El otoño más amargo de Vincenzo Nibali

Posiblemente ustedes no conozcan Viktor Okishev. Hace tres días un servidor tampoco. Sin embargo este kazajo del equipo continental del Astana ha pasado a primera línea de la actualidad por ser el cuarto positivo que se conoce en el seno y entorno del equipo celeste en menos de tres meses.

Esta vez anabolizantes, como en el caso anterior, el de Ilya Davidenok. En agosto pitó el EPO de los hermanos Iglisnky, uno de ellos no olvidemos ganador de una Lieja-Bastogne-Lieja. Una desgracia perenne, una auténtica andanada de malas noticias para el equipo que ahora mismo da cobijo al ganador del Tour de Francia, Vincenzo Nibali, y a una de las mejores promesas del ciclismo mundial, Fabio Aru, al margen de un equipo cargado de excelentes ciclistas.

Por tanto presente y futuro, ambos además italianos, se ven comprometidos por los constantes sobresaltos que parecen indicar que en Astana el problema es serio y ya no sólo por mantener la licencia y el estatus, sino por tener en orden el corral. En el equipo muestran decepción y conmoción, pero quizá el arrepentimiento no baste y la meda drástica pueda llegar en tiempo y forma no deseados.

Para Vincenzo Nibali este periodo de post temporada debería ser un paseo por estrados, teatros, presentaciones y cocktails recogiendo todo tipo de agasajos y premios. Es el ganador del Tour de Francia, un ganador fraguado con una contundencia que no veíamos desde hacía tiempo. Sin embargo, las consignas que le llegan en cada acto, en cada momento que es visible, no son las mejores. Se le pregunta a cada paso por los positivos de su equipo, por su opinión al respecto y por si teme represalias.

El obvio acoso de Nibali nos recuerda a aquel que cercó a Alejandro Valverde en vísperas de explotar la Operación Puerto. Esa primavera había logrado dos grandes triunfos del tirón, Flecha Valona y Lieja. Postrado en la rueda de prensa de la capital valona, a Valverde se le cosió a preguntas sobre dopaje e historias truculentas, nada hubo sobre su triunfo en la decana. A Nibali le vemos en las mismas.

Es obvio que mezclar las cosas no es lícito y decir que un equipo se entrega al dopaje por un caso es injusto. Sin embargo son cuatro, medidamente anunciados además. Cuatro balazos en el corazón del equipo pero también de la credibilidad del ciclismo, cuyo primer ejecutivo, Bryan Cookson, anhela penas de prisión para quienes hagan pitar la máquina, al tiempo que dice que el patio está más limpio que nunca.

Queremos creer a Cookson en que el ciclismo está más limpio que nunca, pero esta historia, al margen de otras, nos quitan el aprecio por sus palabras. Más cuando, como bien apuntó Fran Reyes el otro día por su atribulado perfil de twitter la UCI parece dosificar los positivos a conveniencia pues este último susto se fecha de antes del verano y se conoce ahora.

 Tiempo parece que ha habido para sacar a pasear estas miserias y no ahora, justo en vísperas de la anunciada revisión de licencia del equipo kazajo, el mismo que jugó a trilero –dónde está la bolita- para correr Lombardía y anunciar que se autoexcluía del insulso Tour de Pequín cuando ya se conocía el tercer positivo. Ya ven, nadie juega limpio.

Los positivos son un hecho irrefutable, pero no sabemos a qué obedece este calendario de publicación de los mismos. Es obvio que Alexander Vinokourov, por quien Nibali no firmó, parece una pieza apetecible, como lo podría ser Manolo Saiz si vuelve al redil a full time y es que el nivel de paranoia es tal que la segunda oportunidad es una entelequia mientras que la cárcel como solución la mejor manera de criminalizar un deporte que en el fondo es eso, un deporte.

Imagen tomada de m.theepochtimes.com

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Lleva tu smartphone bien fijo al manillar de tu bicicleta

 

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La cara B del Astaná

Ayer dimos cuenta de la oferta que Oleg Tinkov puso sobre la mesa del G4. Froome y Nairo no han visto mal el reto, y Contador, al ser parte de su equipo y haberlo declarado en años atrás, no vería mal disputar las tres grandes una temporada. El único que tumbó la oferta fue Nibali. El tiburón siciliano no quiere la “mordida”, prefiere hacer su plan y pasar de cuestiones que considera fuera de toda norma. Como dijimos él es quien menos tiene que perder, ya le ha dicho a sus rivales que en las siguientes grandes los que tienen que moverse y arriesgar. Él, como el Alinghi en la Copa América de vela, es el “defender”, es decir el poseedor  oficial del título más preciado, el Tour.

