinceramente, no creo siquiera que se conforme con hacer un top ten.

Está ahí, a ver qué sale…

¿A quién le gusta ver a Valverde de gregario?

Valverde gregario JoanSeguidor

Valverde nació líder y creció líder, por eso nos extraña verle de gregario

A nosotros no, no nos gusta ver a Valverde trabajando para terceros, de gregario, desde luego.

Y seguro que a muchos de vosotros también os disgusta ver a Alejandro como un doméstico de lujo, un gregario de Arco Iris.

Que sí, que tienen mucha razón los que elogian su grandeza, su dignidad y sencillez portando el maillot de Campeón del Mundo y trabajando con humildad para su equipo.

Esto no se lo puede quitar nadie.

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Dicho esto, a nosotros nos sigue doliendo ver a Valverde, con sus 39 años y su impresionante trayectoria, marcar el ritmo del Movistar.

De acuerdo que ya hacía más de un mes que lo venía diciendo, que él venía a trabajar para Landa y Quintana.

Nada que reprochar.

Algunos quizás no nos lo creímos, pero no por nada, no porque mintiera, por supuesto, pero sí pensando que se guardaba ese as en la manga que le diera libertad para hacer lo que le diera en gana en carrera.

Sin tener que depender ni sacrificarse por nadie.

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Incluso el propio Movistar se vanagloria de que Alejandro, “con 39 años y toda una vida como ciclista profesional, con un Arco Iris en su pecho y espalda, no se le han caído los anillos para poner un paso durísimo al frente del pelotón por sus compañeros en todo un Tour de Francia”.

De acuerdo, pero… ¿para eso lo han llevado?

Incluso lo de “paso durísimo” podría ser muy discutible. Que nosotros sepamos no descolgó a nadie.

DT Swiss: la bicicleta se viste por las ruedas 

A nosotros nos dio la sensación de que no iba a tope, tampoco a medio gas, pero no «a full».

Tampoco su relevo, después de quitarse Marc Soler al frente del grupo, fue demasiado duradero.

Tan sólo unos pocos minutos, ¿cierto?

Esta vez fue al principio de la decisiva subida final a la Planche des Belles Filles, pero visto lo visto, parece que ésta será la tónica del tren del Movistar en las etapas de montaña: Soler-Valverde-Landa-Quintana.

¿Por este orden?

O mejor dicho… ¿debería ser éste el orden?

 

Porque hay algo que está muy claro: el eslabón de esta cadena es Alejandro.

Sin él, el Movistar se rompe como las cuentas de un collar.

“El Bala” también lo comentó hace pocas semanas, que él iba a mediar entre Landa y Nairo, porque Alejandro es el que transmite equilibrio, serenidad y templanza a ese tren que sin él corre el riesgo de descarrilar.

La prueba está en que cuando Valverde se aparta, nadie de su equipo le releva.

Y entonces es cuando sobreviene el caos.

De acuerdo que, por galones, tenía que ser Landa el que tirara del grupo, pero ya sabemos que Mikel no ha venido al Tour a trabajar para Nairo.

Quintana, el supuesto “capo”, por otro lado, tampoco dio la cara ni mostró esas ganas que se vienen esperando de él desde hace tiempo, más bien parecía escondido.

¿Vale la pena, entonces, que Valverde se sacrifique por él?

Ni por él, ni por nadie.

 

Cuando Alejandro  se quita del frente del grupo principal, el pelotón se despatarra,  Landa y Quintana se miran, no se mueven, echan un vistazo atrás y me imagino que piensan entre ellos aquello tan manido y divertido de “tira tú que a mí me da la risa”.

Está claro.

Vale que Landa lo intenta, a falta de 4 kilómetros, pero visto el resultado final aquello más bien pareció “un ataque de peseta” o “de fuegos artificiales”.

El caso es que, ante este panorama, Ineos no tiene más remedio que ponerse a comandar el grupo con Kwiatkowski, Bernal y Thomas, aunque por poco rato, ya que el orgullo de Alejandro lo lleva de nuevo a ponerse en cabeza para seguir tirando.

Porque Valverde no se había descolgado, simplemente se había ido a la sala de recuperación por unos instantes.

Tampoco dura mucho este intento de estirón, viendo que así no iba a ningún lado, vista la actitud de sus otros dos compañeros de equipo, no iba a hacerle el trabajo al Team Ineos.

