Flecha Valona: bloqueo, dolor y tragedia

Alejandro Valverde- JoanSeguidor

En la Flecha Valona ganar escapado es tarea ardua

En esta previa de la Flecha Valona, permitidnos rescatar unos párrafos que desmembran la unidad de Bélgica en varias realidades que conviven en continua fragilidad…

Tres colores verticales visten la bandera belga: negro, amarillo y rojo. Repartidos equitativamente, en tercios, cada color tiene su qué. El negro viene de la armadura, el amarillo por el color del león de las armas y el rojo procede de la lengua y dientes de ese león.

No siempre fue así.

Hasta hacer su enseña una réplica de la tricolor francesa, ésta era horizontal y con ésta combatieron el rodillo de los Austrias en el siglo XVIII.

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Bélgica es un país que alcanzó la independencia en 1830. Sus colores vienen heredados de la heráldica de Bramante, la región central de un país polarizado por dos vertientes muy opuestas en todo: Flandes y Valonia. En la primera la vida es rural y vecinal, la otra es industrial y afrancesada.

Ni mejor, ni peor, diferentes.

En medio, Bruselas, color púrpura y flor de lys en medio, flor amarilla por cierto.

Bandera Flecha Valona JoanSeguidor

Al sur, encajada en montañas, al final de las Árdenas, territorio hostil y bélico, la región alemana, también llamada Limburgo, con león desafiante, casi flamígero rojo y nueve rosas, tantas como ayuntamientos.

Encima de ésta Valonia, la patria de la Lieja-Bastogne-Lieja y la Flecha Valona:

Su bandera es un gallo, semi protectorado francés.

Un gallo rojo sobre fondo amarillo.

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La bandera flamenca es otro cantar, harina de otro costal.

El león negro sobre fondo amarillo es la bandera de Flandes y casi diría que la del ciclismo.

Sólo algunas otras se podrían medir a ella, la ikurriña vasca, inspirada en la Union Jack, y la luxemburguesa –la civil, que es de franjas azules horizontales con león rampante coronado y con dos rabos- muy frecuente en los muros que van a Lieja cuando los Schleck guardaban opciones de victoria.

La bandera flamenca echa raíces en 1302 cuando Pieter de Coninck la desplegó en la batalla contra los franceses en la ciudad de Kortrijk

 

Hecho este inciso de vexilología, queremos explicar que la naturaleza de la Flecha Valona es el cambio de paso en la campaña ciclista.

La primavera desfloró y explotó hace semanas y el tránsito leve, compartido con el Tour de los Alpes, marca el paso hacia las grandes vueltas.

En Huy, una bicicleta eléctrica podría ser una buena opción… 

Por eso el perfil de los gallos que optan a dominar el Muro de Huy, uno de los dos de Bélgica, con el de la capilla, cambia respecto a los nombres del adoquín.

DT-Swiss 2019

 

Son carreras, en el caso de la Flecha Valona, que se dicen bloqueadas por ese final, allá, al albur de los doscientos kilómetros, en rampas salvajes que hacen de Huy el kilometro más largo de la temporada.

Una pena, porque en el camino, se dejan cotas, parajes y sitios realmente ciclistas, con esa estética fabril y el verde invadiendo la escena.

La Flecha Valona es una carrera casi imposible de romper antes de ese endemoniado final

 

Y la estadística lo dice.

Algunos ganaron con un suspiro sobre el pelotón, las dos de Davide Rebellin, el corredor que debutó en tiempos de Miguel Indurain y sigue por esos mundos.

Pero lo que es una fuga victoriosa, deberíamos irnos a la victoria de Igor Astarloa en su mágico 2003 o la exhibición de Michele Bartoli, cuatro años antes, en un día de perros y pocas horas antes de probar en primera persona por qué VDB era el valón mágico.

 

 

Y así las cosas damos cinco nombres para esta Flecha Valona yendo a los más obvios, porque como se vio, por ejemplo en la Amstel, cuando vas con rodeos te quedas en tierra de nadie.

Cualquier pronóstico pone en lo alto al ganador saliente, Julian Alaphilippe quien viene de dos derrotas que escuecen, de manos de Van der Poel, que no estará, que ensombrecen una campaña perfecta.