También indicamos que las declaraciones de Nibali se producen paralelamente a un momento muy delicado para su equipo. Astana ha pitado tres veces en muy poco tiempo. Lo cierto es que el equipo kazajo esconde un historial íntimamente vinculado al dopaje y los escándalos que viene desde el minuto uno de su presencia en el ciclismo. En este post de Jorge Quintana queda claro que será difícil tumbar el proyecto turquesa, pero no conviene tentar a la suerte, torres más altas han caído.

En 2006 Astana entró en el ciclismo para tomar el relevo del moribundo proyecto de Manolo Saiz, el Liberty, ampliamente herido por la explosión de la Operación Puerto. Ese año, el equipo se estrena con esta denominación en la Vuelta a España con victoria de Vinokourov, fraguada en aquella famosa etapa de Granada en la que Valverde, maillot abierto, cegó sus opciones en el descenso de Monachil. Al año siguiente llegaron los escándalos sostenidamente: Matthias Kessler da positivo por testosterona en abril, Eddy Mazzoleni se ve en una investigación  contra el dopaje en Italia y el dúo Vinokourov & Kashechekin dan positivo por dopaje sanguíneo.

Al año siguiente recala Johan Bruyneel con lo más florido del Discovery Channel, entre otros Alberto Contador. El equipo no es admitido por el Tour, a causa del positivo de Vinokourov un año antes. Contador realiza el doblete Giro y Vuelta. En 2009 aterriza Lance Armstrong, en una curiosa relación contractual, pues si bien el tejano compite vestido de Astana, fuera de la carretera luce sus colores corporativos de su fundación. En este regreso, empieza la presión de la USADA – la agencia estadounidense de lucha contra el dopaje- sobre Armstrong.

2010, Alexander Vinokourov vuelve a competir y gana una Lieja que en el tiempo se insinuó comprada a Kolobnev. En el Tour nueva andanada, Contador da positivo en la jornada de descanso y es desposeído de su triunfo. Temporada siguiente, Contador se va y llega Kreuziger, quinto en el Giro e investigado años después por sus valores “raros”. Dicha investigación le ha tenido en el dique seco durante las mejores carreras del 2014. En 2012 Vinokourov es campeón olímpico y mete al equipo en el Movimiento por un ciclismo creíble, cuyos estatutos obligaron a renunciar al equipo al último Tour de Pekin de la historia toda vez que se encontraron los vericuetos para que el azul celeste sí estuviera en el pelotón de Il Lombardia.

Así las cosas, la situación no puede ser más lamentable. Es obvio que el dinero sale de donde sale, y con un occidente conviviendo en el estancamiento económico, las nuevas potencias tienen su carta a jugar. Sin embargo, el momento no es sencillo, hablamos del equipo del ganador del Tour, que mueve mucho dinero y emplea numerosas personas, sin embargo los agravios comparativos pueden herir la sensibilidad de más de uno.

Imagen tomada de en.tengrinews.kz

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Algo que marque la diferencia puede ser “sencillo”

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El guardabarros “sencillo” protege de las salpicaduras de la rueda trasera de la bicicleta sea cual sea la disciplina y se instala sin herramientas en la mayoría de sillines.Usado en todas las disciplinas, mountainbike, carretera y ciclismo urbano. Y cuando no se usa puede plegarse y llevarse cómodamente en el bolsillo. Con un peso apenas superior a 12 grms, se mantiene de forma consistente en el sillín gracias al diseño de sus formas y al material empleado. Sencillo parte de un sistema de anclaje simple, se instala sin herramientas, bajo el sillín en los railes de este, se mantiene firme, actuando como guardabarros de protección de salpicaduras de a rueda trasera de nuestra bicicleta .

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¿Éste es el ciclismo que queremos?