Eso estaba claro.

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De acuerdo que puede ser la primera vez que veamos a Alejandro sacrificarse y trabajar por el equipo y no tendríamos que alarmarnos por este hecho: es su trabajo y punto.

Está cumpliendo con su palabra y su deber de gregario.

Pero duele verlo así, sobre todo si luego su esfuerzo es en balde y ni Nairo ni Landa son capaces de ganar este Tour, teniendo un gregario de lujo y después de cargarse y quemar a todo un campeón del Mundo y de España.

Es algo a lo que no estamos acostumbrados, la verdad.

Marc-Alejandro-Mikel-Nairo… ¿cuál sería vuestro orden preferido?

¿Dónde quedaron los campeones con papada?

delgadez ciclistas JoanSeguidor

El Tour se juega en un concurso de ciclistas que cada vez nos parece más delgados

Esta galería de caras del Movistar Team para el Tour que empieza ya es un retrato de una realidad dispar que dibuja este ciclismo que llamamos moderno.

Caras, semblantes de toda índole y condición, corredores de toda constitución y cosas que, como podéis imaginaros, llaman la atención.

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Leía el otro día Miguel Indurain hablar de bocatas de jamón por geles en su época

Podemos tirar de tópicos, agarrarnos a «lo antiguo era mejor» y esas cosas.

Los tiempos corren, cambian, cierto.

El ciclista por definición siempre ha sido flaco, un milagro de persona humana, un alambre que se mantiene en pie en raro equilibrio y surca mares de gente a merced de millones de personas que los tocan, chillan y espolean.

Mirar atrás y recordad la corpulencia de nuestro querido Mariano Cañardo, angulado, pesado a la vista, poderoso en el llano, temerario en los descensos.

Era belga en apariencia.

En contra Fede Bahamontes, aquel chico de Toledo que creció en medio del hambre y la destrucción.

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Luis Ocaña en esas imágenes del Col de Menté, quejoso, parecía un saquito de huesos mal puestos y en medio de la tormenta.

Miguel Indurain pasaba de cero a cien en el control del peso de invierno a verano.

Le recuerdo especialmente fino, con un rostro huesudo aquel día de Les Arcs, deshidratado, pidiendo agua y aire.

☕ ¡El último rato de charla y café antes de arrancar mañana! #RodamosJuntos | Le Tour de France

Publicada por Movistar Team en Viernes, 5 de julio de 2019

DT-Swiss 2019

 

El ciclista ha sido flaco por definición y aquellos que se pasaron de peso, la memoria del aficionado les penaliza

Pero ello no quita que hubiera excelentes corredores que lucían papada, cara ancha, aunque su cuerpecito fuera un milagro de la física.

Ciclistas que si miramos atrás no llevarán a los tiempos de Gino Bartali, esa cara esquinada y alargada, el perfil aguileño de Jacques Anquetil, Felice Gimondi o Bernard Thevénet tenían constituciones no precisamente finas.

Bernard Hinault, con esa cara de mala hostia bretona. 

Greg Lemond y su afilado semblante, que no exprimido, como Perico, o Fignon, o Roche…

Y ¿qué nos decís de Jan Ullrich?

 

Todos ganaron el Tour, todos fueron grandes, ninguno lució los tipos que creo que un día, en el programa del «marginal gains» del Team Sky se acabaron por imponer.

De Michael Rasmussen, una bailarina sin pelo, a Bradley Wiggins, un ciclista que recuerdo aquella caída del Tour de 2011, cuando lo recogían del suelo no tenía piernas, tenía cañitas.

Chris Froome tuvo una complexión más «normal» en su época del Barloworld, como Geraint Thomas.

Así retrata el Suunto 9 nuestros momentos inolvidables sobre una bicicleta 

El primero ha afinado hasta extremos insospechados, G, sin embargo, mantiene cierta envergadura en su cara.

Con o sin el Team Sky, ahora Ineos, el ciclismo camina por la senda, no voy a decir de lo insalubre, porque no nos toca decirlo, pero sí de lo estéticamente impactante.

Egan Bernal, por ejemplo, nada que ver con Nairo o Rigo Urán, dos campeones que mantienen cierta redondez en el gesto.

¿Qué decir de Romain Bardet?