Nos da que el mal momento de Alaphilippe en la Amstel, que la pólvora mojada de Brabanzona le dan la razón cuando admitió no estar en el soberbio punto de forma de hace un año.

¿Le habrá pasado factura la caída de la Itzulia a Julian Alaphilippe?

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En la parrilla de salida, delante, también sale Alejandro Valverde, el recordman histórico de la carrera.

Una cosa va en su favor, no tiene la responsabilidad de bloqueo de otros años, un peso que la temporada pasada le pudo pesar hasta el mismo final.

Y eso en este Movistar que no va como antaño, ya habrá tiempo de comentarlo, ya es un qué.

Si Valverde pierde o no punch en el final lo sabrá él mejor que nadie, y quizá un cambio de estrategia le pudiera funcionar.

 

Porque si hay que romper la Flecha Valona de lejos, Tim Wellens oposita por ello

Lo intentó años atrás, aunque la realidad es tristemente hostil con los valientes de esta carrera.

Le queda su equipo la baza de Jelle Vanendert para el final.

Éste, no sé porqué, siempre va bien solo y exclusivamente en estas carreras.

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Adam Yates joanSeguidor

 

Y dejadnos un rincón para la justicia poética.

Dos nombres queremos lanzar Adam Yates y Daniel Martin.

El primero porque lleva una campaña excelente sin la guinda de un gran triunfo, el otro porque lleva años picando piedra en las canteras de Huy sin que le surja el premio.

Y al final otro nombre, del que hemos hablado mucho esta primavera: Jakob Fuglsang

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Valverde & Gilbert, comparaciones odiosas

Philippe Gilbert JoanSeguidor

Tantos años en la élite, Valverde y Gilbert comparten similitudes y muchas diferencias

En las horas posteriores a la Paris-Roubaix, que nos dejó boquiabiertos ante la enorme proeza de Philippe Gilbert de conseguir vencer en cuatro de los cinco monumentos del ciclismo, empezaron a circular por las redes sociales tweets y comentarios comparando al ciclista valón con Alejandro Valverde…

“Si Gilbert ha podido con Flandes y Roubaix imaginaros que hubiera hecho el Bala”

Si Valverde hubiera nacido en Bélgica hubiera sido el nuevo De Vlaeminck”

“Si Valverde hubiera corrido en otro equipo…” etc.

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Tales comparaciones, cómo es lógico, están hechas con la emoción de lo acontecido el domingo por la tarde en el Velódromo André-Pétrieux, pero no son más que expresiones de deseo, de historia-ficción y de irrealidad, pues la verdad es muy distinta.

Valverde nació en Murcia y no en Flandes, Valverde ha corrido toda su vida en la estructura de Eusebio Unzué y no para Patrick Lefevere, y Valverde no tiene que compararse con Gilbert porqué son corredores muy distintos, ambos muy grandes, de lo mejorcito del siglo XXI, pero analizando su palmarés nos damos cuenta de cuan diferentes son.

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Históricamente, Valverde ha sido un gran corredor de las clásicas, especialmente las de las Ardenas dónde ha conseguido grandes resultados, cinco Flechas Valonas y sobretodo, cuatro Lieja-Bastogne-Lieja.

También ha sido un grandísimo corredor de vueltas por etapas de una semana, consiguiendo entre otras dos Dauphiné, tres Voltes a Catalunya y dos Itzulias. En lo que a grandes vueltas se refiere ha ganado una Vuelta España y ha hecho podio en Giro y Vuelta.

Para colmar el vaso, el murciano ganó el Mundial de Innsbruck para así redondear un magnífico palmarés al alcance de muy pocos.

Philippe Gilbert, en cambio, ha sido un tipo de corredor distinto: un caza etapas, pues tiene victorias parciales en todas las grandes vueltas y en algunas de una semana, pero nunca ha ganado una clasificación general del World Tour, ganó la Vuelta a Bélgica (2.HC.) en 2011.

Pero en el terreno en el que claramente destaca el valón han sido las clásicas, las de las cotas, como Valverde y las de adoquines.