Entendámonos, mierda, controversia, decepción,… siempre la ha habido, desde tiempos inmemoriales hasta ahora, pero en la época del ciclismo 2.0 las cosas se saben antes, se expresan mejor y se discuten al momento. En este momento en que la temporada languidece, en el que competitivamente hablando sólo nos interesa saber quién sucederá a Purito en Lombardía –pues con ese recorrido vemos complicado que repita- y quién saldrá número uno del epílogo pequinés –el tema está entre Contador y Valverde- las noticias que nos llegan del ciclismo nos dan la medida de la sociedad que nos toca padecer, que aunque no nos guste, nos tocó en suerte.

Empezamos por Lombardia y la ausencia de Vincenzo Nibali. El ganador del Tour de Francia, el último italiano en lograrlo desde Marco Pantani y anteriormente Felice Gimondi, ha causado baja en el monumento que este año acaba en Bérgamo porque tiene que estar en una carrera kazaja, de mucho menor prestigio y lejos de su Italia. Obviamente dinero tira, y el compromiso en el país asiático es ineludible, de allí sal su abultado sueldo y el de la gente de su confianza, pero, sin ánimo de reprocharle nada, resulta triste la situación, más cuando los mentores de la carrera kazaja podrían barajar otras fechas y el ciclismo necesita de la implicación expresa y directa de sus estrellas, más allá de las cifras que barajen a final de mes.

Algo similar nos ocurrió cuando Alberto Contador se borró del mundial de Ponferrada, una prueba en la que su aporte deportivo quizá no habría sido el de disputar el título, pero sí podría haber contribuido a endurecer la carrera, como hizo Fabio Aru, por ejemplo, y al mismo tiempo sembrar de felicidad a la muchos feligreses que le siguen pies juntillas. Sus compromisos con mecenas y sponsors varios no los descuida, ni debe, pero estos otros menesteres, aunque intangibles en lo  económico, sí reportan relieve al deporte que les da de comer.

Otra es la situación de Juanma Garate, inexplicablemente, apartado del Belkin. A pocos meses que expire el año, el irundarra cuenta los días sin competir y se violan todos los acuerdos y principios que hablan de periodos máximos de inactividad para el ciclista. Aquí hay, o debe haber, algo que nos hemos perdido, porque tener un ciclista de este bagaje aparcado ahí, en su pueblo, dejándole a buenaventura es sencillamente increíble. Flecha y Freire también vivieron situaciones curiosas en este equipo. Luisle también, pero en su caso es tan particular, que optamos por no valorarlo.

Y mientras el ciclismo que idea Brian Cookson y sus arquitectos de la UCI toma camino, vemos cómo se le sigue dando pábulo aunque sea en base a nada al equipo de Fernando Alonso, que al final nada ni nadie sabe en qué va a a quedar, si es que algo va a quedar. Mientras no vertimos tinta sobre la inacción de Contador en los mundiales de “su país” ni en el drama de Garate hablamos del proyecto del piloto, algo que es aire, ni más ni menos, y eso que los plazos para que fuera tangible creo que ya se han rebasado.

Pero volviendo a Astana, y para acabar, lo cierto es que es sangrante el caso de sus hermanos Iglinsky y lo mejor es la reacción del responsable del equipo, Alexander Vinokourov. Ambos han pitado con EPO, manda huevos hacerlo a estas alturas, y ambos han puesto en un brete al equipo frente a ese movimiento de ciclismo limpio. Al parecer, echando mano de los reglamentos, no podrían estar en Lombardía ni en la carrera kazaja, pero posiblemente se encuentre un recoveco para solucionarlo. Eso es ley “prêt-à-porte” algo que Vinokourov parece dominar.

En fin, ¿éste es el ciclismo que queremos?…

Imagen tomada del Facebook del Tour de Francia

El ciclismo como si fuera Wall Street

La portada del ultimo ProCycling desvela de forma indisimulada y evidente el concepto anglosajón de la vida y por ende del ciclismo. Bajo el título de “The power list 2014” señalan con detalle las 25 personas más influyentes del ciclismo actual, incluyéndose entre las mismas, ciclistas –los menos-, técnicos, financieros, gente de la televisión, organizadores y magnates. La lista incluye gente de todo pelaje, muchos de ellos desconocidos al gran público. De algunos de los menos conocidos queremos dar cuenta en próximos post, sin embargo por el momento nos quedamos con algunas caras y generalidades explicadas en este listado del poder.