 

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En estrado del Tour, en el Marca, en todos los sitios le preguntan a Alejandro Valverde por su peso y aspecto, porque al margen de las «marginal gains» del peso, y sin juzgar su endocrino, ver al murciano impacta.

Y ahí está esa foto del Movistar en la víspera del Tour, algunos como Mikel Landa llevarán de por vida esa tez casi infantil, redonda, que no les impiden dar su mejor tono.

Otros como Imanol Erviti, que necesitan de corpulencia, o el propio Andrey Amador, perfectamente cincelado.

Yo sé que se impone sacrificios en la mesa, que como dijo Contador, a veces no concilias el sueño con el hambre que corroe tu estómago, pero hay corredores que rozan tales niveles que nos demuestran cuánto ponen en juego estos pros que se jugarán su suerte en tres semanas por Francia.

¿Y si Alejandro Valverde quisiera ahora el Tour?

Gran Fondo New York JoanSeguidor

La figura de Valverde, las ausencias, el anonimato… pueden llevarle a optar al increíble premio del Tour

Alejandro Valverde, el más flaco que hemos visto en nuestra vida, sólo decir que le vemos demasiado fino, es suficiente para generar un tsunami de todo tipo.

Gente hasta descalificando.

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Y sin embargo él mismo lo admite, en la pieza que firma Nacho Labarga en Marca.

Es cierto que nunca he llegado a estar en este peso, estoy muy delgado. Era algo que me propuse, quedarme tan delgado para ver cómo se quedaba mi cuerpo. Tampoco quería perder demasiado porque entonces corres el peligro de perder músculo y fuerza, que no es la idea. Pero en Occitánia vi que el cuerpo respondió bien durante cuatro días, las conclusiones eran buenas.

Sea como fuere, uno no afina hasta hacer invisible la piel sin más motivo de ver qué pasa.

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Nos lo comentaban tal cual: no es descabellado que Alejandro Valverde ansíe el Tour de Francia.

Nos frotamos los ojos, pero escuchamos.

Así sienta una jornada de ciclismo por La Cerdanya

Alejandro Valverde dice en la misma entrevista que se ha impuesto desconectar de la general a las primeras de cambio, que mediará, si es necesario, entre Landa y Nairo.

Ni que fuera un matrimonio en disputa.

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Lo dice, igual que lo ha dicho otras tantas veces.

Desconectar de la general, con su gen competitivo, nos parece una quimera, así, a priori, igual en una semana, cuando el Tour ya camine por Francia, la realidad es otra.

Alejandro Valverde no ha nacido para ser gregario, lo ha sido en contadas ocasiones, fue capo desde el minuto uno que pisó la carretera, y no creo que alargue su trayectoria por terceros.

Esa es otra, la renovación.

 

Del tronado tridente del Movistar es el único que seguirá en el equipo, al menos que se sepa a día de hoy.

Tres son multitud, Landa y Nairo se bastan y se sobran para dar titulares, faltaba Valverde.

En una edición que además viene sin los dos grandes del cartel, junto al vigente ganador, del que nadie habla, de Geraint Thomas.

La ausencia de inglés y neerlandés es otro acicate para ese cuerpecito que a pesar de haber recuperado un kilito desde Occitania sí tiene pinta de pasar hambre.

Alejandro Valverde delgado JoanSeguidor

 

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Para Valverde el Tour que se presenta no le va tan mal, más allá de las cimas por encima de los 2000 metros que habrá en el tramo final.

Sinceramente, nunca hemos visto a Alejandro Valverde ganando el Tour, ni ahora, ni hace diez años, cuando muchos le aupaban en las quinielas.

Es un excelso corredor sin necesidad de ganar el Tour para ser considerado como uno de los más grandes de siempre, sin embargo, decir que Alejandro Valverde nunca ha soñado con ganar esta carrera sería faltar a la verdad.

En su fuero interno, en su corazoncito existe ese pequeño recodo de esperanza.

Y ya que no estuvo en el Giro, le queda la puerta abierta a, al menos, intentarlo, parapetado en el anonimato de las grandes apuestas que miran a Nairo y Landa.

Es una quimera, suena como tal, pero a este murciano la capacidad de asombro del personal es algo que le ha gustado maltratar cada vez que le ha surgido la ocasión.