Pues ha ganado en dos ocasiones Lombardía, en 2011 la Lieja-Bastogne-Lieja, Flecha Valona, Tour de Flandes, Paris-Tours, Flecha Brabanzona, la Amstel Gold Race en cuatro ocasiones, Giro del Piemonte, GP de Québec, la Clásica de San Sebastián, París-Roubaix y en 2012 ganó el Mundial en Valkenbug.

Con un simple análisis uno se da cuenta de que si bien ambos corredores comparten victorias en algunas clásicas de las Ardenas, en San Sebastián y el Mundial, poco más tienen en común su palmarés, cuando el murciano ganaba generales de vueltas de una semana, el valón ganaba sobre adoquines; cuando Gilbert ganaba monumentos, Valverde ganaba la Vuelta a España y hacía podio en Tour y Giro.

Dos corredores muy distintos y al mismo tiempo excepcionales.

Sebastián Mora vive por y para Tokyo 2020

DT-Swiss 2019

Cuando uno repasa algunos comentarios formulados en las redes, muchos cargan contra el equipo telefónico, al que califican de conservador y poco aventurero en el mejor de los casos.

El que aquí escribe siempre se ha mostrado crítico con la gestión del equipo de Unzué, pero es de justicia repartir las responsabilidades a partes iguales.

Es decir, si bien es cierto que Movistar nunca antes había llevado a Valverde a Flandes, también es cierto que si Flandes hubiera sido un objetivo prioritario para el murciano, este podría haber presionado al equipo para que le inscribieran.

En todo caso, uno cree que tanto el corredor como el equipo prefirieron en su momento centrar el tiro en aquellas carreras que a priori encajaban mejor con las habilidades del murciano y con los intereses del equipo y dejar a un lado los sueños húmedos del aficionado español.

Valverde Flandes

Pensar que Valverde podría haber ganado los cinco monumentos del ciclismo es suponer demasiado, y más viendo que de los cinco, de momento, “solo” ha ganado en Lieja-Bastogne-Lieja.

El pasado año participó en Lombardía después de ganar el Mundial, con un meritorio decimoprimer puesto.

Pero nunca se le vio con piernas para ganar a Pinot.

Este año vimos a Valverde terminar en el grupo de favoritos de Milán-San Remo y en De Ronde, un gran resultado y más para un corredor que no pone el foco en este tipo de carreras, pero en ciclismo una cosa es estar en la pomada y otra muy distinta es llevarse el gato al agua, y sino que se lo pregunten a Sagan, quién ha subido tres veces en el podio de San Remo pero nunca en el cajón más alto, o a Van Avermaet, que aun siendo siempre protagonista en Flandes, no ha ganado nunca la carrera de su casa.

Por lo que respeta a Roubaix, es imposible poder pensar que Valverde pueda inscribir su nombre en las duchas del velódromo si nunca ha tomado la salida de Compiègne.

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El aquí firmante es de la opinión que los aficionados al ciclismo tenemos que disfrutar del astro murciano.

De nada sirve lamentarse y pensar en qué podría haber hecho, gocemos de lo que nos regale el de Las Lumbreras, valoremos lo que nos ha dado y arropémoslo ante cualquier reto que se plantee.

Y si alguno quiere soñar, que sueñe con ver a Valverde cruzar primero la meta de Tokio 2020, la guinda para un pastel que ya de por si no puede ser más suculento.

Por Robert Brugé Casadevall

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La involución de Eusebio Unzué en el MOVISTAR

MOVISTAR y LUIS OCAÑA

Unzue movistar, Lo que hoy es Movistar es una suma de episodios cuyo prólogo se escribió hace más de treinta años.

Desde que Luis Ocaña, quien en breve tendrá una biografía del tamaño de su aureola, dejara la bicicleta, el ciclismo español entró en un periodo sombrío de escasos resultados que se alargó la última parte de los setenta e inicios de los ochenta.

Pero como todo ciclo, el periodo tocó a su fin, y éste llegó con la implosión del equipo Reynolds, principalmente, y una pléyade de ciclistas que con descaro y ganas como único equipaje dinamitaron el Tour de Francia de 1983.