Una de las cosas que más nos llaman la atención es la total ausencia de españoles en la misma. Hay uno que puede entrar, que está en la puerta, pero que no ha entrado, es Fernando Alonso cuya suerte se vincula al proyecto que como bien recuerdan cada vez que tienen ocasión no tiene todavía nombre. Nairo Quintana es uno de los que puede entrar en ese top 25 del poder mientras que hace cinco años Alberto Contador estaba en ella por motivos de su reinado.

Entrando en harina destaca la poca presencia de ciclistas. Sin embargo hay tres que queremos señalar. Fabian Cancellara sería el prototipo de patrón entendido a la vieja usanza recordando ese capítulo en el que vestido de amarillo hizo parar al pelotón para que esperara a los accidentados Schleck. Luego está Peter Sagan, un ciclista que sobrepasa sus propios límites a la vista de un carisma que puede darle el tamaño de icono. En las locuras que se le ocurran al eslovaco pueden ir las audiencias del futuro. Le sigue Chris Froome, a quien su condición de portador del maillot amarillo le hace referencia por defecto, si bien recuerdan que “perdido el maillot, perdida influencia”. También incluyen a Mark Cavendish, tachado de celebrity, una auténtica tontería, de Cav poco o nada nuevo surge desde hace un tiempo e incluso el guapo, ario y alemán Marcel Kittel puede acabar quitándole la áurea.

En otro círculo, se habla de magnates como Oleg Tinkov, un multimillonario excéntrico de cuyos ceros en la cuenta el ciclismo no puede prescindir, como dando a entender que este deporte está entre la espada y la pared para aguantar a tipos como el rubio ruso. Sobre Alexander Vinokourov no esconden que el ciclismo no es más que un medio para los fines políticos de un personaje que ha hecho de la trampa su modus vivendi.

Obviamente salen los gestores del Tour, el tándem Amaury- Prudhomme, en cuyas manos están los suculentos ingresos por televisión mediante la confección de un calendario paralelo y casi privado que ya está llevando la discordia a alguna de sus carreras, dígase París-Niza o Critérium Internacional, dos pruebas históricas muy castigadas por la pugna entre ASO y equipos.

Y en la órbita de la UCI no podía omitirse el poder del presidente Bryan Cookson quien tiene a bien establecer un mandato donde delegar sea la clave con el objetivo de reducir las diferencias entre el ciclismo masculino y femenino, un empeño en el que la diva Marianne Vos está interesada. Y es que como más de una vez hemos dicho, el ciclismo femenino no es más que un paso obvio y necesario para que este deporte sea finalmente redondo y universal.

Foto tomada de www.zimbio.com

El homenaje comunista de Alexander Vinokourov

Admiración fue la palabra que siempre definió mi parecer por Alexander Vinokourov. El kazajo fue el ciclista que situó este inhóspito lugar llamando Kazajistán en el mapa ciclista. Destacó joven y su trayectoria no estuvo exenta de sospechas que al final se hicieron realidad. Emergió con el Casino, en el tiempo de apellidos sórdidos como Elli o Massi. Luego se hizo estrella en el T Mobile que mermado por los escándalos acabó por dejar el patrocinio ciclista. Pasó efímeramente por el Liberty, donde casi ni pudo ejercer por la Operación Puerto, y para formar lo que hoy sigue siendo Astana. Fue curioso, despotricó de Manolo Saiz por no poder competir en el Tour de 2006 y al año reventó los controles antidopaje con uno de los positivos más escandalosos en ese Tour para olvidar.

Todo esto está en el debe de Vinokourov. Pero también hubo una parte que nos gustó, un carácter indómito en la carretera. Fue un ciclista que buscó el resquicio para retratar a los rivales. Atacó hasta la extenuación en el Tour del centenario, hace diez años, y se aupó al podio. Ganó de azul celeste en los mismos Campos Elíseos, siendo el último ciclista que rompió el cerco de un sprint, de eso han pasado ocho años. Tiene su gran vuelta en la Vuelta de 2006, en la que impuso criterio ante los desastres tácticos de Alejandro Valverde. Su carrera se mina de muchos triunfos de rompe y rasga, dejando al pelotón plantado cuando la llegada masiva se sondeaba como única opción.

Vinokourov fue Vinokourov hasta sus últimos días de profesional, como cuando dio un golpe magistral en Londres. Llegaba entonces de recuperarse de una caída limite en el Tour de hacía un año. Demostró tener siete vidas. Fue casi felino en ese aspecto.

Las hazañas recién relatadas pesaron mucho más que las sombras de su perfil en el balance estatal de Vinokourov. El ciclismo sigue siendo un deporte de potencial en Kazajistán. Astana, su capital, da nombre a uno de los mejores equipos del mundo, alberga un velódromo de última generación, que ya ha sido sede de la Copa del Mundo y la base de ese país presenta mimbres para más proyectos.

En estas que crece y crece un equipo con el nada llamativo nombre de “Vino4ever, una especie de proclama de carrera electoral pero metida a equipo ciclista de categoría continental. Sí, Vino es por Vinokourov y el rubio kazajo recupera los esplendores del busto y efigie comunista en la parte noble de las ciudades para perpetuarse también como nombre de un equipo. En un país que vivió bajo el signo de la hoz y el martillo tantos años es como volver al pasado. A un servidor le recuerda a nombres como Stalingrado o Leningrado, nomenclaturas que llevaban implícito el nombre artístico de los dos faros del comunismo internacional.

Equipos que incorporaran el nombre de su mentor ha habido, pero nada comparable a este esbozo. Vinokourov es una deidad en estas estepas, al contrario del acoso que ha derribado a Lance Armstrong, hace y deshace y le da a su país un tercer equipo en el registro UCI con este curioso nombre se hace continental.

“Esto nos pilla lejos”, pensarán algunos. No se extrañen en occidente somos más discretos, pero en el fondo todos acabamos pecando de lo mismo. Vino no disimula, allí no lo necesita.

Foto tomada de Vino4ever

Un Tour podado y desenfocado

No sé si Christian Prudhomme, si alguno de sus colaboradores, si alguien en la  organización del Tour de Francia saben de una leyenda que tuvo que Isabel La Católica. Lo mismo va a ser que no. La historia habla de campanarios desmochados, de torres destrozadas. Ningún hombre podía tener un mirador que superara un campanario. Ninguno podía osar estar por encima de Dios.

Este Tour es un poco lo mismo. Está podado por arriba. Sólo dos colosos de siempre emergen en la ruta de esta edición, Izoard y Tourmalet. No sabemos el motivo, pero el recorrido que recién se ha hecho oficial en París es una miniatura de la grandeza de la carrera. El resto de etapas es un sembrado de cimas de tamaño medio que premia la concatenación de puertos por encima de los kilómetros totales de subida. Es como si los experimentos de la Vuelta a España tomaran forma en el hermano mayor.

Nos gusta el recorrido del Tour porque rompe con la imagen de inmovilismo que siempre ha transmitido la organización. Son el Tour, se pueden permitir todas las involuciones del mundo, pero introducen sello de modernidad, un sello que quita, como decimos, grandes cimas, postula las medianas y deja el camino limpio de cronos hasta el penúltimo día.

La carrera sale lo más al norte que lo ha hecho nunca. Estira tanto el mapa por arriba que lo deja sin fachada atlántica. Es un mapa descentrado, cuasi desenfocado. Baja por la izquierda y sube por el centro. Son formas de hacer. Sin embargo no esconde ciertas sorpresas que nos agradan como la dosis justa de adoquines en la primera semana, lo suficiente para putear pero no para cargarse la mitad de los favoritos, por mucho que alguno se dejará sus opciones. Curioso: es como un quiero y no puedo, transitarán tangencialmente por los tramos legendarios de Roubaix –Carrefour de l´ Arbre, Mons-en-Pévèle y Arenberg- pero sin ahondar.

Luego le llaman el Tour de los homenajes, esto que en ciclismo tanto nos gusta. Que si la crono de Bergerac y Miguel Indurain en el 94, que si la salida británica por Froome y Wiggins, que si Ypres por la Primera Guerra Mundial, pero puestos a hurgar, dos siniestros personajes también emergen. La carrera arribará el tercer día  Londres por los mismos paseos que vio ganar el oro olímpico a Alexander Vinokourov, más tarde hará alto en Hautacam, desconozco si Bjarne Rijs estará para recordar tiempos pasados. Incluso se vuelve a la Planche des Belles Filles, allí donde los radares y medidores de watios supieron por primera vez de la potencia de las pedaladas de Froome. Metidos a buscar homenajes, seguramente encontraríamos uno cada día.