Pedro Delgado, Laguía Angel Arroyo, Ciclista de siempre

Esa generación tenía un capitán, Angel Arroyo, y le seguían otros que luego harían camino dentro y fuera de las Españas, Pedro Delgado, José Luis Laguía, Julián Gorospe,… hasta entroncar con Miguel Indurain y la parte sustancial del ciclismo moderno español.

Por las huestes de la estructura navarra que pasaría por diferentes nombres echaron a andar magníficos ciclistas y pasaron otros que, aunque no formados en la casa, encontraron buenos éxitos en la misma, hablamos principalmente de Abraham Olano y Alejandro Valverde.

La sola mención de los actores de esta historia nos mete en harina y dimensiona la calidad y tamaño del grupo. Como hilo común una historia de frailes y dos hombres José Miguel Echávarri, un Dios con los pies en la tierra del ciclismo patrio, y Eusebio Unzué, su segundo, quien con los años se ha mantenido en la primera línea.

Quien Eusebio Unzue

Unzué es una persona con una extraordinaria suerte. Sale ileso de todo y todos, y cuando digo de todo, me refiero a todo, mientras el mundo se desmorona a sus pies. En 2014 esta teoría cobrará forma absoluta cuando veamos que su Movistar será el único equipo español en el máximo circuito.

El técnico navarro, cuyas decisiones reposan y se transmiten a través de otros directores al mando, también tuvo sus momentos de zozobra cuando con las retiradas de patrocinio de Banesto y Caisse d´ Epargne estuvo con opciones de no seguir adelante con este equipo. Al final, no obstante, el cuadro siempre siguió su camino.

Con Rui Costa en el Mundial de Florencia, Unzué saca pecho por firmar el único triunfo que le faltaba por asimilar: el arco iris de ruta.

En esta entrevista con Benito Urraburu, Unzué repasa su excelsa trayectoria y algunos de los nombres que pasaron por sus manos. Es realmente un privilegiado, ni Cyrille Guimard puede atesorar un currículo de tal calidad y extensión.

Leyendo su palmarés y lo poco que le queda por ganar, y que poco hará por conseguirlo pues le dan alergia Roubaix y Flandes, resulta aún más terrible ver cómo malbarata las opciones de un equipo, el Movistar, que habiendo firmado un buen año, por la singular calidad que reúne, está lejos de lo que debiera ser en términos de espectáculo y resultados.

La frustración que produce ver varios hombres de azul todas las carreras, siempre en mayoría en los momentos clave, ejerciendo de mero relleno, ha sido la tónica de estos años. Lombardía, el último botón.

“Ganar con el mínimo de riesgo pues en el fondo la calidad acabará decidiendo”. Si Movistar fuera una casa, ese sería el lema del dintel de entrada.

Si vemos los mejores momentos del equipo, Rui Costa y Giovanni Visconti ganaron por que no corrieron al estilo Eusebio, y Nairo Quintana logró lo que logró por que es tan bueno que descorcha los límites tácticos de su mentor.

Eso sí, quien se ha ceñido al guion marcado, es decir Alejandro Valverde, se ha marcado una temporada gris, con resultados de mucho valor, pero muy alejados del tremendo ganador que fue este corredor.

 

«Un ciclista que es capaz de ganar una contrarreloj en la Vuelta a Andalucía, en una llegada en alto y en un grupo al sprint no muy amplio de corredores, es único a nivel mundial»

 

Aunque si en el discurso de Eusebio Unzué se interioriza la Vuelta a Andalucía, con todo el respeto para la carrera y el enorme esfuerzo que se realiza para sacarla adelante, como el faro de las virtudes de Valverde, queda todo dicho.

Foto tomada de www.esciclismo.com

¿Y si Valverde hubiera ido a por clásicas?

Alejandro Valverde clasicas JoanSeguidor

¿Vueltas o clásicas? Valverde está cerca de culminar una trayectoria enorme y única

¿Y si? ¿y si?

¿Cuántas veces nos hemos planteado esta pregunta en condicional?

¿Cuántas veces nos hemos quedado con las ganas de la respuesta cierta?

Alejandro Valverde en las clásicas: que si es un superdotado, que lo tiene en las piernas, que puede con cualquier cosa

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Y sin embargo, los que le seguimos desde el minuto uno de su trayectoria profesional sabemos que para Alejandro Valverde las clásicas han jugado su papel, pero nunca prioritario ni preeminente sobre sus verdaderas ilusiones en esta vida: las vueltas y las grandes vueltas.

Recuerdo un recorte que leí no hace mucho, del mítico Meta 2Mil, en el que Valverde, tez jovencísima, vistiendo los colores del Kelme, admitía casi nulo interés por San Remo.

Muchos hacen cábalas, qué habría ganado de haberse centrado, de haber corrido más veces en Flandes…

Es lo de siembre: lo de Valverde y los estadísticos.

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Estos días, con el regusto de verle delante en Flandes, también en San Remo apuntamos qué habría sido si su interés por estas carreras hubiera sido otro, si las hubiera frecuentado, mamado y aprendido.

Y el resultado es como uno de esos ¿y si?…

Porque Alejandro Valverde quizá no necesitara más ediciones en las piernas y en el ánimo para afrontar un monumento con garantías.

Se ha visto en Flandes, su debut a los 38 años le ha valido un octavo puesto, nada menos, firmado entre los grandes gallos.

Que en esta carrera ni había pocos y no eran pocas las dificultades que veíamos en su camino.

 

Valverde tiene un don, recuerdo que lo dijimos cuando volvió de su sanción, es ciclista de 360 grados y 365 días.

Lo hace fácil, sencillo, sin complicaciones.

Es uno de esas personas que nació para ser esto, campeón, siempre capo, desde el minuto cero.

 

Se le fue el caballo en Flandes, como se le escapó a otros tantos.

Alberto Bettiol estaba fortísimo, como Julian Alaphilippe en San Remo.

Así las cosas, no tiene nada más que reprocharse, ni lo tenemos nosotros, que nos lo imaginamos en aquellas carreras que los frikis como un servidor tenemos en la mesita de noche.

 

En su día marcó las grandes, y aunque, objetivamente, el Tour nunca estuvo a su alcance, se ha llevado un podio comparte entre una ristra de victorias única, infinita, más allá del centenar en un cesto donde caben todos los registros del ciclismo.

Así es una jornada de cicloturismo en la Sea Otter 

Alejandro Valverde tuvo el Tour como el lucero que guió su camino hasta que fue tercero, un tope al que aspiran contados mortales, pero por medio no descuidó aquellas clásicas que le iban mejor y se acoplaban a ese perfil de killer que nunca dejó en el camino.

 

Por que Valverde ha corrido muy poco en Flandes, pero se ha prodigado en las Árdenas y pisa terrenos ignótos en Flecha y Lieja, donde come del mismo plato que gente como Eddy Merckx y Moreno Argentin.

Poca broma.

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Por eso, ahora, con el arcoíris, en la recta final de una carrera deportiva que leemos puede tocar a su fin en un par de años, que se dedique a Flandes y pueda, por qué no, domarlo un día, pues ya nos está bien.

Este paso por De Ronde es el primero, esperamos que no el último, como siempre Valverde es un ciclista en el borde de consumir nuestra capacidad de asombro.

Como una vez leí a uno que sabe mucho sobre el murciano: ¿Qué más se le puede pedir con ese palmarés?

Imagen tomada de FB de Movistar Team

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Flandes y la zona de confort de Valverde

Gran Fondo New York JoanSeguidor

Si Valverde quiere algo en Flandes deberá correr muy diferente a como lo hace en las carreras que acostumbra dominar

Llega el día, el fin de semana del debut de Alejandro Valverde en Flandes.

De Ronde sigue teniendo al campeón del mundo, la misma figura que ganara en la espaldas de Peter Sagan hace tres años, pero ahora en carne y hueso de un español, Alejandro Valverde.

Quienes no las teníamos todas, queríamos llegar a este punto para tener el convencimiento de que sí, de que Valverde será el arcoíris de Flandes.

 

El dribbling del año pasado a una de las carreras más singulares del calendario, después de estar en el grupo de cabeza de A Través de Flandes, nos dejó ese sabor de boca que dejan los campeones que pueden aspirar a todo y hacen soñar a la afición.