Luego está la montaña, o mejor dicho la mini montaña. Como dijimos, de entre las franquicias galas sólo dos grandes colosos, Izoard y Tourmalet. No nos parece mal, ciertamente. Dado que el pelotón ha ascendido grandes mitos a ritmo de cicloturistas en las últimas ediciones, mejor que mancillen puertos de medio pelo antes de jugárselo todo al final, bien al final.

Ya está, ya tenemos recorrido. Defensores y detractores a partes iguales, es lo que hay, nunca llueve a gusto de todos. Este ciclismo de Excel y túneles de viento es insondable y ni siquiera el Tour tiene la llave del éxito.

Foto tomada de Facebook del Tour de Francia

Chris Horner y el estigma de la Vuelta a España

Anda el ganador titular de la última grande del año sondeando las redes sociales en el empeño de conseguir equipo. “Hombre blanco, majo y despoblado de cabellera ofrece un triunfo nada menos que en la Vuelta a España para seguir su trayectoria profesional,…”.

Muchos ven en el caso de Chris Horner la toma más plausible del mal momento que vive el ciclismo. Yo veo un poco de todo. A obvia crisis, importante a nivel internacional e insufrible en clave doméstica, se le suman elementos varios como la edad, la solidez del corredor, sus argumentos ante ese llamado desgaste de la edad, su pasado con gente de poco esplendor, su presente sorprendentemente bueno,… y una cosa en la que pocos reparan pero que seguro tendrá que ver, el estigma de la Vuelta.

Hace unos años, cuando Álvaro Pino, Lucho Herrera, Eric Caritoux y otros buenos ciclistas se enfundaban el entonces último maillot amarillo de la gran carrera hispana tenían un pasaporte si no a la felicidad económica, sí muy próximo a ella. Eran corredores que una vez ganaban una grande como la Vuelta recibían un status que entonces se consideraba muy por encima de la media. A la abundancia de equipos en la época, se unía el éxito para que acabaran siendo ciclistas indiscutiblemente deseados en el mercado.

Pero con el cambio de siglo, sí curiosamente  a partir del año 2000, las cosas no han resultado sencillas para el ganador de la Vuelta a España. Vemos que desde entonces quienes han portado la última prenda de líder no han sido ciclistas caídos en gracia. Antes la carrera era en abril y existía la conciencia de que se disputaba con todos los ases a tope, ahora en septiembre parece que son los restos de la temporada, larga y ancha.

En un caso similar al de Chris Horner se hallaron dos corredores. En 2001 Angel Casero ganó la Vuelta en el descuento a Oscar Sevilla con aquella historia jamás aclarada de las bielas de Eufemiano Fuentes. Casero se creyó Dios y jugó a serlo, quien quisiera ficharlo debía rascarse el bolsillo y acabó casi por accidente en un engendro llamado Coast en el que sus integrantes cobraron mal y tarde, si es que cobraron lo que se les adeudó. Luego estuvo el sonoro caso de Juanjo Cobo, innombrable ciclista que hace dos años fue reclutado para Movistar a precio de saldo, una vez se vio que ni tenía sitio en el pelotón por mucho que luciera en la solapa toda una Vuelta.

Pero no sólo eso, Otros ciclistas también probaron la maldición invisible pero palpable de la carrera. Miren Roberto Heras y el positivo, con los años ya no sé si desmentido o no, que le cayó tras ganar en 2005. Un año después Alexandre Vinokourov ganaba la carrera en capilla de dar un positivo como una catedral en el Tour. Alberto Contador ganó en 2008 culminando un doblete con el Giro y producto de la no aceptación de su equipo en el Tour de Francia.

Ya lo ven con estos antecedentes y el nada amable trato que le hemos dispensado, Chris Horner ya puede tirar de historias increíbles y rendimientos indescifrables para perlongar su carrera deportiva, esa que va camino de los 43 añitos, nada menos y contra toda lógica.

Foto tomada de www.ruedalenticular.com