Alejandro Valverde y el Movistar priorizaron el Gran Premio Miguel Indurain sobre Flandes, y aunque están en todo su derecho de ir a donde quiera que les apetezca, la decisión tuvo su miga.

Y es que Valverde no se entenderá sin muchas cosas, su carisma, su clase, su pasión por este deporte, pero también por las elecciones del calendario, prefiriendo muchas veces carreras domésticas, que tiene por la mano, sobre retos tipo San Remo o De Ronde.

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En este Tour de Flandes, Alejandro Valverde tendrá focos, por ser quien es y portar la camisola que viste, pero creo que sus opciones pasan por la carambola de muchas circunstancias.

Lo vimos en A Través de Flandes, el miércoles, una carrera que tenía excelentes ciclistas, aunque no tantos…

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Valverde iba bien situado, con Nelson Oliveira escapado, y con la carrera controlada, en apariencia.

El contraataque de Benoon y Jungels le pilló con el pie cambiado, sencillamente no estuvo.

En Guadarrama vimos una de las mejores etapas de los tiempos recientes… 

Por delante belga y luxemburgués recogieron lo que quedaba de la escapada, entre otros al ganador final, Van der Poel.

 

Así es Flandes, así son sus carreras, un chispazo y se acabó

Son partidos sólo de ida, a cara de perro, las segundas oportunidades son pequeños que de producirse deberían agradecerse con una peregrinación a Caravaca.

Aquí no se corre como en Murcia, o en Andalucía o en el Indurain.

 

Hay un punto de no retorno entre encajar golpes y ser efectivo, una línea fina e imperceptible que exige tomar el mando y no quedarse a verlas venir, sobre todo cuando tu equipo no es el de otros.

Por esto Alejandro Valverde necesitará algo más que suerte, tendrá que dar con una alquimia que en estas carreteras tan ajenas a la cultura de este lado de los Pirineos precisa medir fuerzas, las de los rivales y tener la confianza, y el cuajo, de arriesgar como no harías en tu zona de confort.

 

Pero hay más, el conocimiento del terreno.

Correr en Flandes es un mareo de idas y venidas, curvas, virajes, caminos y casi senderos que te deja exhausto.

Leed esta entrevista a Heinrich Haussler, segundo hace diez años, en las ediciones en las que Devolder sacaba punta a la labor de Boonen.

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Dice Haussler que el año pasado Mohoric, ese prodigio de la naturaleza, debutaba el año pasado en De Ronde.

Estaba, culo inquieto, nerviosísimo toda la carrera: «¿Salto ya?».

El esloveno no conocía Flandes ni su terreno, no sabía de las sutilezas del lugar.

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Suplir esa carencia de conocimientos, en un entorno, el Movistar, muy dado a bajar los brazos cuando las cosas se tuercen fuera de su zona de confort.

De cómo Valverde salga de ella, quiera arriesgar, divertirse y ver dónde llega puede girar su éxito en Flandes.

Sobre el papel, el entusiasmo de verle en Flandes podría satisfacer, pero al murciano, como a los genios, siempre le pedimos más.

¿Nos lo dará?

Imagen: FB de Movistar Team

Javier Mínguez, me gustaron sus formas hacer ciclismo

Javier Minguez y como es la Real federación española de ciclismo

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera.

La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro.

Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Javier Minguez

Con esta premisa, nada desdeñable, más otros perfiles dibujados del seleccionador y su afinidad por las grandes vueltas y escaso bagaje en carreras de un día –se adjudica el primer Mundial de Freire cada vez que puede-, lo cierto es que el caldo de cultivo que rodeaba a Javier Mínguez antes del Mundial no era el mejor.

Un entorno enrarecido por la confección de un equipo que no escatimó estrellas y sí trabajadores y que llevó a desdeñar la crono, donde las opciones eran escasas, con un ciclista como Luis León Sánchez que para hacer lo que hizo bien podría haber hecho hueco a algún joven que merece adquirir experiencia.

Pero volviendo al fondo, el devenir de la carrera nos mostró un “savoire faire” muy diferente a sus antecesores.

Si entrar en cada corte, salir a cualquier ataque y controlar la carrera lo máximo hasta el final eran signos del credo de Paco Antequera y José Luis de Santos, la noción de Mínguez hablaba de “laisser faire”, dejar hacer, quemar vueltas y emerger en el momento importante.

Pelotón español

Y así fue. Mientras el desespero por no ver a ningún español con Giovanni Visconti se hizo patente, España tenía hasta siete unidades en un pelotón de donde todos los ingleses ya se habían apeado de la bicicleta.

Luego en el momento clave dos ciclistas de cuatro fue el resultado de tal labor, perfecto, con el añadido de que si el grupo de Cancellara y Sagan entraba por detrás, circulaba Dani Moreno.

Aunque la labor de equipo fuera invisible, aunque España no estuviera con el rol de protagonista que en otras ocasiones marcó su carrera, el resultado fue interesante, tanto como las maneras del técnico.

Mucha gente se ofendió porque señalara a Alejandro Valverde al final de la carrera cuando lo que lamentamos en la mayoría de ocasiones es que lo políticamente correcto se imponga al análisis objetivo.

Javier Minguez dijo que el desenlace del mundial fue culpa de Valverde con toda la razón y sin rodeos.

Obviamente su situación le permite las alegrías que algún antecesor suyo no se habría tomado. Estaba sin cobrar y sin ninguna garantía de que fuera a seguir en el cargo, hablaba como cuando lo hacía por los micros del butano.

Quizá en este nivel algunos prefieran el perfil bajo y ajeno a la autocrítica de Eusebio Unzue, a quien sólo conozco palabras gruesas para otros y nunca para sí mismo. Recuerden la maniobra del Team Sky en Valdezcaray el año pasado. El grado de ofensa que mostró fue tal que no entró en sus errores.

En fin que nunca sabemos lo que queremos, lamentamos que algunas declaraciones atenten directamente contra nuestra inteligencia y cuando se habla claro y en plata nos parece brusco. Como argumenté el otro día: C´est la vie.

Milán-San Remo: Julian Alaphilippe, ese corredor que todo lo puede

Freno de disco Alaphilippe JoanSeguidor

Siguen cayendo los muros para Julien Alaphilippe

En las grandes carreras, las citas de verdad, un monumento por ejemplo, los mejores confluyen, de una manera u otra en el momento estrella.

La Milán-San Remo de 2019 fue un ejemplo de lo que decimos: una travesía toda velocidad -media hora más rápida que el año pasado-, que descorchó en la coronilla del Poggio para dar con un grupo que pocas veces veremos reunido.

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Julian Alaphilippe ha sacado la chistera, la varita y el conejo

Es un corredor mágico, ya puede llorar, ya: Ha juntado Strade Bianche con San Remo como Cancellara y Kwiatkowski el mismo año.

Es uno de esos ciclistas que sabes que te van a ganar y te gana.

290 kilómetros después de salir del Castello Sforzesco, Alaphilippe perpetuó una obra maestra al nivel de los grandes genios que eternizaron la bella Italia.

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Secó a Mohoric, dio el peso a Sagan y sólo saltó cuando fue menester.

Un corredor que dos años antes había superado por Sagan y Kwiatkowski aquí mismo.

Un corredor que tomó el mando ya en el Poggio, en cuyas pendientes su equipo, Gilbert y Stybar, mediante, ya le dio los galones.

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Julien Alaphilippe tiene sólo 26 años y es un killer, el ciclista que todos vigilan pero que sale a flote.

En medio de un pelotón de estrellas.

Porque el tramo final del Poggio se deshizo entre los grandes nombres, entre posiblemente los mejores que concurrían.

Los siete que salieron de la curva a izquierdas de la cabina del Poggio quizá nunca los volvamos a ver juntos: Alaphilippe, Sagan, Valverde, Van Aert, Kwiatkowski, Trentin y Naesen.

 

El grupo de las estrellas al nivel de la trascendencia de una carrera que es adorable.

Una carrera en la que un kilometraje de antaño convierte en normal lo anormal.

Mirad a Peter Sagan en la panza del grupo, a la puerta del podio, Matteo Trentin sin opción, tras aguantar los capos en el Poggio…

 

Y los velocistas, esa especie denostada, si la carrera les favorece es que ha sido un bodrio, que quedó fuera de concurso en el último suspiro.

El Lotto, toda la carrera controlando, y Caleb Ewan se quedó cortado.

Dylan Groenewegen, sufriendo en La Cripessa.

Elia Viviani, descolgado al ritmo de Gilbert y Stybar.

Fernando Gavira, de quien no supimos.

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Otro capítulo a mencionar: Alejandro Valverde, el espejo de Julian Alaphilippe para muchos.

Sin correr desde el UAE Tour, no estuvo ni en Niza, ni en Tirreno por enfermedad, parece que no hay nada que no se le resista.

Pero un día Alejandro Valverde decidió que San Remo no le interesaba.

Él, que por sus condiciones, no hay cosa que se resista, pero que increíblemente se ha visto disputándola con opciones, por primera vez, con 39 años.

Son esas cosas que…

Cambrils Square Agosto

 

Otro que nos dejó prendados, Wout Van Aert, desafiando la gravedad de los kilómetros, entre los mejores del mundo, sinceramente generoso, pero sencillamente entregado.

Así es la Girona Gravel Ride

El belga es un corredor que consume capacidad de asombro.https://www.facebook.com/misanremo/photos/rpp.128839857209572/2197279747032229/?type=3&theater

El día por eso es de Julian Alaphilippe, el francés de perilla y fino cuya capacidad para sorprender quedó en la cuneta.

Imagen tomada del FB de Milano Sanremo

Alejandro Valverde en San Remo

Alejandro Valverde JoanSeguidor

Sólo Alejandro Valverde podía ir a San Remo para preparar Flandes

Quizá muchos no os acordéis, pero hay imágenes de esas que se mantienen frescas por mucho que pasen los años.

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En 2005, recuerdo que el joven prodigio, entonces del Illes Balears, recién fichado del Kelme, Alejandro Valverde en la Milán-San Remo.

Bajando el Poggio, el murciano tenía un helicóptero centrado en su figura, siguiéndole por el pelotón, conscientes de que ahí iba un favorito.

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Lo que podría ser una bonita relación con el primer monumento del año quedó en eso y poco más.

Inexplicablemente, para los de fuera, Alejandro Valverde nunca se encontró a gusto en la Milán-San Remo.

Sí, ya sabemos que durante el campeón del mundo evitaba Italia, pero también hubo otro ciclo en el que no tenía problema en correr en la bota y disputar lo que surgiera.

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Alejandro Valverde ha corrido seis veces San Remo, las ha acabado otras tantas

En los tiempos recientes llegó en el grupo delantero en 2015 y 2016.

Nada más.

El motivo no cabe más allá que en el ciclista y su entorno, y esas elecciones de calendario que muchas veces generan más debate fuera que dentro del ciclista y su círculo.

 

Si Alejandro Valverde brilla en San Remo quizá deba tomar el librillo de Vincenzo Nibali, que fue el de Fignon, Chiapucci, Jalabert, Kelly y Bugno, entre otros.

Adelantarse al Poggio y cruzar los dedos para que prodigios bajando como Alaphilippe, Sagan o Kwiatkowski vacilen dos segundos en seguirte.

Está claro que San Remo no es la mejor clásica para Valverde, pero haberle visto en la pugna más de un año no hubiera sido descabellado.

Ni él pareció nunca por la labor, ni su equipo tampoco, el mismo que lleva a Betancur fuera de forma un año y otro.

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El motivo para ir de Milán a San Remo no es otro que poner fin a la ausencia desde el UAE Tour y afinar de cara al Tour de Flandes.

De los 290 kilómetros de San Remo a los 260 de De Ronde va el trecho necesario para tener el fondo que el monumento flamenco requiere.

Cambrils Square Agosto

 

Nosotros además de celebrar por ver el arcoíris en foros de prestigio, seguro que con los rivales siguiéndole con el rabillo del ojo, también esperamos que el Valverde sin presión y despojado de objetivos dé la medida que otras veces dio en circunstancias similares.

Una visión sobre lo acontecido en la Het Nieuwsblad femenina 

A veces, los mejores resultados llegaron al campeón del mundo cuando menos se imaginaba o cuando casi ni se lo planteaba.

Con todo sólo él podía ir a la Classicissima a preparar De Ronde.